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3 de diciembre 2018    /   BUSINESS
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¿A favor o en contra del orden?

3 de diciembre 2018    /   BUSINESS     por          
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Yorokobu es un servicio público y aquí estamos para ayudar. Por eso, si tu vida es un caos y tu casa es poco menos que la jungla de Jumanji, queremos aportar dos soluciones.

La primera llega de la mano de Margareta Magnusson, una afable abuelita sueca que quiere enseñar al mundo cómo debe ordenar sus cosas antes de morir sin que dé mal rollo ni al futuro fiambre ni a sus allegados.

La otra solución es idea de Tim Harford. Harford dice que si vives en el desorden, no te preocupes. Sigue así, que él trae una buena justificación para afirmar que ser un desastre es bueno para ti.

Ordenar antes de morir

Hay que tener la sesera muy en su sitio para dejarlo todo atado para cuando llegue la Parca con el tique de la cuenta.

Mientras que la mayor parte de personas se centran en lo evidente –«después del último suspiro no hay nada»–, otros tienen en cuenta que uno tiene que marcharse molestando lo menos posible.

Existe una curiosa palabra en sueco: dödstädning. Como explica Margareta Magnusson, combina las palabras  (muerte) y städning (orden) y, efectivamente, significa lo que aparenta: ordenar antes de espicharla y dar por saco lo menos posible a quienes te sobreviven, que ya hay que ser generoso.

Margareta Magnusson es artista y cuenta sus historias acerca del orden y la muerte en El arte sueco de ordenar antes de morir (Reservoir, 2018). Es experta en el tema pero no porque haya muerto muchas veces. Hasta donde yo sé, aún sigue en el mundo terrenal. Lo ha hecho en numerosas ocasiones para otros porque, como Jessica Fletcher, la gente va muriendo a su alrededor. Por lo tanto, ese orden no ha sido antes de morir sino, en la mayoría de casos, postmortem.

Margareta Magnusson, que es algo así como la Marie Kondo residente en Estocolmo, le quita todo el dramatismo a la actividad y a la propia muerte. Qué carajo, no hay nada más desagradable que vaciar armarios de muertos, ya sea por lo demoledor que es emocionalmente en la mayoría de casos o por el verdadero tostón que representa desahuciar a las polillas de sus sempiternas residencias.

No sé si tú te habrás planteado ordenar tu vida antes de partir, pero la sueca alucina con la gente que no es capaz de aceptar que morirá algún día. «¿Acaso se creen que son inmortales?», se cuestiona.

Más allá del orden, lo que la octogenaria artista de Gotemburgo define como importante es la habilidad de quitarse de encima lo que sobra en la mochila vital, que es casi todo, dicho sea de paso. El dödstädning es un sano ejercicio de desapego a la innecesaria acumulación de morralla. «Puede que hasta descubras, como ventaja añadida, la maravillosa sensación de visitar un vertedero y lanzar cosas inservibles lo más lejos que puedas».

Hay ventajas adicionales: tus hijos no se despellejarán por tus bienes y no tendrán que cargar con bultos inútiles hasta un trastero donde permanecerán impasibles durante otra generación.

Eso sí, nunca empieces por las fotos y las cartas. Según la artista sueca, «las fotografías tienen un peso emocional tan grande que entorpecerán tu trabajo». Magnusson insiste, además, en que se deben guardar solo los momentos felices.

En definitiva, el libro de Margareta Magnusson trata el orden y el ejercicio del desprendimiento material. Pero también esconde el noble esfuerzo por no cargar a quien te incinere con la adicional tortura de decidir si tus discos de Muse merecen fuego o apisonadora.

A la mierda el orden

En la trinchera contraria, hay alguien más anárquico, más divertido, menos sueco. Más desordenado. Más como tú, más como yo. Se trata de Tim Harford, un periodista económico que lanzó en español El poder del desorden (Conecta) en 2017.

La propuesta de Harford es menos escandinava, menos amable, menos sosegada pero, qué diablos, mucho más agradecida. El británico dice que el desorden aporta beneficios incuestionables a nuestras vidas. Y se apoya en las ciencias sociales, la neurología y la psicología para respaldar lo que todos pensamos: que es un desastre como la copa de un pino. Y como tú y como yo, no lo olvides.

Además de la lección del desorden, hay una enseñanza muy importante que debemos extraer del libro de Tim Harford: siempre hay una justificación intelectual a todas las conductas socialmente menos aceptadas. Tu reto en la vida es buscarlas para no pasar por un gañán sin modales ni método.

Otras cosas en Yorokobu…

https://www.yorokobu.es/manuel-puig-el-escrito-al-que-vargas-llosa-hizo-bullying/

https://www.yorokobu.es/eric-sadin-rebelarse-internet/

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El Piensódromo es una newsletter que enviamos cada viernes con unas cuantas sugerencias de lectura para el fin de semana. Organizamos esos enlaces en forma de historia para que la cosa quede más pintona. Si quieres recibir este email cada viernes, puedes darte de alta en este sencillo formulario.

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La primera llega de la mano de Margareta Magnusson, una afable abuelita sueca que quiere enseñar al mundo cómo debe ordenar sus cosas antes de morir sin que dé mal rollo ni al futuro fiambre ni a sus allegados.

La otra solución es idea de Tim Harford. Harford dice que si vives en el desorden, no te preocupes. Sigue así, que él trae una buena justificación para afirmar que ser un desastre es bueno para ti.

Ordenar antes de morir

Hay que tener la sesera muy en su sitio para dejarlo todo atado para cuando llegue la Parca con el tique de la cuenta.

Mientras que la mayor parte de personas se centran en lo evidente –«después del último suspiro no hay nada»–, otros tienen en cuenta que uno tiene que marcharse molestando lo menos posible.

Existe una curiosa palabra en sueco: dödstädning. Como explica Margareta Magnusson, combina las palabras  (muerte) y städning (orden) y, efectivamente, significa lo que aparenta: ordenar antes de espicharla y dar por saco lo menos posible a quienes te sobreviven, que ya hay que ser generoso.

Margareta Magnusson es artista y cuenta sus historias acerca del orden y la muerte en El arte sueco de ordenar antes de morir (Reservoir, 2018). Es experta en el tema pero no porque haya muerto muchas veces. Hasta donde yo sé, aún sigue en el mundo terrenal. Lo ha hecho en numerosas ocasiones para otros porque, como Jessica Fletcher, la gente va muriendo a su alrededor. Por lo tanto, ese orden no ha sido antes de morir sino, en la mayoría de casos, postmortem.

Margareta Magnusson, que es algo así como la Marie Kondo residente en Estocolmo, le quita todo el dramatismo a la actividad y a la propia muerte. Qué carajo, no hay nada más desagradable que vaciar armarios de muertos, ya sea por lo demoledor que es emocionalmente en la mayoría de casos o por el verdadero tostón que representa desahuciar a las polillas de sus sempiternas residencias.

No sé si tú te habrás planteado ordenar tu vida antes de partir, pero la sueca alucina con la gente que no es capaz de aceptar que morirá algún día. «¿Acaso se creen que son inmortales?», se cuestiona.

Más allá del orden, lo que la octogenaria artista de Gotemburgo define como importante es la habilidad de quitarse de encima lo que sobra en la mochila vital, que es casi todo, dicho sea de paso. El dödstädning es un sano ejercicio de desapego a la innecesaria acumulación de morralla. «Puede que hasta descubras, como ventaja añadida, la maravillosa sensación de visitar un vertedero y lanzar cosas inservibles lo más lejos que puedas».

Hay ventajas adicionales: tus hijos no se despellejarán por tus bienes y no tendrán que cargar con bultos inútiles hasta un trastero donde permanecerán impasibles durante otra generación.

Eso sí, nunca empieces por las fotos y las cartas. Según la artista sueca, «las fotografías tienen un peso emocional tan grande que entorpecerán tu trabajo». Magnusson insiste, además, en que se deben guardar solo los momentos felices.

En definitiva, el libro de Margareta Magnusson trata el orden y el ejercicio del desprendimiento material. Pero también esconde el noble esfuerzo por no cargar a quien te incinere con la adicional tortura de decidir si tus discos de Muse merecen fuego o apisonadora.

A la mierda el orden

En la trinchera contraria, hay alguien más anárquico, más divertido, menos sueco. Más desordenado. Más como tú, más como yo. Se trata de Tim Harford, un periodista económico que lanzó en español El poder del desorden (Conecta) en 2017.

La propuesta de Harford es menos escandinava, menos amable, menos sosegada pero, qué diablos, mucho más agradecida. El británico dice que el desorden aporta beneficios incuestionables a nuestras vidas. Y se apoya en las ciencias sociales, la neurología y la psicología para respaldar lo que todos pensamos: que es un desastre como la copa de un pino. Y como tú y como yo, no lo olvides.

Además de la lección del desorden, hay una enseñanza muy importante que debemos extraer del libro de Tim Harford: siempre hay una justificación intelectual a todas las conductas socialmente menos aceptadas. Tu reto en la vida es buscarlas para no pasar por un gañán sin modales ni método.

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Opiniones 1
  • Si no has visto La Teoría Sueca del Amor (disponible en Filmin), es muy recomendable. Combinado con la teoría de Magnusson, le hace a uno querer ser lo menos sueco posible, da mucho miedito.
    Yo digo que le den a los herederos. Que se lo curren. Aunque pa lo que van a heredar de mí, se van a cagar en todo, la verdad.

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