No solo fuimos a los bares a beber. Fuimos a medir el mundo en ángulos de diferentes grados, a descargar tensiones en los pomos de las barras de metal y a clavar objetos afilados en el centro del aburrimiento. Reivindicamos el billar, el futbolín y los dardos, reductos galos de la psicomotricidad fina entre cañas. Porque hubo un momento en el que el ocio no