28 agosto, 2013
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¿Qué clase de persona creativa eres?

Por Javier Meléndez Martín ( @_jmelendez_ )

¿Eres un artista, un pensador, un escritor… ordenado o desordenado, madrugador o trasnochador, distraído o concentrado?

MITOS SOBRE LAS PERSONAS CREATIVAS

Durante 2013 hemos conocido las “conclusiones” de experimentos sobre la creatividad realizados por Universidades de los Estados Unidos. Las “conclusiones” no son originales: corroboran estudios pasados y perpetúan mitos colectivos sobre la creatividad. En la siguiente nota, algunos mitos y creadores como ejemplos:

Los mitos sobre las personas creativas

El artista desordenado

Bacon podría ser el artista más desordenado de todos los tiempos: en su estudio no cabe un alfiler y él camina sobre sus obras tiradas por el suelo.

El desorden de Leonardo da Vinci tiene que ver con sus intereses o inquietudes, a veces cambiantes de un día para otro. Coloca unos papeles encima de otros, relegando algunos trabajos durante años. Esto explica sus grandes proyectos, al igual que la poca materialización de los mismos.

Por su parte, Einstein se defiende ante quienes le acusan de trabajar con desorden: si una mesa desordenada es síntoma de una mente desordenada, entonces, ¿qué debemos pensar de un escritorio vacío?”

La mesa de Einstein

No consta que la cita de Einstein sea auténtica, pero se ha propagado gracias a las redes sociales. (¡Bonita excusa para no recoger el cuarto!)

El artista infiel

Parece que el arte y la infidelidad van de la mano si pensamos en Hemingway o Picasso. El prolífico Simenon dijo haber tenido 10.000 amantes; 1.200 según su mujer; en cualquier caso, ¿de dónde sacaba el tiempo para escribir? ¿Y esto demuestra que los infieles son más creativos o que la infidelidad obliga a inventar historias?

El artista trasnochador

“Las personas trasnochadoras son más creativas”, es un mal titular de prensa. Confunde trabajar de noche con ir de discotecas. Proust o Balzac preferían la noche para trabajar. No podían irse a dormir sin escribir todo lo que habían pensado durante el día. Por su parte, Tesla aborrecía dormir; consideraba el sueño como una pérdida de tiempo y llegó a inventarse un método de sueño “al estilo Leonardo”, para dormir justo lo necesario y poder dedicarse a su trabajo.

Investigaciones sobre la creatividad y mitos

Examinando las biografías de los genios mencionados podríamos considerar que los mitos sobre la creatividad son ciertos. Y también podríamos apoyarnos en Universidad de Texas, que tras inspeccionar quinientos despachos concluye que las mesas con restos de comida, papeles amontonados y papeles revueltos pertenecían a trabajadores más creativos. Por su parte, la Universidad de Minnesota sugiere que inventar nuevos usos para una pelota de ping pong tiene resultados más creativos en ambientes desordenados que ordenados.

“Los ambientes desordenados aparentemente inspiran una ruptura con la tradición”, dicen los investigadores de Minnesota.

Aunque podríamos pensar que la realidad es otra: “No soporto ver esta mierda. Mejor me concentro en la pelotita de ping pong”.

El peligro de los mitos sobre la creatividad

En todo caso, los estudios o experimentos sobre la creatividad apuntan que la creatividad depende más de comportamientos socialmente rechazados que de comportamientos aceptados. (Está claro que una madre no quiere que su hijo sea desordenado ni distraído, ni que su pareja sea infiel).

Estos mitos son peligrosos porque colocan a las personas en las categorías de “creativo” y “no creativo”, algo que John Cleese rechaza. Para el humorista y pensador inglés, la creatividad es cuestión de método.

LAS PERSONAS CREATIVAS (Y OTROS MITOS MENOS EXTENDIDOS)

Por otro lado, a menudo se omiten los nombres de creadores cuyos comportamientos o hábitos son distintos a los mitos conocidos. Otra ilustración improvisada para exponerlo:

La persona creativa (otros mitos)

García Márquez, Steve Jobs o Asimov se van pronto a la cama y se ponen a trabajar antes de que el gallo cante. De esta manera consideran que aprovechan las horas sin interrupciones de los menos madrugadores.

El despacho de Woody Allen

El artista ordenado

Woody Allen necesita orden para trabajar; piensa que si una cosa está fuera de lugar, el día puede ir mal. (En este caso, el orden forma parte de las manías de Allen, más que de sus hábitos). Igualmente sencillo es el despacho de Murakami, otro madrugador que considera que seguir una rutina es una manera de ponerse en trance para escribir. Por su parte, el retorcido Neil Gaiman trabaja en una habitación desnuda y tiene sobre la mesa las tres o cuatro cosas que necesita para el trabajo que lleva entre manos.

El artista concentrado

Podrías hacer una orgía en mi oficina y yo no miraría. Bueno, quizá una vez”, dijo Asimov sobre su capacidad de concentración.

Mientras que da Vinci emprende un estudio o una obra y se distrae y comienza otra, Asimov emprende una obra y no la abandona hasta que se bloquea; entonces retoma otra con igual concentración, para acabar volviendo a la primera.

De alguna manera, ambas formas de trabajar se parecen. Las distracciones del genio italiano no tienen que ver con “abandonar”, si no con “aventurarse por otro camino”.

Hemingway contaba a los periodistas que lo entrevistaban cómo le costó adquirir el hábito de la concentración, cosa que consideraba necesaria para acabar los cuentos y las novelas en su escueto escritorio.

El artista y el sexo

Tesla, da Vinci y Newton rechazaban a las admiradoras. Algunos biógrafos de Newton apuntan que el genio murió virgen (por otra parte, bastante distraído). Con estos ejemplos, podríamos pensar que el sexo y la investigación casan mal.

Sin embargo, el artista o el escritor, como vemos arriba, sí parece que necesita el sexo para crear.

Por supuesto, todo es cuestionable.

Lo que sí es cierto es que LA PASIÓN es lo común en estos artistas, escritores y científicos. La pasión por su trabajo o su arte: no se conforman con lo que conocen y quieren abrir nuevos caminos. La conclusión es que de día o de noche, con una mesa ordenada o desordenada (como te sientas más cómodo), distraído o concentrado… Si quieres crear, “mantente hambriento”, como dijo Steve Jobs.