22 de enero 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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6 ‘revivals’ musicales que ya están aquí (aunque tú no lo sepas)

22 de enero 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Es la lección que todo fan de la música pop aprende, dolorosamente, cuando se hace mayor: salvo en casos de precariedad extrema o vergüenza irremediable, vender esos discos viejos no es una buena idea. Eso incluye los que heredaste de aquel pariente que se las daba de enrollado, o que adquiriste con toda tu ilusión en años de locura hormonal y que ahora solo te producen sonrojo. Parece una locura, pero haznos caso y guárdalos para más adelante. Nos lo agradecerás.

Evidentemente, conservar ciertas cosas en la estantería puede ser duro. Por eso tienes que esconderlas a toda prisa cuando vienen visitas a casa (más bien, estando las cosas como están, a tu cuarto en el domicilio paterno) o, cuando reparen en ellos tus ligues (si los hay), te mirarán de esa forma reservada a quienes se dejan los calcetines puestos durante el himeneo. Pero la mano del revival es muy larga, y su costumbre de poner en valor materiales de desecho abarca cosas que el oyente medio no puede ni sospechar.

Sin ir más lejos, todos los nombres que incluimos aquí están siendo objeto de una recuperación acelerada, algunos desde hace ya años. Por ello, sus grabaciones pueden pasar de ser objetos innombrables a puentes para el Valhalla de la molonez. ¿Recuerdas cómo el neorrockismo del cambio de milenio rehabilitó a Led Zeppelin de golpe y porrazo tras décadas de sufrir el sambenito de “dinosaurios”? ¿O el día en el que el rock progresivo pasó de oler a coliflor a ser un referente respetable? Pues esto viene a ser casi lo mismo: toma buena nota de sus nombres y aprovecha la ola, antes de que el cambio natural de las tendencias devuelva a estos grupos, solistas y estilos a su condición de apestados.

Fleetwood Mac

 

El reciente cameo de Stevie Nicks en American Horror Story: Coven ha sido el último paso en un proceso de rehabilitación mucho más largo de lo que parece. Los reyes del rock suavecito para emisoras de FM son ahora un referente, con lo que ha llegado el momento de aprenderse (o recordar) las letras de Dreams Little Lies, aclamar su doble álbum Tusk como una obra maestra incomprendida y lamentar que no te llegase el presupuesto para acudir a esa gira de reunión que prescindió de pasar por España.

Todo ello, preferiblemente mientras suena ese disco de tributo ( Just Tell Me That You Want Me, 2012) en el que participaron Lykke Li, Tame Impala, Will Oldham y el dúo de Lee Ranaldo y J Mascis, entre otros.

Si los Eagles, otro grupo en coordenadas muy similares, siguen sin atraerse loas parecidas, sospechamos que se debe a que son mucho menos aptos para su proclamación como iconos gay. Aunque, quién sabe: lo mismo, gracias a los bigotes de Don Henley, en breve los árbitros de la elegancia van por ahí entonando el estribillo de New Kid In Town. El cual, por otra parte, es bien bonito.

Giorgio Moroder

A estas alturas, tras al menos tres décadas de house y techno, negar el magisterio del productor discotequero por antonomasia sería cosa de estultos. Pero ojo, porque aquí está en juego algo más que un mero namedropping: este italo-tirolés, ganador de tres Óscar por lo demás, figuró en la nómina de invitados del Random Access Memories de Daft Punk y prepara un nuevo álbum en solitario, así que es hora de dejar atrás sus socorridos trabajos junto a Donna Summer y profundizar en una discografía donde, entre otras perlas, hallamos una versión del Noches de blanco satén cuyos 15 minutos de duración rebosan de lujo lascivo y poderío funky.

Eso por no hablar de otros discos memorables a su nombre ( From Here To Eternity, 1977), bandas sonoras ( El expreso de medianoche, El precio del poder, American Gigoló o la inmarcesible Flashdance) y trabajos tras la mesa de mezclas para los Sparks, Japan o Sigue Sigue Sputnik. Lo único que lamentamos es que, con los años, Giorgio le haya dicho adiós a su pelo permanentado: el bigotón, por fortuna, sigue ahí.

El italodisco

¿Sorprendido? Pues no deberías: la reivindicación de los sonidos bailables del país de la bota es una magna obra de tiempo cuyos orígenes se remontan, al menos, al cambio de milenio, con las labores del sello Italians Do It Better y del colectivo francés Valerie en funciones fundacionales, y la banda sonora de Drive como punto álgido del revival.

De modo que si eres de los que tararean aún lo de “A real hero, a real human being” mientras sueñan con la chupa de Ryan Gosling (o con el propio, todo él), abalánzate sobre los productos de estas etiquetas y de otras como Rosso Corsa ( Miami Nights 1984, Lost Years, Lazerhawk). Eso sin desdeñar, por supuesto, a los clásicos del género, tales que el excelso People from Ibiza de Sandy Marton, que inspiran a productores españoles como Nightcrawler y Barcelona 82. Si ya te sabes de memoria el recopilatorio Out Run Europa y aspiras a romper el termómetro de lo cool, usa este descubrimiento como puente a la escena afro-cosmic, corriente de baile underground e italiana que arrasó en su propia patria durante los 80, y cuyos maestros (Gabrielle Baldelli, DJ Mozart) han ganado ya adeptos y paladines.

El cutredisco español

Como preámbulo a este apartado, es de ley señalar que un maestro del synth pop patrio como Tino Casal goza de altísimas puntuaciones en una web tan indie como La Fonoteca, pese a que en su día (y en décadas posteriores) los popes del buen gusto le llamaron de todo menos bonito. Nada que objetar, porque tanto NeoCasal (1981) como Etiqueta negra (1983) siguen siendo dos discazos como otros tantos sombreros de picador. Pero desde aquel día de 2007 en el que Diplo pinchó Fotonovela (Iván, 1984) en el Weekend Dance, esos sonidos que agitaron a la generación posnaranjito han experimentado un empuje vertical hacia arriba.

En los recopilatorios Espanish Boogie y las sesiones Desparrame, Kigo (“¡Tu DJ amigo!”) te hará conocer las delicias del Sonido Sabadell (nuestro particular boom del dance ochentero) mientras desentierra gemas con la voz de Christina Rosenvinge (el proyecto Magia Blanca), Luz Casal, Xoxonees (el grupo rapero de la cineasta Chus Gutiérrez) o el mismísimo Fernandisco. Y mucho ojo, porque está al caer el regreso de los sonidos de Valencia, aquel fenómeno pop que, por culpa de Arturo Pérez-Reverte y Nieves Herrero, pasó a la historia como “la ruta del Bakalao

Mecano

Han sido muchos años, desde luego: una larga temporada en la que las referencias al grupo más vendedor de la España de los 80 se limitaban a las acrobacias tecladísticas (y politóxicas) de Nacho Cano, a las desventuras de Ana Torroja en la ingeniería fiscal (y nasal) o al malhadado momento en el que a José María Cano le dio por componer una ópera. Pero si la edición de Mecano 82 (Lengua de Trapo, 2012), el libro en el que Grace Morales analiza y contextualiza el debut del trío, no ha supuesto un punto de inflexión en su acogida por parte de la peña más exquisita, que vengan los héroes de la Antártida y lo vean.

El hecho de que Javiera Mena, Fran Nixon o Linda Mirada confiesen su admiración por los autores de Hoy no me puedo levantar (la canción, ojo, no el musical) se debe tanto a los ciclos naturales de la nostalgia como a la gran cantidad de temazos primorosos diseminados a lo largo de su discografía. Si no tienes la suerte de haber escuchado El amante de fuego, dale un tiento y apostamos a que tu percepción de Mecano cambiará para siempre.

El britpop

Resulta inesperado, vertiginoso casi, pero es lo que hay: primero fue la recuperación del shoegaze, inesperado movimiento tectónico del que no se libraron ni las nuevas voces del hip hop (ahí tenemos a Lil’ B, sampleando a los Slowdive como base de uno de sus temas) y que nos permitió recuperar todos aquellos álbumes de Chapterhouse, Band of Susans, Ride y, en general, todos aquellos grupos que no eran My Bloody Valentine. Pero es que acabamos de encontrar este exhaustivo repaso a la producción discográfica del Reino Unido entre 1995 y 1998, aquellos años en los que parecía que Tony Blair iba a salvar el mundo.

Repaso que, además, ha sido publicado en una web estadounidense. Vale, todos sabemos que Pulp siguen siendo inmensos y que Blur eran muy grandes, pero reencontrarnos con nombres tales como Echobelly, Kenickie, Elastica o incluso Suede puede provocar reacciones oscilantes entre el “mira tú, si en el fondo no estaban mal” y la huida despendolada. ¿Volverán los polos Fred Perry a ser tendencia? ¿Recordará el mundo que un día existieron Shed Seven, Rialto, Cast o incluso Menswe@r? Vete tú a saber. Aunque, a estas alturas, nosotros nos lo creemos casi todo.

Este texto fue publicado originalmente en El Diario.es.

Es la lección que todo fan de la música pop aprende, dolorosamente, cuando se hace mayor: salvo en casos de precariedad extrema o vergüenza irremediable, vender esos discos viejos no es una buena idea. Eso incluye los que heredaste de aquel pariente que se las daba de enrollado, o que adquiriste con toda tu ilusión en años de locura hormonal y que ahora solo te producen sonrojo. Parece una locura, pero haznos caso y guárdalos para más adelante. Nos lo agradecerás.

Evidentemente, conservar ciertas cosas en la estantería puede ser duro. Por eso tienes que esconderlas a toda prisa cuando vienen visitas a casa (más bien, estando las cosas como están, a tu cuarto en el domicilio paterno) o, cuando reparen en ellos tus ligues (si los hay), te mirarán de esa forma reservada a quienes se dejan los calcetines puestos durante el himeneo. Pero la mano del revival es muy larga, y su costumbre de poner en valor materiales de desecho abarca cosas que el oyente medio no puede ni sospechar.

Sin ir más lejos, todos los nombres que incluimos aquí están siendo objeto de una recuperación acelerada, algunos desde hace ya años. Por ello, sus grabaciones pueden pasar de ser objetos innombrables a puentes para el Valhalla de la molonez. ¿Recuerdas cómo el neorrockismo del cambio de milenio rehabilitó a Led Zeppelin de golpe y porrazo tras décadas de sufrir el sambenito de “dinosaurios”? ¿O el día en el que el rock progresivo pasó de oler a coliflor a ser un referente respetable? Pues esto viene a ser casi lo mismo: toma buena nota de sus nombres y aprovecha la ola, antes de que el cambio natural de las tendencias devuelva a estos grupos, solistas y estilos a su condición de apestados.

Fleetwood Mac

 

El reciente cameo de Stevie Nicks en American Horror Story: Coven ha sido el último paso en un proceso de rehabilitación mucho más largo de lo que parece. Los reyes del rock suavecito para emisoras de FM son ahora un referente, con lo que ha llegado el momento de aprenderse (o recordar) las letras de Dreams Little Lies, aclamar su doble álbum Tusk como una obra maestra incomprendida y lamentar que no te llegase el presupuesto para acudir a esa gira de reunión que prescindió de pasar por España.

Todo ello, preferiblemente mientras suena ese disco de tributo ( Just Tell Me That You Want Me, 2012) en el que participaron Lykke Li, Tame Impala, Will Oldham y el dúo de Lee Ranaldo y J Mascis, entre otros.

Si los Eagles, otro grupo en coordenadas muy similares, siguen sin atraerse loas parecidas, sospechamos que se debe a que son mucho menos aptos para su proclamación como iconos gay. Aunque, quién sabe: lo mismo, gracias a los bigotes de Don Henley, en breve los árbitros de la elegancia van por ahí entonando el estribillo de New Kid In Town. El cual, por otra parte, es bien bonito.

Giorgio Moroder

A estas alturas, tras al menos tres décadas de house y techno, negar el magisterio del productor discotequero por antonomasia sería cosa de estultos. Pero ojo, porque aquí está en juego algo más que un mero namedropping: este italo-tirolés, ganador de tres Óscar por lo demás, figuró en la nómina de invitados del Random Access Memories de Daft Punk y prepara un nuevo álbum en solitario, así que es hora de dejar atrás sus socorridos trabajos junto a Donna Summer y profundizar en una discografía donde, entre otras perlas, hallamos una versión del Noches de blanco satén cuyos 15 minutos de duración rebosan de lujo lascivo y poderío funky.

Eso por no hablar de otros discos memorables a su nombre ( From Here To Eternity, 1977), bandas sonoras ( El expreso de medianoche, El precio del poder, American Gigoló o la inmarcesible Flashdance) y trabajos tras la mesa de mezclas para los Sparks, Japan o Sigue Sigue Sputnik. Lo único que lamentamos es que, con los años, Giorgio le haya dicho adiós a su pelo permanentado: el bigotón, por fortuna, sigue ahí.

El italodisco

¿Sorprendido? Pues no deberías: la reivindicación de los sonidos bailables del país de la bota es una magna obra de tiempo cuyos orígenes se remontan, al menos, al cambio de milenio, con las labores del sello Italians Do It Better y del colectivo francés Valerie en funciones fundacionales, y la banda sonora de Drive como punto álgido del revival.

De modo que si eres de los que tararean aún lo de “A real hero, a real human being” mientras sueñan con la chupa de Ryan Gosling (o con el propio, todo él), abalánzate sobre los productos de estas etiquetas y de otras como Rosso Corsa ( Miami Nights 1984, Lost Years, Lazerhawk). Eso sin desdeñar, por supuesto, a los clásicos del género, tales que el excelso People from Ibiza de Sandy Marton, que inspiran a productores españoles como Nightcrawler y Barcelona 82. Si ya te sabes de memoria el recopilatorio Out Run Europa y aspiras a romper el termómetro de lo cool, usa este descubrimiento como puente a la escena afro-cosmic, corriente de baile underground e italiana que arrasó en su propia patria durante los 80, y cuyos maestros (Gabrielle Baldelli, DJ Mozart) han ganado ya adeptos y paladines.

El cutredisco español

Como preámbulo a este apartado, es de ley señalar que un maestro del synth pop patrio como Tino Casal goza de altísimas puntuaciones en una web tan indie como La Fonoteca, pese a que en su día (y en décadas posteriores) los popes del buen gusto le llamaron de todo menos bonito. Nada que objetar, porque tanto NeoCasal (1981) como Etiqueta negra (1983) siguen siendo dos discazos como otros tantos sombreros de picador. Pero desde aquel día de 2007 en el que Diplo pinchó Fotonovela (Iván, 1984) en el Weekend Dance, esos sonidos que agitaron a la generación posnaranjito han experimentado un empuje vertical hacia arriba.

En los recopilatorios Espanish Boogie y las sesiones Desparrame, Kigo (“¡Tu DJ amigo!”) te hará conocer las delicias del Sonido Sabadell (nuestro particular boom del dance ochentero) mientras desentierra gemas con la voz de Christina Rosenvinge (el proyecto Magia Blanca), Luz Casal, Xoxonees (el grupo rapero de la cineasta Chus Gutiérrez) o el mismísimo Fernandisco. Y mucho ojo, porque está al caer el regreso de los sonidos de Valencia, aquel fenómeno pop que, por culpa de Arturo Pérez-Reverte y Nieves Herrero, pasó a la historia como “la ruta del Bakalao

Mecano

Han sido muchos años, desde luego: una larga temporada en la que las referencias al grupo más vendedor de la España de los 80 se limitaban a las acrobacias tecladísticas (y politóxicas) de Nacho Cano, a las desventuras de Ana Torroja en la ingeniería fiscal (y nasal) o al malhadado momento en el que a José María Cano le dio por componer una ópera. Pero si la edición de Mecano 82 (Lengua de Trapo, 2012), el libro en el que Grace Morales analiza y contextualiza el debut del trío, no ha supuesto un punto de inflexión en su acogida por parte de la peña más exquisita, que vengan los héroes de la Antártida y lo vean.

El hecho de que Javiera Mena, Fran Nixon o Linda Mirada confiesen su admiración por los autores de Hoy no me puedo levantar (la canción, ojo, no el musical) se debe tanto a los ciclos naturales de la nostalgia como a la gran cantidad de temazos primorosos diseminados a lo largo de su discografía. Si no tienes la suerte de haber escuchado El amante de fuego, dale un tiento y apostamos a que tu percepción de Mecano cambiará para siempre.

El britpop

Resulta inesperado, vertiginoso casi, pero es lo que hay: primero fue la recuperación del shoegaze, inesperado movimiento tectónico del que no se libraron ni las nuevas voces del hip hop (ahí tenemos a Lil’ B, sampleando a los Slowdive como base de uno de sus temas) y que nos permitió recuperar todos aquellos álbumes de Chapterhouse, Band of Susans, Ride y, en general, todos aquellos grupos que no eran My Bloody Valentine. Pero es que acabamos de encontrar este exhaustivo repaso a la producción discográfica del Reino Unido entre 1995 y 1998, aquellos años en los que parecía que Tony Blair iba a salvar el mundo.

Repaso que, además, ha sido publicado en una web estadounidense. Vale, todos sabemos que Pulp siguen siendo inmensos y que Blur eran muy grandes, pero reencontrarnos con nombres tales como Echobelly, Kenickie, Elastica o incluso Suede puede provocar reacciones oscilantes entre el “mira tú, si en el fondo no estaban mal” y la huida despendolada. ¿Volverán los polos Fred Perry a ser tendencia? ¿Recordará el mundo que un día existieron Shed Seven, Rialto, Cast o incluso Menswe@r? Vete tú a saber. Aunque, a estas alturas, nosotros nos lo creemos casi todo.

Este texto fue publicado originalmente en El Diario.es.

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Opiniones 7
    • Pues a mí me encanta tanto Fleetwood Mac como el Italo Disco, y además creo que van de la mano con el uso de synths en canciones de un gran disco como «Tango In The Night».

  • Una noticia olvidable! Y esconder los discos viejos debería ser estudiado tanto como el cotilleo por parte de invitados, de los cajoncitos del armario del baño.

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