Marco apuntaba maneras ya desde pequeño. Sus sueños infantiles eran siempre superlativos. No le bastaba con aspirar a ser futbolista, él quería ser el mejor y más grande futbolista de todos los tiempos. Ni se conformaba con convertirse en presidente del Gobierno de su país, él iba a ser, estaba convencido de ello, el presidente del mundo mundial, y no habría quien estuviera por encima