7 de abril 2011    /   CIENCIA
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Un motivo más para hacerse ateo: ir a misa engorda

7 de abril 2011    /   CIENCIA     por          
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“Si los curas comieran piedras del río no estarían tan gordos los tíos jodíos”, Los Porretas.
La próxima vez que pases por una iglesia a la salida de misa fíjate en el perímetro abdominal de los feligreses. Puede que se aprecien esos kilitos de más que arrastran en sus cuerpos los creyentes.
¿Será el vino?, ¿serán las hostias, o tal vez el sedentarismo a que obliga la liturgia católica? Los primeros podemos descartarlos: el vino apenas lo cata el sacerdote y la hostia tipo apenas aporta 3 calorías, de forma que si comulgas a diario tardarías un año en ingerir las calorías que tiene un Whopper.
En cuanto a la tercera, el sedentarismo, si bien es cierto que la ceremonia apostólica romana apenas exige esfuerzo físico por parte del creyente (comparada con la animada oración musulmana, que incluye estiramientos y genuflexiones) tampoco podemos culpar a este factor: de no ir a la ceremonia, el feligrés podría optar por montar en bici o practicar Pilates, pero también podría invertir ese tiempo en apoltronarse frente a la TV y cebarse a Cheetos.
Un concienzudo estudio llevado a cabo por la Universidad de Chicago entre 2.433 personas, que tenían entre 20 y 32 años al principio de la prueba, y fueron seguidos durante 25 años, concluyó que las aquellos que acudían a la iglesia al menos una vez por semana eran más proclives a tener un índice de masa corporal superior que aquellos que se abstenían de visitar la casa de Dios.
A grandes rasgos, los veinteañeros religiosos entraron en la congregación hechos unos pinceles y salieron convertidos en brochas. Bien es cierto que la edad a la que comenzó el estudio es la edad casadera y, como es bien sabido, el matrimonio es otro factor que juega a favor de la obesidad. Por tanto, relacionar los kilos de más con la asistencia a la iglesia podría ser lo que en estadística se conoce como relación espúrea…si no fuera porque existe un grupo de control que demuestra que el absentismo eclesiástico adelgaza.
Curiosamente, la asistencia frecuente a misa se ha relacionado tradicionalmente con una mejor salud, en tanto las iglesias suelen reprobar fuertemente el consumo de alcohol, tabaco y demás sustancias tóxicas. Sin embargo, los pastores suelen pasar por alto el asunto calórico, especialmente en EEUU, donde las comilonas de confraternización de la parroquia son frecuentes y grasientas, en sintonía con las costumbres culinarias del país.
Pero como no existen verdades absolutas, la Conservapedia (en caché de Google), la Wikipedia que consultan los hijos de Sarah Palin, enarbola sus propios datos y afirma lo contrario: lo que de verdad engorda es el ateísmo: “parece ser que las personas no religiosas son más proclives a volverse obesas que los individuos muy religiosos. La Biblia considera que la glotonería es un pecado”. Además de ternesco, vas al infierno.
Imagen: Shutterstock.


“Si los curas comieran piedras del río no estarían tan gordos los tíos jodíos”, Los Porretas.
La próxima vez que pases por una iglesia a la salida de misa fíjate en el perímetro abdominal de los feligreses. Puede que se aprecien esos kilitos de más que arrastran en sus cuerpos los creyentes.
¿Será el vino?, ¿serán las hostias, o tal vez el sedentarismo a que obliga la liturgia católica? Los primeros podemos descartarlos: el vino apenas lo cata el sacerdote y la hostia tipo apenas aporta 3 calorías, de forma que si comulgas a diario tardarías un año en ingerir las calorías que tiene un Whopper.
En cuanto a la tercera, el sedentarismo, si bien es cierto que la ceremonia apostólica romana apenas exige esfuerzo físico por parte del creyente (comparada con la animada oración musulmana, que incluye estiramientos y genuflexiones) tampoco podemos culpar a este factor: de no ir a la ceremonia, el feligrés podría optar por montar en bici o practicar Pilates, pero también podría invertir ese tiempo en apoltronarse frente a la TV y cebarse a Cheetos.
Un concienzudo estudio llevado a cabo por la Universidad de Chicago entre 2.433 personas, que tenían entre 20 y 32 años al principio de la prueba, y fueron seguidos durante 25 años, concluyó que las aquellos que acudían a la iglesia al menos una vez por semana eran más proclives a tener un índice de masa corporal superior que aquellos que se abstenían de visitar la casa de Dios.
A grandes rasgos, los veinteañeros religiosos entraron en la congregación hechos unos pinceles y salieron convertidos en brochas. Bien es cierto que la edad a la que comenzó el estudio es la edad casadera y, como es bien sabido, el matrimonio es otro factor que juega a favor de la obesidad. Por tanto, relacionar los kilos de más con la asistencia a la iglesia podría ser lo que en estadística se conoce como relación espúrea…si no fuera porque existe un grupo de control que demuestra que el absentismo eclesiástico adelgaza.
Curiosamente, la asistencia frecuente a misa se ha relacionado tradicionalmente con una mejor salud, en tanto las iglesias suelen reprobar fuertemente el consumo de alcohol, tabaco y demás sustancias tóxicas. Sin embargo, los pastores suelen pasar por alto el asunto calórico, especialmente en EEUU, donde las comilonas de confraternización de la parroquia son frecuentes y grasientas, en sintonía con las costumbres culinarias del país.
Pero como no existen verdades absolutas, la Conservapedia (en caché de Google), la Wikipedia que consultan los hijos de Sarah Palin, enarbola sus propios datos y afirma lo contrario: lo que de verdad engorda es el ateísmo: “parece ser que las personas no religiosas son más proclives a volverse obesas que los individuos muy religiosos. La Biblia considera que la glotonería es un pecado”. Además de ternesco, vas al infierno.
Imagen: Shutterstock.

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Opiniones 1
  • Una teoría: Foll… digooo… hacer uso del matrimonio quema calorías. Si sólo lo haces para procrear quemas menos.
    Otra relacionada: Las pasiones de la carne pueden ser sublimadas con la ingesta de carne picada y bollos de pan con sésamo.
    Y otra más: La gente creyente es más conservadora con la libido. Tal vez también con lo lípido.

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