25 octubre, 2012
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Alpaca para cuellos finos

Por Pablo Ferri

El pelo de los camélidos mueve enormes cantidades de dinero en el Perú. El Instituto Peruano de Alpacas y Camélidos estima que solo su crianza ocupa a 170.000 familias andinas cada año. Luego están los cardadores y cardadoras, los peinadores y peinadoras, los diseñadores y diseñadoras.

El sector se ha modernizado en los últimos años. Las tiendas de recuerdos de Cuzco han cedido espacio a las boutiques de pelo de Alpaca, el camélido preferido por la industria. La capital andina del Perú es junto a sus hermanas, Puno y Arequipa, un pequeño reino de estilo y moda.

Yolanda, con 33 años, es la encargada de Perú Ethnic, una tienda sobria y madera oscura a pocas manzanas de la plaza de Armas de Cuzco. “La ciudad ha cambiado mucho”, cuenta, “ahora hay mucha más competencia, tenemos que afinar más con el acabado”. La cosa es así. La mejor lana que uno puede encontrar en la milla de oro cuzqueña pertenece a los cachorros de la alpaca. Yolanda explica que un poncho de ‘baby’ alpaca puede costar más de 500 soles, unos 150 euros. “Es que es un pelo muy fino, como el de un niño”, compara.

A pocos pasos de allí, en La Casa de la Llama, Rose Mary y Eliana defienden a su camélido. “Es verdad que el pelo de alpaca es más fino, pero si tú descerdas el de la llama, sale todavía más fino”, argumentan. La alpaca, añaden, es más comercial; la llama, más exclusiva. Rose Mary explica que la llama es como si tuviera rastas. “Sus cabellos son gruesos pero se deshilan poco a poco y el pelillo queda más fino”. Por eso los ponchos y las chompas –jerseis- que ellos venden son más caros. ¿Mejores? Bueno, más caros.

Para Zila, la encargada de Lazos, la mejor combinación integra seda con ‘baby’ alpaca. “Toca y verás”. Mmm. “Mira, ven a ver este”. Zila toma una chompa de un estante. “¿Ves? Está hecha a mano, ¿a que no lo parece?” La verdad es que no lo parece. “Ahí está la gracia”, dice, “a los tejedores les toma dos meses de trabajo una pieza como esta”. Cuesta mil soles, 300 euros.

El debate sobre cuál es la mejor tela ilustra cómo han cambiado los tiempos en el Perú andino. La lana de los camélidos era patrimonio de los Incas siglos antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. Desconozco si los Incas descerdaban las rastas de las llamas, pero seguro que no las mezclaban con seda ni se tiraban dos meses para tejer una chompa. Hoy, la lana de estos animales ha inundado incluso las pasarelas de moda. Diseñadoras como la boliviana Beatriz Canedo Patiño o la colombiana Lina Cantillo han llevado su confección a otra dimensión. Patiño, por poner un ejemplo, ha vestido a la Reina Sofía y al predecesor de Ratzinger, el Papa Wojtyla.

Cualquiera de las tiendas mencionadas previamente gana fácilmente 15.000 dólares al mes. Zila dice que la crisis en Europa se nota y que los extranjeros, sobre todo los europeos, regatean ahora más que nunca. “De todas formas, nosotros estamos en una buena zona”. ¿…? “Estamos a mitad camino entre el Hotel Monasterio y el Marriot, en la ruta de los clientes A”. Ah.

Cuzco cambió cuando la Unesco declaró en 1999 que las ruinas incas del Machu Picchu eran patrimonio de la humanidad. Antes de aquello llegaban viajeros y turistas, luego solo turistas. El casco histórico se adaptó a sus necesidades y la milla de oro empezó a cocerse. Todos se organizaron en Cuzco. Incluso los buhoneros del centro se integraron en el sindicato de vendedores de golosinas. Ahora tienen un chaleco para identificarse –de tela corriente-.