11 enero, 2012
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¿Cómo será la ciudad del futuro?

Por Mar Abad ( @marabad )

Partamos de dos verdades como templos. Una: el cuerpo humano es la máquina más perfecta. Dos: la naturaleza es el sistema de organización y funcionamiento más sabio.
Por eso, la robótica y la inteligencia artificial han tomado como guía de estilo el cuerpo humano. Por eso, también, algunos sistemas económicos, como la Blue Economy o la Economía marrón, observan la dinámica de la naturaleza para proponer modelos de crecimiento más eficientes.

El urbanismo se ha inspirado en la misma musa. De su contemplación nació hace unos años el concepto de smart city (ciudad inteligente). Era la propuesta de un nuevo centro urbano en el que toda la información forma una especie de cerebro para que los edificios, la movilidad, el abastecimiento energético, el suministro de agua y las infraestructuras, en general, sean más sostenibles y más amables con el ciudadano.

La ciudad empezó a entenderse como un conjunto de redes. Igual que el cuerpo humano. Y se entendió la importancia de que todo estuviese organizado bajo las órdenes de un núcleo con una cierta inteligencia. Como son las personas.

La decisión no solo se tomó por el deseo de que las poblaciones fueran más prósperas. La amenaza de un planeta desbordado por urbes cada vez más contaminantes latía al fondo.
Las megalópolis actuales están inundadas de coches, cemento y una aplastante sensación de incomodidad y, a menudo, inseguridad. El modelo no vale.

Los números no son mejores. El siglo XXI está haciendo de la Tierra una bola urbana. En 2020, 5.000 millones de personas vivirán en ciudades, según el informe Smart 2020, elaborado por The Climate Group. No hay duda. Es el momento de hacer algo ante semejantes retos económicos y ambientales. Las ciudades del nuevo mundo globalizado tienen que renovar sus infraestructuras si quieren ser sostenibles, eficientes y vivibles. Pero ¿cómo?

 

Primero surgió el modelo cerrado…

¿Qué es una smart city?
“Una ciudad que usa datos, información y tecnologías de la información estratégicamente para proveer a los ciudadanos de servicios más eficientes, dar a conocer y monitorizar los avances que hace el gobierno en sus políticas (incluyendo los objetivos contra el cambio climático), gestionar y optimizar la infraestructura existente y planear una más eficaz, aumentar la colaboración entre sectores económicos y habilitar modelos innovadores de negocio en el ámbito público y privado”. Esta es la definición que da el informe Information Marketplaces: The New Economies of Cities, realizado por The Climate Group, Accenture, Arup, Horizon Digital Economy Research y la Universidad de Nottingham.

Las TIC en las ciudades inteligentes
El mundo se ha acostumbrado a estar en una conversación continua. El diálogo empezó entre los humanos unidos por internet y ha seguido por el diálogo entre las personas y las máquinas. El uso de las tecnologías de la información y la comunicación está mejorando el funcionamiento de una ciudad. Todos los proyectos de smart city asientan sus pilares en una estructura en la que la población está relacionada con otras personas y con sus máquinas (lavadoras, neveras, luz, calefacción…) mediante su smartphone.

El estudio Information Marketplaces: The New Economies of Cities destaca que, en la actualidad, 5.000 millones de personas tienen teléfonos móviles y, de ellos, 2.000 son smartphones con acceso a internet. En 2013, más del 50% de las conexiones a la red serán móviles.

Las TIC se han convertido en una pieza clave en las expectativas de los ciudadanos, de acuerdo con la investigación. La nube ha facilitado el tratamiento de gran cantidad de datos y ha hecho el análisis de información mucho más barato.

Los servicios de datos son más poderosos que nunca, según el informe. La conexión, también. Entre personas y entre máquinas. La relación entre dispositivos digitales con sensores se denomina, en computación, el Internet de las cosas (IoT o Internet of Things). El término hace referencia a redes de objetos cotidianos interconectados. Cada elemento está equipado con etiquetas de radio y sensores para que los humanos y otras máquinas puedan gestionarlos a distancia.

“La conectividad ubicua, el acceso a un internet superrápido y la caída del coste de los sensores implica que los datos crecerán y serán mejor gestionados”, sostiene el informe. “Se prevé que en 2014 haya más de 412 millones de aplicaciones ‘de máquina a máquina’ y en 2025 esta cifra ascienda a 50.000 conexiones”.

El informe Smart 2020 habla de la importancia de crear una infraestructura digital para la mejora del medio ambiente. De sus investigaciones se desprende que las iniciativas de TICs propuestas para construir smart grids (redes de distribución de energía eléctrica inteligente destinadas a equilibrar la oferta y la demanda entre productores y consumidores), edificios y logística inteligentes pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en zonas urbanas hasta 7,8 gigatones en 2020 (una disminución mayor que todas las emisiones producidas por China en 2010). En cifras, esta eficiencia energética supondría un ahorro de unos 600.000 millones de euros a los sectores públicos y privados.

Inversión
Dice un estudio de Booz & Co. que las ciudades de todo el mundo tendrán que destinar unos 350 billones de dólares, o siete veces su actual PIB en los próximos 30 años, a construir infraestructuras urbanas (sistemas de distribución de energía, sistemas de agua y recolección de basuras, carreteras, transportes y tecnologías de información y comunicación).

La investigación indica, además, que una inversión de 22 billones de dólares en TIC para mejorar la eficiencia de los edificios y los transportes, en la actualidad, supondría un ahorro a las ciudades de 33 billones de dólares y reduciría sus emisiones en un 50%.

Eficiencia energética
La comunicación ahorra energía y hace su uso más eficiente. Los programas piloto que se están desarrollando sobre la distribución de energía en las ciudades del futuro se basan en una red eléctrica inteligente donde los productores y los consumidores se comunican constantemente para que el abastecimiento sea más eficiente, sostenible, rentable y seguro.

Las redes inteligentes de energía se han denominado smart grid. En Málaga, Endesa desarrolla un programa piloto desde hace tres años y, desde hace unos meses, también en Barcelona. Este nuevo concepto supone integrar fuentes renovables como la energía eólica y fotovoltaica, crear infraestructura para poder recargar un coche eléctrico en la calle y en los parkings y dotar a los ciudadanos de herramientas, como el contador inteligente, para que puedan conocer el consumo energético de su hogar en tiempo real y hagan un consumo más racional y eficiente.

En el barrio de la Misericordia de Málaga comenzó el proyecto, aprobado por el CEDETI y desarrollado por un consorcio formado por Endesa y diez empresas más, con valor de más de 30 millones de euros, para crear la infraestructura de una ciudad de edificios y transportes abastecidos, de forma más sostenible, con energía eléctrica y renovable. El reto actual, según Alfredo Rodríguez, director de la división de Andalucía Centro, es encontrar un sistema de almacenamiento de energías renovables.

En esa smart city las farolas se recargarán con el sol y el viento. Los contadores también son inteligentes. Eso significa que muestran información sobre el consumo que está haciendo cada dispositivo en tiempo real y pueden gestionarse a distancia.

(Imagen: Endesa)

Movilidad
En las ciudades inteligentes la movilidad se plantea de forma más limpia. Las bicis, el transporte público eléctrico y los vehículos privados eléctricos desplazarán a los coches actuales. El objetivo es reducir la contaminación atmosférica, el efecto invernadero y el calentamiento global que produce el uso de combustible fósil.

El gobierno japonés ha puesto los ojos en Málaga, por su proyecto piloto de smart city, y ha acordado con el Ayuntamiento de la ciudad andaluza desarrollar un plan de Movilidad de Cero Emisiones para Todos (ZeM2All). El pasado septiembre anunciaron que, a principios de 2012, Japón llevará a Málaga 200 vehículos eléctricos, de la marca Mitsubishi, por valor de 60 millones de euros, que se ofrecerán en modelo de renting a los ciudadanos. Los datos de uso (recorrido, consumo, incidencias…) se utilizarán para aprender de esta experiencia y seguir desarrollando el modelo de movilidad limpia.

El Ayuntamiento se comprometió a instalar 236 puntos de recarga (220, normal, y 16, rápida) en la ciudad. En el barrio de la Misericordia, donde se desarrolla este plan, se han instalado ya varios puntos de recarga en zonas públicas y privadas. Y la tecnología de suministro avanza rápido.

“Hace dos años un vehículo necesitaba una carga de 8 horas para tener una autonomía de 100 kilómetros. Ahora, en 10 minutos, puedes recargar el 80% de la batería”, explica Julián Corredera, responsable de comunicación en medios sociales de Endesa. A estos puntos de carga, que probablemente se sitúen en gasolineras en el futuro, se les ha dado el nombre de Electrolineras.

Una ciudad con cerebro y sistema nervioso
En el norte de Portugal, una start-up llamada LivingPlanIT está construyendo una ciudad inspirada en el cuerpo humano. En PlanITValley (así se llama la urbe) habrá un cerebro (ordenador central) que almacenará, registrará y gestionará toda la información recibida de dispositivos con sensores. Desde el alumbrado público al tratamiento de residuos o el suministro de agua.

La ciudad se está construyendo en las afueras de Paredes y es un piloto de población totalmente sostenible y conectada. Funcionará como un “metabolismo urbano”, formado por el ordenador central y un sistema nervioso de tecnologías de la información que hará que los ciudadanos puedan estar en comunicación permanente con su gobierno y las compañías abastecedoras de agua y electricidad. La tecnología de la información estará en las mismas tripas de los edificios, en el alumbrado público, en los sistemas de tratamiento de residuos…

Esta conexión tiene como finalidad optimizar los recursos de esa ciudad y redistribuirlos entre todos sus habitantes según las necesidades de agua y energía de cada edificio en cada momento. El ordenador central también utilizará información meteorológica para gestionar mejor la energía. En un día gris, por ejemplo, con la producción de energía fotovoltaica por los suelos, se reforzará el suministro de energía almacenada.

Los dispositivos y electrodomésticos del hogar también estarán en comunicación permanente con sus dueños para gestionar su uso desde la distancia. Es decir, encender la calefacción o enchufar la lavadora desde la calle mediante el smartphone.

(Imagen: Living-Planit)

La nueva ciudad, en la que participan Microsoft, IBM y Cisco, entre otras compañías, tendrá una población de 150.000 personas y podría empezar a habitarse durante este año. Pero no será hasta 2015 cuando el proyecto esté completado.

PlanIT Valley tratará su agua para que se pueda reutilizar al máximo. Las investigaciones muestran que solo el 3% del agua que se consume en una localidad se emplea en beber y cocinar. El agua usada en la cocina se reutilizará para las cisternas del cuarto de baño. El agua de lluvia se recogerá en tanques en las azoteas y se utilizará para regar plantas. Además, una serie de lagunas artificiales con bambú y juncos filtrarán agua usada para emplearla de nuevo en cuartos de baño y como sistema de riego.

Los tejados de los edificios (dotados de softwares utilizados en el diseño de automóviles y aviones) se cubrirán de plantas con el fin de reducir la temperatura mediante la evapotranspiración.

(Imagen: Living-Planit)

 

Después surgió el modelo abierto…

Los escépticos y su propuesta de ciudadanos conectados en una ciudad abierta
Pero también hay críticas a la smart city. El diseñador Adam Greenfield, fundador de la consultoría de proyectos urbanos centrados en el ciudadano Urbanscale, dice que es un concepto vacío al servicio de grandes corporaciones que quieren vender sus productos a las administraciones públicas.

En una entrevista realizada por Doris Obermair, en el pasado Smart City Expo 2011 celebrado en Barcelona, Greenfield aseguraba que las ciudades inteligentes son herméticas porque cada compañía crea una tecnología cerrada para el suministro de agua, la red eléctrica, el tratamiento de residuos… El diseñador no está de acuerdo con este modelo y, en su lugar, propone la creación de ciudades de individuos conectados en sistemas abiertos y tecnologías ‘open source’.

“No creemos en la inteligencia como ente abstracto. Creemos que la gente puede ser muy sabia y que, si les damos las herramientas necesarias, pueden tener poder de decisión para hacer cosas importantes. Si todo el mundo puede participar, habrá mejores decisiones y construiremos mejores lugares”.

Para el diseñador, la naturaleza de las ciudades es, y debe seguir siendo, abierta. Los ciudadanos necesitan herramientas tecnológicas no solo para gestionar las poblaciones urbanas. Tienen que capacitarles para que participen activamente en ellas y el poder no quede solo en manos de las grandes compañías. También, esté en los individuos. Greenfield considera que la información de las administraciones debe ser pública y, además, pueda ser utilizada en tiempo real.