13 febrero, 2012
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Por qué no deberías tener más de 354 amigos en Facebook

Por Iñaki Berazaluce

De ser cierta la tesis de la psicóloga india Mudra Mukesh, estoy a diez amigos de empezar a deprimirme en Facebook: son los que me restan para llegar a los 354 que, asegura, marcan la diferencia entre disfrutar de la red social o empezar a deprimirse al ver los logros, ascensos y noticias felices de nuestros contactos.

Evidentemente, se trata de una cifra arbitraria y uno puede sentirse perfectamente desolado (es mi caso) asistiendo calladamente a los éxitos de 100 amigos, mientras un facebookero de piel dura puede resistir incólume el exhibicionismo de un millar. Pero esta cifra -354- es el punto medio de partida en el que los participantes en el estudio empezaban a sentirse mal viendo las actualizaciones de estado de sus contactos en Facebook, destaca Men’s Health.

El estudio en cuestión -‘El paradójico efecto de las redes sociales en el bienestar’- acaba de ser presentado en la reunión anual de la Sociedad de Psicólogos Sociales celebrada en San Diego (EEUU) y está firmado por la propia Mukesh, que estudia un posgrado de Ciencias Sociales en el Instituto de Empresa de Madrid, y su compañero Dilney Goncalves.

La paradoja a la que se refiere el título se refiere al hecho de que solemos sentir una pequeña satisfacción cuando añadimos un nuevo amigo a Facebook: tener amigos (aunque sean virtuales) nos hace sentirnos menos solos en este valle de lágrimas. Sin embargo, “una vez que ya tienes esos amigos, ver las actualizaciones del estado supone un bajón”, explica Mukesh. Para llegar a semejante conclusión, los psicólogos preguntaron a los usuarios de Facebook cómo valoraban su vida. Aquellos que tenían muchos amigos en Facebook (+354) decían sentirse peor después de ver el estado de sus contactos que quienes no habían entrado en algún tiempo o tenían menos amigos.

En realidad, lo que nos sucede a los usuarios de Facebook no es más que una conocida disonancia cognitiva que también sucede en la vida real. Imagina que te sientes solo y deprimido y, para animarte, sales a pasear un sábado. Probablemente encontrarás parejas felices y grupos de amigos pasándolo en grande en las calles y en los bares, y concluirás erróneamente que eres el único amargado de tu ciudad. En realidad, el resto de solitarios y amargados seguramente estén en sus casas, lamentándose de su mala suerte y, tal vez, viendo las actualizaciones de sus presuntuosos amigos en Facebook.

En Facebook sucede lo mismo: rara vez verás –aunque se han dado casos- a uno de tus contactos publicando “mi vida es una filfa”, “no me como un colín” o “es cuestión de tiempo que mis jefes se den cuenta de que soy un impostor”. La red social sirve, esencialmente, para epatar y aunque eso es algo que todos sabemos de sobra nuestra impericia estadística nos lleva a confundir el ánimo real con el jaleado.

Visto en LiveScience y Men’s Health, a través del Facebook de Edu de la Herrán (¡gracias!), uno de mis 344 amigos. 

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Imagen de dKalo (CC, Flickr)