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10 de mayo 2017    /   CINE/TV
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13 razones: Hannah Baker que no estás en los cielos

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Hannah Baker que estás quién sabe dónde. En el infierno para las religiones. El suicidio es un pecado mortal. A la religión no le importan tus 13 razones. Aunque una es suficiente. Incluso ninguna.

Y tú has sido vapuleada en la vida y en la muerte: violada, manipulada, humillada… dentro y fuera de la pantalla.

«Niña que quiere llamar la atención». «Zorra manipuladora». «Zorra vengativa». Esto dijeron tus compañeros —tus acosadores— sobre tu restos. Curiosamente, las mismas palabras que algunos hombres reales, columnistas de opinión, opinadores de todo, emplean en periódicos, revistas y redes sociales para calificarte. Hombres reales dolidos por el retrato de los hombres en la ficción.

Tú, con tu suicidio, has puesto voz a quienes no han tenido voz: a los jóvenes suicidas. A quienes se les escamotea. Tú, con tu suicidio, te has convertido en protagonista. Eso molesta. Asusta a los adultos. A los guardianes de la moral, los profesionales de la salud, los hombres que ejercen el matonismo de salón en sus púlpito-columnas de opinión. Da que pensar si acaso no hay más interés en tu silencio que en rechazar las raíces de la violencia para cortarlas. Cosas de nuestra sociedad en la que hay que ser fuerte.

Molesta que un personaje suicida sea protagonista

Antes que tú, Hannah, el suicida era el secundario. Estaba, pero no estaba.

Fue y sigue siendo una conjetura en las series policiales: «No dejó nota de suicidio», dice el investigador.

En las comedias de situación los protagonistas evitaban que los suicidas se quitaran la vida entre risas enlatadas. El suicidio formaba parte del pasado de los protagonistas. «Su madre/padre/hermana se suicidó» estaba escrito en las biografías de los personajes. El protagonista nunca intentó quitarse la vida. Los protagonistas de las series made in Hollywood eran supervivientes.

La víctima de una violación no se suicida en el cine de acción: se convierte en una máquina de venganza. Una solución rápida para el personaje. Una satisfacción inmediata para el espectador. Una satisfacción irreal.

Fueron las series de animación quienes ya en el siglo XXI tocaron el tema. Seguro, Hannah, que reíste con los intentos de Stewie de Padre de familia para quitarse la vida o lloraste con el padre de Homer Simpson roto por la tristeza en un centro de eutanasia. Y las cabinas de suicidio en Futurama.

El suicidio fue un punto de partida más que un punto de llegada en Mujeres desesperadas (2004-2012) y Orphan Black (2013-2017). Las suicidas de ambas tramas son adultas, pero no son las protagonistas. Sus motivos no crean sentimientos de culpa en el entorno. En Mujeres desesperadas el suicidio de la narradora no importa tanto como la vida presente —libre de culpas— de sus amigas y vecinas. El suicidio en Mujeres desesperadas es un acertijo detectivesco.

¿13 razones para suicidarse? Incluso ninguna es suficiente

Pero tu voz, Hannah, es más que una voz del pasado. Muestras tu fragilidad durante tu camino al corazón de las tinieblas. No dejas nada fuera. Expones en cada cinta las acciones que destruyeron tu reputación, te rompieron el alma y te condujeron al suicidio. Y aún hay quien te acusa de haberte suicidado porque tu tutor no abrió la puerta para ir detrás de ti. Tu tutor que momentos antes te dijo que siguieras adelante con tu vida tras la violación. Así como así.

Nadie ha replicado que James Stewart se suicidara por un pomo de barandilla que se le quedó en la mano en Qué bello es vivir. Los clásicos no se tocan. Los hombres no se tocan. Un ángel salvó a Stewart, pero el suicidio tuvo lugar. Sin embargo, decir que fue por un pomo que se le quedó en la mano sería mentir. Stewart había perdido el dinero de la familia y la empresa. Le esperaba la cárcel. Su hija estaba enferma. El pomo en la mano fue la gota que colmó el vaso.

Y tú, Hannah Baker, no solo perdiste el dinero de tus padres y el pequeño negocio familiar. 13 razones. Demasiadas para la mayoría de las personas. Realmente, no se necesitan 13 razones para suicidarse, basta una. Incluso ninguna.

Durante meses escuchaste en los pasillos comentarios soeces sobre tu cuerpo. Se inventaron una vida de buscona para ti. Te manosearon. Publicaron imágenes íntimas de ti. Te traicionaron, pegaron y te abandonaron a tu suerte. (Y obcecada por el dolor abandonaste a los pocos que podrían haberte ayudado. Lo reconociste en tus cintas. Sí).

Fuiste testigo de una violación. Te violaron. Que el tutor no abriera la puerta del despacho para seguirte fue la gota que colmó el vaso. Pero tu vaso es femenino. Hay hombres empeñados en escribir en sus púlpito-columnas que podrías haber seguido adelante. Tu suicidio es una afrenta.

Nociva te llaman. Incitadora al suicidio. Y uno se pregunta si acaso no han escuchado tus cintas. No fuiste una «niña oscura» con la muerte como pensamiento recurrente. La oscuridad te ganó poco a poco. Contra tu voluntad. No pensaste en la muerte hasta que decidiste grabar las cintas. Diste una oportunidad a la vida. Tu vaso se colmó. Te mataste de la forma más dolorosa posible. Nada hay de hermoso en esto.

Tus 13 razones no justifican el suicidio: lo explican. No desplegaste una cadena dialéctica como la de Werther para convencer a Albert de que el suicidio es una medicina eficaz para el mal de amores.

Tod@s somos iguales… pero no somos iguales

Tu historia, Hannah, es un alegato contra el acoso escolar, el machismo, la desatención de los padres (de los tuyos y los de los acosadores). Un alegato contra la Educación, que se queda en los lemas «colaborar está bien» y «todos somos iguales» con letras recortadas de cartulinas de colores. Palabras, palabras, palabras. Y no acciones. El instituto como una distopía.

Tu instituto es un ejemplo: se enseña a los alumnos a no decir palabrotas. A primera vista no hay conflictos raciales ni religiosos. La violencia está ausente en las aulas. El tutor está disponible en todo momento para los alumnos que lo necesiten. Los profesores promueven bailes, el juego de ‘descubre a tu San Valentín’ y el árbol de los deseos para que cada alumno reciba notitas bonitas. Pero tus profesores no saben que las chicas sufren acoso unas de otras y son víctimas de la violencia machista. Los profesores incluso ignoran que en los servicios hay pintadas obscenas y amenazas.

13 razones (2017)

Si de algo fuiste culpable Hannah no fue de tu suicidio. Tuviste mal ojo para los hombres. (Lo dijo tu íntima amiga. La que se mudó a otra ciudad). Cosas de la edad. De la fragilidad.

Las niñas no eligen a los hombres. Las niñas son elegidas. Es lo que se espera de las chicas de instituto si no quieren ser llamadas busconas. (Incluso lo que se espera de las mujeres, en general. Hay un anuncio de televisión donde una mujer celebra que el chico mono le haya agregado como amiga a Facebook sin ella pedirlo).

Pero algunos chicos se consideran a sí mismos como un regalo. Dioses a los que debes rendir devoción. Por esto, que te elija un dios está considerado como un premio de la lotería de la vida. Ellos eligen. Y hacen y deshacen tu reputación. Por malicia, por estupidez, para no parecer menos hombre dentro de la manada.

También eres culpable de fallar a Jessica. Lo reconociste. No pudiste impedir su violación. Te cogió indefensa. No supiste qué hacer después de lo que presenciaste. Tú, que habías salvado a Jessica de los hombres, no pudiste hacer nada esa noche. Y entraste en barrena. Perdida en tu dolor volviste al lugar de los hechos. Como quien vive adicto a una droga o al riesgo o a una mala persona, se aparta y recae en la adicción aunque sepa que le hará daño. Tú eras por entonces adicta a la autodestrucción. No lo sabías. Quien no haya pasado por una adicción no lo entenderá. Te acusará de ser la causa de la violación cuando eras la víctima. La acusación de los hombres que no amaban a las mujeres. La acusación del violador. La insinuación velada del tutor. Ese «si no dijiste no» que hace tanto daño como la violación.

Y a pesar de todo esto. Tú, Hannah Baker, eres la zorra vengativa por contar las verdades. Solo porque tus palabras agitan las mentes y pones voz a las víctimas, solo por eso, es necesario que se conozcan tus 13 razones. Como manual para que la gente haga las cosas como debe hacerlas. Clay Jensen, don Casco, tu amigo, tu amor platónico, lo entendió:

«No lo hacemos bien. Debemos tratarnos mejor y cuidar de los demás. Tenemos que ser mejores».

Era realmente tu deseo, Hanna, y no la muerte. ¡La vida!

Hannah Baker que estás quién sabe dónde. En el infierno para las religiones. El suicidio es un pecado mortal. A la religión no le importan tus 13 razones. Aunque una es suficiente. Incluso ninguna.

Y tú has sido vapuleada en la vida y en la muerte: violada, manipulada, humillada… dentro y fuera de la pantalla.

«Niña que quiere llamar la atención». «Zorra manipuladora». «Zorra vengativa». Esto dijeron tus compañeros —tus acosadores— sobre tu restos. Curiosamente, las mismas palabras que algunos hombres reales, columnistas de opinión, opinadores de todo, emplean en periódicos, revistas y redes sociales para calificarte. Hombres reales dolidos por el retrato de los hombres en la ficción.

Tú, con tu suicidio, has puesto voz a quienes no han tenido voz: a los jóvenes suicidas. A quienes se les escamotea. Tú, con tu suicidio, te has convertido en protagonista. Eso molesta. Asusta a los adultos. A los guardianes de la moral, los profesionales de la salud, los hombres que ejercen el matonismo de salón en sus púlpito-columnas de opinión. Da que pensar si acaso no hay más interés en tu silencio que en rechazar las raíces de la violencia para cortarlas. Cosas de nuestra sociedad en la que hay que ser fuerte.

Molesta que un personaje suicida sea protagonista

Antes que tú, Hannah, el suicida era el secundario. Estaba, pero no estaba.

Fue y sigue siendo una conjetura en las series policiales: «No dejó nota de suicidio», dice el investigador.

En las comedias de situación los protagonistas evitaban que los suicidas se quitaran la vida entre risas enlatadas. El suicidio formaba parte del pasado de los protagonistas. «Su madre/padre/hermana se suicidó» estaba escrito en las biografías de los personajes. El protagonista nunca intentó quitarse la vida. Los protagonistas de las series made in Hollywood eran supervivientes.

La víctima de una violación no se suicida en el cine de acción: se convierte en una máquina de venganza. Una solución rápida para el personaje. Una satisfacción inmediata para el espectador. Una satisfacción irreal.

Fueron las series de animación quienes ya en el siglo XXI tocaron el tema. Seguro, Hannah, que reíste con los intentos de Stewie de Padre de familia para quitarse la vida o lloraste con el padre de Homer Simpson roto por la tristeza en un centro de eutanasia. Y las cabinas de suicidio en Futurama.

El suicidio fue un punto de partida más que un punto de llegada en Mujeres desesperadas (2004-2012) y Orphan Black (2013-2017). Las suicidas de ambas tramas son adultas, pero no son las protagonistas. Sus motivos no crean sentimientos de culpa en el entorno. En Mujeres desesperadas el suicidio de la narradora no importa tanto como la vida presente —libre de culpas— de sus amigas y vecinas. El suicidio en Mujeres desesperadas es un acertijo detectivesco.

¿13 razones para suicidarse? Incluso ninguna es suficiente

Pero tu voz, Hannah, es más que una voz del pasado. Muestras tu fragilidad durante tu camino al corazón de las tinieblas. No dejas nada fuera. Expones en cada cinta las acciones que destruyeron tu reputación, te rompieron el alma y te condujeron al suicidio. Y aún hay quien te acusa de haberte suicidado porque tu tutor no abrió la puerta para ir detrás de ti. Tu tutor que momentos antes te dijo que siguieras adelante con tu vida tras la violación. Así como así.

Nadie ha replicado que James Stewart se suicidara por un pomo de barandilla que se le quedó en la mano en Qué bello es vivir. Los clásicos no se tocan. Los hombres no se tocan. Un ángel salvó a Stewart, pero el suicidio tuvo lugar. Sin embargo, decir que fue por un pomo que se le quedó en la mano sería mentir. Stewart había perdido el dinero de la familia y la empresa. Le esperaba la cárcel. Su hija estaba enferma. El pomo en la mano fue la gota que colmó el vaso.

Y tú, Hannah Baker, no solo perdiste el dinero de tus padres y el pequeño negocio familiar. 13 razones. Demasiadas para la mayoría de las personas. Realmente, no se necesitan 13 razones para suicidarse, basta una. Incluso ninguna.

Durante meses escuchaste en los pasillos comentarios soeces sobre tu cuerpo. Se inventaron una vida de buscona para ti. Te manosearon. Publicaron imágenes íntimas de ti. Te traicionaron, pegaron y te abandonaron a tu suerte. (Y obcecada por el dolor abandonaste a los pocos que podrían haberte ayudado. Lo reconociste en tus cintas. Sí).

Fuiste testigo de una violación. Te violaron. Que el tutor no abriera la puerta del despacho para seguirte fue la gota que colmó el vaso. Pero tu vaso es femenino. Hay hombres empeñados en escribir en sus púlpito-columnas que podrías haber seguido adelante. Tu suicidio es una afrenta.

Nociva te llaman. Incitadora al suicidio. Y uno se pregunta si acaso no han escuchado tus cintas. No fuiste una «niña oscura» con la muerte como pensamiento recurrente. La oscuridad te ganó poco a poco. Contra tu voluntad. No pensaste en la muerte hasta que decidiste grabar las cintas. Diste una oportunidad a la vida. Tu vaso se colmó. Te mataste de la forma más dolorosa posible. Nada hay de hermoso en esto.

Tus 13 razones no justifican el suicidio: lo explican. No desplegaste una cadena dialéctica como la de Werther para convencer a Albert de que el suicidio es una medicina eficaz para el mal de amores.

Tod@s somos iguales… pero no somos iguales

Tu historia, Hannah, es un alegato contra el acoso escolar, el machismo, la desatención de los padres (de los tuyos y los de los acosadores). Un alegato contra la Educación, que se queda en los lemas «colaborar está bien» y «todos somos iguales» con letras recortadas de cartulinas de colores. Palabras, palabras, palabras. Y no acciones. El instituto como una distopía.

Tu instituto es un ejemplo: se enseña a los alumnos a no decir palabrotas. A primera vista no hay conflictos raciales ni religiosos. La violencia está ausente en las aulas. El tutor está disponible en todo momento para los alumnos que lo necesiten. Los profesores promueven bailes, el juego de ‘descubre a tu San Valentín’ y el árbol de los deseos para que cada alumno reciba notitas bonitas. Pero tus profesores no saben que las chicas sufren acoso unas de otras y son víctimas de la violencia machista. Los profesores incluso ignoran que en los servicios hay pintadas obscenas y amenazas.

13 razones (2017)

Si de algo fuiste culpable Hannah no fue de tu suicidio. Tuviste mal ojo para los hombres. (Lo dijo tu íntima amiga. La que se mudó a otra ciudad). Cosas de la edad. De la fragilidad.

Las niñas no eligen a los hombres. Las niñas son elegidas. Es lo que se espera de las chicas de instituto si no quieren ser llamadas busconas. (Incluso lo que se espera de las mujeres, en general. Hay un anuncio de televisión donde una mujer celebra que el chico mono le haya agregado como amiga a Facebook sin ella pedirlo).

Pero algunos chicos se consideran a sí mismos como un regalo. Dioses a los que debes rendir devoción. Por esto, que te elija un dios está considerado como un premio de la lotería de la vida. Ellos eligen. Y hacen y deshacen tu reputación. Por malicia, por estupidez, para no parecer menos hombre dentro de la manada.

También eres culpable de fallar a Jessica. Lo reconociste. No pudiste impedir su violación. Te cogió indefensa. No supiste qué hacer después de lo que presenciaste. Tú, que habías salvado a Jessica de los hombres, no pudiste hacer nada esa noche. Y entraste en barrena. Perdida en tu dolor volviste al lugar de los hechos. Como quien vive adicto a una droga o al riesgo o a una mala persona, se aparta y recae en la adicción aunque sepa que le hará daño. Tú eras por entonces adicta a la autodestrucción. No lo sabías. Quien no haya pasado por una adicción no lo entenderá. Te acusará de ser la causa de la violación cuando eras la víctima. La acusación de los hombres que no amaban a las mujeres. La acusación del violador. La insinuación velada del tutor. Ese «si no dijiste no» que hace tanto daño como la violación.

Y a pesar de todo esto. Tú, Hannah Baker, eres la zorra vengativa por contar las verdades. Solo porque tus palabras agitan las mentes y pones voz a las víctimas, solo por eso, es necesario que se conozcan tus 13 razones. Como manual para que la gente haga las cosas como debe hacerlas. Clay Jensen, don Casco, tu amigo, tu amor platónico, lo entendió:

«No lo hacemos bien. Debemos tratarnos mejor y cuidar de los demás. Tenemos que ser mejores».

Era realmente tu deseo, Hanna, y no la muerte. ¡La vida!

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Opiniones 13
  • Buena columna, buen análisis, buena serie.
    Adictiva, confrontacional y totalmente necesaria. He sabido de casos en escuelas de mi pais, Chile, donde recomiendan a los padres que sus hijos NO la vean. El mundo al revés.

  • Tu punto de vista y opinión de la serie me a dado el empujón que necesitaba para interesarme de verdad en verla. Por todos lados veo referencias de la serie, no sabía si darle chance o no, ahora es que me voy enterando por ti de que va todo.

    gracias por tu artículo 🙂

  • Leo todo lo que publica Yorokobu. Siento decirle al autor de este artículo que tendría que tener el deber de de comprobar que lo que escribe tiene coerencia gramatical y semántica, por no hablar de la ausencia sistemática de comas y otros signos de puntuación. No hablo del contenido del artículo, que ni me va ni me viene, hablo de su -mala- forma.

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