Madrid cambia de ritmo en primavera, pero no solo porque anochezca más tarde o porque las terrazas vuelvan a llenarse. Hay algo menos evidente y bastante más íntimo, el momento en que vuelves a oler. A abrir la ventana sin prisa, a reconocer un aroma antes de saber de dónde viene, a que un recuerdo aparezca sin haber sido invitado. La semana pasada, en una