19 noviembre, 2010
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El monumento de Moneo al jamón

Por Raquel Pardo

Puede que por la mente de muchos españoles haya discurrido alguna vez la idea de “yo a este jamón le ponía un monumento” cuando una ración de esta preciada e incomprendida joya de la gastronomía supera las fronteras del éxtasis en el paladar.

Pensándolo bien, imaginarse un monumento con forma de jamón tampoco extrañaría por cualquier rincón de este país, en donde en ningún menú que se precie falta un platito, aunque sea del regular.

Pero no ha sido el regular, sino el que se considera el mejor jamón del mundo, el que ha caído en la cuenta de que esta delicia gastronómica tiene, en realidad, mucho arte.

Y si para jamón, Joselito, para arquitecto vanguardista, Moneo. De la unión de ambos, una colección de piezas entre lo arquitectónico, lo gastronómico, lo exclusivo y lo práctico.

Rafael Moneo y los socios de Moneo Brock Studio (su hija Belén y al arquitecto Jeff Brock), se han inventado una manera de rendir homenaje al jamón de Joselito construyendo una pieza en la que, mientras hay jamón, éste se mantiene a salvo gracias a un velo que recubre una estructura similar a una crisálida. Y cuando, irremediablemente, el jamón acaba siendo devorado y hay que despedirse del hueso, la crisálida, construida de madera y rodeada de leds, se convierte en una exclusiva y original lámpara.

Porque, como dice Moneo, “las cosas se transforman desde los usos, los usos son más transformadores que la propia arquitectura. Hay que tomar confianza en que es la vida la que cambia las cosas”.

Y así, con la practicidad y la sostenibilidad por bandera, los artistas han acercado su arte al jamón, y no solo a él, sino a otras obras artísticas de Joselito, como su lomo, salchichón y chorizo, para los que también han ideado unos prácticos estuches que se pueden utilizar para colocar cedés o guardar nuestros objetos en un moderno cofre.

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