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5 de marzo 2012    /   CIENCIA
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2012: El mundo se acaba… una vez más

5 de marzo 2012    /   CIENCIA     por          
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Desde tiempos inmemoriales el hombre está convencido de que el mundo está a punto de llegar a su fin. Esta obsesión apocalíptica esconde una considerable dosis de egolatría: el mundo se acaba precisamente cuando yo vivo… ¿No será que lo que se acaba es nuestra efímera vida y lo que llamamos “decadencia de la civilización” no es más que la inevitable decrepitud de nuestra carne?

Las trompetas del Apocalipsis empezaron a sonar en Europa hacia el año 1000, durante el llamado “milenarismo”. Por fortuna, la mayoría de los habitantes del Medievo no tenían ni la más remota idea de en qué año vivían, de modo que sólo un puñado de sectas se dedicaron a vagar por los campos anunciando la mala nueva.

El primer Papa en anunciar “oficialmente” un fin del mundo fue Inocencio III, que estableció el fin del mundo en 1284 haciendo gala de una aritmética infalible: ese año es la suma del año de fundación del Islam (618, aunque en realidad fue en 622) y 666, el número de la Bestia. 1284 pasó sin pena ni gloria, como era previsible.

En 1524 un influyente astrólogo alemán vaticinó un enorme diluvio que serviría de preludio al fin del mundo, con motivo de una conjunción planetaria en torno al signo de Piscis. Los más pudientes tomaron la profecía en serio y empezaron a construir grandes arcas, al estilo Noé. Cuando empezaron las primeras lluvias cundió el pánico, la gente se lanzó a los barcos, provocando numerosos naufragios que a punto estuvieron de provocar un mini-Apocalipsis.

1881 fue la primera fecha para el fin del mundo anunciada por Charles T. Russell, fundador de los Testigos de Jehová, una secta muy dada al catastrofismo. Al marrar en su primer intento, Russell pospuso el Ocaso para 1914. Sus sucesores ampliaron el listado con la inclusión de 1925, 1966, 1975, 1984 y 1994, sin acertar hasta ahora, gracias a Jehová.

En 1910 el cometa Halley hizo su penúltima visita a la Tierra. Años antes, el astrónomo Camille Flammarion publicó un libro titulado ‘El fin del mundo’, en el que anticipaba que el roce de la cola del cometa, cargada de cianógeno, envenenaría la atmósfera terrestre. Miles de personas se quitaron la vida, eliminando sabiamente sus genes de la carrera por la evolución.

Llegamos ya al segundo cambio de milenio, más tecnológico pero casi tan histérico como el primero. Abrió fuego el modisto Paco Rabanne, que en 1999 anunció que la estación MIR caería sobre París, arrasando la ciudad. No era el fin del mundo, pero al menos sirvió para que se retirara de las pasarelas. Más enjundia tuvo el Y2K, el famoso “problema del año 2000”, que supuestamente iba a dejar el mundo sin electricidad ni ordenadores (el Armagedón informático) y que finalmente tuvo menor impacto que el error de Marisa Naranjo en las campanadas del 89.

Ya es vox populi que el próximo 21 de diciembre de 2012 está previsto el próximo fin del mundo, esta vez cortesía de los mayas del 3131 a.C. Según los astrólogos de aquella civilización el día señalado el sol culminará su quinto ciclo, y la Tierra, Júpiter y Marte se alinearán de tal forma que el Sol quedará en el centro. La atmósfera de la Tierra será atravesada por fuertes corrientes energéticas que destruirán nuestro planeta.

Dada la experiencia acumulada hasta la fecha me atrevo a desmentir la profecía del 2012. ¿En qué me baso? En que hay unos cuantos Apocalipsis para después de esa aquella fecha, y no están pronosticados por echadores de cartas ni modistos sino por científicos prestigiosos. Verbigracia: en 2013 sucederá una gran explosión solar, según advierte un astrofísico de la Agencia Especial Europea; un año después, en 2014, una nube de polvo cósmica destruirá la Tierra y todo el Sistema Solar, según un astrofísico de la Universidad de Cambridge. En el improbable caso de que nos libremos de esa, en 2016 se derretirán los glaciares e inundarán gran parte de la tierra firme, asegura un climatólogo de la Nasa.

Estas son sólo un puñado de las profecías apocalípticas más serias y, a pesar de todo, estoy convencido de que usted, su familia y yo mismo moriremos de viejos, a no ser que un Apocalipsis privado cercene nuestras frágiles vidas.

Ilustración: Juan Díaz Faes

Los Apocalipsis de 2012 y siguientes, en RIA Novosti.

Desde tiempos inmemoriales el hombre está convencido de que el mundo está a punto de llegar a su fin. Esta obsesión apocalíptica esconde una considerable dosis de egolatría: el mundo se acaba precisamente cuando yo vivo… ¿No será que lo que se acaba es nuestra efímera vida y lo que llamamos “decadencia de la civilización” no es más que la inevitable decrepitud de nuestra carne?

Las trompetas del Apocalipsis empezaron a sonar en Europa hacia el año 1000, durante el llamado “milenarismo”. Por fortuna, la mayoría de los habitantes del Medievo no tenían ni la más remota idea de en qué año vivían, de modo que sólo un puñado de sectas se dedicaron a vagar por los campos anunciando la mala nueva.

El primer Papa en anunciar “oficialmente” un fin del mundo fue Inocencio III, que estableció el fin del mundo en 1284 haciendo gala de una aritmética infalible: ese año es la suma del año de fundación del Islam (618, aunque en realidad fue en 622) y 666, el número de la Bestia. 1284 pasó sin pena ni gloria, como era previsible.

En 1524 un influyente astrólogo alemán vaticinó un enorme diluvio que serviría de preludio al fin del mundo, con motivo de una conjunción planetaria en torno al signo de Piscis. Los más pudientes tomaron la profecía en serio y empezaron a construir grandes arcas, al estilo Noé. Cuando empezaron las primeras lluvias cundió el pánico, la gente se lanzó a los barcos, provocando numerosos naufragios que a punto estuvieron de provocar un mini-Apocalipsis.

1881 fue la primera fecha para el fin del mundo anunciada por Charles T. Russell, fundador de los Testigos de Jehová, una secta muy dada al catastrofismo. Al marrar en su primer intento, Russell pospuso el Ocaso para 1914. Sus sucesores ampliaron el listado con la inclusión de 1925, 1966, 1975, 1984 y 1994, sin acertar hasta ahora, gracias a Jehová.

En 1910 el cometa Halley hizo su penúltima visita a la Tierra. Años antes, el astrónomo Camille Flammarion publicó un libro titulado ‘El fin del mundo’, en el que anticipaba que el roce de la cola del cometa, cargada de cianógeno, envenenaría la atmósfera terrestre. Miles de personas se quitaron la vida, eliminando sabiamente sus genes de la carrera por la evolución.

Llegamos ya al segundo cambio de milenio, más tecnológico pero casi tan histérico como el primero. Abrió fuego el modisto Paco Rabanne, que en 1999 anunció que la estación MIR caería sobre París, arrasando la ciudad. No era el fin del mundo, pero al menos sirvió para que se retirara de las pasarelas. Más enjundia tuvo el Y2K, el famoso “problema del año 2000”, que supuestamente iba a dejar el mundo sin electricidad ni ordenadores (el Armagedón informático) y que finalmente tuvo menor impacto que el error de Marisa Naranjo en las campanadas del 89.

Ya es vox populi que el próximo 21 de diciembre de 2012 está previsto el próximo fin del mundo, esta vez cortesía de los mayas del 3131 a.C. Según los astrólogos de aquella civilización el día señalado el sol culminará su quinto ciclo, y la Tierra, Júpiter y Marte se alinearán de tal forma que el Sol quedará en el centro. La atmósfera de la Tierra será atravesada por fuertes corrientes energéticas que destruirán nuestro planeta.

Dada la experiencia acumulada hasta la fecha me atrevo a desmentir la profecía del 2012. ¿En qué me baso? En que hay unos cuantos Apocalipsis para después de esa aquella fecha, y no están pronosticados por echadores de cartas ni modistos sino por científicos prestigiosos. Verbigracia: en 2013 sucederá una gran explosión solar, según advierte un astrofísico de la Agencia Especial Europea; un año después, en 2014, una nube de polvo cósmica destruirá la Tierra y todo el Sistema Solar, según un astrofísico de la Universidad de Cambridge. En el improbable caso de que nos libremos de esa, en 2016 se derretirán los glaciares e inundarán gran parte de la tierra firme, asegura un climatólogo de la Nasa.

Estas son sólo un puñado de las profecías apocalípticas más serias y, a pesar de todo, estoy convencido de que usted, su familia y yo mismo moriremos de viejos, a no ser que un Apocalipsis privado cercene nuestras frágiles vidas.

Ilustración: Juan Díaz Faes

Los Apocalipsis de 2012 y siguientes, en RIA Novosti.

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Opiniones 2
  • El fin del mundo…. esa frase debería quedar aparcada y ser cambiada por el fin de la humanidad, tenía algo de sentido cuando uno pensaba que el mundo se limitaba a su aldea y poco más…. puede desaparecer el ser humano, el mundo, limitándolo a la Tierra, seguirá existiendo hasta que el Sol se convierta en una enana roja y nos trague, el mundo en sentido del Universo seguirá aunque la Tierra desaparezca.
    Deberían hablar DEL FIN DE LA HUMANIDAD, NO DEL MUNDO¡¡¡¡¡¡¡

  • ¿COMO ACABARA NUESTRAS CIVILIZACIONES Y QUE FUTURO TENDRÁN LOS SUPERVIVIENTES?

    De la historia de la conducta de los animales y conducta y actividades de la especie humana hemos aprendido que, la conducta de los animales es constante y preestablecido, e implantado en sus instintos al que ninguno de “ellos” puede variar, capacitándoles de adaptarse con sus conductas a las Leyes de la Naturaleza, y manteniendo con ello su ordenado y armonioso desarrollo y funcionamiento, del que depende el bienestar de cada especie que la componen.

    Sin embargo la historia de la conducta y actividades del hombre nos demuestra que esta no es ni constante ni preestablecida, y la causa de esta diferencia es su propia y especial naturaleza, que al poseer no sólo instinto, con los mismos caracteres como de los animales, o lo que sea de estar implantado en el mismo la capacidad intrínseca de adaptarse con la perfección a las Leyes de la Naturaleza, al poseer también espíritu con dones y facultades de Conciencia, raciocinio y capacidad creativa con las que el hombre puede juzgar y valorar los acontecimientos en su alrededor y formar su propio idea sobre los mismos, él puede tener tres posibilidades de formar su idea sobre su vida:
    1) Puede sobrevalorar la parte espiritual a costa de la parte instintiva de su naturaleza. Situación que existía en la época arcaica de la antigua cultura de Grecia y en la época de Edad Media de nuestra cultura Cristiana.
    2) Puede llevar sus dos tipos de naturaleza, la espiritual e instintiva en justo equilibrio. Situación que existió en la época clásica de la antigua cultura de Grecia y en el Renacimiento de nuestra cultura cristiana.
    3) Puede sobrevalorar la parte instintiva a costa de la parte espiritual de su naturaleza. Situación que existía en la época helenística de la antigua cultura de Grecia y en nuestras civilizaciones desde la revolución industrial, extendida esto ya en toda parte de nuestro planeta.

    Juzgando las capacidades del hombre a través de sus obras producidas en estos tres estado de su naturaleza especial humana, observamos que esto dependía de su jerarquía de valores, y en el primer caso se han desarrollado sus capacidades religiosas, creativas artísticas, morales y culturales, y menos de tipos científicos relacionados con su vida física instintiva.

    La consecuencia de esta jerarquía de valores ha sido su poco conocimiento científico sobre el mundo y de la vida, quedando sin defensa en la lucha entre los seres animados que componen nuestro planeta, causando el antinatural disminución de la población del mundo.

    Aprendiendo a través de las contradicciones presentadas entre sus ideas sobre el mundo y de la vida y de la realidad, poco a poco empiezan interesarse también a la parte física instintiva de sus naturalezas, con lo que se empezó desarrollarse las ciencias, obteniendo conocimientos prácticos sobre el mundo y de la vida, que sin darse cuenta, sus intereses se extendían sobre ambas partes de su naturaleza, estableciendo con ello el perfecto equilibrio entre la parte espiritual e instintiva de sus naturalezas especial humana, el único estado de que pertenece a la perfección humana, cuando la Verdad sobre el mundo y de la vida sentido a través de su instinto y conocido a través de su espíritu (mente) no se modifican sino se refuerzan ambos, permitiendo al hombre adaptarse con su conducta y actividades conscientemente a las Leyes de la Naturaleza y restablecer con ello su ordenado y armonioso desarrollo, del que depende el bienestar de todos los seres animados que la componen.

    El resultado de este perfecto e ideal estado de la naturaleza del hombre ha sido su gran capacidad obtenida en todos los campos de sus actividades, tanto científicos como artísticos, sociales, morales, educativos, políticos, económicas etc., y referente a la población del mundo, mientras duraba este perfecto estado psicosomático de sus naturalezas, en ambas culturas se han logrado establecer el justo proporción de su especie con el resto de los especies que componen nuestro planeta.

    Los resultados negativos en todos los campos de las actividades de nuestras sociedades y nuestras civilizaciones conocemos, entre los que los más graves son el antinatural y desenfrenado expansión demográfica y también antinatural aumento de consumo de energía del hombre contemporáneo, cuyos demandas materiales y energéticas nuestro planeta ya no puede satisfacer, pero cuyas tendencias aún no han llegado a su techo y que para el año 2050, con el aumento de la población y consumo de energía esto puede duplicarse, y si no logremos frenar y corregir su causante y cambiar el erróneo modo de vida del hombres de nuestras civilizaciones esto se terminara autodestruirse.

    Observando la historia de la conducta de los animales, que estos tienen la capacidad intrínseca, implantado en sus instinto, de adaptarse con sus conductas a las Leyes de la Naturaleza, y preservar así su ordenado y armonioso desarrollo, pero lo que la especie humana solo puede obtener este capacidad cuando logra establecer el justo equilibrio entre la parte espiritual e instintiva de su naturaleza especial humana, sabiendo esto y encontrándonos hoy por nuestra extremadamente materialista “filosofía del mundo y de la vida” en el estado degenerado de nuestra naturaleza psicosomática, para poder anular los innumerables e interrelacionados males causados por este erróneo estado, la única solución es de restablecer el justo y perfecto equilibrio perdido entre la parte espiritual e instintiva de nuestra naturaleza.

    Este conocimiento nos ayudara en nuestra búsqueda, pero el problema es ¿Cómo realizar este requisito?, ya que los hombres de hoy al encontrarse en el estado degenerado de su naturaleza psicosomática, no son consciente de su erróneo modo de vida, y no son ni capacitados ni dispuestos cambiarlo esto. Y como los muy negativos acontecimientos hoy se desarrollan con gran rapidez, para un cambio evolutivo y pacifico ya no tendremos tiempo, por lo que todo indica que al llegar con le erróneo modo de vida nuestras civilizaciones hasta el fin, el cambio se realizara de manera abrupta y destructiva.

    Empero y a pesar de todo esto, para elaborar como podríamos obtener este justo equilibrio entre la parte espiritual e instintiva de nuestra naturaleza especial humana, y como será el nuevo tipo de vida, logrando este objetivo no será inútil, ya que aprendiendo de este destructivo fin de nuestras civilizaciones, los supervivientes estarán dispuesto de aceptar esta justa y necesitada “filosofía del mundo y de la vida”, con lo que se abrirá una renovada y nueva cultura para las nuevas generaciones.

    Madrid 11 de Junio de 2012
    Francisco Z. Lantos
    Doctor Arquitecto

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