
Como en muchos festivales, en el Primavera Sound de Barcelona, que se cerró anoche con un concierto de despedida en la sala Apolo, existen, como poco, dos caras. Por un lado está la de los grandes titulares, los conciertos masivos en prime time popero/rockero, la de la comunión de miles de personas gritando los himnos de Pixies o la de la teatralidad para todos los públicos de Pet Shop Boys. Existe también otra cara que no es apta para cualquier estómago.
Esta parte del festival se programa en escenarios más pequeños y a horas en las que el recinto se encuentra en pleno proceso de ocupación o vaciado. En este caso, las dos propuestas más salvajes del cartel se han dado en el mismo sitio, el escenario Vice (patrocinado por la revista del mismo nombre), sin duda el que alineaba a algunos de los artistas con un discurso más impactante de todo el fin de semana.
Ubiquemos. Jueves, dÃa laborable. Siete de la tarde. El escenario Vice se sitúa en el extremo más alejado a la puerta de entrada del recinto. Dos jornadas a caballo cargado de vÃveres no son siempre suficientes para acceder a él. Afortunadamente, a esa hora eran muy pocas personas las que habÃan accedido al recinto del Parc del Forum. Al no ver instrumentos montados sobre el escenario,un servidor, como todo el mundo, estaba distraÃdo intentando conseguir una cerveza con la que regar la agradable tarde que se pudo disfrutar.
Comienza a sonar una potente descarga de garaje cacharerro y deslabazado. La gente se gira hacia el escenario y no ve a nadie. ¿Dónde está el grupo? ¿Sirven como guÃa dos decenas de brazos moviéndose en medio de la explanada que hay delante del escenario? ¡SÃ, ahà está Monotonix! Un trÃo israelà formado por Ami Shalev, un cantante en bañador con más pinta de indigente que de cualquier otra cosa; Haggai Fershtman, un baterÃa que encarna al sosÃas perfecto de Borat vestido con unos calzoncillos de saldo de H&M y Yonatan Gat, un guitarrista descamisado que parece el más normal de los tres. Y, créanme, que ese tipo pareciese el más normal es para preocuparse.
En ese contexto, rodeado de un público enfervorecido y con deseo de dar rienda suelta a los más primarios instintos, es donde se encuentra cómodo Monotonix. Un ambiente en el que el público es partÃcipe activo de la tormenta descargada ya sea aporreando la baterÃa con las baquetas que repartió Shalev entre la concurrencia o cargando, literalmente, de un sitio a otro, con las piezas de la baterÃa en los constantes cambios de ubicación que el trÃo llevaba a cabo. El que no estuviera viendo a los músicos, confundidos entre la marabunta, sabÃa que no habÃa ningún problema ya que, probablemente, el grupo cogerÃa los bártulos y se le pondrÃa delante un par de temas después.
Saltos sobre el público, surfeo virtual sobre el bombo de la baterÃa -elevado por el público sobre sus cabezas con sus propios brazos-, gritos, aullidos, codazos y lÃquidos de todo tipo volando entre la gente. Una experiencia nada sofisticada que terminó con la banda en el graderÃo lateral, golpeando las piezas de la baterÃa que aún no se habÃan quedado extraviadas unos metros atrás y con un público en pleno delirio, multiplicado exponencialmente con respecto a los que habÃan presenciado el inicio del show. Sin duda, el SMS más repetido a esa hora fue: “Deja lo que estés viendo y ven al escenario Vice. ¡Corre!”.








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Un Comentario
Genial y fresquita descripción de lo que no pude ver..
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