Durante décadas, la educación sexual en este país consistió básicamente en acojonar al personal. Las Administraciones enseñaron a la población a mirar el sexo con miedo, como un terreno peligroso donde cualquier despiste terminaba en un sermón o en una consulta médica. Pero el cuerpo tiene la manía de querer pasárselo bien, y mientras la moral del siglo pasado seguía echando la bronca, la calle