Los compañeros de club de Alan Turing no sabían demasiado sobre su trabajo. Para ellos era un corredor reservado, de aspecto algo desaliñado, que había llegado al Walton Athletic Club y se había convertido en su mejor corredor. Así lo recordaba el secretario del club, J. F. Harding, que un día le preguntó por qué se exigía tanto en los entrenamientos. El matemático le explicó