Hay algo metafórico en que parte de la generación Z y la alfa se identifique con animales tras crecer entre pantallas táctiles, un confinamiento global y parques de caucho donde la tierra no les pringa. Su infancia no olía a barro y la naturaleza significaba el fondo de pantalla por defecto del móvil. En ese contexto, la teriantropía parece un síntoma del niño interior que