24 de febrero 2019    /   CREATIVIDAD
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Paisojos, cuando el arte se refleja en la mirada

24 de febrero 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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«Hay algo ahí», decía Teresa Ordás con fascinación cada vez que miraba en el iris de la gente y veía lo que allí se reflejaba. Como en la futurista secuencia de introspección fotográfica de Blade Runner, se preguntaba hasta qué punto podría entrar a descubrirlo. La cámara de su iPhone5 y la poderosa y dorada luz de la costa gaditana ayudaron a esta profesional de los medios audiovisuales a descubrir sus paisojos, como ella bautizó a estos paisajes en los ojos.

Aquello ocurrió en 2013. La sombra de una mujer apareció casi impresa en los ojos de su hijo y esta imagen se convirtió en el cartel de su primera exposición. Desde entonces, antes que mirar el acueducto de Segovia, el Tikal de Guatemala, la mezquita de Tánger o el estadio Santiago Bernabeu, se dedica primero a mirar a través de los ojos de sus acompañantes. Siempre en busca de esa otra mirada.

Acueducto de Segovia

«Mi biblioteca fotográfica está llena de ojos. Los hay a miles», indica Ordás. «He recorrido numerosos lugares y he procurado conseguir algo de todos ellos captándolo en la mirada de la gente o en la mía propia. No tengo los ojos más bonitos del mundo, pero tampoco se trata de eso; se trata de la fascinación de ese insólito espejo que es la mirada».

Aunque muchos piensan que sus Paisojos son montajes o collages, en realidad la mayoría son fotografías realizadas con el móvil. «Me permite una libertad única, es mucho menos agresivo que una cámara y puedo editar en el momento». A la gente le cuesta creer que realmente en el iris hay toda esa información gráfica a golpe de vista. Pero la hay, y mucho más que espero poder descubrir.   

Amelia y Capitol
Antonio y yo en Cáceres
Carmen con la niña de Beni Arous. Marruecos

Sí hay cierta edición. No demasiada. Según la autora, una simple fotografía del ojo puede ofrecer una postal bastante nítida, pero con la ayuda de una sencilla edición consigue resaltar un contenido con entidad propia.

«En el caso de mi ojo en una Calle de Tánger, trabajé simplemente las luces, clareando y oscureciendo, y añadí algo de estructura». También le apasiona el efecto acuarela que surge de un modo natural y sin retoques, como en el caso del paisojo Pescando en Belice.

Castillo de Bratislava
El jinete Russ y la yegua

Aunque comenzó a publicar estos paisojos en su cuenta personal de Instagram en 2013, fue dos años más tarde cuando abre la cuenta Paisojos en esta misma red social, y Paisojos Landscapeye (Landscape + eye) en Facebook. Hasta la fecha ha colgado 474 fotos de miradas de docenas de personas en una decena de países. «Mi intención es seguir viajando y captando el mundo en la mirada del viajero».

Plaza España con Amelia
Pescando en Belice

Definitivamente, Teresa Ordás no hizo caso a Germán Copini cuando en los coletazos de la movida Madrileña cantaba con su grupo, Golpes Bajos, aquello de No mires a los ojos de la gente. Y menos mal. Ahora no sabríamos lo que es un paisojo.

«Hay algo ahí», decía Teresa Ordás con fascinación cada vez que miraba en el iris de la gente y veía lo que allí se reflejaba. Como en la futurista secuencia de introspección fotográfica de Blade Runner, se preguntaba hasta qué punto podría entrar a descubrirlo. La cámara de su iPhone5 y la poderosa y dorada luz de la costa gaditana ayudaron a esta profesional de los medios audiovisuales a descubrir sus paisojos, como ella bautizó a estos paisajes en los ojos.

Aquello ocurrió en 2013. La sombra de una mujer apareció casi impresa en los ojos de su hijo y esta imagen se convirtió en el cartel de su primera exposición. Desde entonces, antes que mirar el acueducto de Segovia, el Tikal de Guatemala, la mezquita de Tánger o el estadio Santiago Bernabeu, se dedica primero a mirar a través de los ojos de sus acompañantes. Siempre en busca de esa otra mirada.

Acueducto de Segovia

«Mi biblioteca fotográfica está llena de ojos. Los hay a miles», indica Ordás. «He recorrido numerosos lugares y he procurado conseguir algo de todos ellos captándolo en la mirada de la gente o en la mía propia. No tengo los ojos más bonitos del mundo, pero tampoco se trata de eso; se trata de la fascinación de ese insólito espejo que es la mirada».

Aunque muchos piensan que sus Paisojos son montajes o collages, en realidad la mayoría son fotografías realizadas con el móvil. «Me permite una libertad única, es mucho menos agresivo que una cámara y puedo editar en el momento». A la gente le cuesta creer que realmente en el iris hay toda esa información gráfica a golpe de vista. Pero la hay, y mucho más que espero poder descubrir.   

Amelia y Capitol
Antonio y yo en Cáceres
Carmen con la niña de Beni Arous. Marruecos

Sí hay cierta edición. No demasiada. Según la autora, una simple fotografía del ojo puede ofrecer una postal bastante nítida, pero con la ayuda de una sencilla edición consigue resaltar un contenido con entidad propia.

«En el caso de mi ojo en una Calle de Tánger, trabajé simplemente las luces, clareando y oscureciendo, y añadí algo de estructura». También le apasiona el efecto acuarela que surge de un modo natural y sin retoques, como en el caso del paisojo Pescando en Belice.

Castillo de Bratislava
El jinete Russ y la yegua

Aunque comenzó a publicar estos paisojos en su cuenta personal de Instagram en 2013, fue dos años más tarde cuando abre la cuenta Paisojos en esta misma red social, y Paisojos Landscapeye (Landscape + eye) en Facebook. Hasta la fecha ha colgado 474 fotos de miradas de docenas de personas en una decena de países. «Mi intención es seguir viajando y captando el mundo en la mirada del viajero».

Plaza España con Amelia
Pescando en Belice

Definitivamente, Teresa Ordás no hizo caso a Germán Copini cuando en los coletazos de la movida Madrileña cantaba con su grupo, Golpes Bajos, aquello de No mires a los ojos de la gente. Y menos mal. Ahora no sabríamos lo que es un paisojo.

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