Hay algo que resulta, a la vez, fascinante e inquietante en la velocidad con la que los libros han pasado de ser objetos culturales a ser objetos de deseo, en el sentido más literal de la expresión. Y no hablamos solo de las tote bags de librerías independientes (el icónico bolso de tela de The Strand, célebre librería neoyorquina, ha sido reinterpretado por Bottega Veneta