Durante años, la felicidad parecía monopolio escandinavo. Finlandia, Dinamarca, Islandia o Suecia ocupaban sistemáticamente los primeros puestos de todos los rankings que intentaban responder a una pregunta tan compleja como universal: ¿qué hace feliz a una sociedad? Por eso resulta especialmente llamativo que un pequeño país centroamericano de apenas cinco millones de habitantes irrumpa hasta el cuarto puesto del World Happiness Report y se convierta