13 septiembre, 2012
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Egoriasis

Por Francesc Beltri Gebrat

La ‘egoriasis’, del griego Εγώ (yo) y ψώρα (picor), es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a la propia imagen, llevando a la persona afectada a creerse en todo momento inmune a la culpa y en plena posesión de la razón. Produce lesiones escamosas, engrosadas e inflamadas respecto a la percepción de los demás, con una amplia variabilidad clínica y evolutiva.

No es contagiosa, aunque sí puede ser hereditaria. Se observa con la misma prevalencia en hombres y mujeres. Se estima que solo entre un 1% y un 3% de la población es inmune a la ‘egoriasis’. Respecto a su etiología, se sabe que la causa desencadenante proviene de la incapacidad de reconocer un error. Va acompañada de una velocidad de reacción anormalmente alta ante un incumplimiento en el momento de justificarse y dar excusas. Sin causa única, sino multifactorial, aparece en individuos con predisposición genética a padecerla, pudiendo ser desencadenada o exacerbada por diversos factores ambientales.

La sintomatología del ‘egosoriático’ se presenta en tres fases o niveles de gravedad, todas ellas con estrategias orientadas a librarse de toda culpa.

Fase 1: La Intención. Se salva cualquier incumplimiento a partir de una rotunda fundamentación en la intención. Un ejemplo: cuando llega el afectado con 30 minutos de retraso a su cita. Característica frase: “Llego tarde, pero es que, cuando iba a salir, me ha llamado N; no obstante, mi intención era llegar a la hora”.

Para el paciente queda claro que no es impuntual pues su intención era llegar a la hora convenida, por lo que no es en absoluto responsable del incumplimiento. Otro ejemplo: no se entrega el trabajo a tiempo. Una frase típica: “No lo tengo, se me ha complicado el día, ¡pero no sabes lo que he pensado en ello!”. Nuevo incumplimiento del que no es responsable pues su intención le salva otra vez. Aquí vendría bien aquella frase: “Juzgamos a los demás por sus acciones y a nosotros mismos por nuestras intenciones”.

Cabe la posibilidad de que con este tipo de razonamientos el interlocutor sano no se sienta compensado y reclame. En ese caso se agrava la ‘egoriasis’ entrando en la siguiente etapa.

Fase 2: La Excepción. Ante la insistencia del sujeto sano, y su expresado malestar con el retraso o la no entrega de la tarea, aparece aquella justificación: “Normalmente llego a tiempo; este ha sido un caso esporádico”. Otro ejemplo: “Suelo entregarte los trabajos. ¡Es que no sabes qué día!”.

Apelar a la excepción nuevamente redime de culpa y responsabilidad. En este caso, viene la frase: “¿Tú no te equivocas nunca?”. Expresar que no es la conducta habitual nuevamente desculpabiliza y le libera de toda responsabilidad. Serenamente, expresará el afectado, sea o no cierto, que es una excepción, por lo que no es responsable ni mucho menos culpable.

La resistencia del interlocutor por aceptar como eximentes los dos niveles anteriores llevará al último y definitivo paso.

Fase 3: La Personalización. Se expresa a través de la expresión airada: “¡Hay que ver cómo eres. Si llego a saber que te molesta tanto esperar un ratito…!”. En otro ejemplo: “¡Si llego a saber que esta tarea era tan importante para ti…!”. Llegado a este extremo, es muy posible que el enfermo comparta con otras personas la siguiente cuestión: “No veas cómo se pone por esperar, o no, traerle lo que quiere”. Una vez más el enfermo de ‘egoriasis’ proyectará hacia fuera y repelerá impecablemente todo reconocimiento de falta por su parte, error o responsabilidad frente al incumplimiento.

Hasta el momento, no se conoce ni vacuna ni tratamiento, aunque se abrigan fundadas esperanzas en el trabajo con células madre.

Francesc Beltri Gebrat es socio de Mediterráneo Consultores

Foto: AngelDye Flickr bajo licencia CC.


             

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