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12 de abril 2012    /   CIENCIA
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20.000 horas de trabajo, el plazo mínimo para poder crear una obra maestra

12 de abril 2012    /   CIENCIA     por          
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20.000 horas de trabajo sostenido o diez años constantes de desarrollo profesional o artístico. Éste es el plazo mínimo requerido para poder crear una obra maestra, según la neurociencia: “Antes de los diez años de inmersión profunda y trabajo sostenido normalmente no aparece una obra maestra”, asegura Manuela Romo, catedrática de psicología de la Universidad Autónoma de Madrid.

La regla de los diez años fue enunciada en 1989 por el psicólogo John Hayes, quien estudió la obra de genios musicales como Mozart, Paganini o Satie para llegar a esta conclusión. Estudios posteriores han confirmado que diez años es lo mínimo que necesita un creador para parir su primera obra maestra. La regla de los diez años no excluye la virtualidad de genios precoces, pero pone entre paréntesis su supuesta genialidad innata: Mozart tocaba el piano con 6 años (entre otras cosas porque su padre era un gran músico) pero no compuso la que es considerada su primera obra maestra (‘Concierto de piano número 9’) hasta 1777, 12 años después de sus primeras obras.

Si algo tienen en común Pasteur, Picasso, Einstein, Freud y Darwin no es sólo su gran inteligencia sino su enorme capacidad de trabajo y su entusiasmo por el mismo: “Los genios han gastado la mayor parte de su tiempo y energía en el trabajo”, sostiene Romo en el artículo ‘Creatividad: un desafío para la sociedad en el umbral del milenio’. Bach escribía del orden de 20 páginas diarias de música; Edison presentó más de 1.000 patentes en su carrera, Albert Einstein firmó 240 publicaciones y Freud, 330, según el recuento realizado por la revista The Lancet. Se confirma el conocido tópico “que las musas te encuentren trabajando”.

No sólo La Novena Sinfonía de Beethoven o ‘Noche estrellada’ de Van Gogh son obras maestras, también lo es la Teoría de la Relatividad. “Cuando hablamos de creatividad pensamos en el arte, pero la ciencia también es creatividad”, afirma Manuel Martín Loeches, responsable del área de neurociencia del Instituto Carlos III de Evolución y Comportamiento Humano. Como muestra, dos botones: Einstein publicó su teoría en 1905, diez años después de sus primeros estudios sobre la relatividad especial. Tim Berners-Lee inventó la WWW en 1990, una década después de crear su primer programa con características web, llamado Enquire.

Divulgadores como Malcolm Gladwell han confirmada o la excelencia del trabajo duro para dar el salto desde la categoría de “brillante” hasta la división de “genio”. En su libro, ‘Fueras de serie’, Gladwell asegura que la excelencia musical lograda por los Beatles no hubiera sido posible sin las miles de horas de directo que acumularon durante su etapa inicial en Hamburgo (Alemania), entre 1960 y 1964, cuando llegaban a tocar 6 o 7 horas cada noche hasta acumular 10.000 horas de “vuelo” (Gladwell reduce a la mitad las 20.000 horas de Romo/Hayes). Esta experiencia, sumada al indudable talento de sus componentes, hicieron que los Beatles llegaran a ser quien fueron: más famosos que Jesucristo.

Pero el trabajo duro sólo es un ingrediente, y no necesariamente el más importante, del éxito y el acceso a la genialidad. Al fin y al cabo, la mayoría de la gente trabaja duro para alcanzar la excelencia en sus respectivas disciplinas pero casi ninguno culmina una obra maestra. Los siete “pilares” de la creatividad, según Manuela Romo son:

1. Habilidades e infraestructura.

2. Conocimiento.

3. Destrezas.

4. Diez años o más de trabajo intensivo.

5. Perseverancia, independencia y otras cualidades personales.

6. Motivación intrínseca.

7. Unas dosis de suerte.

John Hayes: ‘Cognitivy Processes in Creativity’.

Manuela Romo: ‘Creatividad: un desafío para la sociedad en el umbral del milenio’, forma parte del libro

‘Creatividad y ciencia cognitiva’, editado por el Centro de Evolución y Comportamiento Humanos de el ISCIII y

el Instituto Tomás Pascual.

 

Por otra parte:

La frontera entre el éxito y el fracaso es más fina que el canto de un elepé

Aquí sí se puede copiar

Pinceladas de locura: la enfermedad mental en el arte

Cómo los artistas aprovechan las peculiaridades del cerebro para engañar al ojo

20.000 horas de trabajo sostenido o diez años constantes de desarrollo profesional o artístico. Éste es el plazo mínimo requerido para poder crear una obra maestra, según la neurociencia: “Antes de los diez años de inmersión profunda y trabajo sostenido normalmente no aparece una obra maestra”, asegura Manuela Romo, catedrática de psicología de la Universidad Autónoma de Madrid.

La regla de los diez años fue enunciada en 1989 por el psicólogo John Hayes, quien estudió la obra de genios musicales como Mozart, Paganini o Satie para llegar a esta conclusión. Estudios posteriores han confirmado que diez años es lo mínimo que necesita un creador para parir su primera obra maestra. La regla de los diez años no excluye la virtualidad de genios precoces, pero pone entre paréntesis su supuesta genialidad innata: Mozart tocaba el piano con 6 años (entre otras cosas porque su padre era un gran músico) pero no compuso la que es considerada su primera obra maestra (‘Concierto de piano número 9’) hasta 1777, 12 años después de sus primeras obras.

Si algo tienen en común Pasteur, Picasso, Einstein, Freud y Darwin no es sólo su gran inteligencia sino su enorme capacidad de trabajo y su entusiasmo por el mismo: “Los genios han gastado la mayor parte de su tiempo y energía en el trabajo”, sostiene Romo en el artículo ‘Creatividad: un desafío para la sociedad en el umbral del milenio’. Bach escribía del orden de 20 páginas diarias de música; Edison presentó más de 1.000 patentes en su carrera, Albert Einstein firmó 240 publicaciones y Freud, 330, según el recuento realizado por la revista The Lancet. Se confirma el conocido tópico “que las musas te encuentren trabajando”.

No sólo La Novena Sinfonía de Beethoven o ‘Noche estrellada’ de Van Gogh son obras maestras, también lo es la Teoría de la Relatividad. “Cuando hablamos de creatividad pensamos en el arte, pero la ciencia también es creatividad”, afirma Manuel Martín Loeches, responsable del área de neurociencia del Instituto Carlos III de Evolución y Comportamiento Humano. Como muestra, dos botones: Einstein publicó su teoría en 1905, diez años después de sus primeros estudios sobre la relatividad especial. Tim Berners-Lee inventó la WWW en 1990, una década después de crear su primer programa con características web, llamado Enquire.

Divulgadores como Malcolm Gladwell han confirmada o la excelencia del trabajo duro para dar el salto desde la categoría de “brillante” hasta la división de “genio”. En su libro, ‘Fueras de serie’, Gladwell asegura que la excelencia musical lograda por los Beatles no hubiera sido posible sin las miles de horas de directo que acumularon durante su etapa inicial en Hamburgo (Alemania), entre 1960 y 1964, cuando llegaban a tocar 6 o 7 horas cada noche hasta acumular 10.000 horas de “vuelo” (Gladwell reduce a la mitad las 20.000 horas de Romo/Hayes). Esta experiencia, sumada al indudable talento de sus componentes, hicieron que los Beatles llegaran a ser quien fueron: más famosos que Jesucristo.

Pero el trabajo duro sólo es un ingrediente, y no necesariamente el más importante, del éxito y el acceso a la genialidad. Al fin y al cabo, la mayoría de la gente trabaja duro para alcanzar la excelencia en sus respectivas disciplinas pero casi ninguno culmina una obra maestra. Los siete “pilares” de la creatividad, según Manuela Romo son:

1. Habilidades e infraestructura.

2. Conocimiento.

3. Destrezas.

4. Diez años o más de trabajo intensivo.

5. Perseverancia, independencia y otras cualidades personales.

6. Motivación intrínseca.

7. Unas dosis de suerte.

John Hayes: ‘Cognitivy Processes in Creativity’.

Manuela Romo: ‘Creatividad: un desafío para la sociedad en el umbral del milenio’, forma parte del libro

‘Creatividad y ciencia cognitiva’, editado por el Centro de Evolución y Comportamiento Humanos de el ISCIII y

el Instituto Tomás Pascual.

 

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Opiniones 6
  • Hombre…

    Hablar al final de una dosis de suerte parece que tira por los suelos todo lo dicho anteriormente, no? Quizás se debería hablar de oportunidad más que de suerte.

    De hecho me encanta esta definición: «La suerte solo es estar preparado para cuando llega la ocasión»

    Saludos.

    d.

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