El zombi es el único icono terrorífico que ha nacido en el siglo 20, concretamente en 1968, con el estreno de La noche de los muertos vivientes, de George A.Romero. Hay que decir que sus orígenes se encuentran en ciertos ritos del Caribe, donde los súbditos de la magia Yoruba ingieren una neurotoxina que se extrae del pez globo. Esta sustancia es tan poderosa que, relatos como El extraordinario caso del Señor Valdemar, de Edgar Allan Poe, adquieren una nueva luz bajo sus efectos.
Vivimos una época de confusión, en la que los vampiros han dejado de ser criaturas sangrientas y despiadadas, como las imaginó Stoker o las filmó Murnau, para convertirse en lánguidos y tiernos seductores de jovencitas soñadoras. Los licántropos ya no devoran a sus seres queridos a la luz de la Luna, sino que se han transformado en iconos gay de masas adolescentes… Pero aún nos quedan los zombies, aunque no sean ajenos a la crisis global que nos afecta, ni al cambio climático. Por eso, el zombi sostenible es un ser concienciado… hasta cierto punto, y dentro de sus limitaciones, que las tiene.
El zombi vegetariano, o eco zombi, no es una fantasía de Greenpeace, sino una conclusión lógica después de décadas promocionando la llamada “cultura verde” que, dicho sea de paso, poco tiene de cultura y menos aún de verde.
Lo cierto es que el zombi conserva reflejos de su anterior rutina cotidiana, cuando sólo era un ser humano. Si era mecánico, volverá al taller en el que trabajaba; si era médico, se pasará por su consulta; si era creativo en una agencia, visitará a su psicoanalista…
Por esa razón, quien antes frecuentaba las fruterías o las huertas orgánicas de sus vecinos, cuando se convierta en zombi recordará esas sencillas pautas, y se abalanzará con gula y apetito irracional sobre un brócoli o una berenjena, y no pondrá en peligro a los humanos de alrededor.

Pero… ¿un zombi consume? Rotundamente, sí.
Esto nos lleva a una innovadora línea de productos diseñados para este colectivo que, si bien no utiliza los cauces habituales para efectuar sus compras, ofrece una oportunidad de negocio que no podemos ignorar.
Un zombi educado en la sostenibilidad no devorará vísceras de forma indiscriminada, sino que masticará con fruición toda clase de brotes, como señalan desde Zombies Sin Fronteras. Algunas multinacionales ya han detectado este mercado emergente, y han asumido el reto de conectar con la peculiar sensibilidad de estas criaturas y ofrecerles lo que desean.
Son muchas y variadas las circunstancias que pueden convertir a un consumidor convencional en un consumidor zombi. A tal efecto se va a comercializar en breve la ZOM VISA , una tarjeta de crédito con interesantes ventajas para este segmento las primeras 48 horas después de su transformación. Ese es un período muy crítico, durante el que se comportan como compradores compulsivos y caprichosos, hasta que agotan rápidamente el saldo de sus cuentas bancarias de su época humana, antes de que las autoridades cancelen sus privilegios administrativos.
Después, el procedimiento más respetuoso con el medio ambiente consiste en separar la cabeza del zombi de su cuerpo, con ayuda de un hacha homologada por GAP (Green Axes Power ), desnudarlo y depositar su ropa en un contenedor de HUMANA para su posterior clasificación y distribución, cerrando así el ciclo.
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Filmografía:
“Nosferatu”, (F.W. Murnau, 1922)
“The night of the living dead”, (George A. Romero, 1968)
“Soylent Green”, (Richard Fleischer, 1973)
“L’Abîme des mortes-vivants”, (Jess Franco, 1981)
“28 days later”, (Danny Boyle, 2002)
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Antonio Dyaz es director de cine y escritor
Ilustración de Juan Díaz-Faes










Un Comentario
ajajajaj brillante!
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