03 mayo, 2012
26

El imparable ascenso de la educación abierta

Por Marcus Hurst ( @marcushurst )

Algo está cambiando en la educación superior. El profesor Sebastian Thrun deja Stanford para abrir su propia universidad abierta al mundo. Los investigadores en Reino Unido se rebelan contra el monopolio de las editoriales que manejan la publicación de investigaciones académicas. Harvard presiona a estas mismas compañías para que bajen sus precios y anima a sus investigadores a compartir su trabajo en plataformas abiertas. Jimmy Wales colabora con el gobierno británico para que todos los estudios científicos financiados por el contribuyente estén accesibles en la web de forma gratuita.

El viento cambia de dirección y conduce hacia una mayor apertura en las universidades. Las instituciones académicas y los negocios que giran en torno a ella ya no pueden evadir el impacto de internet por mucho que lo hayan conseguido hasta ahora. Los cambios disruptivos que proporcionan la Red y la cultura abierta que trae consigo hacen que este cambio sea imparable.

Vayamos por partes:

A principios de enero, Tim Gowers, un matemático de la Universidad de Cambridge se desahoga en su blog personal contra el sistema de publicaciones académicas. Una diatriba que va camino de convertirse en el J’accuse del mundo académico actual.

En su post denuncia lo que considera prácticas abusivas de compañías como Elsevier, que controlan muchas de las publicaciones responsables de difundir el conocimiento científico en el sector académico. Tal y como funciona el sistema actual, los investigadores envían artículos a estas publicaciones que son revisadas y editadas por profesionales de ese mismo ámbito. La compañía escoge lo que considera los mejores y los publica en sus revistas y base de datos digitales.

Toda esta información se revende a las universidades que, en el caso del Reino Unido, supone un coste de 250 millones de euros al año, una décima parte del dinero que aporta el estado a la investigación.

El problema tiene varios frentes. Primero está el precio. Suscribirse a algunas de las publicaciones más caras puede llegar a costar 18.000 euros al año.

Segundo. Los científicos, en cambio, no cobran nada por ello. Pero que te publiquen en este tipo de medios es un factor determinante a la hora de escalar rangos en la jerarquía catedrática y tener acceso a más fondos para investigar.

Además, buena parte de esta información está financiada por los contribuyentes. Conocimiento que se cierra detrás de un muro de pago y que lucra a una compañía que, según The Guardian, opera con márgenes de más del 30%.

La distribución de esta información se complica porque solo aquéllos que tienen acceso a estas plataformas pueden leerlo. Las compañías se convierten en los guardianes de lo que tiene éxito y lo que no, en contraste con un sistema abierto donde entran en juego otros factores. La propiedad intelectual de los textos también se queda en sus manos. Para más inri, Elsevier apoya la polémica ley SOPA, denuncia Gowers.

Los investigadores que trabajan por su cuenta tampoco se pueden permitir acceder a estas plataformas cerradas que no facilitan la búsqueda semántica ni la manipulación de la información para hacer más eficiente el proceso de investigación. En definitiva, en opinión de Gowers y muchos de sus coetáneos, el sistema está completamente quebrado.

En su momento de catarsis, el matemático de la Universidad de Cambridge, se encuentra con el respaldo de miles de profesionales. Su artículo recibe más de 400 comentarios y a raíz de la protesta se crea un boicot a Elsevier, que cuenta ya con más de 11.000 firmas de profesionales del ámbito académico. El científico es inequívoco. “No los necesitamos”, sentencia su post.

Las editoriales responden diciendo que son un importante pilar del mundo académico y que su trabajo aporta mucho valor. Pero crecen las opiniones que dicen que acabarán como la enciclopedia británica por mucho que sigan ganando mucho dinero.

Harvard también se enfrenta a las editoriales

La semana pasada, la Universidad de Harvard se unió a esta rebelión e instó a sus investigadores a compartir sus investigaciones de forma gratuita en la Red.

El director de la biblioteca de Harvard resume muy bien la incoherencia de este sistema en declaraciones a The Guardian. “Todos nos enfrentamos a esta paradoja. Nosotros, la facultad, hacemos la investigación, escribimos los artículos, los editamos, formamos parte de los consejos editoriales. Todo lo hacemos gratis y luego recompramos el resultado de nuestro trabajo a unos precios escandalosos“.

El anuncio fue especialmente significativo porque proviene de una de las universidades más ricas del mundo (con un fondo de inversión valorado en más de 30.000 millones de dólares). Sin contar la influencia y el efecto dominó que esto podría tener sobre otras universidades.

La decisión de Harvard coincide además con un plan del gobierno británico, en el que participa el fundador de Wikipedia, Jimmy Wales, para que toda las investigaciones científicas financiadas por el contribuyente estén disponibles de manera abierta y gratuita en internet. El proyecto incluye la creación de un portal que alojará toda esta información. La forma de trabajar de Wikipedia aplicada a la ciencia podría tener unos resultados espectaculares.

El caso de Goldcorp es bien conocidoUna compañía que se salvó de la quiebra gracias a que supo aprovechar la inteligencia colectiva de la red. Imaginemos esto aplicado a gran escala a buscar curas al cáncer. Imaginemos que de forma similar a Wikipedia todo el mundo puede acceder a todos los estudios que se han hecho sobre el cáncer en los últimos diez años de forma gratuita.


Un cambio de filosofía en las instituciones más prestigiosas

Todo esto coincide con cambios radicales en la forma de impartir clases. En enero Sebastian Thrun dejó su prestigiosa cátedra en la universidad californiana para montar su propia institución académica. Thrun, conocido por ser uno de los inventores del coche de Google que se conduce solo, había sido uno de los impulsores de un curso que Stanford impartió de forma gratuita al mundo. Clases que fueron seguidas por 160.000 estudiantes en todo el mundo. Alumnos de todos los rincones del planeta que no obtuvieron el título oficial (eso se reserva a los que pagan) pero sí un conocimiento de primer nivel.

Esta experiencia convenció al científico de que tenía algo muy grande entre sus manos. Thrun creó Udacity en enero, una alternativa abierta y gratuita. Actualmente se ofertan 6 cursos.

Este modelo cambia radicalmente los cimientos de la educación. El conocimiento se abre y ya no está reservado a un pequeño grupo de personas que pagan por recibir este privilegio. Según él, hay muchas empresas que estarían dispuestas a financiar estos proyectos para buscar talento. También siempre queda el recurso del pago, pero una cifra mucho más baja que las universidades más elitistas.

Un curso en Stanford puede costar en torno a los 40.000 dólares sin contar el coste de la vida. Si ponemos de media que ese curso está formado por 200 alumnos, en total, son unos 8 millones de dólares. Si trasladamos esta cifra a la educación abierta, si se cobra 50 dólares como una especie de tasa a cada uno de los 200.000 estudiantes que imparten un hipotético curso, se recaudaría 10 millones de dólares. Una tasa que se puede ajustar a los ingresos de los estudiantes.

Harvard y MIT lanzan edX

Mientras escribo este artículo llega otra noticia que apunta en esta dirección. Harvard y MIT anuncian en el New York Times el lanzamiento de un nuevo proyecto académico sin ánimo de lucro llamado edX, que ofrecerá cursos gratuitos online de ambas universidades. Según el artículo del diario neoyorquino, ambas instituciones utilizarán el proyecto para construir una comunidad global e investigar sobre métodos de enseñanza.

¿Qué significa todo esto?

Como la mayor parte de las cosas a nuestro alrededor, el futuro ya está inventado. Al igual que internet lleva existiendo desde los años 60, las claves para un nuevo mundo del conocimiento ya existen. La competencia será más global. Universidades más mediocres tendrán que adaptarse o morir. Si un estudiante madrileño por 100 dólares tiene acceso a los mejores profesores del mundo en la materia que a le interesa de Harvard y MIT, a lo mejor se replantea la necesidad de ir a una universidad aquí.

Si las compañías también dejan de darle tanta importancia al título y valoran estos cursos entonces estamos antes un cambio de paradigma radical.

Este camino tendrá sus pros y sus contras. Ambos mundos convivirán durante muchos años más. Pero la información libre será capaz de cambiar el mundo a una velocidad mucho más rápida que el sistema actual. Estamos ante un sistema quebrado listo para ser reinventado. El conocimiento que circula con libertad y sin barreras llegará más lejos.

Fotos: opensourceway lic. CC.

 


             

¡Ahora hacemos libros!

  app_busqueda

Ahora, Brands and Roses, responsable de Yorokobu, también edita libros. Hemos empezado con dos referencias.

Cien Cocinas es un recorrido gastronómico por el Mediterráneo en el que Luis Palacio explica la historia y la receta de muchos de los platos más representativos de los países del viejo mar. Lo ilustra TemaBCN, estudio responsable de Ling, con más de 30 maravillosas infografías.

Era Tan Suave... comienza a lo bestia, con el asesinato del osito de Mimosín. A partir de ahí, una sucesión de iconos publicitarios como el Gigante Verde o Mr. Proper, se reparten los papeles en esta novela negra escrita por José Luis Moro e ilustrada por Juan Díaz-Faes.

Y las historias continúan...

Los relatos de Yorokobu no acaban aquí. Tenemos un par de replicantes en Facebook y Twitter. Y como somos gente de mundo, creamos sus clones allende los mares: Yorokobu América y @yorokobuamerica.

mail-open-

letter@2x

Newsletter

¿Quieres recibir en tu email un resumen de los contenidos de Yorokobu?
¡Suscríbete a nuestro newsletter! Realizamos dos envíos semanales. Tendrás que confirmar tu alta desde el email. Echa un ojo a la carpeta de Correo No Deseado, que a veces se pone muy quisquillosa.