26 diciembre, 2012
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La isla maldita de la Gaiola

Por Daniel Civantos

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La Isla de la Gaiola (Isola della Gaiola) es una de las islas más hermosas y serenas de Italia, un lugar que esconde una historia tenebrosa detrás, una leyenda que la gente de la zona ha convertido en maldición y que, a pesar de su belleza, hace que permanezca actualmente deshabitada.

La isla se encuentra a unas cuantas brazadas frente a la costa de Posillipo, en el parque arqueológico sumergido de Gaiola, en el Golfo de Nápoles. Y es en realidad un grupo de dos islotes muy pequeños. Uno de los islotes tiene una gran villa residencial y el segundo, que se encuentra a pocos metros, está deshabitado y se conecta con el primero a través de un enigmático puente de roca en arco.

A principios del siglo XIX, la Isla de la Gaiola estaba habitada por un ermitaño, apodado “El Mago”, que vivió de la limosna de los pescadores. Y poco después, comenzaría la construcción de la villa que caracteriza a uno de los islotes hoy en día. La fecha real de su edificación no se conoce con certeza, sin embargo en 1926 era propiedad del profesor suizo Hans Braun; y a partir de ahí se hizo conocida su tenebrosa historia.

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El profesor había construido un teleférico para conectar la isla con la playa. Una noche, sin embargo, el teleférico fue alcanzado por un rayo mientras llevaba a su esposa, Elena Von Parish, quien cayó al agua y se ahogó. El marido fue encontrado al día siguiente en una alfombra, con la cabeza perforada por una bala.

Un amigo, Otto Grumbach, que estaba de invitado en la casa, se vio tan afectado por el incidente que también se suicidó un poco de tiempo después de regresar a Alemania. Pronto la isla fue reconocida popularmente como una isla maldita; y los acontecimientos que siguieron alimentaron aún más esta leyenda.

El siguiente propietario, Maurice Sandoz, propietario de la famosa compañía farmacéutica, vivió en la isla hasta 1950, pero terminó en una clínica psiquiátrica donde se suicidó convencido de que acabaría en bancarrota. El siguiente propietario, el barón alemán Karl Paul Langheim, un industrial del acero, quiso renovar el enclave a principio de los 60 organizando numerosas fiestas y reuniones sociales.

Un período tan brillante que le enviaría rápidamente también a la ruina, después de su gusto por las bacanales con jovencitos napolitanos. Fue entonces cuando Giovanni Agnelli, el magnate de Fiat, compró la villa, dejándosela generosamente durante algún tiempo en uso; durante esos años también sufrió la muerte de varios miembros de su familia.

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El rey del automóvil hizo algunas obras importantes, como el helipuerto, pero rara vez durmió allí y la vendió rápidamente a otro multimillonario. Paul Getty, magnate del petróleo, entró en posesión de la villa en 1968. Todo fue bien hasta 1973, cuando la ‘Ndrangheta’, la mafia calabresa, secuestró a su hijo. Después de la amputación de la oreja del niño, la familia Getty pagó un rescate de 17 millones de dólares.

En 1978, la isla pasó a propiedad del empresario Gianpasquale Grappone, que fue poco después detenido tras el colapso del Banco de Crédito y la aseguradora Centauro Lloyd. Terminó en la cárcel abrumado por las deudas, y el día en que se subastó la villa, su esposa, Pasqualina Ortomeno, murió en un accidente de coche.

La última desgracia relacionada con uno de sus propietarios, de tan sólo hace unos años, cuando en 2009 el empresario italiano Francesco Ambrosio, de 77 años, ex presidente del grupo cerealero Italgrani, y su esposa, fueron asesinados en su casa de Nápoles.

Por estas leyendas, el lugar se ha convertido en una especie de mito para los napolitanos, un lugar tan maravilloso e impenetrable para el hombre común, donde lo sobrenatural hace justicia a los pobres y los excluidos, a los marginados de los privilegiados, pues todas las víctimas fueron gente rica y adinerada.

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Pero, ¿de dónde viene exactamente el origen de esta leyenda? Según el periodista italiano Diego Romano todo viene macerado por la magia más antigua, de la épica romana. Según sus investigaciones, la zona está salpicada de ruinas de la época romana. Y en la Isla de la Gaiola estaba la casa de Publio Vedio Polión, un noble romano de cuya vida poco sabe poco, salvo que sus restos todavía estarán por allí.

Y también que criaba anguilas en tanques excavados en la roca; y de vez en cuando, “les lanzaba esclavos vivos para comer”. Siervo fiel del emperador Augusto, a Polión al parecer le encantaba dar de comer sus esclavos a los peces por puro placer, por lo que su fama despiadado romano sin duda contribuyó a la creación de mitos y leyendas relacionados con esa isla y con el área de la costa entre Trentaremi y Marechiaro.

De hecho, hasta el siglo XIX fue claramente visible junto a la Isla de la Gaiola un edificio romano sumergido llamado la “Escuela de Virgilio”. En realidad la isla es parte de un gran complejo arqueológico que incluye un teatro romano y un templo dedicado a Afrodita, la diosa de la gente de mar.

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Las interpretaciones de Diego Romano también afirma que este era el lugar donde Virgilio abriría una escuela de poesía que, en realidad, fue una escuela de magia y ritos esotéricos precursores. Por lo tanto, no es de extrañar el interés esotérico de esta parte de la costa, que parece quedó encantada por los ritos realizados, como si el agua alrededor de la isla hubiera sido contaminada por las pociones allí creadas.

Sin embargo, un hecho llama la atención de este periodista investigador sobre la leyenda de la isla. Una terrorífica pintura. Un fresco que descubrió Augusto F. Segre, nieto de un senador italiano, que pasó algunos veranos con sus tíos en la Gaiola. Tal como relata en un libro de historias y recuerdos que escribió junto a su hermano Aldo, en 2003, a mediados de 1960 hicieron un descubrimiento sorprendente.

Para que pudieran disponer de una biblioteca en una pared de una sala de estar, se planteó eliminar un enorme lienzo del anterior dueño comido por la humedad. Detrás de la lona apareció un fresco que representa una gran cabeza cuadrada aterradora, de más de un metro de ancho, que representa una Gorgona o Medusa, un despiadado monstruo femenino, pero a la vez que una deidad protectora procedente de los conceptos religiosos más antiguos. “Nuestro tío, convencido de que su cara monstruosa traería mala suerte, la escondió detrás de una pared de ladrillo”. Pero Augusto Segre fue capaz de fotografiarla primero.

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Un miembro del Instituto de Restauración de Roma, después de ver la fotografía de la máscara, la clasificó como una manifestación de la pintura al fresco del llamado impresionismo romano tardío, que databa del siglo segundo. Y confirmaron que habían encontrado en excavaciones arqueológicas de alrededor de la zona algunas paredes pintadas con cortes cuadriláteros del mismo estilo.

Así que todo apunta a que la máscara había sido robada y retirada de su lugar de origen, para luego ser colocada en la villa de la Isla de la Gaiola por uno de los anteriores propietarios, ya que los griegos usaban la representación de la decapitada Medusa para protegerse de los enemigos.

“Puede ser – también concluye Ivan Cuocolo, un profesor de literatura y estudioso de la historia de Gaiola – que la misma diosa Afrodita prohibiera a los hombres una vida tranquila en este rincón del paraíso que se había dedicado a ella y que estos mismos hombres habían contaminado con sus ideas paganas y su riqueza”.

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Fuentes: Napoli. La Gorgone nascosta della Gaiola E’ l’origine della maledizione. (Diego Romano), Corriere del Mezzogiorno,  y Wikipedia Italia. Fotos: Wikipedia 1 y 2, y Flickr