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29 de mayo 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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Bob Black: «Nadie debería trabajar»

29 de mayo 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Lo fácil es pensar que las cosas son como son porque así tienen que ser. Ese es el argumento jefe de un pensamiento perezoso, un pensamiento miedoso. Pero, a veces, llegan un puñado de palabras y sacude el espejismo en el que millones de personas han construido su vida. Esto ocurre, por ejemplo, cuando uno se tumba en el sofá y lee un libro que comienza así: «Nadie debería trabajar».

El primer párrafo de La abolición del trabajo, de Bob Black, proclama: «El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir tenemos que dejar de trabajar».
¡¿☠☹☣?!

–¿Es esto una provocación? –te preguntas al leer las primeras frases.
–No –te respondes al llegar a la última página.

El escritor estadounidense propone en este ensayo, publicado en 1985 y recuperado por Pepitas de calabaza, «una nueva forma de vivir basada en el juego (…), una convivencia lúdica, comensalismo o, tal vez, incluso arte. (…) Yo agito por un festejo permanente».

Black utiliza la palabra juego en un sentido mucho más extenso que el de diversión. El politólogo plantea «una aventura colectiva en alegría generalizada y exuberancia libremente interdependiente». Y sabe que la propuesta es atrevida porque la mayoría de las ideologías que han ido modelando el presente «creen en el trabajo». Desde la moral calvinista o el protestantismo hasta el marxismo y la mayor parte de las ramas del anarquismo (estas dos últimas «defienden el trabajo aún más fieramente porque no creen en casi ninguna otra cosa», asegura en su ensayo).

El filósofo desmonta la concepción del trabajo que se ha ido forjando durante siglos, especialmente, desde la industrialización. Pero sabe que encontrará cierta resistencia porque «vivimos tan cerca del mundo del trabajo que no vemos lo que nos hace». Y por eso –dice– busca en la sabiduría de «observadores externos de otros tiempos y otras culturas para apreciar el extremismo y la patología de nuestra posición presente».

Desde este alejamiento mental propone una «definición mínima del trabajo» como «labor forzada» y asegura que, además, se trata de una «producción impuesta por medios económicos o políticos». «El trabajo», asegura en su ensayo, «nunca es hecho por amor al trabajo mismo, sino para obtener un producto o resultado que el trabajador (o, con más frecuencia, alguien más) recibe del mismo».

Dice Black que «los trabajadores industriales (y de oficina) se encuentran bajo el tipo de supervisión que asegura el servilismo». La monotonía y la exclusividad que supone, no ya trabajar, sino «tener un empleo», destruye el interés de cualquier actividad y todo su potencial lúdico. «Un empleo que podría atraer la energía de algunas personas por un tiempo razonable, por pura diversión, es tan solo una carga para aquellos que tienen que hacerlo por 40 horas a la semana sin voz ni voto sobre cómo debería hacerse, para beneficio de propietarios que no contribuyen en nada al proyecto, y sin oportunidad de compartir las tareas o distribuir el trabajo entre aquellos que tienen que hacerlo. Este es el verdadero mundo del trabajo: un mundo de estupidez burocrática, acoso sexual y discriminación, de jefes cabeza hueca explotando y descargando la culpa sobre sus subordinados, quienes –según cualquier criterio tecnicoracional– deberían estar dirigiendo todo».

La ‘oligarquía de oficina’

Para el estadounidense, «la degradación que experimentan la mayoría de los trabajadores es la suma de varias indignidades que pueden ser denominadas como disciplina». Esta palabra reúne «la totalidad de los controles totalitarios en el lugar de trabajo (supervisión, movimientos repetitivos, ritmos de trabajo impuestos, cuotas de producción, fichar…)».

«La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico. Es algo históricamente nuevo y horrible. Va más allá de las capacidades de los dictadores demoníacos de antaño como Nerón, Gengis Khan e Iván el Terrible. Pese a sus malas intenciones, ellos no tenían la maquinaria para controlar tanto a sus súbditos como los déspotas modernos. Eso es el trabajo», asegura, «el juego es todo lo contrario».

El trabajo es forzado. El juego es voluntario y no se hace a cambio de dinero. Su recompensa es «la experiencia de la actividad misma».
Black hace alusión a los estudios del filósofo Michel Foucault que sostenían que «las cárceles y las fábricas surgieron casi a la vez, y sus operadores copiaron conscientemente las técnicas de control de unas y otras». «Un trabajador es un esclavo a tiempo parcial. El jefe dice cuándo ha de llegar, cuándo tiene que irse y qué hacer entre esos dos momentos. (…) Puede llevar su control hasta extremos humillantes mediante la regulación, si le da la gana, de la ropa que ha de vestir y cuántas veces puede ir al baño».
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Este «humillante sistema de dominación», continúa, «rige sobre la mitad de las horas de vigilia de una mayoría de mujeres y la vasta mayoría de los hombres durante décadas, durante la mayor parte de sus vidas». Y, por eso, Black considera que la forma más correcta de llamar a este sistema es «fascismo de fábrica» y «oligarquía de oficina».

En esos modelos no cabe la libertad, según el graduado en Derecho. No solo de actos. También de pensamiento y crecimiento intelectual. Y eso, definitivamente, es lo más trágico. «Eres lo que haces», escribe. «Si haces trabajo aburrido, estúpido y monótono, lo más probable es que tú mismo acabes siendo aburrido, estúpido y monótono. El trabajo explica la creciente cretinización a nuestro alrededor mucho mejor que otros mecanismos idiotizantes como la televisión y la educación. Quienes viven marcando el paso, todas sus vidas, llevados de la escuela al trabajo y enmarcados por la familia al comienzo y el asilo al final, están habituados a la jerarquía y esclavizados psicológicamente. Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada que su miedo a la libertad es una de sus pocas fobias con base racional. El entrenamiento de obediencia en el trabajo se traslada hacia las familias que inician, reproduciendo así el sistema en más de una forma, y hacia la política, la cultura y todo lo demás. Una vez que absorbes la vitalidad de la gente en el trabajo es probable que se sometan a la jerarquía y la experticia en todo. Están acostumbrados a ello».

El trabajo desde una perspectiva histórica

Cuenta Black que «hubo un tiempo en nuestro pasado en que la ética del trabajo hubiese sido incomprensible». La idea de trabajar duro y acumular riqueza como forma de salvación individual nació hace apenas unos siglos. Su justificación teórica quedó recogida en el libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber (1864-1920), pero, además, el sociólogo alemán dio un impulso meteórico a esta idea al asociarla al protestantismo y el calvinismo, según el estadounidense.

«Solo tenemos que usar la sabiduría de la antigüedad para poner el trabajo en perspectiva», indica. «Sócrates dijo que los trabajadores manuales suelen ser malos amigos y malos ciudadanos, porque no tienen tiempo de cumplir con las responsabilidades de la amistad y la ciudadanía. Tenía razón (…). El tiempo libre está dedicado en su mayoría a prepararse para ir al trabajo, regresar del trabajo y recobrarse del trabajo. El tiempo libre es un eufemismo para la forma en que el trabajador, como factor de producción, no solo se transporta a sí mismo a sus propias expensas, desde y hacia el puesto de trabajo, sino que además asume la responsabilidad de su propio mantenimiento y reparación. El carbón y el acero no hacen eso. Las máquinas fresadoras y las de escribir no hacen eso. Pero los empleados sí».

A. Smith: «El hombre que pasa la vida efectuando operaciones simples (…) se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo»

Esto tampoco es así en todas las culturas. Los Kapauku, una tribu que vive en el oeste de Nueva Guinea, establecen un equilibrio entre trabajo y tiempo destinado a otras actividades. El antropólogo Leopold Pospisil dice, en sus investigaciones, que esta comunidad dedica un día a trabajar y el siguiente a descansar.

Black es consciente de que esta idea de reducir el trabajo hoy hace temblar de pánico a la mayoría del mundo. Pero el estadounidense argumenta que ese miedo empezó a alentarse hace mucho tiempo. La literatura universal está plagada de pensadores, como Thomas Hobbes (1588-1679), encargados de asustar a la sociedad igualando el colapso de la autoridad con la violencia y el caos.

El autor de este ensayo dice que hasta Adam Smith (1723-1790), defensor a ultranza del mercado y la división del trabajo, supo ver el «lado más oscuro» de una sociedad construida en torno al trabajo. El economista y filósofo escocés escribió que «el entendimiento de la mayoría de los hombres se forma necesariamente de sus ocupaciones habituales. El hombre que se pasa la vida efectuando unas cuantas operaciones simples no tiene ocasión de ejercer su entendimiento. Por lo general se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo».

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Mujeres coreanas tejiendo, 1904 (Wikimedia.org, imagen de dominio público)

El trabajo es genocidio

Bob Black continúa su defensa de la abolición del trabajo con un argumento más tajante: «El trabajo es asesinato en masa o genocidio. Directa o indirectamente matará a la mayoría de los que lean estas palabras. Entre 14.000 y 25.000 trabajadores mueren en EE UU en el lugar de trabajo. Más de dos millones quedan inhabilitados. (…) Las estadísticas hablan de 100.000 mineros que padecen el mal del pulmón negro. Cuatro mil de ellos mueren cada año, una tasa de mortalidad mucho mayor que la del sida, por ejemplo, que recibe tanta atención de los medios».

«Aun si no quedas muerto o inválido mientras trabajas, puedes morir mientras vas al trabajo, regresas del trabajo, buscas trabajo o tratas de olvidarte del trabajo», prosigue. «El trabajo, entonces, institucionaliza el homicidio como forma de vida».

Black pasa, a continuación, de la fábrica a la oficina. «El 40% de la fuerza laboral son trabajadores de cuello blanco. La mayoría de ellos tienen algunos de los empleos más tediosos e idiotas jamás concebidos. Industrias enteras, seguros y bancos y bienes raíces, por ejemplo, que no consisten nada más que en mover papeles inútiles de un lado a otro».

Jugar en vez de trabajar convertiría la creación en recreación, según Bob Black

El autor se sorprende de que, a pesar de todo lo que expone, «el sentimiento que prevalece, universal entre patronos y sus agentes, y muy extendido entre los trabajadores, es que el trabajo es inevitable y necesario». Él discrepa. «Es posible abolir el trabajo y reemplazarlo por nuevos tipos de actividades libres», dice. Su propuesta se basa en «recortar masivamente la cantidad de trabajo» (porque, «en la actualidad, la mayor parte es inútil») y en «tomar el trabajo útil que queda y transformarlo en una agradable variedad de pasatiempos parecidos al juego y la artesanía (…) que generan productos útiles (…). La creación se convertiría en recreación y podríamos dejar de vivir temerosos los unos de los otros».

Los recortes podrían aplicarse a la «producción de guerras, la energía nuclear, la comida basura, los desodorantes de higiene femenina y parte de la industria automovilística», propone Black. Y así, «sin haberlo intentado siquiera, hemos resuelto la crisis de energía, la crisis ambiental y un montón de problemas sociales insolubles».

«Los científicos, ingenieros y técnicos, liberados de investigar sobre la guerra y la obsolescencia programada, lo pasarían en grande inventado medios para eliminar la fatiga, el tedio y el peligro de actividades como la minería», plantea. «Sin duda, encontrarán otros proyectos en los que divertirse».

El paso del trabajo al juego también tiene que ver con cambiar las circunstancias en las que se desarrolla una actividad. La mayor parte de las tareas resultan más agradables si no se realizan bajo el acecho de un supervisor, en un entorno amable o se les puede imprimir un toque de creatividad.

En ese sistema de «festejo permanente», Black piensa que «presenciaremos una edad de oro de la creatividad que hará pasar vergüenza al Renacimiento. No habrá más empleos. Solo cosas que hacer y gente que las haga».

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Mezclando cemento, 2011 (Wikimedia.org, reproducida bajo licencia CC)

El derecho a la pereza

Esta visión del trabajo no es exclusiva de Bob Black. Paul Lafargue escribió El derecho a la pereza en 1880. El periodista y teórico político francés defendía en este ensayo el uso de las máquinas y la reducción de la jornada laboral para que los ciudadanos pudieran dedicar más tiempo a la ciencia, el arte y las necesidades humanas fundamentales.

Henry David Thoreau, unos 40 años antes, criticó el modelo productivo industrial porque, a su juicio, suponía la explotación de los humanos. Rechazó también el culto al éxito y el credo puritano del trabajo constante porque significaba la explotación de uno mismo.

Thoreau trató el tema del trabajo en algunos ensayos (Ganarse la vida, Vidas malgastadas, De qué le aprovecha al hombre…) y mostró su sorpresa por que hubiera “tan poco o casi nada escrito, que yo recuerde, sobre el tema de ganarse la vida, cómo hacer de ganarse la vida no solo algo valioso y honorable, sino también algo apetecible y glorioso, porque si ganarse la vida no es de ese modo, esto no sería vivir”.

En La desobediencia civil indica: «Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar».

Thoreau se enfrentó a las teorías del trabajo como objetivo vital y a la doctrina calvinista con estas palabras. «Si un hombre pasea por el bosque, por placer, todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán pero si se dedica el día entero a especular cortando bosques y dejando la tierra árida antes de tiempo, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor. ¡Como si una ciudad no tuviera más interés en sus bosques que el de talarlos!».

«El propósito del obrero debería ser, no ganarse la vida o conseguir ‘un buen trabajo’, sino realizar bien un determinado trabajo y hasta (…) sería económico para una ciudad pagar a sus obreros tan bien que no sintieran que estaban trabajando por lo mínimo, sino que trabajaban por fines científicos o morales. No contrates a un hombre que te hace el trabajo por dinero, sino a aquél que lo hace porque le gusta, aunque lo realice muy despacio».

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Buscadores de oro en California (Wikimedia.org, dominio público)

Thoreau criticó muchas prácticas económicas de su tiempo, a mediados del siglo XIX, que mantienen un paralelismo absoluto con muchas actividades empresariales de la actualidad. «La afluencia masiva de buscadores de oro a California, por ejemplo, y la actitud no simplemente de los comerciantes, sino también de los filósofos y los profetas respecto a ella, refleja el gran desastre de la humanidad. ¡Que tantos esperen vivir de la suerte y así tener el modo de encargar el trabajo a otros menos afortunados y todo ello sin aportar nada a la sociedad! ¡Y a eso le llaman negocio! No conozco desarrollo más sorprendente de la inmoralidad en el comercio y en los demás procedimientos habituales para ganarse la vida. La filosofía y la poesía y la religión de semejante humanidad no merecen el polvo de un bejín» (La desobediencia civil).

El filósofo naturalista habló también de la ambición humana y de la forma en que la especulación y la avaricia se imponían sobre el talento y la inteligencia en este sistema económico. «Dios entregó al hombre honrado un certificado capacitándolo para alimentarse y vestirse, pero el hombre malvado encontró un facsímil del mismo en los cofres de Dios, se apropió de él y obtuvo alimento y vestido como el primero. Es uno de los sistemas de falsificación más extendidos que conoce el mundo. Yo no sabía que la humanidad padeciera por falta de oro. Yo lo he visto en pequeña cantidad. Sé que es muy maleable, pero no tan maleable como el ingenio. Un grano de oro puede dorar una gran superficie, pero no tanto como un grano de buen juicio (…). Si ganas, la sociedad pierde. (…) El buscador de oro es el enemigo del trabajador honrado».

En su obra ya adelantó un problema que ha ido cada vez a más: el expolio del planeta. Thoreau leyó Tierra, trabajos, oro, de Alfred William Howitt, y escribió: «Me quedaron grabados en la mente toda la noche los numerosos valles con sus arroyos, todo cortado por pozos pestilentes de tres a 30 metros de profundidad y cuatro metros de ancho, tan justos como les fue posible cavarlos y medio cubiertos de agua. El lugar al que se lanzan con furia muchos hombres para buscar fortuna, sin saber dónde deben abrir sus agujeros, sin saber si el oro está bajo su mismo campamento, cavando a veces 50 metros antes de dar con la veta o perdiéndola por centímetros, convertidos en demonios y sin respetar los derechos de los demás en su sed de riqueza. Valles enteros a lo largo de cincuenta kilómetros aparecen de repente como panales de miel por los pozos de los mineros de tal suerte que cientos de estos mueren allí agotados. Metidos en el agua y cubiertos de barro y arcilla trabajan día y noche, y mueren de frío y enfermedad».

El filósofo abolicionista continúa: «Howitt dice del hombre que encontró la gran pepita de 12 kilogramos en las excavaciones de Bendigo, en Australia: ‘Pronto empezó a beber, cogió un caballo y cabalgó por los alrededores, casi siempre al galope, y cuando encontraba gente la llamaba para preguntarle si sabía quién era él. A continuación le informaba, muy amable, de que él era el maldito miserable que había encontrado la pepita. Al final, cabalgando a todo galope, se estrelló contra un árbol, casi se salta los sesos. De todos modos, yo creo que no hubo ningún peligro en su caída porque ya se había saltado los sesos contra la pepita. Howitt añade: ‘Es un hombre completamente acabado’. Pero es un ejemplo de esa clase. Todos estos son hombres disipados. Escuchad algunos nombres de los lugares que excavan: llano del imbécil, barranco de la cabeza del carnero, vado del asesino. ¿No hay sátira en estos nombres? Dejadlos que arrastren su mal ganada riqueza adonde quieran, yo creo que el lugar en que vivan será siempre el llano del imbécil, si no el vado del asesino».

Thoreau llegó a decir: «No preguntes cómo se consigue la mantequilla para tu pan. Se te revolverá el estómago al enterarte”. Y Bob Black acabó su libro con la misma frase que empezó: “Nadie debería trabajar».
Pero, además, incluyó una exhortación: «Proletarios del mundo… ¡descansad!».

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Tienda en Estocolmo, 1907 (Wikimedia.org, dominio público)
Foto de portada: Vertedero, 2012 (Wikimedia.org, reproducida bajo licencia CC)
Anuncio australiano, 1943 (Wikimedia.org, dominio público)

Lo fácil es pensar que las cosas son como son porque así tienen que ser. Ese es el argumento jefe de un pensamiento perezoso, un pensamiento miedoso. Pero, a veces, llegan un puñado de palabras y sacude el espejismo en el que millones de personas han construido su vida. Esto ocurre, por ejemplo, cuando uno se tumba en el sofá y lee un libro que comienza así: «Nadie debería trabajar».

El primer párrafo de La abolición del trabajo, de Bob Black, proclama: «El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir tenemos que dejar de trabajar».
¡¿☠☹☣?!

–¿Es esto una provocación? –te preguntas al leer las primeras frases.
–No –te respondes al llegar a la última página.

El escritor estadounidense propone en este ensayo, publicado en 1985 y recuperado por Pepitas de calabaza, «una nueva forma de vivir basada en el juego (…), una convivencia lúdica, comensalismo o, tal vez, incluso arte. (…) Yo agito por un festejo permanente».

Black utiliza la palabra juego en un sentido mucho más extenso que el de diversión. El politólogo plantea «una aventura colectiva en alegría generalizada y exuberancia libremente interdependiente». Y sabe que la propuesta es atrevida porque la mayoría de las ideologías que han ido modelando el presente «creen en el trabajo». Desde la moral calvinista o el protestantismo hasta el marxismo y la mayor parte de las ramas del anarquismo (estas dos últimas «defienden el trabajo aún más fieramente porque no creen en casi ninguna otra cosa», asegura en su ensayo).

El filósofo desmonta la concepción del trabajo que se ha ido forjando durante siglos, especialmente, desde la industrialización. Pero sabe que encontrará cierta resistencia porque «vivimos tan cerca del mundo del trabajo que no vemos lo que nos hace». Y por eso –dice– busca en la sabiduría de «observadores externos de otros tiempos y otras culturas para apreciar el extremismo y la patología de nuestra posición presente».

Desde este alejamiento mental propone una «definición mínima del trabajo» como «labor forzada» y asegura que, además, se trata de una «producción impuesta por medios económicos o políticos». «El trabajo», asegura en su ensayo, «nunca es hecho por amor al trabajo mismo, sino para obtener un producto o resultado que el trabajador (o, con más frecuencia, alguien más) recibe del mismo».

Dice Black que «los trabajadores industriales (y de oficina) se encuentran bajo el tipo de supervisión que asegura el servilismo». La monotonía y la exclusividad que supone, no ya trabajar, sino «tener un empleo», destruye el interés de cualquier actividad y todo su potencial lúdico. «Un empleo que podría atraer la energía de algunas personas por un tiempo razonable, por pura diversión, es tan solo una carga para aquellos que tienen que hacerlo por 40 horas a la semana sin voz ni voto sobre cómo debería hacerse, para beneficio de propietarios que no contribuyen en nada al proyecto, y sin oportunidad de compartir las tareas o distribuir el trabajo entre aquellos que tienen que hacerlo. Este es el verdadero mundo del trabajo: un mundo de estupidez burocrática, acoso sexual y discriminación, de jefes cabeza hueca explotando y descargando la culpa sobre sus subordinados, quienes –según cualquier criterio tecnicoracional– deberían estar dirigiendo todo».

La ‘oligarquía de oficina’

Para el estadounidense, «la degradación que experimentan la mayoría de los trabajadores es la suma de varias indignidades que pueden ser denominadas como disciplina». Esta palabra reúne «la totalidad de los controles totalitarios en el lugar de trabajo (supervisión, movimientos repetitivos, ritmos de trabajo impuestos, cuotas de producción, fichar…)».

«La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico. Es algo históricamente nuevo y horrible. Va más allá de las capacidades de los dictadores demoníacos de antaño como Nerón, Gengis Khan e Iván el Terrible. Pese a sus malas intenciones, ellos no tenían la maquinaria para controlar tanto a sus súbditos como los déspotas modernos. Eso es el trabajo», asegura, «el juego es todo lo contrario».

El trabajo es forzado. El juego es voluntario y no se hace a cambio de dinero. Su recompensa es «la experiencia de la actividad misma».
Black hace alusión a los estudios del filósofo Michel Foucault que sostenían que «las cárceles y las fábricas surgieron casi a la vez, y sus operadores copiaron conscientemente las técnicas de control de unas y otras». «Un trabajador es un esclavo a tiempo parcial. El jefe dice cuándo ha de llegar, cuándo tiene que irse y qué hacer entre esos dos momentos. (…) Puede llevar su control hasta extremos humillantes mediante la regulación, si le da la gana, de la ropa que ha de vestir y cuántas veces puede ir al baño».
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Este «humillante sistema de dominación», continúa, «rige sobre la mitad de las horas de vigilia de una mayoría de mujeres y la vasta mayoría de los hombres durante décadas, durante la mayor parte de sus vidas». Y, por eso, Black considera que la forma más correcta de llamar a este sistema es «fascismo de fábrica» y «oligarquía de oficina».

En esos modelos no cabe la libertad, según el graduado en Derecho. No solo de actos. También de pensamiento y crecimiento intelectual. Y eso, definitivamente, es lo más trágico. «Eres lo que haces», escribe. «Si haces trabajo aburrido, estúpido y monótono, lo más probable es que tú mismo acabes siendo aburrido, estúpido y monótono. El trabajo explica la creciente cretinización a nuestro alrededor mucho mejor que otros mecanismos idiotizantes como la televisión y la educación. Quienes viven marcando el paso, todas sus vidas, llevados de la escuela al trabajo y enmarcados por la familia al comienzo y el asilo al final, están habituados a la jerarquía y esclavizados psicológicamente. Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada que su miedo a la libertad es una de sus pocas fobias con base racional. El entrenamiento de obediencia en el trabajo se traslada hacia las familias que inician, reproduciendo así el sistema en más de una forma, y hacia la política, la cultura y todo lo demás. Una vez que absorbes la vitalidad de la gente en el trabajo es probable que se sometan a la jerarquía y la experticia en todo. Están acostumbrados a ello».

El trabajo desde una perspectiva histórica

Cuenta Black que «hubo un tiempo en nuestro pasado en que la ética del trabajo hubiese sido incomprensible». La idea de trabajar duro y acumular riqueza como forma de salvación individual nació hace apenas unos siglos. Su justificación teórica quedó recogida en el libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber (1864-1920), pero, además, el sociólogo alemán dio un impulso meteórico a esta idea al asociarla al protestantismo y el calvinismo, según el estadounidense.

«Solo tenemos que usar la sabiduría de la antigüedad para poner el trabajo en perspectiva», indica. «Sócrates dijo que los trabajadores manuales suelen ser malos amigos y malos ciudadanos, porque no tienen tiempo de cumplir con las responsabilidades de la amistad y la ciudadanía. Tenía razón (…). El tiempo libre está dedicado en su mayoría a prepararse para ir al trabajo, regresar del trabajo y recobrarse del trabajo. El tiempo libre es un eufemismo para la forma en que el trabajador, como factor de producción, no solo se transporta a sí mismo a sus propias expensas, desde y hacia el puesto de trabajo, sino que además asume la responsabilidad de su propio mantenimiento y reparación. El carbón y el acero no hacen eso. Las máquinas fresadoras y las de escribir no hacen eso. Pero los empleados sí».

A. Smith: «El hombre que pasa la vida efectuando operaciones simples (…) se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo»

Esto tampoco es así en todas las culturas. Los Kapauku, una tribu que vive en el oeste de Nueva Guinea, establecen un equilibrio entre trabajo y tiempo destinado a otras actividades. El antropólogo Leopold Pospisil dice, en sus investigaciones, que esta comunidad dedica un día a trabajar y el siguiente a descansar.

Black es consciente de que esta idea de reducir el trabajo hoy hace temblar de pánico a la mayoría del mundo. Pero el estadounidense argumenta que ese miedo empezó a alentarse hace mucho tiempo. La literatura universal está plagada de pensadores, como Thomas Hobbes (1588-1679), encargados de asustar a la sociedad igualando el colapso de la autoridad con la violencia y el caos.

El autor de este ensayo dice que hasta Adam Smith (1723-1790), defensor a ultranza del mercado y la división del trabajo, supo ver el «lado más oscuro» de una sociedad construida en torno al trabajo. El economista y filósofo escocés escribió que «el entendimiento de la mayoría de los hombres se forma necesariamente de sus ocupaciones habituales. El hombre que se pasa la vida efectuando unas cuantas operaciones simples no tiene ocasión de ejercer su entendimiento. Por lo general se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo».

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Mujeres coreanas tejiendo, 1904 (Wikimedia.org, imagen de dominio público)

El trabajo es genocidio

Bob Black continúa su defensa de la abolición del trabajo con un argumento más tajante: «El trabajo es asesinato en masa o genocidio. Directa o indirectamente matará a la mayoría de los que lean estas palabras. Entre 14.000 y 25.000 trabajadores mueren en EE UU en el lugar de trabajo. Más de dos millones quedan inhabilitados. (…) Las estadísticas hablan de 100.000 mineros que padecen el mal del pulmón negro. Cuatro mil de ellos mueren cada año, una tasa de mortalidad mucho mayor que la del sida, por ejemplo, que recibe tanta atención de los medios».

«Aun si no quedas muerto o inválido mientras trabajas, puedes morir mientras vas al trabajo, regresas del trabajo, buscas trabajo o tratas de olvidarte del trabajo», prosigue. «El trabajo, entonces, institucionaliza el homicidio como forma de vida».

Black pasa, a continuación, de la fábrica a la oficina. «El 40% de la fuerza laboral son trabajadores de cuello blanco. La mayoría de ellos tienen algunos de los empleos más tediosos e idiotas jamás concebidos. Industrias enteras, seguros y bancos y bienes raíces, por ejemplo, que no consisten nada más que en mover papeles inútiles de un lado a otro».

Jugar en vez de trabajar convertiría la creación en recreación, según Bob Black

El autor se sorprende de que, a pesar de todo lo que expone, «el sentimiento que prevalece, universal entre patronos y sus agentes, y muy extendido entre los trabajadores, es que el trabajo es inevitable y necesario». Él discrepa. «Es posible abolir el trabajo y reemplazarlo por nuevos tipos de actividades libres», dice. Su propuesta se basa en «recortar masivamente la cantidad de trabajo» (porque, «en la actualidad, la mayor parte es inútil») y en «tomar el trabajo útil que queda y transformarlo en una agradable variedad de pasatiempos parecidos al juego y la artesanía (…) que generan productos útiles (…). La creación se convertiría en recreación y podríamos dejar de vivir temerosos los unos de los otros».

Los recortes podrían aplicarse a la «producción de guerras, la energía nuclear, la comida basura, los desodorantes de higiene femenina y parte de la industria automovilística», propone Black. Y así, «sin haberlo intentado siquiera, hemos resuelto la crisis de energía, la crisis ambiental y un montón de problemas sociales insolubles».

«Los científicos, ingenieros y técnicos, liberados de investigar sobre la guerra y la obsolescencia programada, lo pasarían en grande inventado medios para eliminar la fatiga, el tedio y el peligro de actividades como la minería», plantea. «Sin duda, encontrarán otros proyectos en los que divertirse».

El paso del trabajo al juego también tiene que ver con cambiar las circunstancias en las que se desarrolla una actividad. La mayor parte de las tareas resultan más agradables si no se realizan bajo el acecho de un supervisor, en un entorno amable o se les puede imprimir un toque de creatividad.

En ese sistema de «festejo permanente», Black piensa que «presenciaremos una edad de oro de la creatividad que hará pasar vergüenza al Renacimiento. No habrá más empleos. Solo cosas que hacer y gente que las haga».

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Mezclando cemento, 2011 (Wikimedia.org, reproducida bajo licencia CC)

El derecho a la pereza

Esta visión del trabajo no es exclusiva de Bob Black. Paul Lafargue escribió El derecho a la pereza en 1880. El periodista y teórico político francés defendía en este ensayo el uso de las máquinas y la reducción de la jornada laboral para que los ciudadanos pudieran dedicar más tiempo a la ciencia, el arte y las necesidades humanas fundamentales.

Henry David Thoreau, unos 40 años antes, criticó el modelo productivo industrial porque, a su juicio, suponía la explotación de los humanos. Rechazó también el culto al éxito y el credo puritano del trabajo constante porque significaba la explotación de uno mismo.

Thoreau trató el tema del trabajo en algunos ensayos (Ganarse la vida, Vidas malgastadas, De qué le aprovecha al hombre…) y mostró su sorpresa por que hubiera “tan poco o casi nada escrito, que yo recuerde, sobre el tema de ganarse la vida, cómo hacer de ganarse la vida no solo algo valioso y honorable, sino también algo apetecible y glorioso, porque si ganarse la vida no es de ese modo, esto no sería vivir”.

En La desobediencia civil indica: «Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar».

Thoreau se enfrentó a las teorías del trabajo como objetivo vital y a la doctrina calvinista con estas palabras. «Si un hombre pasea por el bosque, por placer, todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán pero si se dedica el día entero a especular cortando bosques y dejando la tierra árida antes de tiempo, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor. ¡Como si una ciudad no tuviera más interés en sus bosques que el de talarlos!».

«El propósito del obrero debería ser, no ganarse la vida o conseguir ‘un buen trabajo’, sino realizar bien un determinado trabajo y hasta (…) sería económico para una ciudad pagar a sus obreros tan bien que no sintieran que estaban trabajando por lo mínimo, sino que trabajaban por fines científicos o morales. No contrates a un hombre que te hace el trabajo por dinero, sino a aquél que lo hace porque le gusta, aunque lo realice muy despacio».

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Buscadores de oro en California (Wikimedia.org, dominio público)

Thoreau criticó muchas prácticas económicas de su tiempo, a mediados del siglo XIX, que mantienen un paralelismo absoluto con muchas actividades empresariales de la actualidad. «La afluencia masiva de buscadores de oro a California, por ejemplo, y la actitud no simplemente de los comerciantes, sino también de los filósofos y los profetas respecto a ella, refleja el gran desastre de la humanidad. ¡Que tantos esperen vivir de la suerte y así tener el modo de encargar el trabajo a otros menos afortunados y todo ello sin aportar nada a la sociedad! ¡Y a eso le llaman negocio! No conozco desarrollo más sorprendente de la inmoralidad en el comercio y en los demás procedimientos habituales para ganarse la vida. La filosofía y la poesía y la religión de semejante humanidad no merecen el polvo de un bejín» (La desobediencia civil).

El filósofo naturalista habló también de la ambición humana y de la forma en que la especulación y la avaricia se imponían sobre el talento y la inteligencia en este sistema económico. «Dios entregó al hombre honrado un certificado capacitándolo para alimentarse y vestirse, pero el hombre malvado encontró un facsímil del mismo en los cofres de Dios, se apropió de él y obtuvo alimento y vestido como el primero. Es uno de los sistemas de falsificación más extendidos que conoce el mundo. Yo no sabía que la humanidad padeciera por falta de oro. Yo lo he visto en pequeña cantidad. Sé que es muy maleable, pero no tan maleable como el ingenio. Un grano de oro puede dorar una gran superficie, pero no tanto como un grano de buen juicio (…). Si ganas, la sociedad pierde. (…) El buscador de oro es el enemigo del trabajador honrado».

En su obra ya adelantó un problema que ha ido cada vez a más: el expolio del planeta. Thoreau leyó Tierra, trabajos, oro, de Alfred William Howitt, y escribió: «Me quedaron grabados en la mente toda la noche los numerosos valles con sus arroyos, todo cortado por pozos pestilentes de tres a 30 metros de profundidad y cuatro metros de ancho, tan justos como les fue posible cavarlos y medio cubiertos de agua. El lugar al que se lanzan con furia muchos hombres para buscar fortuna, sin saber dónde deben abrir sus agujeros, sin saber si el oro está bajo su mismo campamento, cavando a veces 50 metros antes de dar con la veta o perdiéndola por centímetros, convertidos en demonios y sin respetar los derechos de los demás en su sed de riqueza. Valles enteros a lo largo de cincuenta kilómetros aparecen de repente como panales de miel por los pozos de los mineros de tal suerte que cientos de estos mueren allí agotados. Metidos en el agua y cubiertos de barro y arcilla trabajan día y noche, y mueren de frío y enfermedad».

El filósofo abolicionista continúa: «Howitt dice del hombre que encontró la gran pepita de 12 kilogramos en las excavaciones de Bendigo, en Australia: ‘Pronto empezó a beber, cogió un caballo y cabalgó por los alrededores, casi siempre al galope, y cuando encontraba gente la llamaba para preguntarle si sabía quién era él. A continuación le informaba, muy amable, de que él era el maldito miserable que había encontrado la pepita. Al final, cabalgando a todo galope, se estrelló contra un árbol, casi se salta los sesos. De todos modos, yo creo que no hubo ningún peligro en su caída porque ya se había saltado los sesos contra la pepita. Howitt añade: ‘Es un hombre completamente acabado’. Pero es un ejemplo de esa clase. Todos estos son hombres disipados. Escuchad algunos nombres de los lugares que excavan: llano del imbécil, barranco de la cabeza del carnero, vado del asesino. ¿No hay sátira en estos nombres? Dejadlos que arrastren su mal ganada riqueza adonde quieran, yo creo que el lugar en que vivan será siempre el llano del imbécil, si no el vado del asesino».

Thoreau llegó a decir: «No preguntes cómo se consigue la mantequilla para tu pan. Se te revolverá el estómago al enterarte”. Y Bob Black acabó su libro con la misma frase que empezó: “Nadie debería trabajar».
Pero, además, incluyó una exhortación: «Proletarios del mundo… ¡descansad!».

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Tienda en Estocolmo, 1907 (Wikimedia.org, dominio público)
Foto de portada: Vertedero, 2012 (Wikimedia.org, reproducida bajo licencia CC)
Anuncio australiano, 1943 (Wikimedia.org, dominio público)

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Opiniones 82
    • Muy buen artículo, te obliga a la autocrítica y al replanteamiento de lo actualmente haces. Sin embargo, me gustaría sacar a debate la siguiente pregunta: «¿el problema es realmente el trabajo o el dinero?. Yo, personalmente, veo la raíz del problema en ese papel o metal llamado dinero, el cual ha condenado a la sociedad moderna en egoísta, avariciosa, materialista y capitalista (yo me incluyo como una víctima más). Es decir, que el objetivo general de la sociedad es obtener dinero, para «comprar su felicidad». El trabajo, ya estemos hablando de animales o de personas, siempre ha sido y será necesario, al menos para sobrevivir. Nadie puede vivir sin trabajar, supongo que para los prehistóricos el ir de caza era trabajar. El problema llega cuando no nos conformamos con lo básico para sobrevivir, sino que queremos comodidades u otros lujos, y eso solo se puede comprar con dinero. Y dado que la única manera legar de obtener dinero es trabajando, ello nos convierte en esclavos del trabajo!

      • El dinero se cambia por recursos del planeta, en mi opinión, el problema real lo plantea el filósofo: la mala organización de la sociedad en todos los sentidos.
        Te recomiendo, para tener una visión más completa de esta perspectiva, que investigues un poco sobre Jacque Fresco (documentales, conferencias, entrevistas, …), ya que plantea la solución física al problema.

  • Por eso se crearon los centros comerciales. Para que la mayoría de los esclavos vivieran una ilusión de capacidad económica a base de compras inducidas pagadas con tarjeta de crédito: la llave que cerraba definitivamente el candado de sus grilletes.

  • Curiosa conclusión para alguien que ha hecho un trabajo de investigación tan exhaustivo. Creo que el hombre está hecho para trabajar. El disfrute es necesario para poder trabajar bien.
    El progreso sería inexistente sin el trabajo, el problema es entenderlo como una carga y no como una responsabilidad. Es necesario recuperar el recto sentido de ciudadanía (o mejor, el de fraternidad universal) para darle un sentido completo.

    • Tal vez deberiamos separar trabajo de aficion/hobby.
      Trabajo /esfuerzo: Hacer una actividad cualquiera que requiera esfuerzo
      Trabajo/empleo: hacer una actividad con el objetivo de una remuneracion o por que es necesaria para otro fin.
      Aficion/hobby: hacer una actividad simplemente por la felicidad que produce
      Correctamente el progreso seria inexistente sin el trabajo/esfuerzo, una pintura no se pinta sola, es necesario trabajarla. Pero aqui estamos hablando del trabajo/empleo,.»el progreso seria inexistente sin el trabajo/empleo», no. Un cientifico no necesita una remuneracion para realizar una proyecto, un artista no necesita una remuneracion para componer una sinfonia, lo que necesitan es, primero, el querer, y despues, los recursos, tiempo

      • Buena distinción, ad doc al tema de fondo, déjame utilizarlas. Pero si el científico investiga, el ingeniero desarrolla, el ejecutivo gestiona, el técnico y obrero construye y mantiene, es, en aras del desarrollo indispensable para una sociedad que evoluciona, no es menos cierto que la mayoría de ellos salen del trabajo a vivir «su vida».
        Eso que llamamos sociedad, como todo sistema dinámico, puede resultar en inestabilidades, las entradas de este sistemas son las necesidades y los resultados satisfacciones en «su vida», visto así el trabajo/empleo son una importante parte en las retroalimentaciones que hacen a la sociedad versátil, mas que el propio sistema político, Dudo que la aficción/hobby y el trabajo/esfuerzo puedan retroalimentar un sistema y mantenerlo tan dinámico como el actual porque la procastinación esta asumida en nuestro sistema, en uno en que el trabajo/esfuerzo sea obsesivamente indispensable no tiene cabida, eso que antes era procastinación y ahora es tiempo libre es un agente adicional o tiempo adicional que dará ideas, dará creatividad, es cierto, pero también problemas, podría volverse fácilmente inestable si el nuevo lema de justicia no se acepta, solo con una solución muy de libro que no se aprecia en una primera lectura sería factible de lo contrario solo la revolución. Lo leeré. Puedo estar equivocado. Un par de preguntas mundanas: esta propuesta ¿llevara necesariamente a mas tiempo libre?¿no seria el trabajo/esfuerzo mas necesario que antes y por tanto requeriría mas tiempo?

        • No entendi casi nada de tu parrafo, «no es menos cierto que..», no es menos cierto que las actividades que antes de eso mencionaste o ¿con que comparas que dices que no es menos cierto?. «puede resultar en inestabilidades…», ¿Que puede resultar en inestabilidades?, ¿la sociedad?. No se a que te refieres con las «entradas de este sistema». Procastinacion es postergar actividades, pero no entiendo a que te refieres con «eso que antes era postergar ideas y ahora es tiempo libre». El «es cierto» va antes, asi es mejor: «es cierto que dara ideas…». ¡¿Cual nuevo lema de justicia?!. «solo con una solución muy de libro que no se aprecia en una primera lectura sería factible (coma) de lo contrario (coma) solo la revolución.», ¡esas comas!.

    • Las bases de nuestro «progreso» principalmente no nacieron en las fábricas , si no en los garajes de muchos investigadores … las fábricas solo explotaron esos progresos para beneficio propio y de alguna manera restando evolución social.

  • El artículo está genial, pero no caigáis en la trampa del Movimiento Zeitgeis y el Proyecto Venus, que es una secta fraudulenta que le dice a la gente lo que quiere oír para robar dinero.

    • Del movimiento Zeitgeist no se mucho, no puedo opinar, pero del proyecto Venus todavia tengo mucha desconfianza. El creador del Venus proyect lo presenta como el paraiso, es bellisimo, mejor que cualquier sociedad actual, pero tanto como para alzarlo hasta el nivel de paraiso, no lo creo. Quiere construir una sociedad donde todo mundo sea feliz, pero, y si la felicidad de alguien reside en la desgracia de otro? De cualquier forma que proceda alguien quedara insatisfecho. Me parece que el creador lo presenta de la mejor manera por que sabe que cualquier defecto en su proyecto repercutira extremamente en el apoyo que se le da. Pero algo que me hace dudar mas que ninguna otra cosa es que tiene una tienda dedicada a vender productos acerca de The Venus Proyect, documentales en dvd, libros, e-books, y todavia peor, vende playeras, tazas, botones, llaveros, delantales. Como es posible que alguien que aboga por el rechazo del trabajo/empleo, por la moneda, por el pagar por algo, este vendiendo su ideologia, tomando en cuenta el rumbo de su proyecto no deberia de ser todo gratis?, acaso no es mas facil de difundir una idea si es gratis?, como va a hacer que las personas mas afectadas de este sistema, los pobres, vean y entiendan su proyecto,si se les cobra por hacerlo. Una estupidez.

      • Muy interesante el articulo. Me ha gustado mucho.
        Respecto al Mov. Zeitgeist y al Proy. Venus, mucho cuidadito; mezclando unas pocas mentiras entre muchas verdades acabamos creyendonoslo todo, sobre todo cuando hemos perdido todo referente.
        Estos malnacidos se las saben todas, conocen muy bien la psicologia de masas, se podría decir que nos conocen mejor que nosotros mismos. Por algo llevan siglos dominando, y esta es solo su última jugada para perpetuar su poder.
        Recomiendo el siguiente video, dificil de encontrar a dia de hoy, ya que ha desaparecido de YT;
        Zeitgeist 3: Moving Forward – Exposed
        http://dotsub.com/view/0712b75e-6a3d-4720-8e81-55c2a62e9e3b
        Salud

  • Hola
    , me estoy divirtiendo un montón ,muy bueno el articulo 😉
    solo comentar que paulLafargue es Español nacido en Cuba descendiente de franceses y yerno de Carlos Marx , un buen mix 😉

  • Seis millones de personas en España estarán encantadas de leer esto. Ya no están en paro, sólo en proceso de dedicarse a las actividades lúdicas que inconscientemente añoraban. ¡Felicidades y a disfrutar

    • Hola Nobu,
      Lo que plantea Bob Black es precisamente eso. El estadounidense dice que este sistema no funciona. No soluciona las necesidades básicas de muchas personas. Muchos individuos trabajan demasiado para un mísero salario y otros ni siquiera tienen opción de conseguir un empleo.
      Él propone un sistema en el que se dedique menos tiempo al trabajo y se conciba de un modo más agradable, que, además, contribuya al desarrollo personal de los ciudadanos en vez de esclavizarlos.
      Está demostrado que las sociedades donde se trabaja más horas no son ni las más ricas ni las más eficientes.
      Gracias por tu comentario.
      🙂

    • Gracias, L. Creo que todos podemos identificarnos con mucho de lo que dice Black y podemos aprender más todavía para intentar hacer del trabajo algo mucho mejor.
      🙂

      • Y si te parece que te inspira a hacer algo mejor como persona porque aceptas el premio de una multinacional como Accenture que explota y degrada con el trabajo monotono a miles de personas en todo el mundo?

  • Hace tiempo empece a escuchar algo del tema, todo empieza en la escuela, el lugar donde nos forman para que seamos el rebaño que va detrás del pasto.
    Al salir de la escuela, buscamos trabajo porque es lo que nos han enseñado y es lo que esta implantado en la sociedad, por eso hay paro, hay trabajo precario y hay gente que roba y estafa lo que otros trabajan. Salir de ello es muy difícil por no decir imposible, seria vivir al margen de la sociedad, de esta sociedad que usa el dinero para todo.
    Si nadie trabajara por obligación y solo lo hiciera por diversión o afición y obtuviera todos los emolumentos que el dinero da, seria una sociedad deseada. El problema es que siempre hay alguien que aunque trabaje por diversión se cansa o se aprovecha de los demás.

  • Magnífico,, yo pienso que se ganaría muchísimo a nivel personal y de sociedad si se redujera el tiempo de trabajo a 25h semanales, y consecuentemente se redistribuyera el trabajo. Ponemos un salario básico digno y las cosas serían de otra manera…

  • una vez vi un documental sobre el Aguila Pescadora en el Nilo.
    Resulta que con media hora al día de «trabajo» solucionaba su subsistencia para todo el día.
    Y nosotros trabajando 8 horas o mas y no da ni para llegar a fin de mes.
    Si que somos avanzados, si

  • El ensayo puede que esté muy bien como crítica de la sociedad en la que vivimos y sobre la que nos puede abrir algo los ojos el análisis histórico que hace pero … yo todavía necesito más información sobre ese tipo de sociedad futura que plantea. A mí por lo menos no me ha quedado claro cómo llevar lo que propone Bob Black a la práctica. Por ejemplo, supongo que habrá trabajos que nadie quiera hacer, trabajos que necesiten de cierta … experiencia y, por lo tanto, si la gente sólo los realiza cuando les apetezca, quizá, se pierda parte del conocimiento potencial que se podría adquirir por esa experiencia, etc. Más que una crítica es … una petición de más información, que me interesa mucho el tema … ¿Quizá alguna novela que plantee una sociedad de este tipo?

    • Hola Logan, te recomiendo dos textos que avanzan en la dirección que propone Black, uno es el ensayo de Luis Racionero «del paro al ocio», que argumenta un poco en esa dirección también. y la otra es una novela utópica, que presenta un tipo de sociedad como la propuesta, se llama Los Desposeídos de Ursula K. Le Guin. Aunque habrá que decir que Le Guin sigue sin poderse sacudir la ecuación trabajo= sufrimiento del todo.
      saludos

  • Yo coincido casi al 100% con el autor del ensayo, pero siempre me falta el «paso 2», es decir, que hacemos con el dinero? Eliminamos el dinero o simplemente anulamos cualquier tipo de negocio financiero? Lo mismo me pasa con la «Economía basada en recursos» del proyecto venus. Es una buena idea, pero quién, y en base a qué, valora las cosas, las actividades, los conocimientos…

  • Esa es mi idea desde niño, pero me obligaron a estudiar y mi primera novia me decía que buscara trabajo, la deje y algo he trabajado pero lo justo, que después te acostumbras a ello y suele ser un problema. Soy horticultor de cañamo , poco trabajo, buen rendimiento y horas de libertad.Como decía Coluche: Ganarse la vida, no tiene sentido, ya la tienes; trabajo hay poco déjaselo al que le guste.

  • Hola Yorokobueñxs (o como se diga)
    Es fantástico y refrescante este Bobby Black. No puedo estar más de acuerdo con el fulano. Trabajar es un desperdicio de tiempo y talento que te roba la vida y te somete a una legión de idiotas y «negreros» sin escrúpulos y, en la mayoría de los casos, sin preparación. Sólo he tenido una jefa por la que mereciese la pena luchar. Es jodido en el momento en el que caes en la cuenta de que trabajar, en el modelo dominante hoy en día, es un desperdicio absoluto. El momento (si, yo también me vi las pelis de Zeitgeist, vivir la utopía, la educación prohibida, leí el manifiesto comunista, eurocomunismo y estado, y una larga lista de libros en los que buscaba el -ismo en el que me sintiese mejor) es como una catarsis en la que de repente aparece un «¡¡¡malditos, me llevan engañando desde el principio!!!». Al igual que un compañero que comentaba anteriormente, yo tb soy un peón de oficina, un trabajador de esos de cuello blanco, de un departamento de marketing de una multinacional cualquiera. Algo no iba bien. Ganaba pasta, me permitía los viajes que quería y ciertos caprichos, pero algo no iba, no marchaba. Cada día estaba más arisco, gris, malhumorado, asqueado… Al principio pensaba que era la empresa y me cambié un par de veces. Luego pensé que era el puesto que desempeñaba y también lo cambié otras tantas. Y finalmente, caí en la cuenta que era otra cosa. Que no era más que el sistema de trabajo.
    Pues finalmente me las he arreglado para librarme de la hipoteca que tenía, obtener un despido, enganchar un contrato temporal (ahora tengo mucho más tiempo libre que antes) que me da unos meses de tranquilidad financiera para dedicarme a lo que realmente quiero, más tiempo para los míos, para criar hijos y para dedicarme a mi pareja, a mi familia, a mis amigos, a aprender a tocar un instrumento, a practicar actividades nuevas, a leer, experimentar,… Y como proyecto laboral, porque del aire no puedo vivir, (y menos en una ciudad como Madrid, donde no se respira precisamente el más puro), entrar a desempeñar un trabajo en una cooperativa, donde la participación de todos es igual en términos de propiedad, la corresponsabilidad es necesaria, y la cooperación fundamental. donde no hay nadie más jefe o más propietario que otro y donde las decisiones se toman en asamblea. Dentro de lo malo que es el trabajo, es la única fórmula que creo que puede satisfacerme de alguna manera. Y, todo esto, sólo lo ejecutaré si contribuye a aumentar mi tiempo libre.
    Espero contaros mis avances en breve en una plataforma similar a esta. Mientras tanto, trabajad lo justo y necesario, lo indispensable,`porque nadie os lo agradecerá, y en la mayoría de los casos, tampoco os lo pagarán.
    Un abrazo y mucha suerte, muchachxs!!

    • Enhorabuena, lo que has hecho tiene un grandísimo mérito. Me siento muy identificado con:
      «Algo no iba bien. Ganaba pasta, me permitía los viajes que quería y ciertos caprichos, pero algo no iba, no marchaba. Cada día estaba más arisco, gris, malhumorado, asqueado… Al principio pensaba que era la empresa y me cambié un par de veces. Luego pensé que era el puesto que desempeñaba y también lo cambié otras tantas. Y finalmente, caí en la cuenta que era otra cosa. Que no era más que el sistema de trabajo.»
      …y parece que ese es el estado de «embriaguez moderada» en el que nos sumimos desde que entramos en el sistema a los 20 y tantos hasta que termina y recogemos las migajas de nuestro trabajo. Es muy, muy difícil hacer algo para salir, y sobre todo para podre mantenerse en ese frágil equilibrio que es vivir al margen, y a la vez integrado en una sociedad que te empuja a lo contrario.

  • Compañero!
    Es importante, antes de escribir sobre algo conocer más sobre lo que se dice.
    Habla usted del marxismo. Pues hay ramas del marxismo que hablan precisamente de esto que cree una idea revolucionaria.
    Lo que Karl Marx llamó el comunismo es un fase superior de la organización de las sociedades humanas en las que el trabajo ya no es el signo de obligación por y para la comunidad, sino un estado consciente y voluntario de hacer lo que uno quiere.
    He aquí lo que suele ser tan dificil de explicar para las mentes perezosas. No se trata de cambiar a las personas en sí, sino cambiar el concepto del TRABAJO. El trabajo no como un medio de sobrevivir, sino una forma de vivir, con lo cual, ya no sería TRABAJO como hoy en día comprendemos el concepto.
    En resumen, no se trata de nada innovador. La diferencia, quizás, es que en las ideologías marxistas se plantean la evolución del TRABAJO como lo conocemos a el JUEGO (Un vocablo utilizado para diferenciarlo de la palabra, pero no sustancialmente diferente en el acto) de una forma progresiva, dada por la desaparición de las clases sociales, con ello la desaparicion del estado y además el concepto arcaico del trabajo.
    Un abrazo y espero que sirva para no tomar las ideas del pasado como prejuicios, sino como herramientas que sirven para llegar a las ideas de hoy. Precisamente, el ignorar estas cosas obligan a las personas a construir ideas «nuevas» que realmente ya existían. Es en fin, un retroceso en nuestra evolucion intelectual.

    • Lo que piensa Andrew Ryan de Marx y el comunismo.
      «¿Cuál es la mayor mentira que se ha inventado?, ¿cuál es la obscenidad más cruel perpetrada contra la humanidad?, ¿La esclavitud?, ¿La dictadura?, ¡No!, es la herramienta con la que se construye toda la maldad. El altruismo.
      Cuando alguien quiere que otra persona le haga el trabajo, piden altruismo. «No importan tus necesidades»,dicen, «piensa en las necesidades de, de…» ¡De quien sea!, del Estado, de los pobres, del ejército, del rey, de Dios. Y la lista sigue y sigue.
      Mi viaje a Rapture fue mi segundo éxodo. En 1919 huí de un país que había cambiado el despotismo por la locura. La revolució marxista simplemente cambió una mentira por otra. Y llegué a Estados Unidos, donde un hombre podía tener su propio trabajo, donde un hombre podía beneficiarse de su propio cerebro, de sus propios músculos, de su propia voluntad.
      Pensaba que había dejado a los parásitos de Moscú atrás. Pensaba que había dejado a los altruistas marxistas con sus granjas colectivas y sus planes quinquenales. Pero cuando los tontos de los alemanes apoyaron a Hitler por el bien del Reich, los estadounidenses fueron bebiendo más y más veneno bolchevique, alimentados por Roosevelt y los beneficiados por sus políticas. Así que me pregunté, ¿en qué país había sitio para hombres como yo?. Hombres que se negaban a decir sí a los parásitos y los dubitativos. Hombres que creían que el trabajo era sagrado y los derechos de propiedad inviolables. Y un día recibí la feliz respuesta, amigos: no había ningún país para la gente como yo. Y ése fue el momento en el que decidí… construir uno. ¡Rapture¡»
      El dice que no hay diferencia entre el feudalismo y el comunismo, mientras que en el feudalismo se le daba el producto de tu esfuerzo a los feudales, en el comunismo se le daba a la comunidad, en otras palabras, nunca era tuyo.

  • Suscribo al cien por cien esta filosofía. Pero por fortuna no es simple filosofía. Hay personas que ya están en esta onda. en este blog recojo un Catálogo de casos reales de Autoempleos Sostenibles. O sea, gente que hace lo que le gusta y que no vive el trabajo como una maldición sino como algo que forma parte de su propio proyecto de vida:
    http://www.autoempleosostenible.com/

  • ¡¡¡Enhorabuena por el artículo!!
    Yo me dedico a lo que me gusta, me apasiona y me divierte, de manera que no lo llamo trabajo, para mi es «mi proyecto de vida» y en este momento estoy formando a otras personas para que lleven a cabo sus propios proyectos de vida y dando conferencias sobre un nuevo concepto el Autoempleo Sostenible, en el que proponemos unir ocio y negocio en una misma concepto: «proyecto de vida» pero para esto hay que entender que hablo de un nuevo paradigma económico, social, cultural , ambiental y profesional que se llama Desarrollo Humano Sostenible.
    Gracias de nuevo por tan fabuloso artículo que compartiré con mis alumnos.

  • A ver quién se quede en la superficie del pensamiento expuesto en este artículo mejor que se vaya a trabajar que es lo que le gusta. Y quién profundice se dará cuenta de que efectivamente el trabajo es un gran mal, trabajar sólo trae tristeza y cansancio. Y si tu que estás leyendo esto no te causa tristeza el trabajo, es porque no trabajas, si no que haces lo que te gusta. Y hacer lo que a uno le gusta no es trabajar, es disfrutar de la vida. Si odias trabajar estás en tu derecho, si amas trabajar es que confundes el poder de las palabras que te han inducido y vives aferrado a unas ideas inducidas, y aceptas tu tristeza de buena gana. Enhorabuena, eres el ciudadano perfecto para los que amamos la pereza.

  • Estamos en crisis de valores, está claro. Este articulo es filosofia pura de asiento de oficina. La trampa es considerar el TRABAJO como sufrimiento permanente, como debacle personal, como manipulación de un tercero superior hacia a ti. El trabajo no es eso. Es realización personal para contruir una sociedad justa. Por favor, no os dejeis llevar por falacias que llevan a la autofelación. El superhumano aún no ha nacido y debemos gestionar la mediocridad de cada uno de nosotros con solidaridad y justicia colectiva. ¡A currar, que el país lo necesita !!

  • Excelente artículo con el que estoy totalmente alienada :-). Me voy a permitir dos cosas:
    1. Una frase de Bertrand Russell (1872-1970) ‘Quiero decir, con toda seriedad, que la fe en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño en el mundo moderno, y que el camino hacia la felicidad y la prosperidad pasa por una reducción organizada de aquél’
    2. Dos libros: ’69 razones para no trabajar demasiado’ de Ciudadano Pérez Ed. El viejo topo y ‘Propuestas para hacer más humana la economía’ del Instituto Emmanuel Mounier Col. Sinergia que habla de la renta básica.
    En una época de escasez de trabajo por cuenta ajena, no queda otra que la del trabajo por cuenta propia … y de hacerlo en lo que nos guste, entonces es pasión y no trabajo 🙂

  • Uno de los mejores artículos que he leído y con el que resueno totalmente. El trabajo es una forma más de establecer jerarquías tal como mayoritariamente se ha venido enfocando desde mucho tiempo atrás hasta la actualidad. Pero afortunadamente ya somos muchos los que estamos «trabajando» para que esto cambie. Cuando todos estemos en dispuestos a comprometernos con nuestro DHARMA por encima de cualquier circunstancia, habremos dado el paso perfecto. Os recuerdo una pregunta maestra que nos plantea Deepak Chopra :¿a qué te dedicarías si tuvieras todo el tiempo y el dinero del mundo?…pues es a eso a lo que tienes que dedicarte para que jamás sientas que estás trabajando. También podemos visualizar nuestro paraíso particular e identificar qué es lo que estamos haciendo en él. NAMASTÉ

  • genial trabajo, llevo años con esta reflexion en mi fb pero no conocia a estos Señores, me ayudara en mi vida

  • ¿Y quién hará los trabajos desagradables/aburridos? ¿A quién le encantará hacer autopsias de muertes trágicas, limpiar escenas de crímenes atroces, encerrar a los malvados, ponerle tapas y pegatinas a los botes o apilar cajas de cartón?
    Admito que el trabajo como tal -más que probablemente- está hipervalorado, pero tiendo a pensar que hay algunos que sólo porque te pagan por ellos es que vale la pena hacerlos…

  • El trabajo es la maldición divina por comer el fruto del árbol del conocimiento. Antes de tener conciencia del bien y del mal, vivíamos en el Edén sin que vivir costara un esfuerzo. Todo esto es simbólico, claro, no literal. Pero quizás apunte a lo mismo que algunas corrientes modernas que propugnan el desaprendizaje. Quizás tengamos que olvidarnos de todo lo aprendido para volver de nuevo al paraíso. Lo decía Picasso: «Desde niño, pintaba como Rafael. Me ha llevado toda una vida conseguir pintar como un niño».

  • A quien le interese este tema, recomiendo que lea Elogio de la ociosidad, de Bertrand Russell. Viene a decir lo mismo, pero en 1932. Pero me ha gustado ver a Thoreau por ahí 🙂

  • Y algunos dicen: El trabajo dignifica al hombre. Yo diría que llena La Bolsa del que te explota y pensar que hasta los niños hoy en día son victimas de estos rapaces voraces. Muy interesante el contenido

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