16 enero, 2013
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La fuga de los Nazis ‘Bolivianos’

Por Alejandra S. Inzunza

bormann

El hombre se hacía llamar Altman. Venía de Alemania. Vivía con su mujer y sus dos hijos. Dirigía una serranía cerca de La Paz, Bolivia, aunque vivía en un amplio chalet en la carretera que va a Coroico. Era 1951. No se sabía mucho más de él hasta que en 1973 fue detenido por tratarse en realidad del carnicero de Lyon, uno de los mayores criminales de guerra en la Segunda Guerra Mundial.

Aquel comerciante de quinua fue acusado de participar en el operativo que terminó en la muerte del Che Guevara. Su verdadero nombre era Klaus Barbie y seguía operando para reivindicar el nacionalismo alemán junto con decenas de nazis exiliados en Latinoamérica, gracias a las ratlines, rutas de escape organizadas por el sacerdote croata, Krunoslav Draganovic. La mayoría de los prófugos escogieron Argentina y Uruguay. Solo unos cuantos se decidieron por Bolivia, un país discreto, en medio del continente, el cual sería ideal como centro de operaciones y para pasar desapercibidos.

De acuerdo con informes del gobierno boliviano, dados a conocer en aquel entonces, Barbie trabajaba para la dictadura del general René Barrientos. Dirigió la Compañía Transmarítima Boliviana, creada en 1967, la cual supuestamente actuaba como tapadera de tráfico de armas. Los servicios de inteligencia americanos lo utilizaron para aniquilar al comando revolucionario del Che por sus habilidades contrainsurgentes –tan solo Francia se la acusaba de más de 4.000 muertes–.

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Durante la misma época, un tal Agustin von Lemback, un supuesto padre redentorista que siempre vestía con sotana negra, vivía en La Paz. Celebraba bodas, comuniones y había llegado desde Alemania apoyado por un sacerdote claretiano. Su verdadero nombre era Martin Bormann, uno de los hombres más cercanos a Adolf Hitler, quien había sido declarado muerto en 1945.

Su identidad fue descubierta gracias al colaboracionista belga, Paul Van Aerschodt, con quien se reunió unas cuatro veces en su bar el Morzo, en la capital. Bormann aspiraba a ser el sucesor del Fúhrer. Solía decidir quién estaba presente en las audiencias con él y consiguió los fondos para la publicación de Mi Lucha. Estuvo viviendo entre Bolivia y Paraguay hasta su muerte en Asunción.

Aerschodt dio a conocer una supuesta red criminal nazi en Latinoamérica que ya había sido denunciada por el escritor, Frederick Forsyth, en su novela “The Odessa Files”. Uno de los mayores artífices fue Barbie, quien fue deportado a Francia en el 74, acusado de extorsión, tráfico de armas y el narcotráfico en varios países latinoamericanos.

En el libro La Parábola de Pablo, el ex alcalde de Medellín, Alonso Salazar, asegura que el cártel de Medellín, llegó a contactar con narcotraficantes bolivianos para sacar cocaína desde el Amazonas. Allí, se encuentran con viejos nazis exiliados gestionando campamentos en mitad de la selva e incluso vestidos con su uniforme.

El centro Simon Wiesenthal (SWC), una organización internacional judía encargada de “cazar” nazis, ha investigado estas redes y según su director, Efraím Zurroff, muchos criminales podrían seguir vivos en varias naciones latinoamericanas. Aunque Bolivia fue la menos transitada fue una de las más importantes para el trabajo de los militares, incluyendo un intento por derrocar el gobierno de Juan Domingo Perón.

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