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23 de octubre 2015    /   BUSINESS
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La policía lo tendrá más difícil para molerte a palos con estos 'wearables'

23 de octubre 2015    /   BUSINESS     por          
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Las fuerzas del orden bloquean el paso de algunas calles. Han decidido formar un cuello de botella que contenga a los manifestantes para que sea más fácil golpearlos o arrestarlos en punto estratégicos. Sin embargo, los agentes desconocen que uno de los activistas ha presionado el botón del pánico para desbaratar su plan. Las pulseras inteligentes que llevan sus compañeros en la protesta vibran, avisándoles de que es una zona peligrosa y que deben buscar una alternativa.
Los wearables no tienen por qué servir exclusivamente para que los gigantes tecnológicos se beneficien monitorizando cada detalle de nuestras vidas. También pueden ser una herramienta para la desobediencia civil del mañana en aquellos lugares del globo donde se reprime la lucha pacífica de los ciudadanos. Al menos así lo creen los diseñadores Pedro G. C. Oliveira y Xuedi Chen, que han ideado  un kit de supervivencia para el manifestante del futuro como parte de su proyecto Backslash (Barra invertida en español).
Un router de emergencia puede crear una red alternativa si las autoridades deciden cerrar el grifo de internet, y además, trazar un mapa detallado de la situación de conflicto usando la información de las pulseras inteligentes. Una bandana inspirada en los pañuelos palestinos puede preservar la identidad de los manifestantes, que pueden descifrar los mensajes ocultos de una app únicamente con ayuda de esa simbólica prenda de resistencia.
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Estos son algunos de los dispositivos que Oliveira y Chen han presentado como tesis de su Programa de Telecomunicaciones Interactivas de la Universidad de Nueva York y como forma de provocar el debate sobre los posibles lazos entre los bits y la insumisión. Según estos diseñadores, las autoridades de los estados opresivos y corruptos se sirven cada vez más de tecnología puntera para acallar a las voces críticas. Su proyecto es un intento de equilibrar la balanza.
En India, la Policía ha calificado como «excelentes» los resultados de las pruebas realizadas con drones para lanzar gas pimienta contra manifestantes. Una técnica que ya han legalizado en Dakota del Norte, que ostenta el dudoso honor de ser el primer estado de EEUU en el que los agentes pueden usar cuadricópteros como soporte de armas no letales, como pistolas táser que inmovilizan a los viandantes mediante descargas eléctricas.
Ensordecer a los que se indignan mediante cañones acústicos también se ha puesto de moda desde que la policía decidiera usarlos para disolver a los manifestantes durante la Cumbre del G-20 celebrada en Pittsburgh en 2009. El año pasado, las fuerzas de seguridad estadounidenses decidieron emplear este sistema durante las protestas en Ferguson contra la discriminación racial tras el asesinato de Michael Brown a manos de un policía blanco, e incluso los Mossos d’ Esquadra han utilizado ya esta técnica para dispersar protestas dañando tímpanos.
Estos diseñadores han investigado a fondo las formas de protesta y represión de todo el globo, desde la Revolución Verde de Irán de 2009 al movimiento Occupy Wall Street de 2011 o la ola de protestas de Brasil en 2013. Han contactado con ciudadanos que participaron en esos movimientos, además de con activistas rusos, turcos o taiwaneses, para escuchar sus propuestas y adaptar sus diseños a todo tipo de situaciones. Su wearable funciona incluso cuando los manifestantes no tienen un smartphone a mano, para que pueda utilizarse en los países del tercer mundo donde los ciudadanos pueden no disponer de móviles de última generación.
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«El manifestante moderno cree que la conexión es un derecho humano básico, y nosotros los diseñadores creemos que la tecnología centrada en las personas puede ayudar a nivelar el campo», explican Oliveira y Chen a Yorokobu. Precisamente la conexión de los ciudadanos logró que la Primavera Árabe triunfara gracias a las redes sociales o que en la Revolución de los Paraguas de Hong Kong los manifestantes pudieran comunicarse sin acceso a internet gracias al servicio de mensajería instantánea FireChat.
Si la tecnología de hoy ya ha ayudado a los que reclaman un mundo más justo, tal vez mañana puedan también disfrutar de una caja negra personal para guardar en su propia nube fotos o vídeos de los abusos policiales sin metadatos, de un colgante que impide que puedan rastrear el smartphone o de una plantilla lista para pintar con spray datos secretos que una app puede descubrir en las paredes. Los seis dispositivos que han creado estos diseñadores ponen las innovaciones tecnológicas al servicio de la privacidad del manifestante.
Al fin y al cabo, como ha señalado Ernesto Oroza, un artista que lleva años documentando la desobediencia tecnológica de los cubanos arreglando y construyendo sus propios aparatos, «mientras más severa es la crisis, más poderosa es la creatividad de las personas». Su sentencia se ha convertido en una de las inspiraciones de Oliveira y Chen. «Los seres humanos son sumamente ingeniosos y capaces en momentos de crisis», defienden estos artistas.
Ellos ya han demostrado su ingenio para lograr que el manifestante del mañana conserve gracias a este kit su única e inofensiva arma: la capacidad de comunicarse. Eso sí, aunque todos los dispositivos que han desarrollado están preparados para su utilización real en una protesta y  los han probado en diferentes escenarios en Nueva York (gases lacrimógenos incluidos), todavía no han planeado repartirlos entre los manifestantes. Oliveira y Chen no tienen todavía una agenda política. Su intención era plantear el desafío, exponer el desequilibrio entre fuerzas del orden y los ciudadanos y comenzar una conversación global.
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Por el momento, han presentado sus dispositivos en el Open Hardware Summit, un congreso anual sobre open hardware, y han conseguido ese objetivo. Impresionaron a los asistentes no solo por el mero diseño de la bandana de secretos o del wearable de alarma, sino por la reflexión que planteaban esos artefactos.
También se han puesto en contacto con activistas, educadores, hackers y makers para dar a conocer sus dispositivos y que toda la comunidad les ayude a dar los siguientes pasos de su proyecto. Han programado los seis aparatos gracias a plataformas de código abierto, pero aún no han compartido los diseños en la red. No quieren que su esfuerzo caiga en malas manos ni tampoco pretenden decir que sus invenciones sean la solución perfecta en todas las manifestaciones.
«Esperamos realizar talleres sobre el tipo de pensamiento de diseño que puede empoderar al individuo en periodos de crisis, es lo que estamos llamando diseño de guerrilla», concluyen. En tiempos de Ley Mordaza, parece una buena idea elucubrar sobre el activismo del mañana.
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Las imágenes que aparecen en este artículo son propiedad de Pedro G.C. Oliveira y Xuedi Chen

Las fuerzas del orden bloquean el paso de algunas calles. Han decidido formar un cuello de botella que contenga a los manifestantes para que sea más fácil golpearlos o arrestarlos en punto estratégicos. Sin embargo, los agentes desconocen que uno de los activistas ha presionado el botón del pánico para desbaratar su plan. Las pulseras inteligentes que llevan sus compañeros en la protesta vibran, avisándoles de que es una zona peligrosa y que deben buscar una alternativa.
Los wearables no tienen por qué servir exclusivamente para que los gigantes tecnológicos se beneficien monitorizando cada detalle de nuestras vidas. También pueden ser una herramienta para la desobediencia civil del mañana en aquellos lugares del globo donde se reprime la lucha pacífica de los ciudadanos. Al menos así lo creen los diseñadores Pedro G. C. Oliveira y Xuedi Chen, que han ideado  un kit de supervivencia para el manifestante del futuro como parte de su proyecto Backslash (Barra invertida en español).
Un router de emergencia puede crear una red alternativa si las autoridades deciden cerrar el grifo de internet, y además, trazar un mapa detallado de la situación de conflicto usando la información de las pulseras inteligentes. Una bandana inspirada en los pañuelos palestinos puede preservar la identidad de los manifestantes, que pueden descifrar los mensajes ocultos de una app únicamente con ayuda de esa simbólica prenda de resistencia.
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Estos son algunos de los dispositivos que Oliveira y Chen han presentado como tesis de su Programa de Telecomunicaciones Interactivas de la Universidad de Nueva York y como forma de provocar el debate sobre los posibles lazos entre los bits y la insumisión. Según estos diseñadores, las autoridades de los estados opresivos y corruptos se sirven cada vez más de tecnología puntera para acallar a las voces críticas. Su proyecto es un intento de equilibrar la balanza.
En India, la Policía ha calificado como «excelentes» los resultados de las pruebas realizadas con drones para lanzar gas pimienta contra manifestantes. Una técnica que ya han legalizado en Dakota del Norte, que ostenta el dudoso honor de ser el primer estado de EEUU en el que los agentes pueden usar cuadricópteros como soporte de armas no letales, como pistolas táser que inmovilizan a los viandantes mediante descargas eléctricas.
Ensordecer a los que se indignan mediante cañones acústicos también se ha puesto de moda desde que la policía decidiera usarlos para disolver a los manifestantes durante la Cumbre del G-20 celebrada en Pittsburgh en 2009. El año pasado, las fuerzas de seguridad estadounidenses decidieron emplear este sistema durante las protestas en Ferguson contra la discriminación racial tras el asesinato de Michael Brown a manos de un policía blanco, e incluso los Mossos d’ Esquadra han utilizado ya esta técnica para dispersar protestas dañando tímpanos.
Estos diseñadores han investigado a fondo las formas de protesta y represión de todo el globo, desde la Revolución Verde de Irán de 2009 al movimiento Occupy Wall Street de 2011 o la ola de protestas de Brasil en 2013. Han contactado con ciudadanos que participaron en esos movimientos, además de con activistas rusos, turcos o taiwaneses, para escuchar sus propuestas y adaptar sus diseños a todo tipo de situaciones. Su wearable funciona incluso cuando los manifestantes no tienen un smartphone a mano, para que pueda utilizarse en los países del tercer mundo donde los ciudadanos pueden no disponer de móviles de última generación.
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«El manifestante moderno cree que la conexión es un derecho humano básico, y nosotros los diseñadores creemos que la tecnología centrada en las personas puede ayudar a nivelar el campo», explican Oliveira y Chen a Yorokobu. Precisamente la conexión de los ciudadanos logró que la Primavera Árabe triunfara gracias a las redes sociales o que en la Revolución de los Paraguas de Hong Kong los manifestantes pudieran comunicarse sin acceso a internet gracias al servicio de mensajería instantánea FireChat.
Si la tecnología de hoy ya ha ayudado a los que reclaman un mundo más justo, tal vez mañana puedan también disfrutar de una caja negra personal para guardar en su propia nube fotos o vídeos de los abusos policiales sin metadatos, de un colgante que impide que puedan rastrear el smartphone o de una plantilla lista para pintar con spray datos secretos que una app puede descubrir en las paredes. Los seis dispositivos que han creado estos diseñadores ponen las innovaciones tecnológicas al servicio de la privacidad del manifestante.
Al fin y al cabo, como ha señalado Ernesto Oroza, un artista que lleva años documentando la desobediencia tecnológica de los cubanos arreglando y construyendo sus propios aparatos, «mientras más severa es la crisis, más poderosa es la creatividad de las personas». Su sentencia se ha convertido en una de las inspiraciones de Oliveira y Chen. «Los seres humanos son sumamente ingeniosos y capaces en momentos de crisis», defienden estos artistas.
Ellos ya han demostrado su ingenio para lograr que el manifestante del mañana conserve gracias a este kit su única e inofensiva arma: la capacidad de comunicarse. Eso sí, aunque todos los dispositivos que han desarrollado están preparados para su utilización real en una protesta y  los han probado en diferentes escenarios en Nueva York (gases lacrimógenos incluidos), todavía no han planeado repartirlos entre los manifestantes. Oliveira y Chen no tienen todavía una agenda política. Su intención era plantear el desafío, exponer el desequilibrio entre fuerzas del orden y los ciudadanos y comenzar una conversación global.
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Por el momento, han presentado sus dispositivos en el Open Hardware Summit, un congreso anual sobre open hardware, y han conseguido ese objetivo. Impresionaron a los asistentes no solo por el mero diseño de la bandana de secretos o del wearable de alarma, sino por la reflexión que planteaban esos artefactos.
También se han puesto en contacto con activistas, educadores, hackers y makers para dar a conocer sus dispositivos y que toda la comunidad les ayude a dar los siguientes pasos de su proyecto. Han programado los seis aparatos gracias a plataformas de código abierto, pero aún no han compartido los diseños en la red. No quieren que su esfuerzo caiga en malas manos ni tampoco pretenden decir que sus invenciones sean la solución perfecta en todas las manifestaciones.
«Esperamos realizar talleres sobre el tipo de pensamiento de diseño que puede empoderar al individuo en periodos de crisis, es lo que estamos llamando diseño de guerrilla», concluyen. En tiempos de Ley Mordaza, parece una buena idea elucubrar sobre el activismo del mañana.
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Las imágenes que aparecen en este artículo son propiedad de Pedro G.C. Oliveira y Xuedi Chen

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