28 de abril 2016    /   IDEAS
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Kubik: el coworking que nació 10 años antes de que inventaran los coworking

28 de abril 2016    /   IDEAS     por          
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Antes de que las palabras ‘emprender’ e ‘innovar’ sonaran a cartón piedra, olían a chocolate, mora y anís. Fue en el año 1994. Brad Neuberg aún no había utilizado el vocablo ‘coworking‘ para describir los espacios donde se reúnen personas de distintos oficios a trabajar. Tanto el término como esa alternativa a la oficina tradicional se pondrían de moda mucho después. A partir de 2005.

En aquellos primeros años de los 90, a la vez que nacía el correo electrónico, cuatro amigos de profesiones diferentes alquilaron un local para trabajar juntos. Marta Borbonet, Javi Creus, Miquel Lacasta y Carmen Santana alquilaron la tercera planta de un edificio en el barrio de Gràcia de Barcelona. En la segunda, había una marroquinería y en la primera estaba la fábrica de Chocolates de la Mora. De ahí salía el olor a cacao, anís y mora que ascendía por las escaleras del edificio.

El nombre del lugar apareció en una conversación que olía a cerveza y humo. Hablaron de sus propósitos y les arrancaron el primer sonido: la ‘K’ de cultura (K), la ‘U’ de universal, la ‘B’ de básico, la ‘I’ de ideas y la ‘K’ de conceptos. Después unieron las letras y lo llamaron Kubik. «Surgió una buena noche ‘bebiendo, fumando y sin parar de reír’», cuenta Creus. «Entonces sólo existía el mail. Aún no habían aparecido ni los buscadores de internet. Pero había una cierta efervescencia ante el tsunami tecnológico que se estaba produciendo. Estaba tocando pilares demasiado profundos para pensar que sería una chorrada».

kubik-coworking

El correo electrónico fue el detonante. «Ya podíamos comunicarnos a distancia. Intentábamos imaginar cómo sería el trabajo con internet», explica Creus, fundador de Ideas for Change. «Los cuatro habíamos aprendido un oficio y ahora nos apetecía montárnoslo por nuestra cuenta. Tanto antes como ahora, después de haber trabajado un tiempo en una estructura, es normal que quieras construir una voz propia».

El mail les permitía trabajar desde casa por primera vez, pero ellos pensaron que era más estimulante compartir espacio con amigos. De las conversaciones de la escalera y los cafés en la cocina podrían surgir ideas que jamás saldrían de una charla entre dos personas que ven el mundo desde los esquemas mentales de una misma profesión. Fue así como despegó la ciencia en Inglaterra en el siglo XVII.

Pero la conversación no llevaría muy lejos si sólo eran cuatro. Había que abrir la puerta de la planta tres a otros profesionales. La sala se llenó y empezaron a crecer hacia abajo. Alquilaron la antigua marroquinería, en la segunda, y después, la plata de las máquinas que durante años hicieron chocolates. En tres años ocuparon los tres pisos del edificio de Gràcia.

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Hoy en la entrada hay un directorio con el nombre y la profesión de todos los que trabajan en Kubik. «En los inicios, éramos muy estrictos. No queríamos que hubiera dos personas que se dedicaran a lo mismo para fomentar la mezcla de especialidades y aprender más», relata Lacasta, junto a una ventana de la primera planta. «Pero, con el tiempo, nos hemos relajado. Hoy ya no es así». Esa era una de sus formas de entender la innovación. «En 1994 hablábamos mucho de esa palabra. Entonces no estaba gastada».

La «inteligencia de escalera», como ellos lo llaman, sigue vigente. Es ahí y en los cafés donde surgen las conexiones, si es que tienen que ocurrir. No hay espacios asignados para juntar ni separar a los que trabajan en lo mismo. «Nos regimos por el efecto meteorito», explica Creus. «Cuando llega alguien nuevo, que caiga donde caiga. Donde haya un hueco y le guste. No creemos en el push. No se pueden forzar las cosas. Es la empatía lo que consigue que se produzcan conexiones o que las cosas avancen».

Dice Lacasta que Kubik es «coworking y coliving. De aquí han salido muchas parejas. Incluso una vez pescamos a unos haciendo el amor en la segunda planta».

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En 1994 el Imperio Ikea aún no había llegado a Barcelona. Los nuevos iban montando su espacio con estanterías de cartón y cada uno lo decoraba a su gusto. El espacio era abierto y así continúa desde entonces. Las demarcaciones se establecían, igual que ahora, con muebles modulares para que todo pueda cambiar en un momento.

«Al principio alquilábamos espacios. Ahora alquilamos mesas. Antes nos pedían unos metros para grupos. Atrápalo, por ejemplo, empezó en este espacio. Hoy son individuos que trabajan por su cuenta», explica Lacasta. «Eso es un indicador social. Aquí vemos cada día una especie de fresco de la realidad. Nos da un pulso muy fiel de lo que está ocurriendo en la sociedad».

El arquitecto cuenta que les gustaría que en cada planta hubiera una chimenea. «Es un símbolo de familiaridad, una declaración de principios», indica. «No debe haber muchos símbolos corporativos. Debes hacerlo tuyo y sentirte como en casa. Si alguien quiere un sofá, puede traerlo».

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Kubik no tiene normas. «No las necesitamos porque tenemos principios», aclara Creus. Esta guía, recogida en cinco frases, apareció también «otra noche inspirada».

La vida como premisa
La complejidad como reto
La tecnología como oportunidad
La cooperación como dinámica
La innovación como estrategia

Desde aquel día de 1994 en que Kubik se instaló en carrer Luis Antunez hay mucho más tránsito en esa calle. Muchos más que vienen y van. «La puerta es un no parar», indica Lacasta. «Esto es un espacio público que ha revitalizado la calle. Es como una plaza, como un equipamiento más del barrio, un activador social. Kubik es una prolongación del espacio público hacia dentro».

Alguien describió este lugar como «un internet físico donde todo está interconectado». Ellos están de acuerdo. «Es más que un espacio de trabajo», enfatiza Creus. «Te da un contexto y te aporta relaciones sociales. Kubik es la camisa. Lo importante es lo que pasa dentro».

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Antes de que las palabras ‘emprender’ e ‘innovar’ sonaran a cartón piedra, olían a chocolate, mora y anís. Fue en el año 1994. Brad Neuberg aún no había utilizado el vocablo ‘coworking‘ para describir los espacios donde se reúnen personas de distintos oficios a trabajar. Tanto el término como esa alternativa a la oficina tradicional se pondrían de moda mucho después. A partir de 2005.

En aquellos primeros años de los 90, a la vez que nacía el correo electrónico, cuatro amigos de profesiones diferentes alquilaron un local para trabajar juntos. Marta Borbonet, Javi Creus, Miquel Lacasta y Carmen Santana alquilaron la tercera planta de un edificio en el barrio de Gràcia de Barcelona. En la segunda, había una marroquinería y en la primera estaba la fábrica de Chocolates de la Mora. De ahí salía el olor a cacao, anís y mora que ascendía por las escaleras del edificio.

El nombre del lugar apareció en una conversación que olía a cerveza y humo. Hablaron de sus propósitos y les arrancaron el primer sonido: la ‘K’ de cultura (K), la ‘U’ de universal, la ‘B’ de básico, la ‘I’ de ideas y la ‘K’ de conceptos. Después unieron las letras y lo llamaron Kubik. «Surgió una buena noche ‘bebiendo, fumando y sin parar de reír’», cuenta Creus. «Entonces sólo existía el mail. Aún no habían aparecido ni los buscadores de internet. Pero había una cierta efervescencia ante el tsunami tecnológico que se estaba produciendo. Estaba tocando pilares demasiado profundos para pensar que sería una chorrada».

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El correo electrónico fue el detonante. «Ya podíamos comunicarnos a distancia. Intentábamos imaginar cómo sería el trabajo con internet», explica Creus, fundador de Ideas for Change. «Los cuatro habíamos aprendido un oficio y ahora nos apetecía montárnoslo por nuestra cuenta. Tanto antes como ahora, después de haber trabajado un tiempo en una estructura, es normal que quieras construir una voz propia».

El mail les permitía trabajar desde casa por primera vez, pero ellos pensaron que era más estimulante compartir espacio con amigos. De las conversaciones de la escalera y los cafés en la cocina podrían surgir ideas que jamás saldrían de una charla entre dos personas que ven el mundo desde los esquemas mentales de una misma profesión. Fue así como despegó la ciencia en Inglaterra en el siglo XVII.

Pero la conversación no llevaría muy lejos si sólo eran cuatro. Había que abrir la puerta de la planta tres a otros profesionales. La sala se llenó y empezaron a crecer hacia abajo. Alquilaron la antigua marroquinería, en la segunda, y después, la plata de las máquinas que durante años hicieron chocolates. En tres años ocuparon los tres pisos del edificio de Gràcia.

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Hoy en la entrada hay un directorio con el nombre y la profesión de todos los que trabajan en Kubik. «En los inicios, éramos muy estrictos. No queríamos que hubiera dos personas que se dedicaran a lo mismo para fomentar la mezcla de especialidades y aprender más», relata Lacasta, junto a una ventana de la primera planta. «Pero, con el tiempo, nos hemos relajado. Hoy ya no es así». Esa era una de sus formas de entender la innovación. «En 1994 hablábamos mucho de esa palabra. Entonces no estaba gastada».

La «inteligencia de escalera», como ellos lo llaman, sigue vigente. Es ahí y en los cafés donde surgen las conexiones, si es que tienen que ocurrir. No hay espacios asignados para juntar ni separar a los que trabajan en lo mismo. «Nos regimos por el efecto meteorito», explica Creus. «Cuando llega alguien nuevo, que caiga donde caiga. Donde haya un hueco y le guste. No creemos en el push. No se pueden forzar las cosas. Es la empatía lo que consigue que se produzcan conexiones o que las cosas avancen».

Dice Lacasta que Kubik es «coworking y coliving. De aquí han salido muchas parejas. Incluso una vez pescamos a unos haciendo el amor en la segunda planta».

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En 1994 el Imperio Ikea aún no había llegado a Barcelona. Los nuevos iban montando su espacio con estanterías de cartón y cada uno lo decoraba a su gusto. El espacio era abierto y así continúa desde entonces. Las demarcaciones se establecían, igual que ahora, con muebles modulares para que todo pueda cambiar en un momento.

«Al principio alquilábamos espacios. Ahora alquilamos mesas. Antes nos pedían unos metros para grupos. Atrápalo, por ejemplo, empezó en este espacio. Hoy son individuos que trabajan por su cuenta», explica Lacasta. «Eso es un indicador social. Aquí vemos cada día una especie de fresco de la realidad. Nos da un pulso muy fiel de lo que está ocurriendo en la sociedad».

El arquitecto cuenta que les gustaría que en cada planta hubiera una chimenea. «Es un símbolo de familiaridad, una declaración de principios», indica. «No debe haber muchos símbolos corporativos. Debes hacerlo tuyo y sentirte como en casa. Si alguien quiere un sofá, puede traerlo».

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Kubik no tiene normas. «No las necesitamos porque tenemos principios», aclara Creus. Esta guía, recogida en cinco frases, apareció también «otra noche inspirada».

La vida como premisa
La complejidad como reto
La tecnología como oportunidad
La cooperación como dinámica
La innovación como estrategia

Desde aquel día de 1994 en que Kubik se instaló en carrer Luis Antunez hay mucho más tránsito en esa calle. Muchos más que vienen y van. «La puerta es un no parar», indica Lacasta. «Esto es un espacio público que ha revitalizado la calle. Es como una plaza, como un equipamiento más del barrio, un activador social. Kubik es una prolongación del espacio público hacia dentro».

Alguien describió este lugar como «un internet físico donde todo está interconectado». Ellos están de acuerdo. «Es más que un espacio de trabajo», enfatiza Creus. «Te da un contexto y te aporta relaciones sociales. Kubik es la camisa. Lo importante es lo que pasa dentro».

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Opiniones 6
  • Hola MAR ABAD

    Gracias por compartir y hacernos soñar, pensar y confiar en que las reglas en estos espacio no son tan necesarias! sino que hay que dejarse llevar…

    te invito a visitar nuestra casa de colaboración / coworking , con 2 años de existencia ya…

    http://www.dinamarca399.cl

    en Valparaíso, Chile.

    cualquier día que quieran venir a Chile nos contactan en nuestro mail.

  • Hola, Network, cowork, afterwork, happywork y mucho más en
    El Bocado de Carole, un rinconcito de glamourwork, remanso de liberte, egalite et fraternite. Pastisserie, delikatessen, kiches, etc.
    Con la maravillosa acogida
    de Carole y Jean Charles y sus buenos precios.

    Wifi de calidad, enchufes, bien comunicado…
    C. Hernán Cortés 19. L5 Chueca y L10 Alonso Martínez

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