04 marzo, 2010
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El poder de la creatividad

Por Manuela Battaglini

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Lo Creativo, El Cielo. Este es el primer hexagrama del I Ching, el libro de los cambios. En él se describe la creatividad como “poder original luminoso, activo y fuerte, el cual proviene del espíritu. En relación al mundo humano representa la acción creadora del santo o del sabio, del gobernante o del conductor de los hombres, que a través de su poder despierta y desarrolla lo que hay de más elevado en ellos“.

Y esto, ¿qué tiene que ver esto con la creatividad? ¡Tiene que ver todo! Porque tiene que ver con la búsqueda de la verdad de cada uno de nosotros. Todos tenemos el poder de la creatividad, todos somos capaces de crear de manera distinta a los demás y de como se ha hecho anteriormente. Todo ser humano puede ser original porque no hay un ser humano igual a otro en el mundo, ni jamás lo habrá. Partiendo de esta premisa ya podemos afirmar que, si somos conscientes de esta distinción, a la fuerza tenemos que ser originales.

La creatividad es un don con el que se nos ha premiado a cada ser humano nada más nacer y, en mucha ocasiones, la suprimimos en nuestro proceso de madurez dejando que un dudoso sentido de la obligación la sustituya, porque en el fondo de nosotros mismos, no la consideramos como un elemento que conservar, ni tampoco la mantenemos viva en los demás.

La única manera de amar a otra persona es permitiendo que descubra lo que hay en sí misma de creativa, de sublime, de poderosa. Por medio de esa actitud se mantiene viva en cada parte de nuestro cuerpo la creatividad, nuestro poeta, nuestro artista. El gran asesino: la crítica.

Por eso, los grandes maestros en cualquier disciplina son los que han amado tanto a sus discípulos como éstos a sus mejores amigos, pensando y haciéndoles ver el don que cada uno de ellos tenía en su interior. Sin hacerles sentir miedo, dándole alas, libertad, los deja fluir y así poder conectar con su verdadera esencia, lejos de las críticas, de las burlas, del desaliento. Y así, los alumnos trabajan horas y horas sin descanso, dejando salir todo el poder creativo y la magia que está depositada dentro de ellos. Dentro de cada uno de nosotros.

¿Cómo mantener ese espíritu vivo en nuestro interior? Usándolo, dejándolo salir, invirtiendo algo de tiempo en conseguir nuestro propósito y no usando la razón, porque lo que entendemos por razón o sensatez no se identifica de ningún modo con la inteligencia o la comprensión de las cosas. Ser demasiado sensato puede resultar sumamente aburrido. La razón es sólo prudencia, y ésta seca impunemente la imaginación, la pasión, la libertad y el entusiasmo que habita en nosotros.

Tenemos que ser capaces de usar nuestra capacidad creadora con amor y generosidad porque los mayores límites y enemigos de la creatividad son las ansias de ganar dinero a través de su manifestación y la vanidad de lucirse en cada momento o el autobombo. Debemos comprender que la verdad reside en nuestro interior, y así entender que la creatividad es un impulso para compartir sentimientos y verdades con los demás.

Por lo tanto, todo trabajo que nos interese y nos guste lo debemos desempeñar con amor, con imaginación, con inteligencia y conectados a nuestra verdadera esencia, donde reside el poder más fuerte que tenemos: nuestra creatividad.
Las personas más ocupadas son las menos creativas porque la imaginación, las ideas y la inspiración llegan despacio, sin avisar en los momentos de calma, de ocio. No tengas remordimientos ni pienses que pierdes el tiempo si decides irte a pasear solo y tranquilo todos los días. Te estás entregando a tu imaginación, a tu amor y a tu inteligencia.

Los grandes artistas como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Tolstoi… se entregaban a momentos de ocio y, sobre todo, quisieron a todas las personas como eran, y sin intentar controlar ni dominar a nadie. Para las personas más creativas, saben que lo que puede ser bueno o conveniente forma parte de la libertad de cada uno: en eso consiste la imaginación.

Finalmente uno llega a la conclusión de que la imaginación requiere un tiempo de madurez y un feliz e improductivo momento para el ocio. Plotino, el gran filósofo místico afirmó: “Así son los hombres, demasiado débiles para la contemplación”, refiriéndose a la imaginación.

Este tiempo de espera, de introspección, de aceptación propia y de los demás, es necesario. Así te sentirás libre, te sentirás creador y te manifestarás a través de tu imaginación.


             

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