20 de julio 2015    /   IDEAS
por
 

El discreto encanto de los puntos suspensivos

20 de julio 2015    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

De todas las formas de puntuación es esta la más sinuosa y sugerente, y desde luego es aquella con un uso más discrecional. ¿Por qué son tres? Pues porque cuatro serían demasiados, dos ya tienen un significado, y respecto a uno… bueno, ya conocen esta frase: «Él había puesto tres puntos suspensivos a su historia de amor… Ella borró dos».
Pero si aplicamos la filosofía flotante de esta serpiente de tres anillas a la vida misma, podríamos establecer distintas tipologías de personalidades en función de cómo y cuándo ponemos puntos suspensivos en nuestro día a día. La existencia está puntuada, y  en nuestras mañanas y tardes hay comas, paréntesis, y por supuesto estos tres amigos inseparables que tanta incertidumbre nos pueden provocar.

«Él había puesto tres puntos suspensivos a su historia de amor… Ella borró dos»


En publicidad son un comodín muy socorrido, alimentado por su uso a todas luces excesivo en los mensajes cortos, y no tan cortos, de las redes sociales, provocando un empobrecimiento del discurso. «El error más frecuente es creer que los puntos suspensivos se pueden multiplicar hasta el infinito. Uno de los usos correctos es generar suspenso, aunque su propagación ilimitada no extiende esta sensación». Son palabras de Nicolás Elebi, profesor de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UADE, acerca del abuso literario de estos tres amigos inseparables.
Están presentes en una mirada furtiva en el autobús a esa persona que hace latir nuestro corazón y de la que ni siquiera conocemos el nombre. Cada mañana coincidimos, nuestros ojos se encuentran apenas un segundo, y comprendemos que cuando media hora antes nos mirábamos al espejo intentando arreglar los estragos de una noche de insomnio, lo hacíamos pensando en ese encuentro, tan predecible como escurridizo. Los puntos suspensivos están allí, acechando en cualquier rincón del calendario, como insectos hambrientos, prestos a saltar y puntuar nuestra vida en el momento menos esperado.
También jalonan la despedida de un amigo o de un amor. La lluvia cae apacible, el sol se apaga y las sombras se apoderan de la ciudad. Estrechamos su mano, o besamos su mejilla o sus labios, y en algún rincón de nuestro cerebro reptiliano intuimos que quizá sea esa la última vez que disfrutamos de su compañía. Tal vez sea su voluntad, o la nuestra, o la de cualquier fatal acontecimiento que trunque la relación para siempre. Los puntos suspensivos vigilan como tres policías idénticos, poniendo el futuro en tela de juicio, haciéndonos dudar de todo, pero también despertando el anhelo de todo.

Un punto da miedo, pero tres infunden esperanza…


Hay personas suspensivas, que no se sabe si empiezan o terminan, ni dónde exactamente colocan sus incertidumbres, ni para quién trabajan, ni si viajan de regreso o  de ida. Sus vidas son reversibles como palíndromos, y sus biografías se leen igual al derecho que al revés.
Los niños no saben emplear los puntos suspensivos ni en las redacciones infantiles que componen en el colegio ni mucho menos en la vida diaria. Son demasiado directos, no necesitan las elipsis para respirar ni tienen necesidad de crear suspense. Los puntos suspensivos brotan después, ya en la piel de los adolescentes, como lunares alineados, quizá benignos, quizá no, eso lo dirá el dermatólogo con el paso del tiempo. A medida que el sol de los años les va caldeando y la juventud da paso a una sabiduría condecorada por muchos inviernos, esos tres puntos se convierten primero en tres interrogaciones, y si hay suerte, les crece un trazo vertical encima y se transforman en signos de admiración (!!!), que es la forma de expresar sorpresa por seguir vivos, a pesar de todo. Pero solo si hay suerte.
Y para los ancianos, cada acto o palabra está precedida por los tres diminutos vigilantes, ante la imposibilidad de garantizar el futuro. El punto final está cerca. Uno solo. Así.
Un punto da miedo, pero tres infunden esperanza…

De todas las formas de puntuación es esta la más sinuosa y sugerente, y desde luego es aquella con un uso más discrecional. ¿Por qué son tres? Pues porque cuatro serían demasiados, dos ya tienen un significado, y respecto a uno… bueno, ya conocen esta frase: «Él había puesto tres puntos suspensivos a su historia de amor… Ella borró dos».
Pero si aplicamos la filosofía flotante de esta serpiente de tres anillas a la vida misma, podríamos establecer distintas tipologías de personalidades en función de cómo y cuándo ponemos puntos suspensivos en nuestro día a día. La existencia está puntuada, y  en nuestras mañanas y tardes hay comas, paréntesis, y por supuesto estos tres amigos inseparables que tanta incertidumbre nos pueden provocar.

«Él había puesto tres puntos suspensivos a su historia de amor… Ella borró dos»


En publicidad son un comodín muy socorrido, alimentado por su uso a todas luces excesivo en los mensajes cortos, y no tan cortos, de las redes sociales, provocando un empobrecimiento del discurso. «El error más frecuente es creer que los puntos suspensivos se pueden multiplicar hasta el infinito. Uno de los usos correctos es generar suspenso, aunque su propagación ilimitada no extiende esta sensación». Son palabras de Nicolás Elebi, profesor de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UADE, acerca del abuso literario de estos tres amigos inseparables.
Están presentes en una mirada furtiva en el autobús a esa persona que hace latir nuestro corazón y de la que ni siquiera conocemos el nombre. Cada mañana coincidimos, nuestros ojos se encuentran apenas un segundo, y comprendemos que cuando media hora antes nos mirábamos al espejo intentando arreglar los estragos de una noche de insomnio, lo hacíamos pensando en ese encuentro, tan predecible como escurridizo. Los puntos suspensivos están allí, acechando en cualquier rincón del calendario, como insectos hambrientos, prestos a saltar y puntuar nuestra vida en el momento menos esperado.
También jalonan la despedida de un amigo o de un amor. La lluvia cae apacible, el sol se apaga y las sombras se apoderan de la ciudad. Estrechamos su mano, o besamos su mejilla o sus labios, y en algún rincón de nuestro cerebro reptiliano intuimos que quizá sea esa la última vez que disfrutamos de su compañía. Tal vez sea su voluntad, o la nuestra, o la de cualquier fatal acontecimiento que trunque la relación para siempre. Los puntos suspensivos vigilan como tres policías idénticos, poniendo el futuro en tela de juicio, haciéndonos dudar de todo, pero también despertando el anhelo de todo.

Un punto da miedo, pero tres infunden esperanza…


Hay personas suspensivas, que no se sabe si empiezan o terminan, ni dónde exactamente colocan sus incertidumbres, ni para quién trabajan, ni si viajan de regreso o  de ida. Sus vidas son reversibles como palíndromos, y sus biografías se leen igual al derecho que al revés.
Los niños no saben emplear los puntos suspensivos ni en las redacciones infantiles que componen en el colegio ni mucho menos en la vida diaria. Son demasiado directos, no necesitan las elipsis para respirar ni tienen necesidad de crear suspense. Los puntos suspensivos brotan después, ya en la piel de los adolescentes, como lunares alineados, quizá benignos, quizá no, eso lo dirá el dermatólogo con el paso del tiempo. A medida que el sol de los años les va caldeando y la juventud da paso a una sabiduría condecorada por muchos inviernos, esos tres puntos se convierten primero en tres interrogaciones, y si hay suerte, les crece un trazo vertical encima y se transforman en signos de admiración (!!!), que es la forma de expresar sorpresa por seguir vivos, a pesar de todo. Pero solo si hay suerte.
Y para los ancianos, cada acto o palabra está precedida por los tres diminutos vigilantes, ante la imposibilidad de garantizar el futuro. El punto final está cerca. Uno solo. Así.
Un punto da miedo, pero tres infunden esperanza…

Compártelo twitter facebook whatsapp
Internet hablado para romper la brecha digital
Cuando la prensa sirve a la causa oficial
Frases para ligar que deberías desterrar
Ropa irreverente y de calidad elaborada por presos
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 17
  • Excelente nota. Me encanta la frescura que usas para describir una situación actual, el inicio y un final que pocos, tiene la oportunidad de darse; de sorprenderse, de admirar o preguntarse. Simplemente lo dejan ir…

  • diganme que signifcan esos puntos,que cada vez que le escribo a mi amigo del alma para perdirle un favor,me dice: claro que si…. dime y yo voy…. esta bien….

  • Waaaoo, tengo la costumbre de terminar mis frases con puntos suspensivos… ahora me dan otra perspectiva,,, saludos.

  • Una mirada distinta interesante los puntos suspensivos en una relacion creo conocer a alguien asi y me incluyo.

  • Amo escribir con puntos suspensivos, los uso bastante a menudo. Para mí son geniales y me encanta utilizarlos, como que dejan algo por decir, una frase inconclusa, una incertidumbre provocada…
    Otra fan más!!
    Saludossss

  • Me encantó el análisis. Alguien me dijo que yo era su primer punto suspensivo … ni el segundo, ni el tercero: el primero. Qué sugerente, no?

  • Soy una fan de los … Reconozco que, a veces, abuso. Pero me encanta el suspenso que crean, la expectativa de «algo más «. Queda como flotando lo no dicho, o lo que no nos animamos a poner en palabras. Dejan las puertas abiertas para lo que al otro se le ocurra imaginar…

  • Mi ex me escribio _______________… la raya era seguida aqui al ponerla parece interumpida,no lo se intrepretar

  • Todo comenzó desde el miércoles de la semana pasada un juego de cadenas, el número que eligieran ese tenías que cumplirlo el le tocó una semana de novios y solo yo en la comida le dije no me tomo en serio esto el me dijo en serio quieres que esto termine no respondí ,El de ayer lunes 6 de agosto salí a una cita, conozco poco al chico es agradable, es caballeroso, y tiene lo que en la ley físico de un hombre me gusta ojos claros, güero y chino de su cabello, es algo raro saber que ayer platicando y por la lluvia lo lleve a un lugar común y corriente fue algo incómodo, solo buscaba un lugar en el que solo evitamos monarnos tanto y cuando comíamos me hizo sentir que no me gustaban las cosas ligadas que no era muy detallista en mis lugares comunes de comida solo en la comida no la pasábamos hablando pero siempre su mirada era cada vez más atraida a mi PS solo lo miraba y le dije que era extraño pero no sé después de eso llegue a casa y recibí una llamada de el si había llegado bien el solo me dijo bueno que tengas linda noche adiós, es agradable pero no me quiero enamorar y yo creo que a él no lo tomaría enserio

  • Luego de un accidente de auto (160km,sin cinturón)…sali despedido de mi auto y atravesé otro parabrisa para acentuar la inercia de mi movimiento….luego de terapia intensiva y otras cosas…salí casi ileso…..al tiempo me di cuenta que habia cambiado mi manera de escribir…..muy mala antes…quizá…muy mala hoy…
    El cambio fue escribir todo con excesos de puntos suspensivos…..al fin entendí…que era una escritura ambiental (a lo Brian Eno) una especie de Music for Airports personal….cada vez que me piden que escriba tengo que dar un mar de explicaciones…..Al leer tu articulo encuentro como mágico estas palabras….Un punto da miedo, pero tres infunden esperanza…
    A veces son mas de cuatro…porque lo experimental *es TODO lo malo* decía William Burroghs….no se si lo dijo cuando estaba bajo los efectos o sin ellos……MUY BUENA NOTA.

  • Comentarios cerrados.

    Publicidad