04 enero, 2013
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Lo que Marge y Homer pueden enseñar a los emprendedores

Por Javier Meléndez Martín ( @_jmelendez_ )

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Marge y Homer Simpson han tenido aventuras empresariales juntos y por separado. Son los estadounidenses de clase media que comienzan negocios en los garajes sin más fe que en ellos mismos, y que ahora la administración Obama intenta rescatar del abismo fiscal. (Sin una clase media emprendedora, la economía se estanca). Marge y Homer representan dos modelos de emprendimiento con motivaciones y resultados distintos; los éxitos y los fracasos se deben a sus idiosincrasias.

MARGE, DE LA FRUSTRACIÓN AL EMPRENDIMIENTO

Marge es ama de casa y trata de complacer a un marido y a unos hijos anclados en la pre-adolescencia desde 1989. Marge es la única ciudadana de Springfield que ha cambiado en los últimos treinta años. Ha pasado del autoconvencimiento de que limpiar sobre limpio era sinónimo de felicidad a buscar una escapatoria.

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MARGE Y LAS PERSONAS

La mayoría de los negocios de Marge parten de su frustración como ama de casa y como mujer. Ha sido agente inmobiliario, vendedora de lacitos de azúcar, profesora de pintura, oficial de la construcción, dueña de un gimnasio para mujeres, consejera matrimonial, conejita de Playboy —por una buena causa—, estrella de la radio, impulsora de reformas urbanísticas, novelista… Actividades aparentemente muy distintas. Sin embargo, con un nexo: tratar con respeto a las personas y ser útil a la comunidad.

Para Marge, las personas son antes que los negocios. Por ejemplo, como agente inmobiliario busca una propiedad acorde con la economía de los clientes, y cuando monta un gimnasio quiere que las mujeres no sean molestadas por los hombres. El enriquecimiento es un objetivo ajeno a los intereses de Marge, pero es algo que sucede.

EL FIN DE LOS NEGOCIOS DE MARGE

Marge nunca ha fracasado en los negocios. Ofrece buenos productos o servicios, y sabe ganarse la fidelidad de los clientes. Marge concluye sus aventuras como emprendedora en pleno apogeo cuando teme que el negocio choque con su ética personal o porque su marido y sus hijos reclaman su atención.

Marge es la mujer que debe hacer malabarismos para compaginar familia, casa y trabajo. El punto débil de Marge es cargarse sobre sus hombros las distintas responsabilidades de una familia.

HOMER Y EL OPORTUNISMO

Homer es un personaje satisfecho de sí mismo. Tiene un trabajo donde no se le exigen responsabilidades (un pollo de madera lo sustituye en una ocasión) y carece de responsabilidades familiares.

Homer no tiene entre sus intereses el emprendimiento, pero no desaprovecha una oportunidad de negocio. Por eso, la mayoría de las aventuras empresariales de Homer tienen mucho que ver con la casualidad… y con las ventas: vende alcohol ilegal durante la ley seca de Springfield, jarabe afrodisiaco, amalgama de chatarra como arte transgresor, residuos de grasa de comedores escolares, una adictiva mezcla de tomate y tabaco, entradas para ver milagros… En la mayoría de estos situaciones, Homer no tiene en cuenta si la actividad empresarial puede dañar a las personas, de hecho, no tiene reparos en aprovecharse de la incredulidad o debilidad ajena para hacer caja.

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HOMER Y DEMASIADA AMBICIÓN

Homer fracasa en los negocios por megalomanía. A menudo aparece la competencia con una oferta suculenta que Homer no sabe negociar y acaba perdiendo lo conseguido. Otras veces, Homer pretende ir más allá de sus capacidades y medios, y conduce el negocio a la ruina. En ambos casos, Homer no ha planeado el futuro o no evalúa el impacto de su actividad. Hacer caja nubla su razón.

Por encima de todo, Marge y Homer nos enseñan que lo que nos hace fuerte, también puede ser un punto débil. Pero sobre todo, enseñan a levantarnos cada capítulo de la vida.