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Se ha escrito mucho sobre si la piratería e Internet (es lo mismo para algunos) están acabando con el mercado discográfico, con el cine, con la cultura en general… En este mundo siempre hay algo o alguien que te demuestra que es posible hacer lo contrario que estás pensando. Cuando más se hablaba de piratería en la música, salen unos chicos que se llaman Radiohead y lanzan un álbum totalmente gratis (in Rainbows). Eso fue hace 2 años.
¿A qué viene todo esto? Pues bien, estos días he escuchado a gente decir algo que nunca antes había oído referente en este tema: “Esto es tan bueno que no vale la pena bajárselo. Es una experiencia”. Estoy hablando de Avatar.
James Cameron ha abierto la caja de Pandora, y nunca mejor dicho (Pandora es el mundo donde transcurre la película), porque Avatar propone un viaje, una experiencia sensorial que jamás se podrá tener en casa, por muy buena calidad que tenga el archivo en cuestión. Esto es valor añadido, sensación pura y directa a la vena, algo por lo que vale la pena pagar, al fin.
Desde un punto de vista más publicitario, la marca Avatar ya venía avalada por la mejor campaña que nadie pueda hacer, pruebas de que hay alguien detrás que sabe lo que hace (Terminator, Aliens, Titanic…), y de un halo de rumorología que no hacía más que aumentar el interés por el proyecto.
Todo esto vale que 3 días después del estreno, Avatar recaudó 232 millones de dólares y suma y sigue. Como usuario te planteas lo que acabas de ver, cuando sales del cine absolutamente hipnotizado, eufórico, preguntándote por qué nadie había hecho algo así antes, y sobre todo, sabiendo que la experiencia de ir al cine nunca volverá a ser lo mismo.
¿Puede ser esa la salida? ¿Puede ser la solución? ¿Es mejor crear una experiencia que llegue al corazón antes que buscar mecanismos obsoletos para parar lo imparable? ¿Esto quiere decir que si hay un proyecto mil millonario detrás la cosa no va a funcionar? Pues mira, no. Se trata de crear una experiencia, y ahora, más que nunca, importa más la idea que el presupuesto.
Muse no es santo de mi devoción (ya lo he dicho, hala) pero tuvieron una idea genial (y barata): grabar el DVD del concierto que tocaban en cada ocasión y venderlo a la salida por muy poco dinero. Es una buena idea para inmortalizar una experiencia de la que has formado parte. Hace tiempo que muchos grupos se han dado cuenta de que el negocio ya no está en la música, sino en las experiencias, en los conciertos.
Nos pasamos la vida buscando dar ese “valor añadido” a la gente, algo por lo que valga la pena elegir nuestra marca en lugar de las otras, pero casi siempre acabamos en la misma zanja. En estas fechas especiales, es un buen momento para plantearse buenos y nuevos propósitos, por la parte que nos toca. Una marca puede reducirse a ser sólo un producto más o puede convertirse en una experiencia que recordaremos siempre.








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3 Comentarios
El cine siempre ha sido una experiencia (y lo seguirá siendo), una butaca grande, palomitas, el eco de la sala, el THX a todo volumen. Con este cine espectáculo se pretende evitar las descargas, cada vez salas mas grandes, pantallas panorámicas y proyectores en 3D.
Todo sea porque no muera nunca!
Cierto, hacía años que no iba al cine (por lo caro que es y los bodrios que echan últimamente), pero oí hablar muy bien de Avatar y me decidí a probar (por supuesto en 3D) y la verdad es que no me defraudó. No es que sea una película con un argumento sobrecogedor o un guion increíble, son, principalmente, los efectos especiales y la dirección artística los que hacen que salgas del cine contento y con la sensación de haber visto algo cuasi mágico. Pandora es increíble y totalmente recomendable (sobre todo en 3D).
100% agree!!! De hecho, no se me ocurre mejor forma de hacer marketing experiencial que este despliegue técnico-emocional imposible de recrear en casa… (en la casa de bill murray de zombieland si eh? jajaja) .