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2 de junio 2016    /   BUSINESS
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Acaparadores del tiempo de los demás

2 de junio 2016    /   BUSINESS     por          
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Cada día nos enfrentamos a más cantidad de información de la que podemos procesar. Cada uno desarrolla sus propias técnicas para seleccionar, para quedarse con lo que más le interesa. Para no emplear su valioso tiempo en algo que no le aporte lo que está buscando.

En internet no es difícil hacer esa selección. El lector elige si acceder o no a un artículo según si el titular llama su atención. A veces, «pica» y entra en un artículo con un titular que promete más de lo que después da, pero no tiene más que dejar de leerlo. (En este preciso instante, si lo desea).

En un escrito, puede hacerse una idea global de su extensión, saltar de un apartado a otro, leerlo «en diagonal», saltarse párrafos, «picotear» las frases que quiera o ir directo a leer el final.

Un vídeo o un podcast exigen un poco más del espectador. No es posible tener una visión global. Pero aún en estos casos, el usuario sigue teniendo en su mano la posibilidad de detener la reproducción si esta no lo convence.

Es en persona donde más acaparamos el tiempo de los demás. Cometemos el error de tenerlo en peor estima que el nuestro. El escritor Javier Marías contaba que fue invitado a hablar en un acto, pero que el presentador se «enrolló» tanto en su discurso que no dejó tiempo para que él, que debía irse para llegar a tiempo a su avión o tren, hablara.

Las personas que asisten a una conferencia o mesa redonda han decidido emplear 20 minutos o una hora en escuchar lo que alguien tiene que decir. Eso es un gran voto de confianza. ¿Cuántos artículos interesantes podrían leerse en ese tiempo? ¿Cuántas páginas de un libro? Es responsabilidad del conferenciante hacer que ese tiempo merezca la pena. Que no salgan de allí con la sensación de haberlo perdido.

Estos son algunas actitudes que quizá te suenen de los conferenciantes que acaparan, con pésimo gusto, el tiempo de los demás.

1. Presentadores y moderadores que se exceden

Quieren su momento de gloria y a menudo se exceden en sus introducciones. Un buen moderador hace buenas preguntas, se preocupa por que todos tengan un tiempo equivalente para exponer sus opiniones y se queda en un conveniente segundo plano.

2. Charlas improvisadas

Sólo aquellos que son muy buenos oradores y tengan buenas historias que contar pueden permitirse improvisar un discurso oral. Por regla general, los expertos recomiendan estructurar la charla y prepararla adecuadamente en lugar de comenzar a divagar y expresar opiniones sin más, si se quiere que los espectadores salgan de ella con algunas ideas claras.

En contraposición con los ponentes que se limitan a contar «batallitas», estaría el estilo de charlas que se da en Estados Unidos, (por ejemplo, las charlas TED), que incluyen gran cantidad de contenido muy elaborado en unos pocos minutos.

3. Presentaciones corporativas

En el caso muy común de un conferenciante invitado por ser anunciante de un evento, este debería evitar hablar sobre su marca sin más y pensar, en su lugar, qué información de interés puede transmitir a los oyentes. De lo contrario, la supuesta conferencia se convierte en una presentación corporativa sin ningún interés más allá del comercial. Ni siquiera es necesario empezar la charla con un resumen de la historia de la empresa, cosa que muchos conferenciantes añaden de forma casi automática.

4. Respuestas vagas

Los ponentes se encuentran, a veces, con preguntas que no se esperaban o que no tienen fácil respuesta. Es frecuente que respondan otra cosa diferente de la que se les preguntó o den una respuesta vacía que no diga en realidad nada, haciendo perder el tiempo de los presentes. El periodista Jeremy Paxman, de la BBC, es conocido por repetir sus preguntas tantas veces como sea necesario hasta que obtiene una respuesta.

5. Preguntas inapropiadas

Los que preguntan también pueden acaparar el tiempo de los demás. Lo hacen cuando, en lugar de formular una pregunta clara, hacen una larga exposición para «lucirse» que a veces ni siquiera lleva una pregunta al final. De nuevo, el truco está en pensarla, prepararla y valorar el tiempo de los demás, que seguramente también tienen cosas que decir, como si fuera oro.

6. Ausencia de valor añadido

Para los asistentes a una charla debe merecer la pena trasladarse hasta allí.

Es decir, el ponente debe aportar información que no pueda ser transmitida en un simple PPT por correo electrónico porque, de lo contrario, la gente sentirá que ha perdido su tiempo. Debe tener sentido la oralidad, el show; no es de recibo dedicarse a leer unas diapositivas, se debe dar a la audiencia algo más.

7. Expresiones vacías

Los conferenciantes inexpertos llenan sus discursos de repeticiones, de muletillas que les permiten ganar tiempo o de frases manidas como «creemos que todo es posible», «se trata de conectar para cambiar», «estamos encantados de estar aquí» o «transformamos el conocimiento». La charla debería ser un resumen conciso del cual se ha eliminado previamente todo lo superfluo.

8. Agradecimientos excesivos

En algunos eventos hay demasiadas intervenciones de gente que solo habla para figurar o dar las gracias a otras personas, pero que no aporta contenido a la charla. A veces es necesario, pero cuando estos compromisos acaban con el tiempo reservado para esa conferencia, son excesivos.

9. Interrupciones

¿Cuántas veces ha interrumpido tu conversación con un dependiente o tu proceso de pago otro cliente que tenía algo que preguntar al dependiente? Esa interrupción está justificada solo si la pregunta y su respuesta son muy breves y el cliente pide disculpas adecuadamente.

En las mesas redondas, a veces, ocurre como en estos comercios. Un ponente interrumpe a otro, que ya no vuelve a tener la oportunidad de retomar ese tema, o se «cuela» por delante de otro que llevaba un rato esperando para dar su opinión. Antes de intervenir con un nuevo tema, es conveniente asegurarse de que el tema anterior está zanjado y todos han dicho su opinión al respecto.

La actitud de la audiencia es un buen indicativo del curso que está siguiendo la charla. Cuando esta detecta que el conferenciante está acaparando su tiempo, se empieza a mostrar inquieta. Las personas se mueven en sus asientos o miran sus móviles con la excusa de estar tuiteando.

Las personas respetuosas con el tiempo de los demás se toman muy en serio la oportunidad de trasladarles unas palabras y realizan sus intervenciones con mimo y prudencia.

Cada día nos enfrentamos a más cantidad de información de la que podemos procesar. Cada uno desarrolla sus propias técnicas para seleccionar, para quedarse con lo que más le interesa. Para no emplear su valioso tiempo en algo que no le aporte lo que está buscando.

En internet no es difícil hacer esa selección. El lector elige si acceder o no a un artículo según si el titular llama su atención. A veces, «pica» y entra en un artículo con un titular que promete más de lo que después da, pero no tiene más que dejar de leerlo. (En este preciso instante, si lo desea).

En un escrito, puede hacerse una idea global de su extensión, saltar de un apartado a otro, leerlo «en diagonal», saltarse párrafos, «picotear» las frases que quiera o ir directo a leer el final.

Un vídeo o un podcast exigen un poco más del espectador. No es posible tener una visión global. Pero aún en estos casos, el usuario sigue teniendo en su mano la posibilidad de detener la reproducción si esta no lo convence.

Es en persona donde más acaparamos el tiempo de los demás. Cometemos el error de tenerlo en peor estima que el nuestro. El escritor Javier Marías contaba que fue invitado a hablar en un acto, pero que el presentador se «enrolló» tanto en su discurso que no dejó tiempo para que él, que debía irse para llegar a tiempo a su avión o tren, hablara.

Las personas que asisten a una conferencia o mesa redonda han decidido emplear 20 minutos o una hora en escuchar lo que alguien tiene que decir. Eso es un gran voto de confianza. ¿Cuántos artículos interesantes podrían leerse en ese tiempo? ¿Cuántas páginas de un libro? Es responsabilidad del conferenciante hacer que ese tiempo merezca la pena. Que no salgan de allí con la sensación de haberlo perdido.

Estos son algunas actitudes que quizá te suenen de los conferenciantes que acaparan, con pésimo gusto, el tiempo de los demás.

1. Presentadores y moderadores que se exceden

Quieren su momento de gloria y a menudo se exceden en sus introducciones. Un buen moderador hace buenas preguntas, se preocupa por que todos tengan un tiempo equivalente para exponer sus opiniones y se queda en un conveniente segundo plano.

2. Charlas improvisadas

Sólo aquellos que son muy buenos oradores y tengan buenas historias que contar pueden permitirse improvisar un discurso oral. Por regla general, los expertos recomiendan estructurar la charla y prepararla adecuadamente en lugar de comenzar a divagar y expresar opiniones sin más, si se quiere que los espectadores salgan de ella con algunas ideas claras.

En contraposición con los ponentes que se limitan a contar «batallitas», estaría el estilo de charlas que se da en Estados Unidos, (por ejemplo, las charlas TED), que incluyen gran cantidad de contenido muy elaborado en unos pocos minutos.

3. Presentaciones corporativas

En el caso muy común de un conferenciante invitado por ser anunciante de un evento, este debería evitar hablar sobre su marca sin más y pensar, en su lugar, qué información de interés puede transmitir a los oyentes. De lo contrario, la supuesta conferencia se convierte en una presentación corporativa sin ningún interés más allá del comercial. Ni siquiera es necesario empezar la charla con un resumen de la historia de la empresa, cosa que muchos conferenciantes añaden de forma casi automática.

4. Respuestas vagas

Los ponentes se encuentran, a veces, con preguntas que no se esperaban o que no tienen fácil respuesta. Es frecuente que respondan otra cosa diferente de la que se les preguntó o den una respuesta vacía que no diga en realidad nada, haciendo perder el tiempo de los presentes. El periodista Jeremy Paxman, de la BBC, es conocido por repetir sus preguntas tantas veces como sea necesario hasta que obtiene una respuesta.

5. Preguntas inapropiadas

Los que preguntan también pueden acaparar el tiempo de los demás. Lo hacen cuando, en lugar de formular una pregunta clara, hacen una larga exposición para «lucirse» que a veces ni siquiera lleva una pregunta al final. De nuevo, el truco está en pensarla, prepararla y valorar el tiempo de los demás, que seguramente también tienen cosas que decir, como si fuera oro.

6. Ausencia de valor añadido

Para los asistentes a una charla debe merecer la pena trasladarse hasta allí.

Es decir, el ponente debe aportar información que no pueda ser transmitida en un simple PPT por correo electrónico porque, de lo contrario, la gente sentirá que ha perdido su tiempo. Debe tener sentido la oralidad, el show; no es de recibo dedicarse a leer unas diapositivas, se debe dar a la audiencia algo más.

7. Expresiones vacías

Los conferenciantes inexpertos llenan sus discursos de repeticiones, de muletillas que les permiten ganar tiempo o de frases manidas como «creemos que todo es posible», «se trata de conectar para cambiar», «estamos encantados de estar aquí» o «transformamos el conocimiento». La charla debería ser un resumen conciso del cual se ha eliminado previamente todo lo superfluo.

8. Agradecimientos excesivos

En algunos eventos hay demasiadas intervenciones de gente que solo habla para figurar o dar las gracias a otras personas, pero que no aporta contenido a la charla. A veces es necesario, pero cuando estos compromisos acaban con el tiempo reservado para esa conferencia, son excesivos.

9. Interrupciones

¿Cuántas veces ha interrumpido tu conversación con un dependiente o tu proceso de pago otro cliente que tenía algo que preguntar al dependiente? Esa interrupción está justificada solo si la pregunta y su respuesta son muy breves y el cliente pide disculpas adecuadamente.

En las mesas redondas, a veces, ocurre como en estos comercios. Un ponente interrumpe a otro, que ya no vuelve a tener la oportunidad de retomar ese tema, o se «cuela» por delante de otro que llevaba un rato esperando para dar su opinión. Antes de intervenir con un nuevo tema, es conveniente asegurarse de que el tema anterior está zanjado y todos han dicho su opinión al respecto.

La actitud de la audiencia es un buen indicativo del curso que está siguiendo la charla. Cuando esta detecta que el conferenciante está acaparando su tiempo, se empieza a mostrar inquieta. Las personas se mueven en sus asientos o miran sus móviles con la excusa de estar tuiteando.

Las personas respetuosas con el tiempo de los demás se toman muy en serio la oportunidad de trasladarles unas palabras y realizan sus intervenciones con mimo y prudencia.

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Opiniones 4
  • En mi campo, el marketing digital y SEO, creo que la mayoría de ponentes se preocupan más por hacer una presentación bonita, sobre todo llamativa y divertida, que por aportar valor. Es cansino ver cómo muchos repiten lo que ya sabemos, una y otra vez.
    En efecto, nuestro tiempo es valioso y se nos debería compensar con buenos contenidos.
    Gracias

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