17 de marzo 2014    /   IDEAS
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La bicicleta coherente que propaga el cambio social

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Conviene ser coherente con lo que lleva en la cabeza. En tiempos convulsos, la coherencia es una sólida agarradera que ayuda a encontrar el camino entre la jungla y el ruido. Por eso, la cooperativa ciclista A Toda Biela hace su trabajo a lomos de una bicicleta, por eso se organizan cómo se organizan y por eso predican el mensaje como lo predican.
A Toda Biela comenzó a rodar no hace mucho. Tras un año de trabajo siguen propagando la información en la que creen, preferentemente proyectos de cultura e información crítica. La idea era que las mejoras que las bicicletas aportan a la sociedad no se limitaran al aspecto medioambiental. «La idea de generar un reparto en bicicleta no solo ha de tener una implicación formal de mejora de las condiciones medioambientales sino unas perspectivas eco-sociales, es decir, en su sentido más sustantivo de cambio de paradigma», explica Luis Frago, uno de los cooperativistas.
Frago apela a la bicicleta como agente de cambio de la misma manera que se reivindicaba en Munsey’s Magazine, en 1896. «Para los hombres, la bicicleta en los principios fue un mero juguete, solo otra máquina dentro una larga lista con la que día a día, trabajan y juegan. Para las mujeres, fue un trampolín que las llevo a otro mundo».
«Queremos que la bicicleta siga siendo un trampolín de cambio social», señala Frago. Por eso, A Toda Biela basa su organización en la horizontalidad, en una permanente comunicación entre todos los miembros de la cooperativa y en un claro reparto igualitario de las funciones. «Revisamos todo en asambleas. «La evaluación del trabajo y la comunicación permite una reducción de las incidencias y una mayor implicación de todo el colectivo en diagnosticar los errores a mejorar y en las decisiones a tomar».
La cercanía, la creación de redes locales y el autoempleo son algunos de los pilares en los que se apoya el día a día de A Toda Biela. A efectos prácticos y partiendo de la base que aporta la fluidez en la comunicación, la organización se desarrolla con una persona para coordinar y el resto para repartir.
«Diseñamos las rutas con la información que nos han facilitado desde el colectivo editorial. Cuando las terminamos, volcamos las incidencias. Desde Coordinación se las hacen llegar a nuestra contraparte (colectivo editorial) para que las gestionen los suscriptores. De ahí se genera un feedbak a Coordinación, y se hace una nueva pasada en los siguientes dos días labores o bien, se deja para el siguiente reparto, si así lo desea el suscriptor», cuenta Frago.
A Toda Biela sigue pedaleando. Quieren ampliar el reparto en bicicleta a otras publicaciones e incrementar el abanico de servicios ofreciendo sus piernas a tiendas ecológicas o de barrio. Todo seguirá como hasta ahora, por el camino de la inclusión social, la igualdad y la autoorganización.

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A Toda Biela comenzó a rodar no hace mucho. Tras un año de trabajo siguen propagando la información en la que creen, preferentemente proyectos de cultura e información crítica. La idea era que las mejoras que las bicicletas aportan a la sociedad no se limitaran al aspecto medioambiental. «La idea de generar un reparto en bicicleta no solo ha de tener una implicación formal de mejora de las condiciones medioambientales sino unas perspectivas eco-sociales, es decir, en su sentido más sustantivo de cambio de paradigma», explica Luis Frago, uno de los cooperativistas.
Frago apela a la bicicleta como agente de cambio de la misma manera que se reivindicaba en Munsey’s Magazine, en 1896. «Para los hombres, la bicicleta en los principios fue un mero juguete, solo otra máquina dentro una larga lista con la que día a día, trabajan y juegan. Para las mujeres, fue un trampolín que las llevo a otro mundo».
«Queremos que la bicicleta siga siendo un trampolín de cambio social», señala Frago. Por eso, A Toda Biela basa su organización en la horizontalidad, en una permanente comunicación entre todos los miembros de la cooperativa y en un claro reparto igualitario de las funciones. «Revisamos todo en asambleas. «La evaluación del trabajo y la comunicación permite una reducción de las incidencias y una mayor implicación de todo el colectivo en diagnosticar los errores a mejorar y en las decisiones a tomar».
La cercanía, la creación de redes locales y el autoempleo son algunos de los pilares en los que se apoya el día a día de A Toda Biela. A efectos prácticos y partiendo de la base que aporta la fluidez en la comunicación, la organización se desarrolla con una persona para coordinar y el resto para repartir.
«Diseñamos las rutas con la información que nos han facilitado desde el colectivo editorial. Cuando las terminamos, volcamos las incidencias. Desde Coordinación se las hacen llegar a nuestra contraparte (colectivo editorial) para que las gestionen los suscriptores. De ahí se genera un feedbak a Coordinación, y se hace una nueva pasada en los siguientes dos días labores o bien, se deja para el siguiente reparto, si así lo desea el suscriptor», cuenta Frago.
A Toda Biela sigue pedaleando. Quieren ampliar el reparto en bicicleta a otras publicaciones e incrementar el abanico de servicios ofreciendo sus piernas a tiendas ecológicas o de barrio. Todo seguirá como hasta ahora, por el camino de la inclusión social, la igualdad y la autoorganización.

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