18 septiembre, 2013
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Decálogo Robin Hood: diez cosas que puedes hacer hoy mismo para reducir el abismo entre ricos y pobres (I)

Por Iñaki Berazaluce

Si no perteneces al llamado 1%, probablemente pienses que resulta escandaloso que miles de familias no puedan calentar sus casas el próximo invierno mientras un puñado de privilegiados aumenta sus fortunas al calor de la legitimidad que confiere la ley de la oferta y la demanda.

Durante buena parte del siglo XX se instauraron en las democracias occidentales los impuestos progresivos en un intento de evitar la excesiva acumulación de recursos en manos de los más pudientes. Sin embargo, a partir de los años 80, la política empieza a dimitir en la redistribución de la riqueza y la ideología liberal va calando en su discurso. El efecto retardado de aquella primera -casi inocente, a toro pasado- “revolución de los ricos” que propiciaron Reagan y Thatcher se está viendo hoy: el abismo entre los más ricos y los desposeídos no deja de ensancharse. El índice Gini –el mejor medidor de la desigualdad- empezó a aumentar en España en 2007, tras décadas de descenso, y lo hace a costa de la clase media, en trance de desaparecer, como ya sucede en Estados Unidos y otros países de Europa.

Pero la vía política no es la única disponible para redistribuir la renta. Existe también la vía revolucionaria, pero como en Yorokobu somos apóstoles de la no violencia vamos a explorar una tercera vía: el consumo. A continuación, diez cosas que puedes empezar a hacer hoy mismo para reducir la brecha entre pobres y ricos.

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Imagen de Linus Art (CC, Flickr).

1. Utiliza alternativas a la banca tradicional

Los bancos volvieron a registrar beneficios récord en la primera mitad de 2013, mientras se han volatilizado 37.000 de los 52.000 millones de euros de dinero público inyectado para evitar la quiebra de Bankia, Catalunya Banc y NovaGalicia, entre otros. El sueldo medio del trabajador de la banca duplica a la media de los empleados españoles y alcanza niveles de vértigo entre sus altos directivos: los prebostes del Santander embolsan en torno a 3 millones de euros anuales, entre 50 y 70 veces el sueldo medio de sus trabajadores (o entre 100 y 140 veces el de los empleados españoles).

Afortunadamente, hay alternativas. La más evidente –si aún no estás enganchado a una hipoteca- es confiar tus ahorros a la banca ética, de Triodos Bank a la cooperativa Coop57. En Triodos (788 empleados) presumen de que el salario más alto es “solo” 9,4 veces más grande que el más bajo [informe anual .pdf]. ¿Demasiado? Hay otras opciones:

El crowdfunding, que surgió en internet para financiar emprendimientos empresariales y artísticos, está evolucionando hacia el préstamo entre particulares, el llamado ‘préstamo P2P’. Por ejemplo, Comunitae (“no somos un banco, ni falta que nos hace”) ha prestado casi tres millones de euros entre particulares desde el inicio de sus operaciones hace tres años. El referente mundial es el británico Zopa, que lleva prestados más de 500 millones de euros desde 2005.

Quienes piensan que estas iniciativas son un picotazo en la piel de un elefante deberían replantear su postura: un informe del BBVA elaborado en Estados Unidos en 2012 concluye que los préstamos P2P son una “tecnología disruptiva” a la que los bancos deberían prestar mucha atención: “En el momento que las plataformas de crowdfunding resulten atractivas para la masa de consumidores resultará demasiado tarde para los bancos ponerse al día con esta nueva tendencia. Y existe un riesgo real de que los bancos dejen de ser la primera opción para préstamos personales y de pequeños negocios”.

Hay más formas de horadar los amplios márgenes de los bancos: “Hace poco fui a Estados Unidos y en lugar de cambiar euros por dólares en el banco, que es lo que hubiera hecho hace unos años, los ingresé en TransferWise, los recibió un amigo en su cuenta de EE UU, y me ahorré 60 dólares en una transacción de 400 dólares”, me cuenta Albert Cañigueral, fundador de Consumo Colaborativo y consultor de la economía P2P.

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Imagen de Peribanyez (CC, Flickr).

2. Piensa global, consume local

Uno de los principios rectores de las multinacionales durante el actual período de globalización económica ha sido el célebre “piensa global, actúa local”. Esta filosofía permite, por ejemplo, crear una marca transnacional en Cupertino y fabricar sus productos con mano de obra semiesclava en China. Los gigantescos márgenes originados en semejante operación redundan en los accionistas y capitostes de la multinacional –Apple, en este caso-, abriendo brecha con las víctimas del rampante desempleo en EE UU.

Cuando compras una pala para el jardín en el chino del barrio (antiguamente Todo a 100) no solo estás ahorrando cinco euros respecto a si compras su equivalente de fabricación en la ferretería, también estamos deslocalizando un empleo (o su parte alícuota) desde Guipúzcoa  –sede de Bellota, el campeón nacional- a una ignota factoría en China. “¿Qué más da?”, se preguntará el consumidor, “si conozco lo mismo al obrero vasco o al chino que lo produce”. Es cierto, pero el salario del vasco acabará circulando por en la economía española. Y la pala te durará mucho más.

Para afianzar el consumo local en los últimos años han surgido decenas de monedas locales, ajenas a cualquier tipo de control político, que solo tienen valor en sus respectivas localidades. El “expronceda”, en Almendralejo, o el “puma”, en Sevilla, son algunas de las 70 monedas locales contabilizadas en nuestro país que fomentan el consumo y el empleo en las comunidades.

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Imagen de José Mesa (CC, Flickr).

3. Compra directamente al productor

Una patología habitual del homo economicus es considerar el precio como el factor determinante (en ocasiones único) a la hora de consumir, ignorando cualquier consideración social o ecológica. España importó el año pasado 129.000 toneladas de manzanas, incluyendo 21.000 de un país como Chile, sito a más de 11.000 kilómetros de distancia. Eso significa que una manzana chilena trae en su precio un insumo energético muy superior a su coste en origen. En otras palabras, los 1,5 euros que pagas en Carrefour por un kilo de manzanas chilenas se lo reparten, además del supermercado, los magnates del petróleo saudíes, la naviera propietaria del barco y, en general, la larguísima cadena logística que lleva la fruta hasta su balda correspondiente.

Gracias a internet hace tiempo que es posible comprar directamente al productor y acortar considerablemente la citada cadena logística. Por ejemplo, Solo Raf, que vende a través de la red tomates raf cultivados en Almería, reparte aproximadamente el 30% del PVP con el agricultor, unos 2,5 euros de los 8 euros que cuesta un kilo de raf de alta calidad. En una operación similar, el agricultor que vende a El Corte Inglés se queda 1 euro de los 15 que pagará el cliente del supermercado.

La diferencia estriba en  que “nosotros no necesitamos ni cámaras frigoríficas ni un hub que redistribuya. Nuestro producto llega dos días más fresco al consumidor a través de una empresa de mensajería”, explica Juan Pablo Seijo, director general de Solo Raf. Sin embargo, al optar por esta vía surge una paradoja: en el camino se destruyen empleos, son las llamadas “ineficiencias del sistema”, del que se alimentan miles de actores de la cadena. “Así es –razona Seijo-, la delimitación de tareas en una estructura más grande es más difusa, de modo que cuanta más gente tienes en una unidad de negocio, acabas teniendo más recursos inactivos”.

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Imagen de José Mesa (CC, Flickr).

4. Genera tu propia energía o, al menos, desenchúfate del oligopolio

Puede que los bancos españoles sean poderosos, pero mucho más lo son el puñado de compañías energéticas que llevan luz a tu casa y rellenan de gasolina el depósito de tu coche: Repsol, Iberdrola, Endesa y Gas Natural se benefician de una de las facturas energéticas más altas de Europa y, en justo pago por los servicios prestados, fichan como consejeros a altos cargos de la política, incluyendo ex presidentes del gobierno como Felipe González (Gas Natural, a razón de 126.000 euros anuales), o José María Aznar (Endesa, unos 200.000 euros).

Ante el imparable avance de la autogeneración, el oligopolio que denunció Jordi Évole se defiende como gato panza arriba haciendo lobby para lograr lo impensable: privatizar el sol. Pero a pesar de las zancadillas a las renovables, proliferan en todo el territorio cooperativas y pequeñas empresas que generan y comercializan electricidad procedente de fuentes solar y eólica, como Som Energia, Goiener, Zencer o la comercializadora Enerplus. Pero, ojo, no esperes grandes ahorros en tu factura eléctrica (aquí, un comparador de tarifas) porque la regulación es inquebrantable: “Esta falsa liberalización del sector supone que si te cambias de compañía, y da igual a cuál, no te ahorres más de 10, 20 euros/año”, apuntan desde Som Energia.

Albert Cañigueral, fundador de Consumo Colaborativo, confía en la capacidad de resiliencia (resistencia al cambio) de las redes energéticas distribuidas. “Actualmente el cuello de botella es el precio del panel solar -explica- pero no hace más que reducirse, al tiempo que surgen iniciativas como la Energía de Código Abierto”, un intento de fomentar el DIY en la autogeneración energética, el equivalente a lo que ha sido Linux para el software.

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5. No compres nada que anuncie un famoso

Podría ser aún más radical y recomendar, como Michael Pollan, que “no compres nada que veas anunciado” (se refiere a alimentos elaborados), pero esta publicación (y yo mismo) vive de la publicidad, así que no tiraré piedras sobre mi propio tejado. Solo ladrillos: cuando ves a un famoso anunciando un producto en la TV puedes estar seguro que una parte del precio que pagues por el mismo irá de tu (exigua) cartera a su (copiosa) cuenta corriente. Pocas veces resulta tan evidente la transferencia de recursos de los pobres a los pudientes.

Pongamos un ejemplo práctico: ¿cuánto ganas al mes? ¿Mil euros? Eso lo gana Cristiano Ronaldo en media hora. Y sin necesidad de vestirse de corto, solo con mirarse al espejo de su casa (que lo imaginamos inmenso) por la mañana. Y eso solo si hablamos de su astronómico sueldo en el Real Madrid, porque estos emolumentos de escándalo son el chocolate del loro si los comparamos con lo que ingresa por anunciar Armani, Nike o Herbalife…

Un dato: la estrella del Real Madrid en 1980, Laurie Cunningahn, cobraba el equivalente a 55 sueldos mínimos de la época. Ronaldo va a ganar 17 millones por temporada, es decir 2.207 sueldos mínimos. El poder adquisitivo relativo de una estrella de fútbol se ha multiplicado por 40 en tres décadas. Si eso no es abrir un abismo entre ricos y pobres que venga Stilike y lo vea.

Aquí puedes leer la segunda parte del artículo.

Con información de El Plural, FutureTech, La Información, ABC, Cooking Ideas, El País, Gurusblog, FEPEX, El Mundo y La Información.

Muchas más iniciativas de consumo P2P en Consumo Colaborativo.

Abundando, que es gerundio:

-Decálogo Robin Hood (y II)

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-Prohibido comer lechuga: los tabúes alimentarios más extravagantes de las religiones

-Puede que tu próximo camello sea una impresora 3D


             

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