Durante mucho tiempo, el gran reto de Tabakalera fue explicar qué era exactamente. Museo no. Centro cultural, tampoco del todo. Laboratorio creativo, quizás. Biblioteca, cine, residencia de artistas, espacio público… también. Diez años después de su apertura como Centro Internacional de Cultura Contemporánea, el antiguo edificio industrial de Donostia sigue resistiéndose a una etiqueta única. Y quizá ahí esté precisamente la clave de su éxito.