04 junio, 2012
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Los trabajos raros también existen

Por Marcus Hurst ( @marcushurst )

Las familias tradicionales siempre quieren “lo mejor para sus hijos”. Por eso cuando imaginan el futuro para sus vástagos visualizan una vida con un trabajo “de verdad”. “Que sea médico, ingeniero o abogado”. A nadie se la pasa por la cabeza que podrían acabar en un club de striptease con su madre, de asistente personal de un mago o conduciendo limusinas. Pero estos son oficios reales. Trabajos que ayudan a llegar a fin de mes. Un mundo paralelo de profesiones a veces fascinantes, a veces absurdos, que la periodista Suzanne Yeagley lleva casi una década retratando en su columna para la revista literaria McSweeney’s.

A día de hoy, Yeagley ha realizado un total de 53 entrevistas con personas que ejercen o ejercieron trabajos raros e interesantes.

Artículos que hablan de:

- Sarah Horvath, teécnica especializada en quitar piojos a niños

- Ken Doyle, experto en abrir cajas fuertes (incluye anécdotas como la de una mujer que encerró sin querer a su hijo en la bóveda de un banco).

- Jessica Anderson, que en sus años mozos trabajó escribiendo esquelas para una funeraria. (“Consistía en revisar gramática, evitar erratas y ajustarlo a los estándares de AP”).

- Barry Rodgers, que se dedica a vender servicios para desinsectar de puerta a puerta (“el 99% de las veces recibo portazos”).

- Jackie Watson, que durante un tiempo se ganó la vida como locutora en un bingo (“Nunca imaginé que trabajaría en un salón de bingo. Simplemente pasó”).

- Joel Pierson, pianista de cruceros que se recorre el mundo tocando baladas y canciones de broadway (La vida para los trabajadores de un crucero “es un mundo lleno de jerarquías. Es como estar en un ejército”).

- Darshan, inmigrante indio que trabaja como conductor de limusinas en Nueva York (“Soy musulmán y mi novia es hindú. Sus padres no me dejan verla”.)

A esta periodista de Seattle la fascinación por los oficios raros empezó tras una conversación con una amiga que le contaba anécdotas curiosas sobre su trabajo en un centro de naturopatía en Portland. Convirtió esta historia en un artículo que acabó publicado en la revista McSweeney’s, experiencia que le dio alas para seguir recopilando historias alrededor de esta temática.

Tras varias tentativas para colocar más entrevistas en la revista sin éxito, dejó pasar un año antes de intentarlo por última vez. “No tenía nada que perder así que me lancé. El editor me respondió y me preguntó si tenía más artículos como estos. Le dije que sí y me ofreció crear mi propia columna”.

Era el año 2002 y la primera entrevista que le publicaron trataba sobre Aaron Bostian, un conserje que trabajaba en el turno de la noche. “Ciertamente no es el mejor trabajo del mundo, pero hay mucha calma. No tienes que tratar con gente y es mucho más tranquilo que mi trabajo anterior. Es mejor que trabajar en el sector de la comida rápida”, reflexionaba Bostian sobre su empleo.

El día a día de Yeagley dista mucho de las experiencias de sus entrevistados. Vive en Seattle y trabaja como periodista de tecnología. Esta es su historia.

¿Cómo encuentras los protagonistas de tus entrevistas?

Antes los buscaba en el trabajo, a través de amigos, en fiestas, amigos de amigos. Pero llegó un momento en el que empecé a estar desesperada y puse un correo en la columna para que la gente me contactara. Ahora me llegan muchos emails graciosos, mayoritariamente de estudiantes de filología inglesa con carreras muy variadas.

¿Concertas entrevistas en persona o prefieres hacerlo por teléfono?

Hace unos años eran presenciales. Ahora normalmente las hago por teléfono. Hubo solo una vez que lo hice por email, pero eso fue porque la persona estaba en Europa y no existía Skype.

¿Qué es lo que te fascina de los trabajos raros?

Cuando tenía veintipocos años tuve una serie de trabajos esporádicos y fueron los mejores de mi vida (sin ánimo de ofender a mi jefe actual). Trabajé en restaurantes de pizza, una fábrica de titanio, un chalet de esquí, una tienda de ultramarinos en Utah, una tienda de donuts en el turno de medianoche y tomando órdenes de compra del catálogo de JCPenney. Posiblemente hay algunos más pero no me acuerdo. Fueron los mejores años de mi vida. Me gusta mucho escuchar anécdotas increíbles sobre la experiencia de las personas con sus respectivos trabajos.

¿Cuál ha sido tu entrevistado favorito?

Es complicado. Quizá las que más me gustaron fueron las que hice al principio. Mi amiga que fue ayudante de un mago me hizo reír bastante. Se llama Avril y le ilusionaba pensar que el mago la dejaría llamarse “Avril Cadavril”. Pero la realidad fue algo más decepcionante. Acabó limpiando jaulas de animales y leyendo novelas horteras. Otro que también me gustó fue el chico que trabajó en un club de striptease con su madre. Era un premisa tan extraña y el lugar se llamaba “Tuna’s” (atunes).

¿Desde que empezaste a hacer estos artículos ha cambiado tu perspectiva sobre el trabajo?

Ningún trabajo es perfecto. Una persona que entrevisté fue un becario en el departamento de parques nacionales o algo parecido. Su colega tuvo que meterse en el interior de una fosa séptica para sacar un ciervo muerto con un machete. Se que no quiero ese trabajo. Normalmente simplemente me sorprende las cosas que hacen la gente para ganarse la vida: reasentar perros de las praderas, estar al mando de una montaña rusa en un parque de atracciones o entrenar a gente a caminar sobre fuego. Me encanta que trabajar en un cubículo no sea el único camino que uno puede tomar en la vida.

¿Qué planes tienes con el proyecto? ¿Has pensado en publicar un libro que recopile las mejores entrevistas?

Hay un tipo que se llama Studs Terkel que publicó libros de entrevistas en los años 70 y 80. Parece que a la gente le gustan, así que creo que tiene el mercado copado. Una vez me contactó un periódico para hacer entrevistas de este tipo en su sección de empleo pero querían que fuese con personas que ejercían actualmente esos oficios. Pero la gente es reacia a poner a parir a su jefe si tiene que verlo a la mañana siguiente, así que acabé declinando la oferta. No hay nada que me gustara más en el mundo que llevar este proyecto a un lugar que me trajera fama y riqueza. Pero tengo asumido que seguiré haciéndolo porque sí.

Foto Bingo: Wikimedia Commons

Foto Pelo: Wikimedia Commons