29 enero, 2013
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El libro abierto que desafía a la industria editorial

Por Mar Abad ( @marabad )

Pad

Los humanos no han sabido hacer una réplica del planeta Tierra y construir ahí un nuevo mundo. Pero han sido capaces de crear un lugar paralelo llamado ciberespacio donde las reglas son muy distintas. Los amos del entramado político y empresarial del espacio terrestre pierden su poder en ese otro mundo que desconocen y, a menudo, les lanza un desafío. Esto es lo que hace una obra, titulada Este libro se autodestruirá, escrita en un documento abierto por tantos autores como quieran participar y sin ningún tipo de licencia. Ni siquiera la más abierta de copyleft.

El libro nació el pasado 22 de enero en un PAD público. El periodista Bernardo Gutiérrez creó el documento abierto online y comenzó a escribir. Ese espacio es como una plaza pública donde todo el que conozca el link puede observar cómo trabajan los autores, en tiempo real, y crear un usuario para participar también en la redacción.

Gutiérrez eligió la plataforma TitanPad para forzar, por un lado, la actividad del libro y, por otro, su carácter efímero. El PAD se autodestruye si no es social, como explica el director de la red de innovación Futura Media. “Si no se remezcla, no se reescribe, puede fallecer (…). El libro será borrado en dos semanas si no tiene 20 revisiones”. Y, a la vez, pase lo que pase, la obra desaparecerá 12 meses después de su creación.

Pero ese no es el único motivo por el que el periodista decidió utilizar este formato. En el post de presentación del libro, el autor explica que, “al estar en la nube, el proyecto no está adscrito a una jurisdicción nacional concreta. Tampoco está gobernado por el copyright. Ni por el copyleft. Ni por la licencia Dominio Público. He querido que así sea”.

El proyecto surgió de una reflexión de Gutiérrez. “En mi vida no existe una linealidad clara, un espacio reservado para el trabajo y otro para el ocio. También interfieren constantemente realidades lejanas en lo físico, a través de las redes, de Skype, de nuevos canales. Vivo enredado en lo glocal y a veces las circunstancias me gobiernan, imponen el ritmo”, explica en una entrevista mediante correo electrónico.

“Escribir un libro intentando controlar todas las variables, encerrándote en un lugar concreto, podía funcionar en el pasado. Quería experimentar qué pasa cuando no tienes el control de todo (como en la vida), cómo es esa escritura en la que la trama no te pertenece. Esa escritura en tiempo real, esa interacción de usuarios que no conoces (o sí), esa creación colectiva”.

“Si me siento a escribir Este libro se autodestruirá es porque creo que tengo cosas que contar, pero lo más importante no es eso”, continúa. “Es generar un proceso abierto, un proceso colectivo, es aplicar la transparencia a la literatura, los procesos de red, desde el minuto uno”.

Es, además, un intento de “tocar las narices al sistema editorial y al copyright en concreto. Siendo más amable, podríamos decir que quiero incentivar el debate sobre la creación literaria, los derechos de autor y los nuevos formatos digitales”, según especifica en este artículo.

“¿Por qué otros no lo hacen?”, se pregunta. “No lo sé, y lo respeto. Evidentemente, quiero cuestionar los procesos de la industria cultural, editorial, por qué se han centrado en vender objetos y no contenido, por qué tienen miedo de lo abierto y por qué se aferran al copyright como a un clavo ardiendo”.

“Los procesos abiertos salvarán a la literatura, sin duda. Lo que a lo mejor desaparece es la industria, sobre todo si no cambia. Escribir este libro en un agujero negro, en un rincón no reconocido por el Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO). Es un acto de rebeldía, claro. Es gritar: ‘Ustedes nunca consideran esto un libro ni un ebook. ¿Y qué? ¿Quién son ustedes en la literatura aparte de vampiros que se lucran del trabajo ajeno?”.

La historia que cuenta Este libro se autodestruirá tiene notas ciberpunk. En la trama aparecen, entre otros, un escritor copyleft, el clan de los Bush y Julian Assange. El objetivo es, según Gutiérrez, “crear un pasado utópico. Jugar con la distopía del presente y con una utopía pretérita”.

“Nadie se atreve tocar el pasado, como si fuese algo fijo, cierto e inmutable”, comenta el autor. “El pasado, como ficción colectiva que es, debería ser revisitado. Forzar el debate del presente con un pasado utópico es una buena idea”.

“Un pasado inventado imposibilita la mera existencia del presente distópico. Este libro se autodestruira sera un giro ciberpunk positivo hacia el pasado. De esta manera, las generaciones del presente se darán cuenta de que las herramientas para reformular definitivamente el planeta en lo económico, político, social y cultural ya existen. Apenas hay que conectar las piezas sueltas”.