25 febrero, 2013
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El futuro pasa por la impresora de casa (en 3D)

Por Jesus Maria Lopez de Uribe

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“Año 2021. Michio Saku, el diseñador que se hizo famoso en 2019 por mandar los planos de la base lunar ‘Amanecer’ desde su casa a la impresora en tres dimensiones que lanzaron los chinos el año anterior, sube a la web el diseño de su nueva cubertería a 1 euro por descarga. Una semana después, tras dos millones de peticiones e impresiones en las casas de los clientes, la retira. Poca gente conoce que tres días antes había sido ingresado en el hospital con un infarto grave de miocardio…

…Mientras espera a que le impriman uno corazón nuevo (está al 50% en la máquina 3D Biológica de la clínica), la enfermera jefe envía desde un ordenador en un piso más arriba orden a la máquina tipo Star Trek que está en su habitación para que imprima la comida adecuada para él mientras avisa por móvil a la cuidadora de planta que en 15 minutos debe servirle la comida. Si la operación que mañana tiene programada según termine la impresión de su nuevo órgano sale mal, el diseño de sus cucharas, cuchillos y tenedores ‘Hemka’ será algo que sus fieles clientes podrán tener como su último regalo. En unos años puede que cueste cientos de euros cada impresión completa certificada”.

¿Ciencia Ficción? Hoy parece que sí, pero puede ser que perfectamente dentro de ocho años la descarga de archivos de estereolitografía (extensión STL) para imprimir cualquier diseño en casa sea algo ya habitual, más o menos como hoy pagamos una descarga de una aplicación en nuestro móvil. Todo debido a la Fabricación Digital, el nuevo cambio de paradigma tecnológico que ahora está viviendo el mundo del diseño, el arte y la ingeniería.

“Fabricación Digital”, “Manufactura Aditiva”, “el Internet de las Cosas”… unos conceptos que comienzan a aparecer en los periódicos de papel, como si fuera algo fantástico e increíble. Lo es, pero ya desde hace un par de años en España hay una serie de talleres, llamados FabLabs (Fabrication Laboratories) y patrocinados por el Centro de Bits y Átomos (CBA) del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el afamado MIT), en los que se trabaja en esta revolución tecnológica.

Algo solo comparable a los años de los ‘Piratas de Silicon Valey’ en los que los tres Steve (Jobs, Wozniak y Ballmer) y un chico que bien podría ser Billy el Niño (Bill Gates) comenzaban a ‘liarla’ en un garaje construyendo un sueño: ordenadores para las casas.

Porque los FabLabs son lo más parecido a un garaje que existe, pero con máquinas aparentemente avanzadas que llevan ya tiempo entre nosotros, pero que costaban muchísimo dinero y que hoy se han abaratado bastante (y dentro de 20 años, lo mismo que los ordenadores comparados con los años 90).

La creación del concepto de Laboratorio de Fabricación Digital se la debemos al director del CBA, Neil Gershenfeld, que en colaboración con el Grassroots Invention Group consiguió en el año 2000 financiación para comprar una serie de máquinas “para construirlo (casi) todo”.

Un FabLab en un país del primer mundo tiene una serie de máquinas mínimas que son impresoras en tres dimensiones, una cortadora láser, fresadoras de control numérico (CNC) y un laboratorio de electrónica (entre otras muchas que varían en cada uno). Todo controlado por ordenador y que permite, con variedad de programas –incluidos los gratuitos como InkScape, Sketch Up o Gimp–, imprimir todo tipo de piezas o desarrollos.

Con ello se pueden construir muebles, imprimir piezas para recambios imposibles o engranajes, cortar y grabar papel, cartón y madera… y además incluir electrónica (está muy extendida la placa Arduino de uso libre) para que esos objetos hagan algo. Sin más, decir que ahora mismo se puede comprar un manual de 69 páginas para construirse un minisatélite que tiene el doble de tamaño que una lata de Coca-Cola (lo de lanzarlo al espacio es otra cosa).

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Sin embargo, uno de los primeros éxitos de uno de estos garajes de Fabricación Digital fue la creación en India de una lavadora a pedales con materiales del lugar con un coste de tres euros por máquina. Porque el objetivo de los garajes de la Manufactura Aditiva es que se pueda “construir (casi) cualquier cosa” con lo que se dispone en cada lugar.

Es la creatividad ante todo. Hace tres años en Afganistán se creó una red wifi de unos 700 kilómetros de distancia con cacerolas viejas. Cierto es que los países desarrollados pueden acceder a máquinas mucho más avanzadas como las descritas anteriormente, pero lo importante es “crear” con lo que haya a mano.

Además, estos talleres se rigen por una filosofía muy ‘hacktivista’, que se resume en el FabLab Charter, que viene a decir que hay que compartir entre los usuarios de cada uno lo que se haya construido con documentación sobre los parámetros de los aparatos para hacer las cosas.

Sin embargo, solo ha de quedar dentro de cada centro, no se puede ‘robar’ la idea de otro para hacer dinero sin su permiso. También limpieza y aprender a “no hacerse daño y no dañar a las máquinas”. El concepto de diseño libre se ha extendido en internet y en páginas como Thingiverse o las referentes a Arduino se pueden descargar planos, programas e, incluso, manuales sobre cómo construir tu propia impresora en tres dimensiones. Todo gratuito.

En España existen entre siete y ocho FabLabs. El central es el de Barcelona, que en septiembre de este año acogerá la reunión mundial de los más de cien que hay en el mundo (y que gestiona uno más pequeño, Green FabLab, dependiente del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya en la ciudad, con lo que se podría considerar doble).

Tras él se creó León (junto al de la ciudad Condal, los dos que acogen el Fab Academy 2013 International en nuestro país actualmente) y están Sevilla, Valencia, Gijón, Bermeo y Tenerife. Es bastante probable que Zaragoza acoja el próximo en el edificio de la Milla Digital y hay otros grupos interesados en crear más.

En el cómputo mundial España es el cuarto país con más “garajes” de este tipo. Lidera, obviamente, Estados Unidos, con más de treinta, luego Holanda (9), Francia (8), España (7-8) y Alemania (6). Es decir, que somos potencia mundial en esto de intentar liderar lo que se llama la Tercera Revolución Industrial del “Internet de las Cosas”. Una revolución que provocará que la Fabricación Digital compita con la Fabricación Industrial como los blogs y medios de internet lo hacen hoy en día con el papel y la televisión.

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El más que firme apoyo de Obama marca este futuro

Ya el año pasado el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dotó de 40 millones de euros a un programa estatal dedicado a promocionar la Manufactura Aditiva. Y en su informe presidencial presentado al Congreso de Estados Unidos hace pocos días le dedicó unas palabras a este movimiento: “Una bodega que alguna vez estuvo clausurada ahora es un laboratorio de vanguardia en el que los nuevos trabajadores dominan la impresión en 3D que podría revolucionar la forma en la que hacemos casi todo”.

Con ello, según el máximo mandatario estadounidense, se permitiría “que las regiones rezagadas a causa de la globalización se vuelvan centros mundiales del empleo en el sector de la alta tecnología”. Un espaldarazo más claro a la Tercera Revolución Industrial, imposible.

A esto se suma que el Ejército de Estados Unidos ya tiene FabLabs en Afganistán para imprimir piezas de recambio para vehículos y dispositivos, se están diseñando impresoras en tres dimensiones que pueden construir casas (con materiales como lechadas de cemento o pasta de madera entre otras), que crean piezas con aluminio fundido y otras muchas cosas con todo tipo de materiales.

Incluso comida y, lo que es más alucinante, proteínas para crear estructuras de órganos humanos que se completarán con las células madre del paciente para ser completamente compatibles y operativos. Solo se necesitan tres ejes (ancho, largo y alto) y un cabezal que permita disponer en capas el material elegido. La Nasa ya tiene claro que para ir a la Luna y a Marte será necesario llevar una impresora de este tipo. En vez de lanzar un cohete con materiales es mejor enviar un archivo por el espacio para que los astronautas construyan incluso su base planetaria con una de estas máquinas (si no lo hacen los chinos antes en la Luna) y si necesitan una pieza urgentemente para reparar cualquier cosa, que se la impriman cuanto antes.

Y en España no es solo moda lo de tener tantos FabLab. Como dice el director de centro de León, Cesáreo González, “perdimos la primera y la segunda revolución industrial. Ahora tenemos la oportunidad de liderar la tercera; y en España tenemos madera de creadores y ahora disponemos de las máquinas que nos permitirán hacerlo porque podemos prototipar por muchísimo menos dinero. Además, cuando se termina el diseño, tienes los archivos digitales para solicitar a una industria más grande que te los fabrique inmediatamente”.

Por eso la manufactura aditiva es una de las mejores salidas a la crisis que vivimos en este país. Arquitectos, ingenieros, diseñadores y muchos otros lo van teniendo claro porque se están sumando a una buena velocidad al mundo ‘Fabber’. Está bastante claro que el futuro pasa por la impresora de casa. Aunque parezca mentira.

Fotos: Fablab León, Fablab Barcelona, Fablab Sevilla y Jesús María López de Uribe

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