27 de mayo 2014    /   IDEAS
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Breve ensayo sobre una actitud contemporánea

27 de mayo 2014    /   IDEAS     por          
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Empezar una introducción recordando la crisis contemporánea es algo a lo que estamos acostumbrados: la desconfianza en los dirigentes políticos, el colapso del sistema capitalista, la subida de los impuestos, los recortes, la carencia de valores fundamentales, el agotamiento de los recursos naturales, las desigualdades sociales…

«Es la primera vez en la historia en la que sabemos que la generación siguiente va a vivir peor que la anterior», afirmaba el periodista José Miguel Monzón Navarro. Rotundo se posicionaba el escritor y columnista Arturo Pérez Reverte en una entrevista de Salvados al confirmar que «España es un país maldito históricamente» en el que no parece haber una solución.
La realidad está causando estragos, las cosas no van bien, pero, ¿alguna vez han ido bien las cosas? ¿Cuándo el mundo entero ha gozado de alegría y vivido en armonía?
En el documental La vida es un soplo, Óscar Niemeyer nos recordaba las palabras de Paul Sartre: «Quién sabe si el mundo no sería mejor sin los hombres». Niemeyer solía despreciar y temer la mano del hombre, quien «se ha encargado de ocupar y violar la tierra virgen». En sus memorias, Las curvas del tiempo, escribe: «Pero la vida continua, y así vamos tirando, querido lector, mientras fingimos creer en cosas sin importancia, vestidos de arquitecto, discutiendo sobre arquitectura que este mundo injusto seguro que no justifica».
El estudio de diseño de Sagmeister hizo para Experimenta, en Lisboa, un cartel en el que aparecía un mensaje con letras que estaban hechas de un papel que se desvanecía con la luz solar. En él se podía leer: «Complaining is silly. Either act or forget». Después de un tiempo, el mensaje desapareció.

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Fuente: Pablo Calderón Salazar

Este principio nos introduce a una actitud contemporánea que reside en algunos sujetos escépticos e inconformistas dentro de nuestra sociedad. Sujetos que, adaptando casi la táctica kamikaze, deciden actuar y dar paso a una vida con opciones abiertas de realización.
Redefinir la palabra como coworking o cultura hipster dentro de un determinado contexto sociocultural nos ayudará a seguir con nuestro ensayo.
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1. Si escribimos Hipster en el Google Translate nos dice que es «inconformista», pero en realidad sabemos ya que la palabra hipster encierra mucho más que eso. En el Urban Dictionary encontramos una definición más precisa: hipster es una subcultura de hombres y mujeres comprendidos en una edad de entre los 20 y 40 años (millennials) que valoran una forma de pensar independiente.
A este colectivo también se le asocia una forma de vestir o de vivir y, en general, rechazan las formas convencionales que propone la sociedad de consumo. Practican el concepto del «Effortless cool» adaptándolo a cualquier disciplina o conducta. Marcas de moda como American Apparel o Urban Outfitters son algunas de las encargadas de llevar esta idea a la moda.
El hipster suele estar bien educado y suele poseer algún título relacionados con el arte y el diseño (también se incluyen aquí los grados en matemáticas o ciencias que precisan un alto grado de creatividad analítica). Son, en muchas ocasiones, pioneros y conductores de las últimas tendencias culturales.
Esta cultura se caracteriza también por el cuidado e interés en la elaboración de contenido multimedia. Un caso enigmático podría ser la red social Tumblr, una de las plataformas mas influyentes de estos últimos años, en la que más del 50% de los usuarios tienen menos de 25 años con una gran influencia del mundo hipster. De la misma forma, la oferta de publicaciones independientes editadas e impulsadas por estos es cada vez mayor.
2.El zine es una publicación con poca difusión. Suelen estar producidos, editados y distribuidos tanto por una persona como por un grupo pequeño; es por eso que no pasan ningún tipo de filtro y sortean con facilidad cualquier tema legal. Los formatos son infinitos, aunque la gran mayoría se elabora con fotocopiadoras en blanco y negro, doblando un A4 formando un libreto tamaño A5. Luego se les pone un par de grapas en el lomo o algún tipo de cosido, siendo este último menos habitual.
Las redes sociales no son las únicas que han cambiado la forma en la que nos comunicamos —afirman los autores del libro Behind the Zines de la editorial Gestalten—. Muchos artistas o escritores buscan formas alternativas a las que encontramos en internet (Blogger, Tumblr, Flickr, Twitter, Facebook…) y encuentran en los zines una forma libre de plasmar sus aficiones o sus descubrimientos. En los últimos años muchas de estas publicaciones han sufrido un emplazamiento hacia campos más expertos y profesionales, es por eso que gran cantidad de las revistas independientes que encontramos en el mercado no se puedan clasificar como zines, aunque aún conservan gran parte de la postura propia de una autopublicación.
El zine logra una atmósfera bien definida y muchas veces propone sistemas o diseños que van en contra de los rituales habituales del mundo creativo, generando una actitud provocativa alimentando el intelecto del lector. Esto se produce, en parte, por el hecho de no tener que satisfacer los intereses de las empresas que intervienen en la revista.
Los zines han encontrado un lugar en muchas librerías y su actitud catalizadora se observa en todo el mundo del diseño.
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3. El coworking es una respuesta que dan pequeñas empresas y trabajadores independientes (freelance) con el fin de unir fuerzas para alcanzar un fin comercial. Esta actividad recae sobre la acción de compartir un espacio donde se juntan los diferentes trabajadores para desarrollar proyectos profesionales.
Pero, y esto es importante, como afirmaba Manuel Zea en una entrevista realizada por la revista Yorokobu, «los medios de comunicación han enfocado el fenómeno desde el punto de vista del espacio de trabajo compartido. […] No se trata de poner cuatro mesas y cuatro sillas y dar a cada uno un hueco para hacer su labor».
Aunque es habitual repasar a los clásicos, veamos cómo muchas de las respuestas que damos en esta era de crisis no son originales. Epicuro [341 a.c.] nos sirve de excusa para entender los principios de esta actitud. Él es un claro ejemplo de cómo reducir todo a lo más importante: la amistad, la independencia, la sencillez y el placer.
A la edad de treinta y cinco años Epicuro regresó a Atenas, compró una casa alejada del centro de la ciudad y se instaló allí con un grupo de amigos. La casa disponía de espacios privados para cada uno de los inquilinos y espacios comunes donde comían o discutían. En el libro Las consolaciones de la filosofía el filósofo Alain de Botton hace una pequeña reflexión sobre este acontecimiento. Afirma que «estar rodeados de amigos equivale a la constante confirmación de nuestras identidades».
Además de esto, nos recuerda la forma en la que decidieron vivir estos amigos: «aceptando un estado de vida más simple a cambio de la independencia. […] No había que avergonzarse de la desnudez de las paredes. […] Dentro de un grupo de amigos que vivían ajenos al meollo político y económico de la ciudad, nada había que demostrar en lo referido a las fianzas». Con el paso del tiempo compraron un huerto cerca de su casa donde cultivaban sus alimentos, y así conseguir aún más independencia.
Esta actitud se encuentra fuertemente arraigada en las personas con una gran capacidad soñadora que, frente a la depresión económica y la gran crisis global pretende abrir una alternativa olvidando muchas reglas que la sociedad ha inculcado al individuo durante la etapa de su formación.
La gran cantidad de nuevas ofertas culturales en las grandes capitales, nuevos conceptos de cafetería, restaurantes clandestinos, tenderos amateurs, diseñadores independientes, nuevas ofertas editoriales… muchas de estas decisiones parecen surgir en esta tesitura.
Esta actitud, por tanto, se nutre en gran parte en la fe ciega de la esperanza. Querer ver las cosas de otro color, aferrarse a un mundo más fantástico lleno de pequeños momentos sorprendentes, es una decisión frágil que da fuerzas al soñador. Trabajar de forma autónoma (freelance), hacer autopublicaciones independientes, abrir tu propia tienda, conceptos como hospitality exchange o coworking… son, por tanto, algunas de las manifestaciones de esta actitud que parece estar dando una alternativa a las formas basadas en la cadena tan agresiva que propone el sistema capitalista.
Frente a la ansiedad que produce la impotencia de cambiar las cosas o de encontrar obsesivamente un lugar en este mundo, nace una generación de sujetos que, conscientes de las debilidades de su planteamiento, siguen teniendo fuerzas para alimentar sus convicciones más honestas.
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Empezar una introducción recordando la crisis contemporánea es algo a lo que estamos acostumbrados: la desconfianza en los dirigentes políticos, el colapso del sistema capitalista, la subida de los impuestos, los recortes, la carencia de valores fundamentales, el agotamiento de los recursos naturales, las desigualdades sociales…

«Es la primera vez en la historia en la que sabemos que la generación siguiente va a vivir peor que la anterior», afirmaba el periodista José Miguel Monzón Navarro. Rotundo se posicionaba el escritor y columnista Arturo Pérez Reverte en una entrevista de Salvados al confirmar que «España es un país maldito históricamente» en el que no parece haber una solución.
La realidad está causando estragos, las cosas no van bien, pero, ¿alguna vez han ido bien las cosas? ¿Cuándo el mundo entero ha gozado de alegría y vivido en armonía?
En el documental La vida es un soplo, Óscar Niemeyer nos recordaba las palabras de Paul Sartre: «Quién sabe si el mundo no sería mejor sin los hombres». Niemeyer solía despreciar y temer la mano del hombre, quien «se ha encargado de ocupar y violar la tierra virgen». En sus memorias, Las curvas del tiempo, escribe: «Pero la vida continua, y así vamos tirando, querido lector, mientras fingimos creer en cosas sin importancia, vestidos de arquitecto, discutiendo sobre arquitectura que este mundo injusto seguro que no justifica».
El estudio de diseño de Sagmeister hizo para Experimenta, en Lisboa, un cartel en el que aparecía un mensaje con letras que estaban hechas de un papel que se desvanecía con la luz solar. En él se podía leer: «Complaining is silly. Either act or forget». Después de un tiempo, el mensaje desapareció.

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Fuente: Pablo Calderón Salazar

Este principio nos introduce a una actitud contemporánea que reside en algunos sujetos escépticos e inconformistas dentro de nuestra sociedad. Sujetos que, adaptando casi la táctica kamikaze, deciden actuar y dar paso a una vida con opciones abiertas de realización.
Redefinir la palabra como coworking o cultura hipster dentro de un determinado contexto sociocultural nos ayudará a seguir con nuestro ensayo.
2-web
1. Si escribimos Hipster en el Google Translate nos dice que es «inconformista», pero en realidad sabemos ya que la palabra hipster encierra mucho más que eso. En el Urban Dictionary encontramos una definición más precisa: hipster es una subcultura de hombres y mujeres comprendidos en una edad de entre los 20 y 40 años (millennials) que valoran una forma de pensar independiente.
A este colectivo también se le asocia una forma de vestir o de vivir y, en general, rechazan las formas convencionales que propone la sociedad de consumo. Practican el concepto del «Effortless cool» adaptándolo a cualquier disciplina o conducta. Marcas de moda como American Apparel o Urban Outfitters son algunas de las encargadas de llevar esta idea a la moda.
El hipster suele estar bien educado y suele poseer algún título relacionados con el arte y el diseño (también se incluyen aquí los grados en matemáticas o ciencias que precisan un alto grado de creatividad analítica). Son, en muchas ocasiones, pioneros y conductores de las últimas tendencias culturales.
Esta cultura se caracteriza también por el cuidado e interés en la elaboración de contenido multimedia. Un caso enigmático podría ser la red social Tumblr, una de las plataformas mas influyentes de estos últimos años, en la que más del 50% de los usuarios tienen menos de 25 años con una gran influencia del mundo hipster. De la misma forma, la oferta de publicaciones independientes editadas e impulsadas por estos es cada vez mayor.
2.El zine es una publicación con poca difusión. Suelen estar producidos, editados y distribuidos tanto por una persona como por un grupo pequeño; es por eso que no pasan ningún tipo de filtro y sortean con facilidad cualquier tema legal. Los formatos son infinitos, aunque la gran mayoría se elabora con fotocopiadoras en blanco y negro, doblando un A4 formando un libreto tamaño A5. Luego se les pone un par de grapas en el lomo o algún tipo de cosido, siendo este último menos habitual.
Las redes sociales no son las únicas que han cambiado la forma en la que nos comunicamos —afirman los autores del libro Behind the Zines de la editorial Gestalten—. Muchos artistas o escritores buscan formas alternativas a las que encontramos en internet (Blogger, Tumblr, Flickr, Twitter, Facebook…) y encuentran en los zines una forma libre de plasmar sus aficiones o sus descubrimientos. En los últimos años muchas de estas publicaciones han sufrido un emplazamiento hacia campos más expertos y profesionales, es por eso que gran cantidad de las revistas independientes que encontramos en el mercado no se puedan clasificar como zines, aunque aún conservan gran parte de la postura propia de una autopublicación.
El zine logra una atmósfera bien definida y muchas veces propone sistemas o diseños que van en contra de los rituales habituales del mundo creativo, generando una actitud provocativa alimentando el intelecto del lector. Esto se produce, en parte, por el hecho de no tener que satisfacer los intereses de las empresas que intervienen en la revista.
Los zines han encontrado un lugar en muchas librerías y su actitud catalizadora se observa en todo el mundo del diseño.
3-web
3. El coworking es una respuesta que dan pequeñas empresas y trabajadores independientes (freelance) con el fin de unir fuerzas para alcanzar un fin comercial. Esta actividad recae sobre la acción de compartir un espacio donde se juntan los diferentes trabajadores para desarrollar proyectos profesionales.
Pero, y esto es importante, como afirmaba Manuel Zea en una entrevista realizada por la revista Yorokobu, «los medios de comunicación han enfocado el fenómeno desde el punto de vista del espacio de trabajo compartido. […] No se trata de poner cuatro mesas y cuatro sillas y dar a cada uno un hueco para hacer su labor».
Aunque es habitual repasar a los clásicos, veamos cómo muchas de las respuestas que damos en esta era de crisis no son originales. Epicuro [341 a.c.] nos sirve de excusa para entender los principios de esta actitud. Él es un claro ejemplo de cómo reducir todo a lo más importante: la amistad, la independencia, la sencillez y el placer.
A la edad de treinta y cinco años Epicuro regresó a Atenas, compró una casa alejada del centro de la ciudad y se instaló allí con un grupo de amigos. La casa disponía de espacios privados para cada uno de los inquilinos y espacios comunes donde comían o discutían. En el libro Las consolaciones de la filosofía el filósofo Alain de Botton hace una pequeña reflexión sobre este acontecimiento. Afirma que «estar rodeados de amigos equivale a la constante confirmación de nuestras identidades».
Además de esto, nos recuerda la forma en la que decidieron vivir estos amigos: «aceptando un estado de vida más simple a cambio de la independencia. […] No había que avergonzarse de la desnudez de las paredes. […] Dentro de un grupo de amigos que vivían ajenos al meollo político y económico de la ciudad, nada había que demostrar en lo referido a las fianzas». Con el paso del tiempo compraron un huerto cerca de su casa donde cultivaban sus alimentos, y así conseguir aún más independencia.
Esta actitud se encuentra fuertemente arraigada en las personas con una gran capacidad soñadora que, frente a la depresión económica y la gran crisis global pretende abrir una alternativa olvidando muchas reglas que la sociedad ha inculcado al individuo durante la etapa de su formación.
La gran cantidad de nuevas ofertas culturales en las grandes capitales, nuevos conceptos de cafetería, restaurantes clandestinos, tenderos amateurs, diseñadores independientes, nuevas ofertas editoriales… muchas de estas decisiones parecen surgir en esta tesitura.
Esta actitud, por tanto, se nutre en gran parte en la fe ciega de la esperanza. Querer ver las cosas de otro color, aferrarse a un mundo más fantástico lleno de pequeños momentos sorprendentes, es una decisión frágil que da fuerzas al soñador. Trabajar de forma autónoma (freelance), hacer autopublicaciones independientes, abrir tu propia tienda, conceptos como hospitality exchange o coworking… son, por tanto, algunas de las manifestaciones de esta actitud que parece estar dando una alternativa a las formas basadas en la cadena tan agresiva que propone el sistema capitalista.
Frente a la ansiedad que produce la impotencia de cambiar las cosas o de encontrar obsesivamente un lugar en este mundo, nace una generación de sujetos que, conscientes de las debilidades de su planteamiento, siguen teniendo fuerzas para alimentar sus convicciones más honestas.
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