El buen diseño tiene algo de paradójico: cuanto mejor funciona, menos pensamos en él. Porque diseñar bien no consiste solo en cuidar la estética, sino también en hacer desaparecer pequeñas molestias. Un portátil, por ejemplo, puede resultar muy atractivo a primera vista y perder parte de su encanto cuando toca llevarlo todo el día de un lado a otro. O cuando su autonomía se queda