19 de octubre 2020    /   BUSINESS
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‘Petrolheads’ contra ‘electricheads’: ¿Acabará el coche eléctrico con la cultura de la velocidad?

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Imaginemos un concurso televisivo donde se pregunta por características de un BUEN coche deportivo. Los participantes no tardarían en salir con ideas como «¡Caballos de potencia a cholón!», «¡El olor a gasolina derramado por la pista!», «¡El ronroneo del motor puesto a punto!». Ahora bien, quizá faltaba un detalle esencial. ¿Y si ese coche fuera eléctrico?

Por otro lado, al pensar en circuitos de carreras o en los tesoros más preciados de los futbolistas de élite, lo más probable es que nos vengan a la cabeza las típicas marcas que relacionamos con la ostentación, el prestigio y la velocidad. Puros objetos de deseo.

Más allá de la adrenalina y el espectáculo, la competición también es un campo de investigación

En el fondo, estas marcas siempre han estado tan ligadas a las carreras que incluso probaban los motores de sus versiones de andar por casa en los propios circuitos. Así que, efectivamente, más allá de la adrenalina y el espectáculo que sirven de inspiración para canciones de Melendi, la competición también es un campo de investigación donde miles de ingenieros libran su particular batalla para aportar avances que luego podamos encontrar en los concesionarios.

En el fondo, estas marcas siempre han estado tan ligadas a las carreras que incluso probaban los motores de sus versiones de andar por casa en los propios circuitos. Así que, efectivamente, más allá de la adrenalina y el espectáculo que sirven de inspiración para canciones de Melendi, la competición también es un campo de investigación donde miles de ingenieros libran su particular batalla para aportar avances que luego podamos encontrar en los concesionarios.

No hace falta mucho esfuerzo para imaginar el jaleo de las aficiones, los alerones rozando el asfalto y algún que otro derrape. Hay que reconocerlo, no son solo coches, son también todo un icono de la cultura pop. Y gran parte de la culpa la tiene quizá su rasgo más característico: el motor de combustión (el de gasolina de toda la vida, vaya).

Lo que quizá no sabías es que la gente que pierde la cabeza por este universo día a día se denomina comúnmente petrolheads, nombre muy probablemente inventado en Estados Unidos, donde se ensalza al coche casi como un dios metálico, un símbolo que identifica tribus urbanas y que es el pegamento de muchas familias. Seguro que has visto en más de una ocasión la típica película, serie o videojuego cuya trama gira en torno a la compra de un coche clásico de segunda mano. Estos coches se suelen arreglar y tunear en el típico garaje donde por las noches se fundan las típicas start-ups multimillonarias. Padre e hijo, mano a mano. (Sí, en masculino, «padre e hijo»).

Aprovechando que sale a flote el término tuneo, quizá puedas relacionarlo con modas de otra época, pero precisamente en Estados Unidos los dueños realizan verdaderos rituales de modificación para que su vehículo sea más deportivo, más agresivo, más ruidoso… más de todo, excepto ser el coche original. 

Volviendo al concurso del principio, ¿podríamos decir que el automóvil eléctrico es el Yoko Ono de los petrolheads? ¿De verdad su llegada va a suponer hacer añicos toda esta auténtica subcultura de la velocidad y los sueños de progreso asociados? Para responder a esta cuestión es necesario mirar con lupa lo que está por llegar.

‘ELECTRICHEADS’

Todos estas sensaciones de la conducción tradicional suceden básicamente porque el coche de motor de combustión tiene dos señas de identidad: suena (y mucho) y cambia de marchas, por lo que cambia el sonido de la conducción. El eléctrico, en cambio, no necesita estos complejos sistemas mecánicos, así que de un plumazo se sacrifican esas dos características y, con ello, el término petrolhead deja de tener sentido. A partir de ahora, usemos mejor electrichead.

Las investigaciones de los fabricantes no se quedan solo en poner cuatro luces o inventar nuevos sonidos

Los fabricantes de automóviles descruzaron los brazos hace tiempo porque sabían que esto iba a suceder. Por ejemplo, Bentley (una marca caracterizada por sus coches de lujo no aptos para milénials) ya sabe que el futuro es eléctrico, y ha sacado un prototipo nuevo donde introducen una novedad respecto al sonido del motor: han optado por jugar con la sinestesia (la mezcla en la percepción de nuestros sentidos) y han transformado el ruido del motor ¡en una sensación visual! Usando complejos juegos de luces LED curvas que se camuflan a lo largo de toda la carrocería, cada uno puede personalizarlo para que el coche arranque visualmente a gusto propio. Así que lo más probable es que más pronto que tarde veas en Linkedin vacantes para diseñadores lumínicos que propongan nuevos motivos. ¡Creatividad al poder!

Otro ejemplo más reciente lo tenemos en Bill Gates, que ha escogido un Porsche Taycan en lugar del Tesla Model S Perfomance, presuntamente uno de los eléctricos más potentes que existen hoy en día. Tú y yo sabemos que podría haberse comprado los dos (y probablemente a Porsche entera), pero el bueno de Gates ha reconocido que quiso ser fiel a las sensaciones de su marca favorita, dado que en verdad no le importaba que el coche ya no rugiera como antes. Si es que Bill, en el fondo, es un romántico.

Las investigaciones de los fabricantes no se quedan solo en poner cuatro luces o inventar nuevos sonidos. Otras empresas más desconocidas como Faraday Future ponen el foco en el espacio interior. Ten en cuenta que como los eléctricos simplifican mucho la estructura que necesitan para funcionar, el interior, de repente, se vuelve mucho más espacioso, lo cual abre un enorme abanico de posibilidades.

Otros fabricantes, en cambio, están siendo más transgresores para intentar abrir nuevos mercados. Se han imaginado un futuro con ciudades plagadas de coches eléctricos compartidos en las que poseer y conducir tu propio vehículo pase a la categoría de lujo o capricho. Aquí ya entra en escena el coche autónomo, que te viene a recoger a casa mientras hace desaparecer diferentes elementos como el propio volante.

Por acabar este viaje futurista en lo más alto, ¿y si desaparecieran los coches? Puede sonar descabellado, pero piensa una cosa: también hace 200 años nadie se esperaba que sus caballos, de repente, tuvieran bujías. Así que no es imposible que la evolución de los actuales vehículos de cuatro ruedas derive en una alternativa que ni seamos capaces de imaginar hoy.  O a lo mejor tú sí, y podrías desbancar a Elon Musk antes de que lo invente. Mientras tanto, los demás seguiremos tratando de aparcar bien a la primera sin rozar la columna del parking.

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Por otro lado, al pensar en circuitos de carreras o en los tesoros más preciados de los futbolistas de élite, lo más probable es que nos vengan a la cabeza las típicas marcas que relacionamos con la ostentación, el prestigio y la velocidad. Puros objetos de deseo.

Más allá de la adrenalina y el espectáculo, la competición también es un campo de investigación

En el fondo, estas marcas siempre han estado tan ligadas a las carreras que incluso probaban los motores de sus versiones de andar por casa en los propios circuitos. Así que, efectivamente, más allá de la adrenalina y el espectáculo que sirven de inspiración para canciones de Melendi, la competición también es un campo de investigación donde miles de ingenieros libran su particular batalla para aportar avances que luego podamos encontrar en los concesionarios.

En el fondo, estas marcas siempre han estado tan ligadas a las carreras que incluso probaban los motores de sus versiones de andar por casa en los propios circuitos. Así que, efectivamente, más allá de la adrenalina y el espectáculo que sirven de inspiración para canciones de Melendi, la competición también es un campo de investigación donde miles de ingenieros libran su particular batalla para aportar avances que luego podamos encontrar en los concesionarios.

No hace falta mucho esfuerzo para imaginar el jaleo de las aficiones, los alerones rozando el asfalto y algún que otro derrape. Hay que reconocerlo, no son solo coches, son también todo un icono de la cultura pop. Y gran parte de la culpa la tiene quizá su rasgo más característico: el motor de combustión (el de gasolina de toda la vida, vaya).

Lo que quizá no sabías es que la gente que pierde la cabeza por este universo día a día se denomina comúnmente petrolheads, nombre muy probablemente inventado en Estados Unidos, donde se ensalza al coche casi como un dios metálico, un símbolo que identifica tribus urbanas y que es el pegamento de muchas familias. Seguro que has visto en más de una ocasión la típica película, serie o videojuego cuya trama gira en torno a la compra de un coche clásico de segunda mano. Estos coches se suelen arreglar y tunear en el típico garaje donde por las noches se fundan las típicas start-ups multimillonarias. Padre e hijo, mano a mano. (Sí, en masculino, «padre e hijo»).

Aprovechando que sale a flote el término tuneo, quizá puedas relacionarlo con modas de otra época, pero precisamente en Estados Unidos los dueños realizan verdaderos rituales de modificación para que su vehículo sea más deportivo, más agresivo, más ruidoso… más de todo, excepto ser el coche original. 

Volviendo al concurso del principio, ¿podríamos decir que el automóvil eléctrico es el Yoko Ono de los petrolheads? ¿De verdad su llegada va a suponer hacer añicos toda esta auténtica subcultura de la velocidad y los sueños de progreso asociados? Para responder a esta cuestión es necesario mirar con lupa lo que está por llegar.

‘ELECTRICHEADS’

Todos estas sensaciones de la conducción tradicional suceden básicamente porque el coche de motor de combustión tiene dos señas de identidad: suena (y mucho) y cambia de marchas, por lo que cambia el sonido de la conducción. El eléctrico, en cambio, no necesita estos complejos sistemas mecánicos, así que de un plumazo se sacrifican esas dos características y, con ello, el término petrolhead deja de tener sentido. A partir de ahora, usemos mejor electrichead.

Las investigaciones de los fabricantes no se quedan solo en poner cuatro luces o inventar nuevos sonidos

Los fabricantes de automóviles descruzaron los brazos hace tiempo porque sabían que esto iba a suceder. Por ejemplo, Bentley (una marca caracterizada por sus coches de lujo no aptos para milénials) ya sabe que el futuro es eléctrico, y ha sacado un prototipo nuevo donde introducen una novedad respecto al sonido del motor: han optado por jugar con la sinestesia (la mezcla en la percepción de nuestros sentidos) y han transformado el ruido del motor ¡en una sensación visual! Usando complejos juegos de luces LED curvas que se camuflan a lo largo de toda la carrocería, cada uno puede personalizarlo para que el coche arranque visualmente a gusto propio. Así que lo más probable es que más pronto que tarde veas en Linkedin vacantes para diseñadores lumínicos que propongan nuevos motivos. ¡Creatividad al poder!

Otro ejemplo más reciente lo tenemos en Bill Gates, que ha escogido un Porsche Taycan en lugar del Tesla Model S Perfomance, presuntamente uno de los eléctricos más potentes que existen hoy en día. Tú y yo sabemos que podría haberse comprado los dos (y probablemente a Porsche entera), pero el bueno de Gates ha reconocido que quiso ser fiel a las sensaciones de su marca favorita, dado que en verdad no le importaba que el coche ya no rugiera como antes. Si es que Bill, en el fondo, es un romántico.

Las investigaciones de los fabricantes no se quedan solo en poner cuatro luces o inventar nuevos sonidos. Otras empresas más desconocidas como Faraday Future ponen el foco en el espacio interior. Ten en cuenta que como los eléctricos simplifican mucho la estructura que necesitan para funcionar, el interior, de repente, se vuelve mucho más espacioso, lo cual abre un enorme abanico de posibilidades.

Otros fabricantes, en cambio, están siendo más transgresores para intentar abrir nuevos mercados. Se han imaginado un futuro con ciudades plagadas de coches eléctricos compartidos en las que poseer y conducir tu propio vehículo pase a la categoría de lujo o capricho. Aquí ya entra en escena el coche autónomo, que te viene a recoger a casa mientras hace desaparecer diferentes elementos como el propio volante.

Por acabar este viaje futurista en lo más alto, ¿y si desaparecieran los coches? Puede sonar descabellado, pero piensa una cosa: también hace 200 años nadie se esperaba que sus caballos, de repente, tuvieran bujías. Así que no es imposible que la evolución de los actuales vehículos de cuatro ruedas derive en una alternativa que ni seamos capaces de imaginar hoy.  O a lo mejor tú sí, y podrías desbancar a Elon Musk antes de que lo invente. Mientras tanto, los demás seguiremos tratando de aparcar bien a la primera sin rozar la columna del parking.

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