18 enero, 2019    /   CIENCIA
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A las mujeres les gusta tanto el riesgo (o incluso más) que a los hombres

18 enero, 2019    /   CIENCIA     por
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Solemos tener muy arraigado el estereotipo de un hombre enfangándose hasta las corvas y una mujer preocupándose de que quizá se le ha roto una uña. Este estereotipo, alimentado por el cine y la literatura, ha propiciado que demos por sentado que los hombres son más amantes del riesgo y la aventura y las mujeres, más precavidas y cautelosas. El hombre tirándose por un barranco en plan Indiana Jones y la mujer contemplándolo mientras le sobreviene un ligero vahído.

Sin embargo, esto no es así. En primer lugar, porque también tenemos una definición demasiado estrecha y estereotipada de lo que significa la palabra riesgo.

Testosterona

La idea de que el hombre es una criatura testosterónica es prácticamente incuestionable. Sin embargo, a pesar de los diferentes niveles hormonales que hallamos entre hombres y mujeres, estas hormonas no parecen ser tan decisivas a la hora de evaluar el comportamiento de ambos sexos. Y también deberíamos redefinir lo que significa correr riesgos, que a menudo ha sido conceptuado desde el punto de vista exclusivamente masculino.

Si analizamos la propensión de ambos sexos a llevar a cabo comportamientos de riesgo en una serie de dominios, como son beber alcohol, tener actividad sexual y conducir, los hombres tienden más a abrazar el peligro. Por eso son tan comunes los diálogos como este que sigue de la película The last boy scout (El último boy scout), protagonizada por Bruce Willis:

—Peligro es mi apellido —dice Jimmy Dix, interpretado por Damon Wayans.

—Y el mío, Cornelius. Pero como se lo digas a alguien te mato —replica Joe Hallenbeck, interpretado por Bruce Willis.

Las conclusiones mencionadas anteriormente se extraen de un metanálisis, es decir, un estudio de estudios. Es casi la verdad revelada. Y es, en efecto, así: los hombres son más de correr riesgos en esos dominios. No cabe discusión. Y menos de bar.

Pero caben algunos matices. El primero: que las diferencias entre hombres y mujeres, en la mitad de los dominios, eran insignificantes. El segundo: en el 20% de los dominios analizados, la mujer tendía más al riesgo.

Otra adenda: la edad es muy importante. Por ejemplo, entre los jóvenes de 18 a 21 años es más común ver a chicos admitiendo que consumen alcohol y drogas, así como que mantienen relaciones sexuales de riesgo; pero entre adultos, estas diferencias son menores.

Contexto

Es decir, que no solo depende de lo que definamos como riesgo, sino que también depende del contexto, la edad o el riesgo en particular que estemos analizando. Cordelia Fine, en su libro Testosterona Rex, hace hincapié en muchos de los riesgos que acometen las mujeres que no consideramos riesgos porque observamos ese ámbito de la realidad a través de las lentes masculinas:

¿Qué hay del asombrosamente peligroso deporte de la animación deportiva, o de galopar por un campo a lomos de un caballo, o del bingo? (…) A pesar de que las mujeres acometan riesgos de forma habitual, parecen pasar desapercibidos en la mayoría de estudios.

A la hora de correr riesgos sociales, por ejemplo, las mujeres parecen estar tan dispuestas como los hombres. Divorcios. Exponer opiniones controvertidas. Admitir que los gustos difieren de los comunes.

Es cierto que las mujeres prefieren no conducir motocicletas, hacer apuestas deportivas o realizar inversiones financieras, pero probablemente la causa no es tanto su aversión al riesgo como un conocimiento y una confianza en dichas áreas mucho menor: esas áreas están culturalmente más asociadas a los hombres.

De hecho, para confirmar esta idea, se puede echar mano a un reciente estudio realizado en Suecia, uno de los países más igualitarios del mundo en lo tocante a cuestiones sociales y de género. Tras analizar a 1.500 familias, el estudio sugiere que tanto hombres como mujeres suecos perciben los riesgos relacionados con el estilo de vida, el medioambiente, la tecnología, la salud y la sociedad de forma muy similar.

En otras palabras, tal y como resume otro estudio anterior, la percepción del riesgo depende de muchos factores, y no solo de si tenemos gónadas o no, o si corre por nuestras venas mayor o menor cantidad de testosterona. Los seres humanos estamos moldeados tanto por la biología como por la sociedad, y no sabemos cuál de los dos universos tiene mayor influencia (y ni siquiera si esa pregunta carece de sentido):

Tal vez los hombres blancos aprecien menos riesgos en el mundo porque ellos mismos crean, gestionan, controlan y se benefician de gran parte de él. Quizá las mujeres y los hombres no blancos perciban el mundo como un lugar más peligroso porque son más vulnerables en muchos sentidos, porque se benefician menos de muchas de sus tecnologías e instituciones, y porque poseen menos poder y control.

Solemos tener muy arraigado el estereotipo de un hombre enfangándose hasta las corvas y una mujer preocupándose de que quizá se le ha roto una uña. Este estereotipo, alimentado por el cine y la literatura, ha propiciado que demos por sentado que los hombres son más amantes del riesgo y la aventura y las mujeres, más precavidas y cautelosas. El hombre tirándose por un barranco en plan Indiana Jones y la mujer contemplándolo mientras le sobreviene un ligero vahído.

Sin embargo, esto no es así. En primer lugar, porque también tenemos una definición demasiado estrecha y estereotipada de lo que significa la palabra riesgo.

Testosterona

La idea de que el hombre es una criatura testosterónica es prácticamente incuestionable. Sin embargo, a pesar de los diferentes niveles hormonales que hallamos entre hombres y mujeres, estas hormonas no parecen ser tan decisivas a la hora de evaluar el comportamiento de ambos sexos. Y también deberíamos redefinir lo que significa correr riesgos, que a menudo ha sido conceptuado desde el punto de vista exclusivamente masculino.

Si analizamos la propensión de ambos sexos a llevar a cabo comportamientos de riesgo en una serie de dominios, como son beber alcohol, tener actividad sexual y conducir, los hombres tienden más a abrazar el peligro. Por eso son tan comunes los diálogos como este que sigue de la película The last boy scout (El último boy scout), protagonizada por Bruce Willis:

—Peligro es mi apellido —dice Jimmy Dix, interpretado por Damon Wayans.

—Y el mío, Cornelius. Pero como se lo digas a alguien te mato —replica Joe Hallenbeck, interpretado por Bruce Willis.

Las conclusiones mencionadas anteriormente se extraen de un metanálisis, es decir, un estudio de estudios. Es casi la verdad revelada. Y es, en efecto, así: los hombres son más de correr riesgos en esos dominios. No cabe discusión. Y menos de bar.

Pero caben algunos matices. El primero: que las diferencias entre hombres y mujeres, en la mitad de los dominios, eran insignificantes. El segundo: en el 20% de los dominios analizados, la mujer tendía más al riesgo.

Otra adenda: la edad es muy importante. Por ejemplo, entre los jóvenes de 18 a 21 años es más común ver a chicos admitiendo que consumen alcohol y drogas, así como que mantienen relaciones sexuales de riesgo; pero entre adultos, estas diferencias son menores.

Contexto

Es decir, que no solo depende de lo que definamos como riesgo, sino que también depende del contexto, la edad o el riesgo en particular que estemos analizando. Cordelia Fine, en su libro Testosterona Rex, hace hincapié en muchos de los riesgos que acometen las mujeres que no consideramos riesgos porque observamos ese ámbito de la realidad a través de las lentes masculinas:

¿Qué hay del asombrosamente peligroso deporte de la animación deportiva, o de galopar por un campo a lomos de un caballo, o del bingo? (…) A pesar de que las mujeres acometan riesgos de forma habitual, parecen pasar desapercibidos en la mayoría de estudios.

A la hora de correr riesgos sociales, por ejemplo, las mujeres parecen estar tan dispuestas como los hombres. Divorcios. Exponer opiniones controvertidas. Admitir que los gustos difieren de los comunes.

Es cierto que las mujeres prefieren no conducir motocicletas, hacer apuestas deportivas o realizar inversiones financieras, pero probablemente la causa no es tanto su aversión al riesgo como un conocimiento y una confianza en dichas áreas mucho menor: esas áreas están culturalmente más asociadas a los hombres.

De hecho, para confirmar esta idea, se puede echar mano a un reciente estudio realizado en Suecia, uno de los países más igualitarios del mundo en lo tocante a cuestiones sociales y de género. Tras analizar a 1.500 familias, el estudio sugiere que tanto hombres como mujeres suecos perciben los riesgos relacionados con el estilo de vida, el medioambiente, la tecnología, la salud y la sociedad de forma muy similar.

En otras palabras, tal y como resume otro estudio anterior, la percepción del riesgo depende de muchos factores, y no solo de si tenemos gónadas o no, o si corre por nuestras venas mayor o menor cantidad de testosterona. Los seres humanos estamos moldeados tanto por la biología como por la sociedad, y no sabemos cuál de los dos universos tiene mayor influencia (y ni siquiera si esa pregunta carece de sentido):

Tal vez los hombres blancos aprecien menos riesgos en el mundo porque ellos mismos crean, gestionan, controlan y se benefician de gran parte de él. Quizá las mujeres y los hombres no blancos perciban el mundo como un lugar más peligroso porque son más vulnerables en muchos sentidos, porque se benefician menos de muchas de sus tecnologías e instituciones, y porque poseen menos poder y control.

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Opiniones 1
  • bueno, soy una mujer y hay situaciones cuando me gusta tomar el riesgo pero normalmente soy más tímida 🙂

    de todos modos, fue un artículo bien escrito, muchas gracias!

    Ria

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