Los estudiantes chinos aprenden desde pequeños a gestionar el tiempo como un recurso estratégico. No se trata de estar más tiempo en el aula, sino de utilizar ventanas de práctica bien calibradas. Las escuelas suelen aplicar bloques de estudio intensivo (de 40 a 50 minutos) seguidos de pausas cortas (10 minutos), optimizando los ciclos de atención sostenida. Además, muchas escuelas utilizan el principio de práctica