Seguro que tú mismo has caído en esto. Alguien termina de contar una anécdota absolutamente surrealista sobre su familia, su trabajo o su último desastre sentimental y se escucha un «Tía, te lo juro, con esto podrían hacer una serie». Se ha convertido en la coletilla estrella de nuestra era. Pero aquí viene el gran problema: si mañana un guionista cogiera esa anécdota tuya tan