1 de diciembre 2020    /   IDEAS
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‘DiccET’, el diccionario del español total

1 de diciembre 2020    /   IDEAS     por          
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Imagina una obra de consulta donde puedas encontrar esa palabra que has escuchado en boca de un youtuber o en TikTok y que no sabes qué significa. O que sabes qué significa, pero no tienes ni pajolera idea de cómo se escribe. Eso, grosso modo, es DiccET, el diccionario del español total. Y entiéndase total por exhaustivo.

El proyecto, que está echando a andar estos días, está desarrollado por un equipo de lingüistas y lexicógrafos que prefieren permanecer en el anonimato para remarcar su carácter colectivo. «Es meter las palabras que usamos, tal cual. No es exactamente un Urban Dictionary en español. Es de palabras actuales, sí, pero palabras actuales incluye muchas cosas, no solo las urbanas o las coloquiales. Y eso es lo que nos diferencia también de otros diccionarios coloquiales o de neologismos. Nosotros metemos todas las palabras… o lo intentamos, claro».

Su nombre, además de ser la sigla de Diccionario del español total, es también un juego de palabras que hace referencia a la forma de definir de los diccionarios clásicos (Dícese) y al latín. «Intentamos que fuera un nombre castellano, pero que a la vez diera sensación de etimología», explican sus creadores.

diccet

DiccET podría desterrar para siempre la falsa idea de que si una palabra no está en el Diccionario (el Diccionario de la RAE, se entiende), no existe. De hecho, uno de sus fines es demostrar que el español tiene más de las 93.000 palabras que contiene el DLE.

Su objetivo, dicen sus creadores, es recoger palabras de la lengua que cualquier usuario pueda encontrar ya sea en textos o en audios. Palabras que pueden leerse en tuits, pero también otras que puedan aparecer en un libro escrito en el siglo XIII.

«Hay de todo, incluso palabras que solo se han usado una vez. Lo principal es recoger las palabras de uso general que no aparecen en otros diccionarios o que aparecen con un significado no del todo exacto». Y dan un ejemplo: gocho, que aparece recogido en la obra de la Academia como cerdo, pero que para el común de los hablantes se refiere también a alguien que come mucho y come muchas marranadas.

«Nosotros nos fijamos sobre todo en el DLE como referencia para ver lo que está y lo que no está. Muchas de las ideas que tenemos sí aparecen en otros diccionarios, otras tantas no. Hay palabras que no aparecen ni en Google», afirman los lingüistas de DiccET.

ADAPTACIONES MEJOR QUE EXTRANJERISMOS

No solo se recogen definiciones. Aquí se explican también etimologías, gramática y se linka a la fuente donde se ha escuchado o leído. A la hora de recoger un extranjerismo, los creadores de DiccET han optado por la adaptación total de esos vocablos: sófwer y no software; fotosop y no Photoshop; gádyet y no gadget.

El equipo de lexicógrafos cree que, de esta forma, a la gente le resultará más fácil encontrar esas palabras que conoce, pero que no sabe escribir.

«Yo no creo que un diccionario de español deba tener extranjerismos de ningún tipo como entradas principales», opina uno de los miembros del equipo de DiccET. «Si una palabra es lo suficientemente usada como para que alguien considere que debe estar en el diccionario, hay que meterla como palabra española. Y tiene que figurar adaptada. Otra cosa es lo que estamos haciendo ahora, que es poner extranjerismos en su grafía original para facilitar la búsqueda».

Por otro lado, y ya que optan por la adaptación de extranjerismo, todos ellos opinan que debe ser total. «Si tú pones un término en cursiva, significa que lo estás usando realmente en otra lengua, y no es verdad. Lo usamos a la española», aseguran.

«Otro de los objetivos con esas adaptaciones es mostrarle a la gente lo que de verdad estamos usando, o sea, crear un poco de conciencia de que cuando tú usas sófwer no lo estás diciendo en inglés, sino tal y como lo escribimos ahí. Pero nosotros también ponemos diferentes adaptaciones. ¿Que lo ideal sería tener una fija?, vale, pero nosotros ponemos la más generalizada, hacemos un pequeño estudio. Luego, cuando tengamos más seguidores, queremos hacer encuestas para ir estableciendo cuantitativamente determinados datos».

ACUDAMOS A LAS FUENTES

Para crear este corpus del español total, sus creadores recurren a diversas fuentes. Diccionarios de todo tipo, pero también otras menos ortodoxas como Wiktionary –«El Wiktionary es más completo en español que muchos diccionarios de español», remarca uno de sus miembros–, porque hay palabras que están definidas en inglés y no en castellano. Pero entre los diccionarios que consultan no están el de María Moliner ni el de Seco para no verse influenciados por sus definiciones. Ellos prefieren crearlas de la nada y ofrecer, de esta manera, mayor diversidad.

«Lo que prima en DiccET es la inmediatez», explica otro miembro del equipo. Incluir una palabra en el mismo día en el que se empieza a poner de moda. Pero también advierten: «no entra cualquier cosa, sino que analizamos las búsquedas de la gente para que no se pierdan y que no haya medios que aprovechen para colarte incorrecciones… No, esto es una cosa estudiada lingüísticamente y con cierto criterio lexicográfico para poner un poco de orden».

Las redes sociales, Twitter en especial, son también referencia para estos lexicógrafos. Cada entrada de este diccionario exhaustivo va acompañada de su correspondiente ejemplo, y este, mayoritariamente, procede de esa red social. También incluye la etimología de la palabra, aunque ahora, explican, como van rápido para tratar de incorporar el mayor número posible de vocablos, no investigan demasiado en el origen de esas entradas.

«Si hay alguna muy complicada, la dejamos o ponemos las teorías que hay, para tratar de ordenar, simplificar y clarificar, que es también algo que falta a veces. Si tú te quieres poner a buscar sobre frases hechas, por ejemplo, hay miles de teorías. Pero a la gente le interesa que se lo expliques en un parrafito, más o menos, de una manera muy clara; no cinco páginas explicando todo».

PALABRAS SIN SIGNIFICADO Y PALABRAS DEL FUTURO

¿Existen realmente palabras sin significado? Sí. «Son las típicas palabras que se usan por juego», explica un miembro del equipo. «Por ejemplo, nos está dando un montón de visitas el verbo dimicular. Es una palabra sin significado. Hay gente que dice, “a ver, conjúgame dimicular”. Y respondes: “Yo dimiculo (yo di mi culo)”. Esos juegos son palabras que la gente ve por las redes y nos consta que busca el significado».

Junto a esta rareza, DiccET también ofrece Propuestas, lo que sus creadores definen como «palabras del futuro». Porque aquí no se recogen solo palabras del pasado o palabras del presente, de la más rabiosa actualidad; aquí figuran también otras que podrían ser pero aún no son.

«En general, son propuestas que la gente ha hecho en redes para definir conceptos que no tienen palabra y que nos han parecido, por lo menos, justificadas y solventes. Un ejemplo: ¿cómo se llama el olor a papel, a libro nuevo? Alguien propuso papirosía, que es superbonito. Es una palabra propuesta etimológicamente bien fundamentada, coherente y que nos parece curiosa. Pues la metemos por si acaso a alguien le gusta y, oye, la quiere meter en su libro o se pone de moda. De esos hay bastantes», explica el equipo de lingüistas.

En otras ocasiones, estas palabras del futuro son propuestas hechas directamente por ellos. Si comprueban que los hablantes preguntan mucho por un concepto y que no hay ninguna palabra que lo recoja, pues la proponen. Así ha ocurrido con esa plataforma de madera donde los jueces golpean con la maza. En inglés, explican, se dice anvil (yunque), y ellos, simplemente, la han adaptado al español: anvil. «Pero como sabemos que es una cosa nuestra, ponemos también otras posibilidades: bloque de sonido (calco del inglés), y otras más divertidas». En otras ocasiones, recurren a términos griegos, en especial para definir filias y fobias. Lo que tratan de evitar siempre es la acronimia, cosas del tipo gastroneta; prefieren cosas más eruditas o más propias del español.

«Siempre recuerdo una frase de Mariano de Cavia que decía que el español es una lengua que, generalmente, tiene una alternativa», concluye uno de los lingüistas de DiccET. «Si no la tiene, se puede buscar una acomodación o recurrir a una adaptación, pero siempre hay algo. Y si no, nos inventamos una palabra. La cosa es no hacer locuras tampoco, que sea una cosa controlada. No puede ser del todo inventada, siempre tiene que tener cierta justificación».

¿NOMBRES PROPIOS Y LISTAS EN UN DICCIONARIO?

De una palabra que aparezca en DiccET puede saberse todo: su etimología, sí, pero también cuestiones que afecten a su ortografía y a la gramática. En los verbos, por ejemplo, y con ayuda de emojis, un usuario encontrará el aliado perfecto para esquivar el laísmo, el leísmo y el loísmo. Al fin y al cabo, como remarcan sus creadores, la intención de este diccionario es ayudar a solventar dudas.

Y para dudas, los que generan los nombres propios, ya sean de lugares, de personas o de marcas. Hay nombres tan clásicos y conocidos que no presentan dificultad, pero otros crean problemas no solo a la hora de escribirlos, también de pronunciarlos. En especial, los nombres de lugares y ciertas marcas.

Estos nombres propios son palabras que se usan en español, al margen de que la RAE los incluya o no (más bien no) en su Diccionario. En rigor, no deben formar parte de él siempre y cuando se conciba esta obra de consulta como una obra de definiciones. Un nombre propio no la tiene. «Pero como este es un diccionario donde no solo damos definiciones, sino también etimología, escritura, etc., tienen que estar. Todo lo que genera dudas y se usa en español tiene que estar», responden categóricos desde DiccET.

También hay cierto frikismo en esa decisión, confiesan. Les fascina la etimología, saber de dónde vienen ciertos nombres, ciertas marcas. Es lo que ocurre con Kit Kat, cuya historia puedes consultar en este diccionario. Pero también para explicar cómo deben escribirse en el caso de que acaben lexicalizados.

Las listas son también un rasgo diferenciador de este diccionario del español total. Como están empezando, no están, de momento, todas las que tienen preparadas, entre ellas, la adaptación de los nombres de los Pokémon. En ellas, según explican, aparecerá todo aquello que no cabe dentro del concepto entradas del diccionario.

Por ejemplo, palabras que no se pueden escribir; o bugs, como ocurre con las palabras baca y vaca cuando se quieren escribir juntas (si llevas una vaca en la baca del coche y se caen, ¿cómo lo escribes? ¿«Se han caído las dos bacas» o «las dos vacas»? Pero sí puedes decirlo al ser homófonas). O títulos de obras (de momento solo hay dos, El jinete polaco y Rojo y negro), para meter citas, palabras curiosas que aparecen en esas obras, y, sobre todo, para explicar por qué se llaman así.

JUGAR CON LA LENGUA

En realidad, todo lo que propone DiccET es un juego, el juego del lenguaje. «Este diccionario en ningún caso es una crítica a la RAE, es un complemento», quieren recalcar sus creadores. El de la RAE tiene limitaciones; la principal, los académicos. «Nuestro diccionario es libre, metemos todo cuando nos llega, siempre y cuando veamos que no es una cosa muy muy muy restringida, una estupidez que nos ponen para vacilar… Pero metemos incluso sugerencias muy personales, como pueden ser esas palabras familiares, personales, como retemblina, que la usa la madre de uno de sus lexicógrafos y que para él es absolutamente normal, pero que no está ni en Google. «Imagínate que la encuentro en un diccionario. Pues me haría mucha ilusión».

DiccET está abierto a propuestas de hablantes, pero no es una wiki, advierten sus creadores. «Queremos que sea una cosa seria, no un Urban Dictionary donde cada uno mete su forma de definir. Aquí habrá marcas, porque como es una ayuda para saber cómo se usan las palabras; tiene que haberlas. Marcas categoriales, si son coloquialismos, si se usa mucho, si es antigua, si solo la usa un autor…».

«Yo soy muy friki y pretendo divertir a la gente en cuestiones literarias», advierte otro de los componentes del equipo de lingüistas. Es el caso de anacronópete, la máquina del tiempo que ya escribió un español en un libro. «Luego las miro, las contemplo y digo, mira, está guarrindongada en un diccionario».

«También enlazamos con otros diccionarios, sobre todo el de la RAE, para demostrar que es una cosa complementaria, no es competencia. Y vamos a intentar que, si una palabra no está en nuestro diccionario, pero está en otros, que aparezca y te remita a él. Porque lo que queremos es ayudar, no pretendemos ser un diccionario único. Y luego hay mucho enlace a redes sociales. Si alguien propuso una palabra en un tuit, se enlaza a ese tuit, o a un vídeo de Youtube, porque luego, si no, es muy difícil recuperarlo».

El trabajo apenas ha comenzado y ya saben sus creadores que es una labor ingente. Por ello buscan colaboradores que participen en la creación de este corpus. También están interesados en encontrar patrocinador o patrocinadores, pero no publicidad. Para ellos, se trata de un proyecto bonito y prefieren no mancharlo con campañas publicitarias.

«Al ser un proyecto bonito, pensamos más en patrocinadores, en algún proyecto europeo. Creemos que, primero, es una labor que debería hacer la RAE o la FundéuRAE, pero como no lo hacen… Ya ves lo que pasó con elle [se refiere a la polémica que surgió en torno a esa palabra en el Observatorio de palabras y que tuvo que retirar porque muchos hablantes pensaron que la había aceptado en el DLE]. Esa palabra ha sido de las primeras en entrar en nuestro diccionario porque está ahí, la gente la utiliza y no es solo lenguaje inclusivo; es que verdaderamente cubre un hueco, es un pronombre dirigido a una persona que no se identifica con ninguno de los dos sexos tradicionales. Es una pieza léxica necesaria. Pues eso, quizá algún proyecto que esté pensando en el uso del español, alguna universidad…», explican.

PALABRAS QUE ENCONTRARÁS EN ‘DICCET’

guarrindongada.

  1. n. fem. Guarrería, cosa asquerosilla o gocha. Me preparé una auténtica guarrindongada: macarrones con chorizo y chocolate.
  2. n. fem. Acción o hecho asquerosillos o gochos. Menuda guarrindongada; ha limpiado el cepillo de dientes con la camiseta sucia que hay en el baño.
  3. n. fem. Cosa relacionada con la sexualidad que se considera obscena o indecorosa. No le dejo meterse en esa página porque no hacen más que saltar anuncios de tías en bolas y de guarrindongadasvarias.
  4. n. fem. Acción o hecho relacionado con la sexualidad que se considera obsceno o indecoroso. Se metieron en el baño y empezaron a hacer guarrindongadas.

Etimología

De guarrindongo y -ada. En su sentido gastronónimo, el término se ha popularizado por el cocinero David de Jorge, conocido como Robin Food, quien pide a los seguidores de su programa que le sugieran guarrindongadas, es decir, platos con mezclas de sabores raras.

a llorar, a la llorería.

Expresión con la que se muestra indiferencia o menosprecio ante las quejas o lamentos de alguien. Me parece muy bien que protestes, pero, a llorar, a la llorería. Es coloquial.

Etimología

Llorería calca la formación de nombres de establecimientos o servicios de atención. La expresión podría ser de origen argentino; ya en 2009 hay un uso en Twitter.

Más información

  • Parece más natural la interpretación en la que a llorares un elemento externo (tópico o prótatis condicional), por lo que preferiblemente va separado con coma. Si a la lloreríase interpretara como complemento interno de llorar (y, por tanto, formara parte de su grupo entonativo), se escribiría sin coma. Aun así, es normal prescindir de la coma, sobre todo cuando hay otras comas en el mismo enunciado, como en el ejemplo anterior: Me parece muy bien que protestes, pero, a llorar a la llorería.
  • Se escribe lloreríacon tilde (no lloreria).

 guiño, guiño.

Expresión usada para indicar que lo anterior se ha dicho de broma o con segundas intenciones. Si alguien pudiera hacerlo… (guiño, guiño).

Etimología

Del gesto de guiñar un ojo cuando se habla de broma o con segundas intenciones. Seguramente proceda de la expresión wink, wink; nudge, nudge ‘guiño, guiño; codazo, codazo’ de Monty Python, que pudo influir en esta escena de Los Simpson, la cual a su vez podría haber ayudado a extender la expresión.

Más información

  • Lo más indicado es separar los dos elementos con coma. Además, la expresión suele ir entre paréntesis o en las redes sociales a veces entre asteriscos.
  • También se usa como nombre en referencia a algo dicho de broma o con segundas intenciones: Lo anterior era solo un guiñoguiño. En ese caso, se puede escribir con guion o en una sola palabra: un guiño-guiñoun guiñoguiño.
  • Se usa a veces la expresión combinada con codo, codocodazo, codazo. Lo más indicado es separar los dos bloques con punto y coma: guiño, guiño; codo, codoguiño, guiño; codazo, codazo.

Cthulhu.

Deidad del universo de H. P. Lovecraft.

Etimología

Palabra inventada por Lovecraft, seguramente inspirada en chthonic ‘ctónico‘, es decir, ‘del inframundo’.

Más información

  • Lo normal es mantener la grafía Cthulhu, aunque también hay quien escribe CutuluCatuluCuzulu, entre otras muchas formas.
  • Pese a que lo más normal sería pronunciar la grafía en español como [ketúlu], la pronunciación más asentada es [kezúlu]. También se pronuncia como [katúlu], [kzúlju]… Lovecraft sugirió una pronunciación similar a [klúlu], pero parece que en verdad quiso que la palabra quedara como impronunciable para los humanos.

 

suánfonson.

Onomatopeya que representa el sonido de los coches de Fórmula 1 cuando se desplazan velozmente. Suánfonsonsuánfonson. Los coches iban pasando delante de los ojos de los espectadores.

Etimología

Voz imitativa. Se popularizó en septiembre de 2020 con este vídeo.

Variantessuánfonzonsuánfansonsuánsonfonsuánsanfonfuánsanfon, fuánfonson, siénsenfonsiénfensonsiánfansonfunsen.

Alternativasfiuuumzumfuaaan.

Más información

  • Si, como es normal, se pronuncia como esdrújula, lo indicado es escribirla con tilde: suánfonson. La grafía suanfonsonrepresenta una pronunciación llana.
  • Se ha empezado a usar como nombre con el sentido de ‘brevísimo periodo de tiempo’ (Lo hizo en un suánfonson), como adverbio con el sentido de ‘rápida o fugazmente’ (El tiempo se vasuánfonson) o como adjetivo con el sentido de ‘rápido’ (¿Echamos un polvo suánfonson?).

Imagina una obra de consulta donde puedas encontrar esa palabra que has escuchado en boca de un youtuber o en TikTok y que no sabes qué significa. O que sabes qué significa, pero no tienes ni pajolera idea de cómo se escribe. Eso, grosso modo, es DiccET, el diccionario del español total. Y entiéndase total por exhaustivo.

El proyecto, que está echando a andar estos días, está desarrollado por un equipo de lingüistas y lexicógrafos que prefieren permanecer en el anonimato para remarcar su carácter colectivo. «Es meter las palabras que usamos, tal cual. No es exactamente un Urban Dictionary en español. Es de palabras actuales, sí, pero palabras actuales incluye muchas cosas, no solo las urbanas o las coloquiales. Y eso es lo que nos diferencia también de otros diccionarios coloquiales o de neologismos. Nosotros metemos todas las palabras… o lo intentamos, claro».

Su nombre, además de ser la sigla de Diccionario del español total, es también un juego de palabras que hace referencia a la forma de definir de los diccionarios clásicos (Dícese) y al latín. «Intentamos que fuera un nombre castellano, pero que a la vez diera sensación de etimología», explican sus creadores.

diccet

DiccET podría desterrar para siempre la falsa idea de que si una palabra no está en el Diccionario (el Diccionario de la RAE, se entiende), no existe. De hecho, uno de sus fines es demostrar que el español tiene más de las 93.000 palabras que contiene el DLE.

Su objetivo, dicen sus creadores, es recoger palabras de la lengua que cualquier usuario pueda encontrar ya sea en textos o en audios. Palabras que pueden leerse en tuits, pero también otras que puedan aparecer en un libro escrito en el siglo XIII.

«Hay de todo, incluso palabras que solo se han usado una vez. Lo principal es recoger las palabras de uso general que no aparecen en otros diccionarios o que aparecen con un significado no del todo exacto». Y dan un ejemplo: gocho, que aparece recogido en la obra de la Academia como cerdo, pero que para el común de los hablantes se refiere también a alguien que come mucho y come muchas marranadas.

«Nosotros nos fijamos sobre todo en el DLE como referencia para ver lo que está y lo que no está. Muchas de las ideas que tenemos sí aparecen en otros diccionarios, otras tantas no. Hay palabras que no aparecen ni en Google», afirman los lingüistas de DiccET.

ADAPTACIONES MEJOR QUE EXTRANJERISMOS

No solo se recogen definiciones. Aquí se explican también etimologías, gramática y se linka a la fuente donde se ha escuchado o leído. A la hora de recoger un extranjerismo, los creadores de DiccET han optado por la adaptación total de esos vocablos: sófwer y no software; fotosop y no Photoshop; gádyet y no gadget.

El equipo de lexicógrafos cree que, de esta forma, a la gente le resultará más fácil encontrar esas palabras que conoce, pero que no sabe escribir.

«Yo no creo que un diccionario de español deba tener extranjerismos de ningún tipo como entradas principales», opina uno de los miembros del equipo de DiccET. «Si una palabra es lo suficientemente usada como para que alguien considere que debe estar en el diccionario, hay que meterla como palabra española. Y tiene que figurar adaptada. Otra cosa es lo que estamos haciendo ahora, que es poner extranjerismos en su grafía original para facilitar la búsqueda».

Por otro lado, y ya que optan por la adaptación de extranjerismo, todos ellos opinan que debe ser total. «Si tú pones un término en cursiva, significa que lo estás usando realmente en otra lengua, y no es verdad. Lo usamos a la española», aseguran.

«Otro de los objetivos con esas adaptaciones es mostrarle a la gente lo que de verdad estamos usando, o sea, crear un poco de conciencia de que cuando tú usas sófwer no lo estás diciendo en inglés, sino tal y como lo escribimos ahí. Pero nosotros también ponemos diferentes adaptaciones. ¿Que lo ideal sería tener una fija?, vale, pero nosotros ponemos la más generalizada, hacemos un pequeño estudio. Luego, cuando tengamos más seguidores, queremos hacer encuestas para ir estableciendo cuantitativamente determinados datos».

ACUDAMOS A LAS FUENTES

Para crear este corpus del español total, sus creadores recurren a diversas fuentes. Diccionarios de todo tipo, pero también otras menos ortodoxas como Wiktionary –«El Wiktionary es más completo en español que muchos diccionarios de español», remarca uno de sus miembros–, porque hay palabras que están definidas en inglés y no en castellano. Pero entre los diccionarios que consultan no están el de María Moliner ni el de Seco para no verse influenciados por sus definiciones. Ellos prefieren crearlas de la nada y ofrecer, de esta manera, mayor diversidad.

«Lo que prima en DiccET es la inmediatez», explica otro miembro del equipo. Incluir una palabra en el mismo día en el que se empieza a poner de moda. Pero también advierten: «no entra cualquier cosa, sino que analizamos las búsquedas de la gente para que no se pierdan y que no haya medios que aprovechen para colarte incorrecciones… No, esto es una cosa estudiada lingüísticamente y con cierto criterio lexicográfico para poner un poco de orden».

Las redes sociales, Twitter en especial, son también referencia para estos lexicógrafos. Cada entrada de este diccionario exhaustivo va acompañada de su correspondiente ejemplo, y este, mayoritariamente, procede de esa red social. También incluye la etimología de la palabra, aunque ahora, explican, como van rápido para tratar de incorporar el mayor número posible de vocablos, no investigan demasiado en el origen de esas entradas.

«Si hay alguna muy complicada, la dejamos o ponemos las teorías que hay, para tratar de ordenar, simplificar y clarificar, que es también algo que falta a veces. Si tú te quieres poner a buscar sobre frases hechas, por ejemplo, hay miles de teorías. Pero a la gente le interesa que se lo expliques en un parrafito, más o menos, de una manera muy clara; no cinco páginas explicando todo».

PALABRAS SIN SIGNIFICADO Y PALABRAS DEL FUTURO

¿Existen realmente palabras sin significado? Sí. «Son las típicas palabras que se usan por juego», explica un miembro del equipo. «Por ejemplo, nos está dando un montón de visitas el verbo dimicular. Es una palabra sin significado. Hay gente que dice, “a ver, conjúgame dimicular”. Y respondes: “Yo dimiculo (yo di mi culo)”. Esos juegos son palabras que la gente ve por las redes y nos consta que busca el significado».

Junto a esta rareza, DiccET también ofrece Propuestas, lo que sus creadores definen como «palabras del futuro». Porque aquí no se recogen solo palabras del pasado o palabras del presente, de la más rabiosa actualidad; aquí figuran también otras que podrían ser pero aún no son.

«En general, son propuestas que la gente ha hecho en redes para definir conceptos que no tienen palabra y que nos han parecido, por lo menos, justificadas y solventes. Un ejemplo: ¿cómo se llama el olor a papel, a libro nuevo? Alguien propuso papirosía, que es superbonito. Es una palabra propuesta etimológicamente bien fundamentada, coherente y que nos parece curiosa. Pues la metemos por si acaso a alguien le gusta y, oye, la quiere meter en su libro o se pone de moda. De esos hay bastantes», explica el equipo de lingüistas.

En otras ocasiones, estas palabras del futuro son propuestas hechas directamente por ellos. Si comprueban que los hablantes preguntan mucho por un concepto y que no hay ninguna palabra que lo recoja, pues la proponen. Así ha ocurrido con esa plataforma de madera donde los jueces golpean con la maza. En inglés, explican, se dice anvil (yunque), y ellos, simplemente, la han adaptado al español: anvil. «Pero como sabemos que es una cosa nuestra, ponemos también otras posibilidades: bloque de sonido (calco del inglés), y otras más divertidas». En otras ocasiones, recurren a términos griegos, en especial para definir filias y fobias. Lo que tratan de evitar siempre es la acronimia, cosas del tipo gastroneta; prefieren cosas más eruditas o más propias del español.

«Siempre recuerdo una frase de Mariano de Cavia que decía que el español es una lengua que, generalmente, tiene una alternativa», concluye uno de los lingüistas de DiccET. «Si no la tiene, se puede buscar una acomodación o recurrir a una adaptación, pero siempre hay algo. Y si no, nos inventamos una palabra. La cosa es no hacer locuras tampoco, que sea una cosa controlada. No puede ser del todo inventada, siempre tiene que tener cierta justificación».

¿NOMBRES PROPIOS Y LISTAS EN UN DICCIONARIO?

De una palabra que aparezca en DiccET puede saberse todo: su etimología, sí, pero también cuestiones que afecten a su ortografía y a la gramática. En los verbos, por ejemplo, y con ayuda de emojis, un usuario encontrará el aliado perfecto para esquivar el laísmo, el leísmo y el loísmo. Al fin y al cabo, como remarcan sus creadores, la intención de este diccionario es ayudar a solventar dudas.

Y para dudas, los que generan los nombres propios, ya sean de lugares, de personas o de marcas. Hay nombres tan clásicos y conocidos que no presentan dificultad, pero otros crean problemas no solo a la hora de escribirlos, también de pronunciarlos. En especial, los nombres de lugares y ciertas marcas.

Estos nombres propios son palabras que se usan en español, al margen de que la RAE los incluya o no (más bien no) en su Diccionario. En rigor, no deben formar parte de él siempre y cuando se conciba esta obra de consulta como una obra de definiciones. Un nombre propio no la tiene. «Pero como este es un diccionario donde no solo damos definiciones, sino también etimología, escritura, etc., tienen que estar. Todo lo que genera dudas y se usa en español tiene que estar», responden categóricos desde DiccET.

También hay cierto frikismo en esa decisión, confiesan. Les fascina la etimología, saber de dónde vienen ciertos nombres, ciertas marcas. Es lo que ocurre con Kit Kat, cuya historia puedes consultar en este diccionario. Pero también para explicar cómo deben escribirse en el caso de que acaben lexicalizados.

Las listas son también un rasgo diferenciador de este diccionario del español total. Como están empezando, no están, de momento, todas las que tienen preparadas, entre ellas, la adaptación de los nombres de los Pokémon. En ellas, según explican, aparecerá todo aquello que no cabe dentro del concepto entradas del diccionario.

Por ejemplo, palabras que no se pueden escribir; o bugs, como ocurre con las palabras baca y vaca cuando se quieren escribir juntas (si llevas una vaca en la baca del coche y se caen, ¿cómo lo escribes? ¿«Se han caído las dos bacas» o «las dos vacas»? Pero sí puedes decirlo al ser homófonas). O títulos de obras (de momento solo hay dos, El jinete polaco y Rojo y negro), para meter citas, palabras curiosas que aparecen en esas obras, y, sobre todo, para explicar por qué se llaman así.

JUGAR CON LA LENGUA

En realidad, todo lo que propone DiccET es un juego, el juego del lenguaje. «Este diccionario en ningún caso es una crítica a la RAE, es un complemento», quieren recalcar sus creadores. El de la RAE tiene limitaciones; la principal, los académicos. «Nuestro diccionario es libre, metemos todo cuando nos llega, siempre y cuando veamos que no es una cosa muy muy muy restringida, una estupidez que nos ponen para vacilar… Pero metemos incluso sugerencias muy personales, como pueden ser esas palabras familiares, personales, como retemblina, que la usa la madre de uno de sus lexicógrafos y que para él es absolutamente normal, pero que no está ni en Google. «Imagínate que la encuentro en un diccionario. Pues me haría mucha ilusión».

DiccET está abierto a propuestas de hablantes, pero no es una wiki, advierten sus creadores. «Queremos que sea una cosa seria, no un Urban Dictionary donde cada uno mete su forma de definir. Aquí habrá marcas, porque como es una ayuda para saber cómo se usan las palabras; tiene que haberlas. Marcas categoriales, si son coloquialismos, si se usa mucho, si es antigua, si solo la usa un autor…».

«Yo soy muy friki y pretendo divertir a la gente en cuestiones literarias», advierte otro de los componentes del equipo de lingüistas. Es el caso de anacronópete, la máquina del tiempo que ya escribió un español en un libro. «Luego las miro, las contemplo y digo, mira, está guarrindongada en un diccionario».

«También enlazamos con otros diccionarios, sobre todo el de la RAE, para demostrar que es una cosa complementaria, no es competencia. Y vamos a intentar que, si una palabra no está en nuestro diccionario, pero está en otros, que aparezca y te remita a él. Porque lo que queremos es ayudar, no pretendemos ser un diccionario único. Y luego hay mucho enlace a redes sociales. Si alguien propuso una palabra en un tuit, se enlaza a ese tuit, o a un vídeo de Youtube, porque luego, si no, es muy difícil recuperarlo».

El trabajo apenas ha comenzado y ya saben sus creadores que es una labor ingente. Por ello buscan colaboradores que participen en la creación de este corpus. También están interesados en encontrar patrocinador o patrocinadores, pero no publicidad. Para ellos, se trata de un proyecto bonito y prefieren no mancharlo con campañas publicitarias.

«Al ser un proyecto bonito, pensamos más en patrocinadores, en algún proyecto europeo. Creemos que, primero, es una labor que debería hacer la RAE o la FundéuRAE, pero como no lo hacen… Ya ves lo que pasó con elle [se refiere a la polémica que surgió en torno a esa palabra en el Observatorio de palabras y que tuvo que retirar porque muchos hablantes pensaron que la había aceptado en el DLE]. Esa palabra ha sido de las primeras en entrar en nuestro diccionario porque está ahí, la gente la utiliza y no es solo lenguaje inclusivo; es que verdaderamente cubre un hueco, es un pronombre dirigido a una persona que no se identifica con ninguno de los dos sexos tradicionales. Es una pieza léxica necesaria. Pues eso, quizá algún proyecto que esté pensando en el uso del español, alguna universidad…», explican.

PALABRAS QUE ENCONTRARÁS EN ‘DICCET’

guarrindongada.

  1. n. fem. Guarrería, cosa asquerosilla o gocha. Me preparé una auténtica guarrindongada: macarrones con chorizo y chocolate.
  2. n. fem. Acción o hecho asquerosillos o gochos. Menuda guarrindongada; ha limpiado el cepillo de dientes con la camiseta sucia que hay en el baño.
  3. n. fem. Cosa relacionada con la sexualidad que se considera obscena o indecorosa. No le dejo meterse en esa página porque no hacen más que saltar anuncios de tías en bolas y de guarrindongadasvarias.
  4. n. fem. Acción o hecho relacionado con la sexualidad que se considera obsceno o indecoroso. Se metieron en el baño y empezaron a hacer guarrindongadas.

Etimología

De guarrindongo y -ada. En su sentido gastronónimo, el término se ha popularizado por el cocinero David de Jorge, conocido como Robin Food, quien pide a los seguidores de su programa que le sugieran guarrindongadas, es decir, platos con mezclas de sabores raras.

a llorar, a la llorería.

Expresión con la que se muestra indiferencia o menosprecio ante las quejas o lamentos de alguien. Me parece muy bien que protestes, pero, a llorar, a la llorería. Es coloquial.

Etimología

Llorería calca la formación de nombres de establecimientos o servicios de atención. La expresión podría ser de origen argentino; ya en 2009 hay un uso en Twitter.

Más información

  • Parece más natural la interpretación en la que a llorares un elemento externo (tópico o prótatis condicional), por lo que preferiblemente va separado con coma. Si a la lloreríase interpretara como complemento interno de llorar (y, por tanto, formara parte de su grupo entonativo), se escribiría sin coma. Aun así, es normal prescindir de la coma, sobre todo cuando hay otras comas en el mismo enunciado, como en el ejemplo anterior: Me parece muy bien que protestes, pero, a llorar a la llorería.
  • Se escribe lloreríacon tilde (no lloreria).

 guiño, guiño.

Expresión usada para indicar que lo anterior se ha dicho de broma o con segundas intenciones. Si alguien pudiera hacerlo… (guiño, guiño).

Etimología

Del gesto de guiñar un ojo cuando se habla de broma o con segundas intenciones. Seguramente proceda de la expresión wink, wink; nudge, nudge ‘guiño, guiño; codazo, codazo’ de Monty Python, que pudo influir en esta escena de Los Simpson, la cual a su vez podría haber ayudado a extender la expresión.

Más información

  • Lo más indicado es separar los dos elementos con coma. Además, la expresión suele ir entre paréntesis o en las redes sociales a veces entre asteriscos.
  • También se usa como nombre en referencia a algo dicho de broma o con segundas intenciones: Lo anterior era solo un guiñoguiño. En ese caso, se puede escribir con guion o en una sola palabra: un guiño-guiñoun guiñoguiño.
  • Se usa a veces la expresión combinada con codo, codocodazo, codazo. Lo más indicado es separar los dos bloques con punto y coma: guiño, guiño; codo, codoguiño, guiño; codazo, codazo.

Cthulhu.

Deidad del universo de H. P. Lovecraft.

Etimología

Palabra inventada por Lovecraft, seguramente inspirada en chthonic ‘ctónico‘, es decir, ‘del inframundo’.

Más información

  • Lo normal es mantener la grafía Cthulhu, aunque también hay quien escribe CutuluCatuluCuzulu, entre otras muchas formas.
  • Pese a que lo más normal sería pronunciar la grafía en español como [ketúlu], la pronunciación más asentada es [kezúlu]. También se pronuncia como [katúlu], [kzúlju]… Lovecraft sugirió una pronunciación similar a [klúlu], pero parece que en verdad quiso que la palabra quedara como impronunciable para los humanos.

 

suánfonson.

Onomatopeya que representa el sonido de los coches de Fórmula 1 cuando se desplazan velozmente. Suánfonsonsuánfonson. Los coches iban pasando delante de los ojos de los espectadores.

Etimología

Voz imitativa. Se popularizó en septiembre de 2020 con este vídeo.

Variantessuánfonzonsuánfansonsuánsonfonsuánsanfonfuánsanfon, fuánfonson, siénsenfonsiénfensonsiánfansonfunsen.

Alternativasfiuuumzumfuaaan.

Más información

  • Si, como es normal, se pronuncia como esdrújula, lo indicado es escribirla con tilde: suánfonson. La grafía suanfonsonrepresenta una pronunciación llana.
  • Se ha empezado a usar como nombre con el sentido de ‘brevísimo periodo de tiempo’ (Lo hizo en un suánfonson), como adverbio con el sentido de ‘rápida o fugazmente’ (El tiempo se vasuánfonson) o como adjetivo con el sentido de ‘rápido’ (¿Echamos un polvo suánfonson?).

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