30 de octubre 2012    /   BUSINESS
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40 años para un pasatiempo

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Su propio nombre lo indica: pasatiempo. Según la Real Academia: “Diversión y entretenimiento en que se pasa el rato”. ‘Y tanto…’, pensará Ramón R. Medina. Él lleva casi 40 años en ello.

El fundador de Pasatiempos Sirio, una de las casas españolas con más solera en el difícil arte de crear sopas de letras, sudokus y demás entretenimientos de boli y tarde libre, ha trabajado y visto progresar el negocio desde “la máquina de escribir, el rotring y el letraset (el antiguo calco del que se obtenían las tipografías)”, hasta la producción de autodefinidos a golpe de click.

La respuesta a la evolución de su trabajo y modus vivendi estaba escrita en vertical: Su padre, él, sus hijos… Hasta cinco miembros de su familia le ayudan hoy a seguir amenizando con incógnitos cuadraditos en blanco algunos de los medios nacionales más ilustres. El apellido es la empresa. La suya: una familia en pro de rellenar nuestros huecos libres.

Los inicios de la dedicación fueron más bien circunstanciales. “Empecé en 1975 por una casualidad del destino”, cuenta Ramón Medina, “conocí a una persona que se dedicaba a ello [Pedro Ocón de Oro] y comencé a colaborar con él a tiempo parcial como un complemento de mi trabajo”.

Pero al parecer, esto de los pasatiempos no solo pica cuando tienes que resolverlos, sino también cuando eres el que los propone. En 1988 Medina se convenció de que en esto de entrecruzar palabras era bueno. Se independizó. En esa fecha, creó Pasatiempos Sirio, la revista ‘El Comecocos’ y se puso a colaborar para diferentes medios de todo tipo: diarios, revistas, agencias de publicidad, televisión… Casi no había tomado la alternativa cuando ya era toda una eminencia en eso de ponerle retos al lector distendido.

El tiempo estimado para hacer uno de estos acertijos literarios “depende de las circunstancias”, las definiciones son lo último que se escribe, el Damero es “el pasatiempo más complejo de hacer y resolver” y hacen falta dos herramientas indispensables para elaborar un buen juego: “un buen diccionario, y este jeroglífico cifrado: U / Respuesta: Uso la mente. (U solamente)”. Esa es la doctrina con la que Medina instruyó a todos los suyos para hacer de su habilidad un próspero negocio familiar.

“Desde niña he visto a mi padre trabajar en casa; al principio le ayudaba mi abuelo pasando textos a máquina; después, mis hermanos y yo, según íbamos creciendo”, explica Bárbara Rodríguez, hija del maestro y una de los actuales cinco Rodríguez que trabajan en la compañía. En su infancia, el local de trabajo era su propio domicilio. Hoy, la empresa se ha sectorializado a medida que los hijos se han ido emancipando. Ahora sus hogares también son sucursales de la fábrica de incógnitas del padre.

De él aprendieron que lo “fundamental” de este arte en “saber cruzar palabras”. “Básicamente se trata de elegir una para el 1.horizontal; después se continúa con el 1.vertical; 2.horizontal, 2. Vertical, etc. buscando palabras que encajen con las letras que ya hay colocadas”, explica Bárbara. Desde la profesionalidad de la actividad, detalla que “cuando no se encuentra la palabra que encaje, se pone un cuadro negro”, por eso a los Rodríguez les hace falta simplemente fijarse en los oscuros cuadriculados para identificar cuando están ante un crucigrama con “menos pericia”.

Hay rúbrica de la casa: “En Pasatiempos Sirio no ponemos palabras de derecha a izquierda o de abajo a arriba, pues el castellano no se escribe así”, puntualiza la heredera acerca de la depurada técnica familiar.

Ellos no entienden su actividad solo como una forma de pasar el tiempo de ocio, sino también como “una manera lúdica de conocer mejor nuestro idioma, incorporar palabras a nuestro lenguaje cotidiano, enseñar vocabulario y ortografía a los niños y ayudar a la gente mayor a mantener la mente activa”, dice la trabajadora.

Ahí se mantiene el currículum de una empresa que ha numerado sus enigmas durante décadas en las páginas de publicaciones como El Mundo , As, 10 Minutos, Teleprograma, Basket 16…, y hasta en el mítico programa televisivo Hola Raffaela.

Los Rodrígez son de la corriente optimista. Confían en que la crisis del papel no pueda con su historia de esfuerzo. “Yo creo que mucha gente prefiere el papel”, opina Bárbara, “pero es verdad que el desarrollo de las nuevas tecnologías hace que tengamos que adaptarnos, y en ello estamos. De momento hemos desarrollado los crucigramas para PC en nuestra página web, y hay que seguir avanzando”.

Como también hay modas en esto, la experta hace su análisis sobre la tendencia del sudoku, la intemporal devoción por el crucigrama y la capa caída que vive el sector del jeroglífico. Ella entiende de esto. Todo es cuestión de saber cruzar palabras.

 

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Su propio nombre lo indica: pasatiempo. Según la Real Academia: “Diversión y entretenimiento en que se pasa el rato”. ‘Y tanto…’, pensará Ramón R. Medina. Él lleva casi 40 años en ello.

El fundador de Pasatiempos Sirio, una de las casas españolas con más solera en el difícil arte de crear sopas de letras, sudokus y demás entretenimientos de boli y tarde libre, ha trabajado y visto progresar el negocio desde “la máquina de escribir, el rotring y el letraset (el antiguo calco del que se obtenían las tipografías)”, hasta la producción de autodefinidos a golpe de click.

La respuesta a la evolución de su trabajo y modus vivendi estaba escrita en vertical: Su padre, él, sus hijos… Hasta cinco miembros de su familia le ayudan hoy a seguir amenizando con incógnitos cuadraditos en blanco algunos de los medios nacionales más ilustres. El apellido es la empresa. La suya: una familia en pro de rellenar nuestros huecos libres.

Los inicios de la dedicación fueron más bien circunstanciales. “Empecé en 1975 por una casualidad del destino”, cuenta Ramón Medina, “conocí a una persona que se dedicaba a ello [Pedro Ocón de Oro] y comencé a colaborar con él a tiempo parcial como un complemento de mi trabajo”.

Pero al parecer, esto de los pasatiempos no solo pica cuando tienes que resolverlos, sino también cuando eres el que los propone. En 1988 Medina se convenció de que en esto de entrecruzar palabras era bueno. Se independizó. En esa fecha, creó Pasatiempos Sirio, la revista ‘El Comecocos’ y se puso a colaborar para diferentes medios de todo tipo: diarios, revistas, agencias de publicidad, televisión… Casi no había tomado la alternativa cuando ya era toda una eminencia en eso de ponerle retos al lector distendido.

El tiempo estimado para hacer uno de estos acertijos literarios “depende de las circunstancias”, las definiciones son lo último que se escribe, el Damero es “el pasatiempo más complejo de hacer y resolver” y hacen falta dos herramientas indispensables para elaborar un buen juego: “un buen diccionario, y este jeroglífico cifrado: U / Respuesta: Uso la mente. (U solamente)”. Esa es la doctrina con la que Medina instruyó a todos los suyos para hacer de su habilidad un próspero negocio familiar.

“Desde niña he visto a mi padre trabajar en casa; al principio le ayudaba mi abuelo pasando textos a máquina; después, mis hermanos y yo, según íbamos creciendo”, explica Bárbara Rodríguez, hija del maestro y una de los actuales cinco Rodríguez que trabajan en la compañía. En su infancia, el local de trabajo era su propio domicilio. Hoy, la empresa se ha sectorializado a medida que los hijos se han ido emancipando. Ahora sus hogares también son sucursales de la fábrica de incógnitas del padre.

De él aprendieron que lo “fundamental” de este arte en “saber cruzar palabras”. “Básicamente se trata de elegir una para el 1.horizontal; después se continúa con el 1.vertical; 2.horizontal, 2. Vertical, etc. buscando palabras que encajen con las letras que ya hay colocadas”, explica Bárbara. Desde la profesionalidad de la actividad, detalla que “cuando no se encuentra la palabra que encaje, se pone un cuadro negro”, por eso a los Rodríguez les hace falta simplemente fijarse en los oscuros cuadriculados para identificar cuando están ante un crucigrama con “menos pericia”.

Hay rúbrica de la casa: “En Pasatiempos Sirio no ponemos palabras de derecha a izquierda o de abajo a arriba, pues el castellano no se escribe así”, puntualiza la heredera acerca de la depurada técnica familiar.

Ellos no entienden su actividad solo como una forma de pasar el tiempo de ocio, sino también como “una manera lúdica de conocer mejor nuestro idioma, incorporar palabras a nuestro lenguaje cotidiano, enseñar vocabulario y ortografía a los niños y ayudar a la gente mayor a mantener la mente activa”, dice la trabajadora.

Ahí se mantiene el currículum de una empresa que ha numerado sus enigmas durante décadas en las páginas de publicaciones como El Mundo , As, 10 Minutos, Teleprograma, Basket 16…, y hasta en el mítico programa televisivo Hola Raffaela.

Los Rodrígez son de la corriente optimista. Confían en que la crisis del papel no pueda con su historia de esfuerzo. “Yo creo que mucha gente prefiere el papel”, opina Bárbara, “pero es verdad que el desarrollo de las nuevas tecnologías hace que tengamos que adaptarnos, y en ello estamos. De momento hemos desarrollado los crucigramas para PC en nuestra página web, y hay que seguir avanzando”.

Como también hay modas en esto, la experta hace su análisis sobre la tendencia del sudoku, la intemporal devoción por el crucigrama y la capa caída que vive el sector del jeroglífico. Ella entiende de esto. Todo es cuestión de saber cruzar palabras.

 

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