Escrito el 10.20.09 en Reflexión, TV por Andreas Muller

La historia de Simon Dee, una celebridad que pagó el precio de adelantarse a su tiempo

deeedit

Poca gente en el Reino Unido menor de 50 años recuerda a Simon Dee y prácticamente nadie en Europa ha oído hablar de él. Según la modelo y actriz Elizabeth Hurley, fue la persona que inspiró el protagonista de la película Austin Powers. Pero durante un tiempo, Dee, que murió el pasado agosto a los 74 años, fue posiblemente la primera megaestrella y celebridad en la historia de la televisión británica.

Su programa de entrevistas Dee Time, que estuvo en antena entre 1967 y 1969, llegó a tener 18 millones de espectadores (un número increíble en relación a los niveles de hoy en día).

Su éxito, seguido de una caída dramática en 1970, es un cuento admonitorio sobre la precaria naturaleza de la fama y la fortuna. Su carrera nunca se recuperó después de que dejara la BBC en el apogeo de su popularidad para irse a un canal rival, London Weekend Television. Su nuevo show no consiguió alcanzar el éxito alcanzado en la BBC.

Pero su vida es también una historia sobre cómo los individuos con talento pueden pagar un alto precio por adelantarse a su tiempo. Después de su caída, Dee, cuyo verdadero nombre era Cyril Nicholas Dodd, fue tratado sin piedad por los medios británicos, que sacaron a relucir cada detalle morboso de su vida. Acabó en bancarrota y sufrió la máxima humillación de ir a prisión durante un mes por no pagar unos impuestos locales. Sus numerosos intentos para volver a la radio y la televisión fracasaron.

Dee Time

¿Qué fue lo que hizo de Simon Dee un visionario? Basado en parte en el exitoso show de Johhny Carson en EEUU, Dee Time se lanzó en 1967, en el apogeo de la era del ‘Swinging London’. Era el año en que los Beatles lanzaron el disco Sergeant Pepper, considerado por muchos como la cumbre de su creatividad. Pero también fue el año que Mick Jagger y Keith Richards se libraron de ir a prisión por posesión de drogas.

Los británicos más jóvenes, muchos de ellos con memoria de una posguerra austera y gris, estaban completamente cautivados por una generación de jóvenes estrellas que ganaban sumas espectaculares y vivían en base a sus propias reglas en contra de la estirada elite gobernante. Frecuentemente, el establishment estaba entre dos posturas: ¿tolerar o destruir a estos jóvenes arribistas?

Un artículo editorial publicado por The Times, el periódico del establishment, definió muy bien el estado de ánimo en el verano de 1967, pidiendo al juez que fuera comprensivo en el juicio de Jagger y Richards. “¿Por qué matar una mariposa con una rueda?”, argumentaba el periódico.

Dee Time estaba perfectamente en consonancia con los tiempos. Dee se había labrado su nombre anteriormente como disk jockey en Radio Caroline, una emisora pirata de música pop, desafiando al monopolio estatal sobre los medios de la BBC, desde un barco justo fuera de las aguas territoriales británicas, antes de fichar por la cadena estatal.

Su gran salto se produjo cuando tenía 32 años, con el lanzamiento de su propio programa de entrevistas en televisión. Dee entrevistaba actores, humoristas, estrellas de Hollywood y estrellas deportivas en un entorno relajado, muchas veces riéndose con desparpajo de las figuras del establishment que incluían al entonces jefe de la BBC, Hugh Green. El show siempre empezaba con una voz en off que anunciaba: “It’s Siiiiiiiiimon Dee!” y que se convirtió en el claim del programa.

Lo que para muchos espectadores se hizo inolvidable fue el final de la emisión. Dee salía por la entrada principal de los estudios de la BBC en el asiento del conductor de un Jaguar E-Type blanco, quizás el coche más agresivo sexualmente jamás creado, a toda velocidad, con una joven modelo a su lado, y su pelo al viento. Visto como adolescente, esa secuencia llena de exuberancia juvenil resumía a la perfección todo lo que los años 60 empezaban a ofrecer a los jóvenes que había sido negado a las generaciones previas, un toque de glamour, consumo indiscreto y una sensación de liberación sexual.

A medida que la fama de Dee creció, su estilo de vida se hizo más opulento y alocado para los estándares de aquel entonces. Se compró un Aston Martin, posiblemente el único coche que podía dejar en evidencia el E-type- y lo conducía su secretaria arriba abajo por Kings Road, una de las calles londinenses más trendys. Sus compañeros dicen que su comportamiento se volvió más imprevisible y frecuentemente se hacía imposible trabajar con él.

El final llegó rápido, cuando pidió una subida de sueldo a la BBC y se lo negaron. Le ofrecieron un suculento contrato en London Weekend Television pero cuando su nuevo programa no cuajó, en parte por la rivalidad con David Frost, otro presentador del mismo canal, Dee fue despedido. Ignorado por la BBC y su principal rival comercial, no tenía a dónde ir y su carrera naufragó. La crueldad de su declive tiene elementos dostoievskianos. Cuando pasó un tiempo en la cárcel, al salir de su celda, sus compañeros cantaban “Es Siiiiiiiiiiimon Dee”.

¿Por qué los medios británicos fueron tan duros con Simon Dee? Quizás porque lo que hoy llamamos cultura del cotilleo todavía estaba en su infancia. Reino Unido era un sitio menos dispuesto a perdonar a las jóvenes promesas que habían alcanzado el éxito y la riqueza de repente, especialmente si sus carreras caían en desgracia. Si una subida meteórica era seguida de una caída en picado, la cosa acababa ahí.

Hoy el público es mucho más indulgente con las celebridades que pasan por malos momentos. La modelo Kate Moss estuvo involucrada en un escándalo por consumo de cocaína en 2005 que amenazó con destruir su carrera. Pero ella sobrevivió a la tormenta y tanto su capacidad adquisitiva como su notoriedad terminaron creciendo. Los medios siguen fascinados por el derrumbamiento de las celebridades pero también están más dispuestos a contar la historia de su vuelta a escena. Una caída seguida por un renacimiento espectacular es un relato mucho más interesante que un fracaso y punto.

Ningún canal de televisión hoy en día hubiera negado un aumento de sueldo a alguien que puede atraer a 18 millones de espectadores. Sí Simon Dee estuviera en su mejor momento hoy día, es difícil imaginar que lo echaran simplemente por ser arrogante y petulante. En lo bueno y en lo malo, el consumidor realmente se ha convertido en el rey.


Suscribirse a comentarios Comentario | Trackback |
Post Tags: ,

Timeline


Añade un comentario


XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>