27 de junio 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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«7 and 7 is»: un himno para los que se sienten atrapados en un mundo que no comprenden

27 de junio 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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¿7 y 7 son? Pregunta sencilla inmersa en un universo sumamente complejo. El de uno de los grandes talentos de la música de los 60, y también uno de los más infravalorados. Nos referimos a Arthur Lee, líder de Love.

Arthur, nacido en Memphis en 1945, llegó con su madre divorciada al extrarradio de Los Ángeles cuando tenía cinco años. Fue un estudiante desastroso, tachado de inepto, pero era un as de los deportes. En la calle también se movía bien. No esquivaba una pelea y sería conocido como el tipo más duro del barrio. Con la música no se le pudo achacar falta de perseverancia. Caminaba seis horas desde su casa hasta el barrio de las discográficas para llevarles sus maquetas, y después otras seis horas de vuelta. Al día siguiente volvía para insistir.

Por fin, en 1963, graba su primer single con The Lag’s. Hubo más proyectos y canciones suyas grabadas por otros, pero el inicio de la leyenda arranca en el 65, cuando funda el grupo Love.

Love se separarán en 1968, pero en su breve trayectoria dejaron varios hitos musicales. Fueron una de las primeras formaciones interraciales en EEUU. Su sonido despegó con los Stones o los Byrds, para ir impregnándose de blues, jazz, flamenco o pop orquestado, hasta crear una inconfundible marca de la casa.

Su música fue fundamental para configurar el sonido Costa Oeste; el sonido angelino, menos jipi que el de San Francisco. Un amalgama de folk y psicodelia, de guitarras que arrastraban el reverb del surf, de atmósferas evocadoras y sabores fronterizos, una magia que tocó el cielo con el disco Forever changes y que sigue hechizando a día de hoy a bandas como Allah-Las.

Fueron muy admirados por los Doors, aunque con su primer álbum Morrison y compañía los adelantaron por la derecha. Tenían un directo incandescente y, sobretodo, tenían a Arthur, uno de los cantantes más carismáticos que podías encontrar en la California de los 60. Pero a pesar de todo eso nunca alcanzaron el gran éxito y por ello, seguramente, sean también una de las primeras bandas de culto.

7 and 7 is fue su único éxito en listas. Llegó al 33 en el Billboard. El título tenía que ver con la novia de Arthur, Anita Billings, con quien compartía fecha de cumpleaños, el 7 de marzo. Pero la letra era un alegato de frustración adolescente. Hay referencias a la soledad de la habitación, a no encontrar tu camino, a estar atrapado en un mundo que no comprendes. El cono de helado es una metáfora del capirote de mal estudiante, y el perro hipnotizado era Flash, el chucho de Arthur, que tenía siempre un brillo misterioso en los ojos.

El single se editó en el verano del 66 y rompió los moldes establecidos. La guitarra de Johnny Echols era hipnótica y el bajo de Ken Forssi (músico proveniente de The Surfaris) traía la furia de las olas. Pero el maremoto lo producía esa rabiosa batería desbocada. Snoopy Pfisterer necesito más de 30 tomas para poder hacerla del tirón. Le sangraron las manos, pero lo consiguió. Y al final ese efecto de explosión, para acabar, tras la tempestad, con un suave ritmo de blues.

Arthur era un tipo magnético, pero al mismo tiempo sumamente complicado. Tenía magia, atraía a la gente, pero también era un gran controlador y eso dificultaba el permanecer a su lado. Perdía su seguridad si se movía en terrenos que no eran el suyo, por eso no quería salir de gira o acudir a programas de televisión. Arthur era un creador. Y su poder creativo se alimentaba de los que le rodeaban. Bryan MacLean fue el otro gran compositor del grupo, pero ninguno de los dos fue tan bueno en solitario como lo fueron cuando estaban juntos.

Una vez rota la formación iniciática, Arthur continuó su carrera, lastrada por asuntos de drogas, armas, cárcel… y sin llegar a brillar como lo hizo en aquellos años. En cierta manera fue una estrella fugaz, aunque la estela que dejó permanece imborrable.

¿7 y 7 son? Pregunta sencilla inmersa en un universo sumamente complejo. El de uno de los grandes talentos de la música de los 60, y también uno de los más infravalorados. Nos referimos a Arthur Lee, líder de Love.

Arthur, nacido en Memphis en 1945, llegó con su madre divorciada al extrarradio de Los Ángeles cuando tenía cinco años. Fue un estudiante desastroso, tachado de inepto, pero era un as de los deportes. En la calle también se movía bien. No esquivaba una pelea y sería conocido como el tipo más duro del barrio. Con la música no se le pudo achacar falta de perseverancia. Caminaba seis horas desde su casa hasta el barrio de las discográficas para llevarles sus maquetas, y después otras seis horas de vuelta. Al día siguiente volvía para insistir.

Por fin, en 1963, graba su primer single con The Lag’s. Hubo más proyectos y canciones suyas grabadas por otros, pero el inicio de la leyenda arranca en el 65, cuando funda el grupo Love.

Love se separarán en 1968, pero en su breve trayectoria dejaron varios hitos musicales. Fueron una de las primeras formaciones interraciales en EEUU. Su sonido despegó con los Stones o los Byrds, para ir impregnándose de blues, jazz, flamenco o pop orquestado, hasta crear una inconfundible marca de la casa.

Su música fue fundamental para configurar el sonido Costa Oeste; el sonido angelino, menos jipi que el de San Francisco. Un amalgama de folk y psicodelia, de guitarras que arrastraban el reverb del surf, de atmósferas evocadoras y sabores fronterizos, una magia que tocó el cielo con el disco Forever changes y que sigue hechizando a día de hoy a bandas como Allah-Las.

Fueron muy admirados por los Doors, aunque con su primer álbum Morrison y compañía los adelantaron por la derecha. Tenían un directo incandescente y, sobretodo, tenían a Arthur, uno de los cantantes más carismáticos que podías encontrar en la California de los 60. Pero a pesar de todo eso nunca alcanzaron el gran éxito y por ello, seguramente, sean también una de las primeras bandas de culto.

7 and 7 is fue su único éxito en listas. Llegó al 33 en el Billboard. El título tenía que ver con la novia de Arthur, Anita Billings, con quien compartía fecha de cumpleaños, el 7 de marzo. Pero la letra era un alegato de frustración adolescente. Hay referencias a la soledad de la habitación, a no encontrar tu camino, a estar atrapado en un mundo que no comprendes. El cono de helado es una metáfora del capirote de mal estudiante, y el perro hipnotizado era Flash, el chucho de Arthur, que tenía siempre un brillo misterioso en los ojos.

El single se editó en el verano del 66 y rompió los moldes establecidos. La guitarra de Johnny Echols era hipnótica y el bajo de Ken Forssi (músico proveniente de The Surfaris) traía la furia de las olas. Pero el maremoto lo producía esa rabiosa batería desbocada. Snoopy Pfisterer necesito más de 30 tomas para poder hacerla del tirón. Le sangraron las manos, pero lo consiguió. Y al final ese efecto de explosión, para acabar, tras la tempestad, con un suave ritmo de blues.

Arthur era un tipo magnético, pero al mismo tiempo sumamente complicado. Tenía magia, atraía a la gente, pero también era un gran controlador y eso dificultaba el permanecer a su lado. Perdía su seguridad si se movía en terrenos que no eran el suyo, por eso no quería salir de gira o acudir a programas de televisión. Arthur era un creador. Y su poder creativo se alimentaba de los que le rodeaban. Bryan MacLean fue el otro gran compositor del grupo, pero ninguno de los dos fue tan bueno en solitario como lo fueron cuando estaban juntos.

Una vez rota la formación iniciática, Arthur continuó su carrera, lastrada por asuntos de drogas, armas, cárcel… y sin llegar a brillar como lo hizo en aquellos años. En cierta manera fue una estrella fugaz, aunque la estela que dejó permanece imborrable.

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