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21 de junio 2012    /   BUSINESS
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A mimarse toca

21 de junio 2012    /   BUSINESS     por          
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Es inevitable. Cuando el cáncer entra en nuestras vidas lo único que pensamos es en qué momento volverá a salir de ella para siempre.  Lo que no siempre se tiene en cuenta es que, mientras se lucha contra la enfermedad, es momento para que el paciente no piense más que en mimarse.

A Ana Reviejo se le quedó grabado el consejo que una enfermera daba a una mujer a la que le habían practicado una mastectomía y estaba a punto de recibir su primera sesión de quimioterapia: “Y ahora, ya sabes lo que toca: a mimarte y a dejar que te mimen”.

La escuchó en el hospital cuando acompañaba a una persona muy cercana a ella que padecía un cáncer de mama y le sirvió de inspiración para el proyecto que tenía en mente.

“Todo surgió cuando esta persona comenzó con las operaciones y tratamientos. Entonces pudimos darnos cuenta de que, a veces, el hacer lo posible por verse bien, por cuidarse, por estar guapa, adquiría una importancia mucho mayor de lo habitual, ya que era una forma más de enfrentarse al cáncer”.

También comprobaron que lograr productos cosméticos y demás cuidados específicos para un enfermo oncológico era algo relativamente sencillo en una gran ciudad pero no en un pueblo pequeño como en el que ellas vivían.

Por eso decidieron ponerse en marcha. Comenzaron a diseñar y confeccionar pañuelos y complementos para la cabeza que resultasen alegres y cómodos: “Lo que encontrábamos era bastante triste y lo que nos gustaba sieeeeeempre se resbalaba. Por eso cogimos una cabeza de corcho, telas, tijeras, metro y ‘una madre’ para hacer patrones e hicimos modelos de pañuelos adaptados (pañuelos con forma, con diademas y gorros interiores)”.

Lo siguiente fueron las cremas y productos de limpieza. “La piel sufre gran parte de los efectos secundarios de la quimioterapia. Por eso buscamos maquillaje, cosméticos y productos de cuidado facial y corporal que no la agredieran. Tratamos de encontrar productos naturales, fijándonos primero en lo que NO tienen: sin petróleo, sin parabenos, sin colorantes, ni conservantes ni perfumes sintéticos, y que estuvieran avalados por certificados como Ecocert o BDIH que garantizaran los ingredientes y su procedencia”.

Cuando los encontraron, seleccionaron las gamas para pieles más delicadas para así minimizar el riesgo de reacciones adversas en la piel, frecuentes durante los tratamientos oncológicos.

El último paso consistió en reunir consejos prácticos para mimarse durante esta etapa: “Cuidados generales e higiene de la piel, cómo protegerse adecuadamente del sol y guías de maquillaje con instrucciones fáciles de, por ejemplo, cómo maquillarse las cejas en caso de haberlas perdido”.

Con todo eso (“y tras pasar una larga temporada en el paro y superar muchos miedos”) decidieron poner en marcha Amimarte.com.

Reviejo habla siempre en plural porque, aunque es ella la que está al frente del día a día, es mucha la gente que está ‘en la retaguardia’: “Mi madre haciendo patrones, las chicas del taller de APRAMP cosiendo los pañuelos, mi amigo Javier con el logo y el diseño de la página, mi hermano Carlos con las acuarelas y dibujos, mi amigo Arturo con las fotos, mis amigas Cristina y Mila eligiendo telas y un montón más de familiares y amigos ayudándome a que Amimarte se conozca”.

Resultar elegido proyecto ganador del mes de mayo de la campaña Rexona Mujeres en Movimiento, también ha supuesto un gran empujón para la promoción del sitio.

¿Y los médicos? ¿Pueden considerarse, a día de hoy, prescriptores de proyectos como Amimarte? Reviejo considera normal que, hasta la fecha, las ‘secuelas estéticas’ en los pacientes fueran consideradas secundarias por los oncólogos: “Ellos se ocupan de lo que es el problema principal: tratar el cáncer. Luego, si los efectos secundarios te afectan mucho, suelen derivar a un dermatólogo o a un psicólogo”. Aunque reconoce que son cada vez más conscientes de la importancia que para los pacientes tiene el cambio de imagen que experimentan con los tratamientos. “Y por eso cada vez más son los propios oncólogos los que animan a que la gente se cuide, y en la medida de lo posible, haga una vida normal”.

Es inevitable. Cuando el cáncer entra en nuestras vidas lo único que pensamos es en qué momento volverá a salir de ella para siempre.  Lo que no siempre se tiene en cuenta es que, mientras se lucha contra la enfermedad, es momento para que el paciente no piense más que en mimarse.

A Ana Reviejo se le quedó grabado el consejo que una enfermera daba a una mujer a la que le habían practicado una mastectomía y estaba a punto de recibir su primera sesión de quimioterapia: “Y ahora, ya sabes lo que toca: a mimarte y a dejar que te mimen”.

La escuchó en el hospital cuando acompañaba a una persona muy cercana a ella que padecía un cáncer de mama y le sirvió de inspiración para el proyecto que tenía en mente.

“Todo surgió cuando esta persona comenzó con las operaciones y tratamientos. Entonces pudimos darnos cuenta de que, a veces, el hacer lo posible por verse bien, por cuidarse, por estar guapa, adquiría una importancia mucho mayor de lo habitual, ya que era una forma más de enfrentarse al cáncer”.

También comprobaron que lograr productos cosméticos y demás cuidados específicos para un enfermo oncológico era algo relativamente sencillo en una gran ciudad pero no en un pueblo pequeño como en el que ellas vivían.

Por eso decidieron ponerse en marcha. Comenzaron a diseñar y confeccionar pañuelos y complementos para la cabeza que resultasen alegres y cómodos: “Lo que encontrábamos era bastante triste y lo que nos gustaba sieeeeeempre se resbalaba. Por eso cogimos una cabeza de corcho, telas, tijeras, metro y ‘una madre’ para hacer patrones e hicimos modelos de pañuelos adaptados (pañuelos con forma, con diademas y gorros interiores)”.

Lo siguiente fueron las cremas y productos de limpieza. “La piel sufre gran parte de los efectos secundarios de la quimioterapia. Por eso buscamos maquillaje, cosméticos y productos de cuidado facial y corporal que no la agredieran. Tratamos de encontrar productos naturales, fijándonos primero en lo que NO tienen: sin petróleo, sin parabenos, sin colorantes, ni conservantes ni perfumes sintéticos, y que estuvieran avalados por certificados como Ecocert o BDIH que garantizaran los ingredientes y su procedencia”.

Cuando los encontraron, seleccionaron las gamas para pieles más delicadas para así minimizar el riesgo de reacciones adversas en la piel, frecuentes durante los tratamientos oncológicos.

El último paso consistió en reunir consejos prácticos para mimarse durante esta etapa: “Cuidados generales e higiene de la piel, cómo protegerse adecuadamente del sol y guías de maquillaje con instrucciones fáciles de, por ejemplo, cómo maquillarse las cejas en caso de haberlas perdido”.

Con todo eso (“y tras pasar una larga temporada en el paro y superar muchos miedos”) decidieron poner en marcha Amimarte.com.

Reviejo habla siempre en plural porque, aunque es ella la que está al frente del día a día, es mucha la gente que está ‘en la retaguardia’: “Mi madre haciendo patrones, las chicas del taller de APRAMP cosiendo los pañuelos, mi amigo Javier con el logo y el diseño de la página, mi hermano Carlos con las acuarelas y dibujos, mi amigo Arturo con las fotos, mis amigas Cristina y Mila eligiendo telas y un montón más de familiares y amigos ayudándome a que Amimarte se conozca”.

Resultar elegido proyecto ganador del mes de mayo de la campaña Rexona Mujeres en Movimiento, también ha supuesto un gran empujón para la promoción del sitio.

¿Y los médicos? ¿Pueden considerarse, a día de hoy, prescriptores de proyectos como Amimarte? Reviejo considera normal que, hasta la fecha, las ‘secuelas estéticas’ en los pacientes fueran consideradas secundarias por los oncólogos: “Ellos se ocupan de lo que es el problema principal: tratar el cáncer. Luego, si los efectos secundarios te afectan mucho, suelen derivar a un dermatólogo o a un psicólogo”. Aunque reconoce que son cada vez más conscientes de la importancia que para los pacientes tiene el cambio de imagen que experimentan con los tratamientos. “Y por eso cada vez más son los propios oncólogos los que animan a que la gente se cuide, y en la medida de lo posible, haga una vida normal”.

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