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29 de enero 2018    /   IDEAS
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Tus abuelos eran más ecológicos que los milenials

29 de enero 2018    /   IDEAS     por          
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La BBC se hacía eco hace unos días de una medida para reducir los residuos plásticos que entrará en vigor en el Reino Unido en 2021. Según esa disposición, las tiendas, cafés y oficinas pondrán a disposición del público lugares en los que poder rellenar gratis botellas de agua para que un solo envase sea utilizado decenas o cientos de veces.

Resumiendo: los ingleses han inventado la fuente. Ese servicio público que hace años estaba presente en parques y calles de las ciudades y que no está claro por qué ha desaparecido de los espacios públicos.

De hecho, la noticia de la BBC no representa nada nuevo. Según la legislación británica, los restaurantes, los centros públicos, las escuelas y los lugares de trabajo tienen la obligación de proporcionar un vaso de agua de forma gratuita (o los que sean necesarios) a los ciudadanos que lo soliciten.

Lo que sí es nuevo es que esos puntos de relleno se anunciarán a través de una moderna app que, además, concienciará a los usuarios de la necesidad de no generar residuos plásticos y contribuir a su reutilización y reciclaje.

Por lo demás, la medida no es más que volver a usos y costumbres de antaño que eran más respetuosos con el medio ambiente. De hecho, sin ser conscientes de ello, las pasadas generaciones tenían actitudes más ecológicas que los milenials. No hay más que pararse a pensar un poco en lo que hacían los abuelos de décadas pasadas:

La bolsa de tela
Muchos años antes de que en los supermercados comenzasen a cobrar las bolsas de plástico, mucho antes de que supieras deletrear tote bag, tu abuela ya iba a la tienda con su bolsa de tela. Además, en lugar de comprarla, es probable que se la hubiera hecho ella misma con retales de tela. Double win! para tu abuela. No, espera: seguro que cuando se deterioraba la bolsa hacía trapos con ella para fregar. Definitivamente, tu abuela te gana en ecologismo por goleada.

La compra, a granel no a lo bestia
¿Qué es eso de comprar las lentejas en un paquetito que lleva cartón impreso a cuatro tintas y plástico para conservar el contenido? Las legumbres se compraban a granel, al peso y presentadas en grandes sacos de arpillera. En este caso, los sacos incluso pueden ser de plástico porque, como se reutilizan y generan menos residuos que los paquetes pequeños, el coste ecológico no es tan grande. ¿Que cómo se llevaba las lentejas a casa? ¿En la mano? No, en un paquetito de papel de estraza. Posiblemente el mismo en el que el tendero echaría la cuenta de la compra para no gastar hojas de un cuaderno. Tan simple y sostenible como eso.

El comercio de cercanía
Tus abuelos, el único continente que conocían era el europeo. Si les hablabas de Alcampo, se pensaban que te referías al del pueblo. Ellos no compraban en el Dia, sino al día. Es decir, en el comercio del barrio para no tener que utilizar el automóvil y sin acaparar grandes cantidades de comida, sino lo que se iba a necesitar en cada momento. Una política que evita el derroche y que la comida se eche a perder.


¿Naranjas en agosto? Tú estás tonto
Actualmente, con los supermercados repletos de frutas tropicales y productos procedentes de todos los lugares del mundo, «la fruta de temporada» parece algo relegado a los menús del día. Sin embargo, hasta hace poco solo se consumían las frutas que correspondían a la estación. Naranjas y mandarinas en invierno, melones en verano (e invierno), uvas a partir de septiembre y fresas en primavera. Menos transporte, menos contaminación. Porque nadie se muere por no comer sandía en diciembre.

La servilleta de tela
Las antiguas generaciones no concebían eso de utilizar manteles de papel, servilletas de papel, pañuelos de papel… Todos esos objetos estaban fabricados en tela y se lavaban cuando era necesario. Mientras tanto, ahí se quedaba la servilleta, atada a la silla hasta que volvías a casa de tus abuelos. Incluso los pañales y la compresas higiénicas eran reutilizables aunque, en este caso, tal vez se pueda hacer la vista gorda ecológica si no te va mucho la copa menstrual o tienes cuatrillizos.

Inmunes a la obsolescencia programada
¿Te acuerdas de esa radio antigua que había en casa de tus abuelos? No, no era de decoración. Todavía funcionaba. De hecho, tal vez siga funcionando en la actualidad. Antiguamente, cuando las cosas se estropeaban, se arreglaban. No solo una o dos veces. Las que fueran suficientes. Las casas de los abuelos eran templos en los que se rendía pleitesía a la cinta aislante.

Café para un regimiento
Antiguamente, eso de las cápsulas de café no existía. Cuando en casa de tus abuelos se hacía café, se hacía café. Tanto que se podía dar de desayunar a un cuartel. En caso de que sobrase (que sobraba), se recalentaba por la noche o para el día siguiente, que la casa de tus abuelos nunca ha sido el Palacio de Liria (bueno, o sí, que esto lo lee mucha gente).

Las últimas navidades
Para los abuelos, siempre es la última vez. Las últimas navidades, el último cumpleaños (suyo), el último cumpleaños (tuyo), las últimas vacaciones… Es gente que ve el fin cercano de forma permanente. Sin embargo, hasta en esa tesitura, demuestran más conciencia ecológica que tú. La gente mayor es poco amiga de innovaciones, así que donde esté un mal entierro, que se quite una buena cremación. Ellos quieren volver a la tierra como se lleva haciendo desde el neolítico. Es decir, sirviendo de alimento a los gusanos, de abono a las plantas y sin generar emisiones a la atmósfera.

La BBC se hacía eco hace unos días de una medida para reducir los residuos plásticos que entrará en vigor en el Reino Unido en 2021. Según esa disposición, las tiendas, cafés y oficinas pondrán a disposición del público lugares en los que poder rellenar gratis botellas de agua para que un solo envase sea utilizado decenas o cientos de veces.

Resumiendo: los ingleses han inventado la fuente. Ese servicio público que hace años estaba presente en parques y calles de las ciudades y que no está claro por qué ha desaparecido de los espacios públicos.

De hecho, la noticia de la BBC no representa nada nuevo. Según la legislación británica, los restaurantes, los centros públicos, las escuelas y los lugares de trabajo tienen la obligación de proporcionar un vaso de agua de forma gratuita (o los que sean necesarios) a los ciudadanos que lo soliciten.

Lo que sí es nuevo es que esos puntos de relleno se anunciarán a través de una moderna app que, además, concienciará a los usuarios de la necesidad de no generar residuos plásticos y contribuir a su reutilización y reciclaje.

Por lo demás, la medida no es más que volver a usos y costumbres de antaño que eran más respetuosos con el medio ambiente. De hecho, sin ser conscientes de ello, las pasadas generaciones tenían actitudes más ecológicas que los milenials. No hay más que pararse a pensar un poco en lo que hacían los abuelos de décadas pasadas:

La bolsa de tela
Muchos años antes de que en los supermercados comenzasen a cobrar las bolsas de plástico, mucho antes de que supieras deletrear tote bag, tu abuela ya iba a la tienda con su bolsa de tela. Además, en lugar de comprarla, es probable que se la hubiera hecho ella misma con retales de tela. Double win! para tu abuela. No, espera: seguro que cuando se deterioraba la bolsa hacía trapos con ella para fregar. Definitivamente, tu abuela te gana en ecologismo por goleada.

La compra, a granel no a lo bestia
¿Qué es eso de comprar las lentejas en un paquetito que lleva cartón impreso a cuatro tintas y plástico para conservar el contenido? Las legumbres se compraban a granel, al peso y presentadas en grandes sacos de arpillera. En este caso, los sacos incluso pueden ser de plástico porque, como se reutilizan y generan menos residuos que los paquetes pequeños, el coste ecológico no es tan grande. ¿Que cómo se llevaba las lentejas a casa? ¿En la mano? No, en un paquetito de papel de estraza. Posiblemente el mismo en el que el tendero echaría la cuenta de la compra para no gastar hojas de un cuaderno. Tan simple y sostenible como eso.

El comercio de cercanía
Tus abuelos, el único continente que conocían era el europeo. Si les hablabas de Alcampo, se pensaban que te referías al del pueblo. Ellos no compraban en el Dia, sino al día. Es decir, en el comercio del barrio para no tener que utilizar el automóvil y sin acaparar grandes cantidades de comida, sino lo que se iba a necesitar en cada momento. Una política que evita el derroche y que la comida se eche a perder.


¿Naranjas en agosto? Tú estás tonto
Actualmente, con los supermercados repletos de frutas tropicales y productos procedentes de todos los lugares del mundo, «la fruta de temporada» parece algo relegado a los menús del día. Sin embargo, hasta hace poco solo se consumían las frutas que correspondían a la estación. Naranjas y mandarinas en invierno, melones en verano (e invierno), uvas a partir de septiembre y fresas en primavera. Menos transporte, menos contaminación. Porque nadie se muere por no comer sandía en diciembre.

La servilleta de tela
Las antiguas generaciones no concebían eso de utilizar manteles de papel, servilletas de papel, pañuelos de papel… Todos esos objetos estaban fabricados en tela y se lavaban cuando era necesario. Mientras tanto, ahí se quedaba la servilleta, atada a la silla hasta que volvías a casa de tus abuelos. Incluso los pañales y la compresas higiénicas eran reutilizables aunque, en este caso, tal vez se pueda hacer la vista gorda ecológica si no te va mucho la copa menstrual o tienes cuatrillizos.

Inmunes a la obsolescencia programada
¿Te acuerdas de esa radio antigua que había en casa de tus abuelos? No, no era de decoración. Todavía funcionaba. De hecho, tal vez siga funcionando en la actualidad. Antiguamente, cuando las cosas se estropeaban, se arreglaban. No solo una o dos veces. Las que fueran suficientes. Las casas de los abuelos eran templos en los que se rendía pleitesía a la cinta aislante.

Café para un regimiento
Antiguamente, eso de las cápsulas de café no existía. Cuando en casa de tus abuelos se hacía café, se hacía café. Tanto que se podía dar de desayunar a un cuartel. En caso de que sobrase (que sobraba), se recalentaba por la noche o para el día siguiente, que la casa de tus abuelos nunca ha sido el Palacio de Liria (bueno, o sí, que esto lo lee mucha gente).

Las últimas navidades
Para los abuelos, siempre es la última vez. Las últimas navidades, el último cumpleaños (suyo), el último cumpleaños (tuyo), las últimas vacaciones… Es gente que ve el fin cercano de forma permanente. Sin embargo, hasta en esa tesitura, demuestran más conciencia ecológica que tú. La gente mayor es poco amiga de innovaciones, así que donde esté un mal entierro, que se quite una buena cremación. Ellos quieren volver a la tierra como se lleva haciendo desde el neolítico. Es decir, sirviendo de alimento a los gusanos, de abono a las plantas y sin generar emisiones a la atmósfera.

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Opiniones 8
  • Qué artículo más simpático, lo que se expone parece «de cajón», pero realmente nos hemos ido tan lejos con el delirio consumista que volver al punto de partida no podía ser menos subrealista ni menos romanticón.
    Ojalá el moderneo ecológico sea duradero y permanente, no como el resto de cosas modernas!

  • Muchas gracias por tu artículo que hace muy bien a todos para recordar que se puede vivir bien con menos y que los abuelos eran mucho más que ambientalistas o seguidores de la sustentabilidad.
    Y felicidades por crear una pagina tan agradable y cómoda para leer. Larga vida a ustedes y su trabajo.

  • vaya que sí. Es alucinante cuando tu madre te cuenta lo que su abuela hacía con la comida. De las frutas y verduras, conservas, encurtidos y salsas; de la matanza de un cerdo, embutidos, lomo en orza y jamón para todo el año… Y así un largo etc. Con lo que no consumía la familia y algo más, se cocinaba la comida del cerdo y se alimentaba a pollos y conejos… Cada tarea era pura rutina anual y todo entraba en perfecto equilibrio con cada época del año. Y siempre había tarea que hacer! Menos TV y más ver qué toca hacer hoy.
    Yo creo que todo ese conocimiento y costumbres volverán más pronto que tarde. Cuando no haya trabajo en las urbes por la masiva mano de obra robotizada, muchos volveremos al campo a recuperar no pocas de aquellas costumbres. Aunque eso sí, ¡a la moderna! Con móviles, internet, tractores robotizados y drones para la huerta, mucho DIY y chismes caseros para facilitar tareas, y por supuesto con mejores controles sanitarios que en aquél entonces. Y mucho más, corregido y aumentado.
    Vida Rural 3.0
    Gracias por sacar el tema.

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