17 de septiembre 2014    /   IDEAS
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No te quiero ayudar. ¿Te acompaño?

17 de septiembre 2014    /   IDEAS     por          
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La comunicación es algo inherente al ser humano. Pero también es un acto de amor al otro, de empatía, de demostrar que quien nos habla nos importa. Hablar de tú a tú, mirando a los ojos de quien te cuenta cómo le va la vida, parece un gesto cada vez menos frecuente en un mundo como el nuestro, tan interconectado pero tan aislado a la vez, tan individualista.
César Cidraque, barcelonés licenciado en periodismo y dedicado al marketing digital y la comunicación, no tiene tan claro si esto es así. «Sé que hay personas que se sienten solas. Sé que hay personas que no se sienten escuchadas. Sé que hay personas que a menudo quieren compartir sus sentimientos sin que les digan lo que está bien o lo que está mal, o lo que deben hacer, o que les respondan con una historia propia, o con un juicio, o que las interrumpan».
Y de ese convencimiento nació Acope, un proyecto de acompañamiento personal sin ánimo de lucro. «Nace porque un día decidí que quería dedicar mi vida a servir a los demás con alegría. Fui pensando y diseñando un modo de hacerlo y el resultado fue este: ofrecer escucha y acompañamiento gratuito a todas aquellas personas que lo deseen». Eso es todo, sin más: acompañar y escuchar.
Que nadie busque en Acope un gabinete piscológico o una empresa de coaching. Su único punto coincidente con ellos es la empatía. «En Acope no ayudamos», explica César. «La ayuda implica dar a alguien algo que no tiene. Prefiero hablar de acompañar. Cuando acompañas a alguien no te pones ni por encima ni por debajo de la otra persona. Te sitúas al lado y compartes experiencias, situaciones, reflexiones, películas, alegrías, penas, lecturas… Después cada uno se marcha y decide introducir cambios en su vida o no. Decide reinventarse o no. Eso ya se sale del proyecto».
Tampoco hay que buscar conexión religiosa, aunque esa confesión de amor por la humanidad lo pueda parecer. «Coincide en muchos aspectos con prácticamente todas las religiones que conozco», nos cuenta Cidraque. «El motor de Acope es el amor incondicional y el desapego, igual que en muchas religiones y corrientes filosóficas. Pero con el proyecto no pretendo inculcar ninguna doctrina religiosa en concreto. No es un proyecto confesional».
Se trata pues de algo personal nacido de su apuesta por «una forma de entender la vida que pasa por la no dependencia emocional de personas y cosas, por el optimismo, la humildad, la honestidad, el aprendizaje y esfuerzo diario, la comunicación no violenta, el tratar de vivir con consciencia plena. Está claro que es imposible lograrlo a la perfección, pero nos esforzamos en ello y en hacer crecer diariamente nuestra felicidad».
Los acompañamientos, como él mismo los llama, los realiza únicamente él, por el momento. Pero a finales de año se incorporarán otras personas a quienes ahora mismo «todavía estoy conociéndolas y explicándoles con profundidad el proyecto», nos dice.
También cuenta con los «Amigos de Acope», «ángeles de la guarda» en palabras de César, voluntarios que han conocido su idea y quieren ayudarle en su labor de acompañar y escuchar a quien necesite ser escuchado.
«Hace unos meses pusimos en marcha una campaña estratégica para ampliar nuestra red de acompañamiento. Vendemos a precio de fabricación una chapa con el mensaje: “Si necesitas que te escuchen, háblame”. Aquellas personas que la han adquirido, cuando circulan con la chapa, están ofreciendo su escucha libre gratuita, desinteresada y libre de juicios allá donde van».
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«La idea es que si vas en el tren o estás en una cafetería o donde sea y te sientes solo, has tenido un mal día, necesitas expresarte o quieres compartir algo, si te encuentras a alguien con la chapa en cualquier lugar público podrás acudir a él y esa persona te acompañará en tus necesidades sin juzgarte. Aunque no lo conozcas o no lo vuelvas a ver en la vida. Actualmente ya hay más de cincuenta chapas en circulación ofreciendo acompañamiento gratuito y desinteresado», explica Cidraque.
«Solo hay una condición para participar como colaborador o voluntario: disfrutar. Las personas que colaboran lo hacen cuando pueden y quieren. El acompañador pone a disposición del proyecto el tiempo que quiere, por lo que no interfiere en la vida profesional».
La vertiente cultural es importante también para desarrollar el proyecto. Por esta razón, César Cidraque ha buscado la colaboración de artistas amateur o noveles, como Silvia López Rodríguez, colaboradora y pintora que ha realizado la cabecera del blog, para que diseñen los fondos y cabeceras de la web de Acope o de su página de Facebook. «Nosotros tendremos fondos exclusivos y de calidad y ellos se darán a conocer a todos nuestros seguidores».
No hay un perfil definido de los usuarios que acuden a Acope en busca de compañía y charla. César no gusta de poner etiquetas. Entonces, ¿cómo son?, le preguntamos. «Los usuarios de Acope explican cosas muy diversas. Este no es un proyecto para ayudar a gente con problemas, es un proyecto para acompañar a personas», insiste en aclarar. Si detectan a alguien con alguna patología que requiera atención profesional, «sin dejar de ofrecerles nuestros servicios, les proponemos que visiten a un especialista y, si así lo requieren, les facilitamos el contacto».
«Cada uno comparte lo que quiere, situaciones agradables y desagradables, no solo problemas. Yo las escucho, les pregunto cómo se sienten y qué necesitan ante cada situación. También les pregunto si creen que pueden hacer algo en concreto para cubrir esas necesidades que dicen tener descubiertas. Y ya está. El acompañamiento acaba ahí. A veces me piden mi opinión. Otras veces se me ocurre algo y les pido permiso para decirles lo que pienso, porque no han venido al proyecto para eso y a lo mejor no quieren que se lo diga. Si les doy mi opinión explícita siempre indico que yo no soy psicólogo ni psiquiatra ni coach ni terapeuta y que eso se sale del proyecto. Todo lo que cuentan los usuarios es confidencial».
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Obra de Silvia López Rodríguez

Contagiados del espíritu de su proyecto, seguimos escuchando. ¿Es la nuestra una sociedad que nos aísla e incomunica?, le preguntamos. «No lo sé. Sé que hay personas que se sienten solas. Sé que hay personas que no se sienten escuchadas. Sé que hay personas que a menudo quieren compartir sus sentimientos sin que les digan lo que está bien o lo que está mal, o lo que deben hacer, o que les respondan con una historia propia, o con un juicio, o que las interrumpan. Hay personas que me cuentan que cuando están explicando algo tienen la sensación de que su interlocutor se está preparando la respuesta en vez de escuchar. También hay personas que me preguntan: ¿por qué la gente va dándome consejos, si no se los he pedido? ¿Por qué todo el mundo quiere ayudarme? ¡Yo lo que quiero es que me escuchen, sentirme comprendido y querido!», contesta.
«No sé si el nuestro es un mundo aislado. Yo no tengo la razón ni la verdad absoluta, pero me parece que muchas personas tienen dificultades para identificar sus sentimientos y sus necesidades y para diseñar estrategias que las cubran respetándose a sí mismas y a los demás. Incluso observo casos en los que las personas tienen dificultades para distinguir entre pensamientos, actos, sentimientos y necesidades. Pero esto es solo mi opinión subjetiva», sigue diciéndonos.
¿Y qué es la soledad? «Creo que es importante distinguir entre soledad y desolación. La soledad no es mala ni buena. Pienso que los seres humanos necesitamos momentos de soledad y recogimiento. Conozco a muchas personas que disfrutan leyendo un libro, dando un paseo a solas, viendo una película, haciendo una maqueta, saliendo a correr… Sin embargo, estar desolado es un sentimiento desagradable. Nuestros sentimientos desagradables aparecen cuando nuestras necesidades están descubiertas. Habría que preguntarle a esa persona que se siente desolada qué necesidades siente descubiertas».
Nos preguntamos si no es demoledor escuchar los problemas de otros continuamente. «Sólo puedo hablar por mí», contesta. «En mi caso intento que mi felicidad, mi ánimo y mi optimismo dependan de mí, de lo que yo hago o dejo de hacer. Si dejo mi bienestar en manos de los demás, de las circunstancias o de situaciones o cosas que no puedo controlar me siento inseguro. Prefiero que mi bienestar y mi felicidad dependa de lo que puedo controlar, es decir, de lo que hago o dejo de hacer. No de lo que me cuentan los demás, o de si lo que los demás me cuentan es agradable o desagradable. A veces me encuentro situaciones desagradables y es duro», confiesa César Cidraque.
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Foto: Àgata Guinó

«Cuando a mí me han sucedido cosas desagradables el pesimismo no me ha servido para nada constructivo. Un día decidí dejar de ser pesimista y así se lo comuniqué a la gente de mi alrededor. Les dije que se acabó, que no me servía para nada. A partir de ahí me entrené mucho cada día no para que las cosas desagradables no me afectaran, sino para aprender a darles la vuelta, a sacar la parte positiva de todas las situaciones. ¿Cómo lo hice? Muy sencillo: pidiéndole ayuda a personas que ya sabían hacerlo».
Para conseguir que los demás se abran no hay ninguna estrategia. «Muchas veces el usuario ya trae algún tema sobre el que quiere hablar. Cuando no hay tema en concreto, le digo que podemos tratar el tema que más le interese o le pido si puede explicarme alguna situación agradable o desagradable reciente». Y así empieza la escucha.
Aunque prefiere realizar los acompañamientos físicamente, en modo presencial, porque así es más fácil lograr la empatía y conectar con la otra persona, en caso de que exista algún impedimento para ese encuentro la comunicación puede ser por teléfono, skype y todas las posibilidades que ofrece al tecnología actual.
Por ahora está ubicado en Barcelona, pero su intención es abrirse al mundo. «El objetivo a largo plazo es seguir dándonos a conocer y creciendo a todos los niveles para que todas las personas que lo necesiten y quieran puedan ser acompañadas y escuchadas. Siempre gratuitamente. A partir de ahí no hay meta, hay camino».
«El rumbo está claro y nuestro trabajo se centra en servir a los demás con alegría, dando lo mejor de cada uno, aquí y ahora, ocupándonos en el presente y no preocupándonos por lo que ya ha pasado o por lo que todavía no ha ocurrido y nadie sabe si ocurrirá».
«A corto y medio plazo seguimos una estrategia de comunicación y un plan de acción definido y concretado en el calendario y en la agenda. Simplemente es cuestión de ir siguiendo los pasos estipulados y de centrarse en hacerlo lo mejor posible a cada momento».
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Cidraque y sus colaboradores trabajan en la comunicación y difusión de su proyecto a través de medios de comunicación, Twitter y Facebook, intentando crear nuevos lazos y colaboraciones con instituciones públicas y privadas y dando a conocer Acope en las principales universidades de nuestro país e Hispanoamérica, así como otros proyectos solidarios. «Por ahora hemos contactado con la mayoría de revistas y diarios digitales e impresos de España y Latinoamérica con el objetivo de darnos a conocer, ofrecer nuestros servicios y estudiar posibles modos de colaborar en beneficio de todos».
Aunque confiesa no tener grandes necesidades de financiación, está en sus planes de futuro empezar a conseguir algunos ingresos para poder financiar nuevas acciones de marketing social, pero sin recurrir a sus usuarios. «Por ejemplo, ofrecer nuevos artículos a precio de coste que ayuden a conectar con uno mismo y con los demás. Artículos con mensajes motivadores que te mantengan atento al momento presente».
La experiencia, nos cuenta, está siendo positiva aunque todavía está esperando muchas respuestas. No se desanima, sin embargo. «Hay mucho trabajo por hacer y es apasionante y divertido».
 

La comunicación es algo inherente al ser humano. Pero también es un acto de amor al otro, de empatía, de demostrar que quien nos habla nos importa. Hablar de tú a tú, mirando a los ojos de quien te cuenta cómo le va la vida, parece un gesto cada vez menos frecuente en un mundo como el nuestro, tan interconectado pero tan aislado a la vez, tan individualista.
César Cidraque, barcelonés licenciado en periodismo y dedicado al marketing digital y la comunicación, no tiene tan claro si esto es así. «Sé que hay personas que se sienten solas. Sé que hay personas que no se sienten escuchadas. Sé que hay personas que a menudo quieren compartir sus sentimientos sin que les digan lo que está bien o lo que está mal, o lo que deben hacer, o que les respondan con una historia propia, o con un juicio, o que las interrumpan».
Y de ese convencimiento nació Acope, un proyecto de acompañamiento personal sin ánimo de lucro. «Nace porque un día decidí que quería dedicar mi vida a servir a los demás con alegría. Fui pensando y diseñando un modo de hacerlo y el resultado fue este: ofrecer escucha y acompañamiento gratuito a todas aquellas personas que lo deseen». Eso es todo, sin más: acompañar y escuchar.
Que nadie busque en Acope un gabinete piscológico o una empresa de coaching. Su único punto coincidente con ellos es la empatía. «En Acope no ayudamos», explica César. «La ayuda implica dar a alguien algo que no tiene. Prefiero hablar de acompañar. Cuando acompañas a alguien no te pones ni por encima ni por debajo de la otra persona. Te sitúas al lado y compartes experiencias, situaciones, reflexiones, películas, alegrías, penas, lecturas… Después cada uno se marcha y decide introducir cambios en su vida o no. Decide reinventarse o no. Eso ya se sale del proyecto».
Tampoco hay que buscar conexión religiosa, aunque esa confesión de amor por la humanidad lo pueda parecer. «Coincide en muchos aspectos con prácticamente todas las religiones que conozco», nos cuenta Cidraque. «El motor de Acope es el amor incondicional y el desapego, igual que en muchas religiones y corrientes filosóficas. Pero con el proyecto no pretendo inculcar ninguna doctrina religiosa en concreto. No es un proyecto confesional».
Se trata pues de algo personal nacido de su apuesta por «una forma de entender la vida que pasa por la no dependencia emocional de personas y cosas, por el optimismo, la humildad, la honestidad, el aprendizaje y esfuerzo diario, la comunicación no violenta, el tratar de vivir con consciencia plena. Está claro que es imposible lograrlo a la perfección, pero nos esforzamos en ello y en hacer crecer diariamente nuestra felicidad».
Los acompañamientos, como él mismo los llama, los realiza únicamente él, por el momento. Pero a finales de año se incorporarán otras personas a quienes ahora mismo «todavía estoy conociéndolas y explicándoles con profundidad el proyecto», nos dice.
También cuenta con los «Amigos de Acope», «ángeles de la guarda» en palabras de César, voluntarios que han conocido su idea y quieren ayudarle en su labor de acompañar y escuchar a quien necesite ser escuchado.
«Hace unos meses pusimos en marcha una campaña estratégica para ampliar nuestra red de acompañamiento. Vendemos a precio de fabricación una chapa con el mensaje: “Si necesitas que te escuchen, háblame”. Aquellas personas que la han adquirido, cuando circulan con la chapa, están ofreciendo su escucha libre gratuita, desinteresada y libre de juicios allá donde van».
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«La idea es que si vas en el tren o estás en una cafetería o donde sea y te sientes solo, has tenido un mal día, necesitas expresarte o quieres compartir algo, si te encuentras a alguien con la chapa en cualquier lugar público podrás acudir a él y esa persona te acompañará en tus necesidades sin juzgarte. Aunque no lo conozcas o no lo vuelvas a ver en la vida. Actualmente ya hay más de cincuenta chapas en circulación ofreciendo acompañamiento gratuito y desinteresado», explica Cidraque.
«Solo hay una condición para participar como colaborador o voluntario: disfrutar. Las personas que colaboran lo hacen cuando pueden y quieren. El acompañador pone a disposición del proyecto el tiempo que quiere, por lo que no interfiere en la vida profesional».
La vertiente cultural es importante también para desarrollar el proyecto. Por esta razón, César Cidraque ha buscado la colaboración de artistas amateur o noveles, como Silvia López Rodríguez, colaboradora y pintora que ha realizado la cabecera del blog, para que diseñen los fondos y cabeceras de la web de Acope o de su página de Facebook. «Nosotros tendremos fondos exclusivos y de calidad y ellos se darán a conocer a todos nuestros seguidores».
No hay un perfil definido de los usuarios que acuden a Acope en busca de compañía y charla. César no gusta de poner etiquetas. Entonces, ¿cómo son?, le preguntamos. «Los usuarios de Acope explican cosas muy diversas. Este no es un proyecto para ayudar a gente con problemas, es un proyecto para acompañar a personas», insiste en aclarar. Si detectan a alguien con alguna patología que requiera atención profesional, «sin dejar de ofrecerles nuestros servicios, les proponemos que visiten a un especialista y, si así lo requieren, les facilitamos el contacto».
«Cada uno comparte lo que quiere, situaciones agradables y desagradables, no solo problemas. Yo las escucho, les pregunto cómo se sienten y qué necesitan ante cada situación. También les pregunto si creen que pueden hacer algo en concreto para cubrir esas necesidades que dicen tener descubiertas. Y ya está. El acompañamiento acaba ahí. A veces me piden mi opinión. Otras veces se me ocurre algo y les pido permiso para decirles lo que pienso, porque no han venido al proyecto para eso y a lo mejor no quieren que se lo diga. Si les doy mi opinión explícita siempre indico que yo no soy psicólogo ni psiquiatra ni coach ni terapeuta y que eso se sale del proyecto. Todo lo que cuentan los usuarios es confidencial».
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Obra de Silvia López Rodríguez

Contagiados del espíritu de su proyecto, seguimos escuchando. ¿Es la nuestra una sociedad que nos aísla e incomunica?, le preguntamos. «No lo sé. Sé que hay personas que se sienten solas. Sé que hay personas que no se sienten escuchadas. Sé que hay personas que a menudo quieren compartir sus sentimientos sin que les digan lo que está bien o lo que está mal, o lo que deben hacer, o que les respondan con una historia propia, o con un juicio, o que las interrumpan. Hay personas que me cuentan que cuando están explicando algo tienen la sensación de que su interlocutor se está preparando la respuesta en vez de escuchar. También hay personas que me preguntan: ¿por qué la gente va dándome consejos, si no se los he pedido? ¿Por qué todo el mundo quiere ayudarme? ¡Yo lo que quiero es que me escuchen, sentirme comprendido y querido!», contesta.
«No sé si el nuestro es un mundo aislado. Yo no tengo la razón ni la verdad absoluta, pero me parece que muchas personas tienen dificultades para identificar sus sentimientos y sus necesidades y para diseñar estrategias que las cubran respetándose a sí mismas y a los demás. Incluso observo casos en los que las personas tienen dificultades para distinguir entre pensamientos, actos, sentimientos y necesidades. Pero esto es solo mi opinión subjetiva», sigue diciéndonos.
¿Y qué es la soledad? «Creo que es importante distinguir entre soledad y desolación. La soledad no es mala ni buena. Pienso que los seres humanos necesitamos momentos de soledad y recogimiento. Conozco a muchas personas que disfrutan leyendo un libro, dando un paseo a solas, viendo una película, haciendo una maqueta, saliendo a correr… Sin embargo, estar desolado es un sentimiento desagradable. Nuestros sentimientos desagradables aparecen cuando nuestras necesidades están descubiertas. Habría que preguntarle a esa persona que se siente desolada qué necesidades siente descubiertas».
Nos preguntamos si no es demoledor escuchar los problemas de otros continuamente. «Sólo puedo hablar por mí», contesta. «En mi caso intento que mi felicidad, mi ánimo y mi optimismo dependan de mí, de lo que yo hago o dejo de hacer. Si dejo mi bienestar en manos de los demás, de las circunstancias o de situaciones o cosas que no puedo controlar me siento inseguro. Prefiero que mi bienestar y mi felicidad dependa de lo que puedo controlar, es decir, de lo que hago o dejo de hacer. No de lo que me cuentan los demás, o de si lo que los demás me cuentan es agradable o desagradable. A veces me encuentro situaciones desagradables y es duro», confiesa César Cidraque.
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Foto: Àgata Guinó

«Cuando a mí me han sucedido cosas desagradables el pesimismo no me ha servido para nada constructivo. Un día decidí dejar de ser pesimista y así se lo comuniqué a la gente de mi alrededor. Les dije que se acabó, que no me servía para nada. A partir de ahí me entrené mucho cada día no para que las cosas desagradables no me afectaran, sino para aprender a darles la vuelta, a sacar la parte positiva de todas las situaciones. ¿Cómo lo hice? Muy sencillo: pidiéndole ayuda a personas que ya sabían hacerlo».
Para conseguir que los demás se abran no hay ninguna estrategia. «Muchas veces el usuario ya trae algún tema sobre el que quiere hablar. Cuando no hay tema en concreto, le digo que podemos tratar el tema que más le interese o le pido si puede explicarme alguna situación agradable o desagradable reciente». Y así empieza la escucha.
Aunque prefiere realizar los acompañamientos físicamente, en modo presencial, porque así es más fácil lograr la empatía y conectar con la otra persona, en caso de que exista algún impedimento para ese encuentro la comunicación puede ser por teléfono, skype y todas las posibilidades que ofrece al tecnología actual.
Por ahora está ubicado en Barcelona, pero su intención es abrirse al mundo. «El objetivo a largo plazo es seguir dándonos a conocer y creciendo a todos los niveles para que todas las personas que lo necesiten y quieran puedan ser acompañadas y escuchadas. Siempre gratuitamente. A partir de ahí no hay meta, hay camino».
«El rumbo está claro y nuestro trabajo se centra en servir a los demás con alegría, dando lo mejor de cada uno, aquí y ahora, ocupándonos en el presente y no preocupándonos por lo que ya ha pasado o por lo que todavía no ha ocurrido y nadie sabe si ocurrirá».
«A corto y medio plazo seguimos una estrategia de comunicación y un plan de acción definido y concretado en el calendario y en la agenda. Simplemente es cuestión de ir siguiendo los pasos estipulados y de centrarse en hacerlo lo mejor posible a cada momento».
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Cidraque y sus colaboradores trabajan en la comunicación y difusión de su proyecto a través de medios de comunicación, Twitter y Facebook, intentando crear nuevos lazos y colaboraciones con instituciones públicas y privadas y dando a conocer Acope en las principales universidades de nuestro país e Hispanoamérica, así como otros proyectos solidarios. «Por ahora hemos contactado con la mayoría de revistas y diarios digitales e impresos de España y Latinoamérica con el objetivo de darnos a conocer, ofrecer nuestros servicios y estudiar posibles modos de colaborar en beneficio de todos».
Aunque confiesa no tener grandes necesidades de financiación, está en sus planes de futuro empezar a conseguir algunos ingresos para poder financiar nuevas acciones de marketing social, pero sin recurrir a sus usuarios. «Por ejemplo, ofrecer nuevos artículos a precio de coste que ayuden a conectar con uno mismo y con los demás. Artículos con mensajes motivadores que te mantengan atento al momento presente».
La experiencia, nos cuenta, está siendo positiva aunque todavía está esperando muchas respuestas. No se desanima, sin embargo. «Hay mucho trabajo por hacer y es apasionante y divertido».
 

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Opiniones 2
  • La gente ya no tiene amigos… Y necesita coach, o Acopes… ¡Por favor! ¡Dejad de mirar el móvil y hablad con las personas!

  • Me gusta el mar, en todo su esplendor y a partir de un momento determinado se me están abriendo nuevas posibilidades de conocer personas, que viven en esta sociedad y luchan por sobrevivir a sus miedos y en sus proyectos vitales.

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