26 de octubre 2023    /   IDEAS
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Fotos  Imagen de portada: engin akyurt - Unsplash

Adaia Teruel: «¿Cuánta mujer tiene sexo no deseado con su pareja?»

26 de octubre 2023    /   IDEAS     por        Fotos  Imagen de portada: engin akyurt - Unsplash
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mujeres que follan

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Las películas, las novelas, incluso lo que llega a nuestros oídos sobre la vida sexual de mujeres de 40 años, tiene que ver poco con la realidad. Pareciera que el sexo en su existencia hubiera quedado relegado a un pasado juvenil y que ahora se dedicaran a su carrera profesional o a la familia.

Por ello, cuando la periodista Adaia Teruel se puso a explorar prácticas para su vida sexual con su pareja, se chocó de bruces con la realidad. Todo eso que parecía cierto sobre el sexo a los 40, no lo era tanto. Más bien al contrario.

A esa edad, las mujeres se conocen mejor que nunca y viven el deseo de una manera plena. Por ello, para desmontar ese falso mito y, de refilón, demostrar que no hay una única forma de vivir el sexo, la periodista preguntó a una treintena de mujeres de esa edad —casadas, con hijos, sin hijos, separadas— sobre sus preferencias sexuales y sus fantasías, pero también sobre sus miedos y traumas. Unos testimonios en primera persona que ahora ha recogido en el libro Mujeres que follan

¿Qué fue lo te encontraste cuando preguntaste a tantas mujeres sobre el sexo a los cuarenta?

Lo primero que me encontré es que parece que las mujeres de 40 no tuvieran sexo, que están centradas en su carrera o la maternidad, y no es así. Al menos, fue la primera cosa que me llamó la atención. Aunque no se hable, hay mucho sexo a esta edad.

Todos los expertos dicen que el punto álgido de la sexualidad es ahí: porque cuando somos más jóvenes no tenemos tanto conocimiento sobre nuestro cuerpo y después nos centramos más en la carrera o en los hijos. Y llegadas a este momento, quien más quien menos ya tiene su vida más o menos hecha, pasa de los prejuicios y tiene más información. Por lo que se permite vivir experiencias que a los 20 no.

mujeres que follan

En esta plenitud, son muchas las que afirman tener el mejor sexo de su vida…

Las mujeres de mi generación que tuvieron suerte y en su familia se habló de ello son las que menos. Las demás se enfrentan a ello con una total desinformación. Cuando no sabes lo que tienes que esperar, todo te parece normal. Tanto si no llegas al orgasmo como si no te hacen sexo oral. La desinformación hace que te encuentres en situaciones que no son placenteras o son frustrantes o te crean traumas. En cambio, a los 40, tú ya sabes si te gusta más la penetración o no, que te hagan sexo
oral o te toquen, si eres multiorgásmica… Conoces tu cuerpo perfectamente.

También hay mucha separada. Me encontré con muchas mujeres que habían estado y que tuvieron relaciones sexuales consentidas pero no deseadas. Lo hacían por cumplir. No me corro, pero lo hago para que mi marido se calle. No hablamos de violaciones, que evidentemente son palabras mayores, pero ¿cuánta mujer que está en una relación convencional tiene sexo que no desea? Hacen falta datos.

Respecto a esto, escribes una frase dilapidaría en el libro: «El sexo es placer y el resto es norma»

Desde pequeñas nos han dicho cómo tienen que ser las relaciones. Cómo tiene que ser el encuentro y la pareja. Todo lo que queda fuera de lo monógamo y heterosexual, parece una perversión. Pero si hablas con la gente, te das cuenta de que hay muchas personas que tienen sexualidades distintas.

Lo que pasa es que, como no son visibles, parece que no existen o que están mal. Hay fetichismo de pies, BDSM, intercambio de parejas… Todo esto, si lo sumamos, quizá es mayoritario por encima de la gente que tiene una relación heterosexual, convencional y monógama. Se trata de visibilizar estas realidades.

También de aquellas que no tienen sexo…

También está bien esto. Parece que ahora todos tenemos que ser poliamorosos, hacer intercambios, atarnos a una pared…. Y la persona que no tiene deseo se siente un bicho raro. Cada una tiene que vivirlo a su manera y está bien si le funciona a ella y a su pareja.

Me da la sensación de que si follas mucho como mujer, se te pone la etiqueta de ninfómana, guarra, pervertida, pero si lo haces poco, eres una estrecha. ¿Cuál es la medida? ¿Qué es follar mucho o follar bien? Cada una vive la sexualidad en función de muchas cosas: de sus vivencias, de su
carácter, de sus intereses… Lo que a ti te funciona igual no le funciona al otro. Siempre que sea con respeto y consensuado, está bien. La gente habla mucho de follar y luego la realidad es otra.

Es curioso, ¿no? Que socialmente compremos un discurso totalmente diferente a la realidad…

La sexualidad se adapta a todas las etapas de la vida. De hecho, una chica lo comenta en el libro. Dice que el sexo no se acaba, que si siempre lo has basado en la penetración, cuando eso no se levante no vas a poder. Pero si eres una persona con imaginación y te has ido adaptando a los cambios de la vida, seguirás teniendo sexo. El placer no termina.

También rompes con la idea de que es el hombre el sexualmente activo. Y con que hay mujeres «que son el hombre de la relación».

A mí me ha pasado. Yo siempre he sido muy sexual, por lo que, cuando era más joven, si no me definía como un hombre, era una puta. Ahora digo que soy una mujer con deseo. A nosotras nos enseñaron que el hombre siempre tenía ganas y a las mujeres les dolía la cabeza. Por eso, es muy chungo cuando como mujer te encuentras con un hombre que no responde a ese
prototipo: te sientes culpable.

Las mujeres tendemos a culpabilizarnos a nosotras mismas: por qué no le gusto, ya no seré guapa o sexi…. Mis amigas diciéndome que sus novios les echarían tres al día, y yo detrás del mío. Eso baja mucho la autoestima. Hay una de las entrevistadas que cuenta que se va a la cama cachonda y que el marido está en el salón viendo el fútbol y luego se pregunta por qué
no se lo comunicó, por qué no puso sus necesidades encima de la mesa. Y es porque durante mucho tiempo nos dijeron que no las teníamos.

mujeres que follan

Esto que comentas muestra muy bien el machismo que sufrían y que sufren algunas todavía.

El machismo lo hemos sufrido todas y todos. El otro día, saliendo de una presentación, se me acercó un chico y me dijo que debería escribir Hombres que follan. Me habló de la cárcel del opresor, de cómo a los hombres se los ha encorsetado sobre cómo tienen que ser en la cama, de que siempre tienen que ser activos machos. Tienen que ajustarse a un papel ficticio al que
no todos pueden.

También que muchas han comprendido que abusaron de ellas y que son capaces de hablarlo ahora. Cuando me puse a escribir el libro, me sorprendió que quien más quien menos me contó un episodio así. Desde la que la encerraron en el baño de una discoteca a la fuerza, a la que el
abuelo que se la sentaba encima para toquetearla o a la que habían violado.

Una de ellas, ante la pregunta de cómo había perdido la virginidad, empezó a balbucear si había sido un abuso o no. Ella misma tenía un lío mental ya que había perdido la virginidad a los 14 años con un familiar que le doblaba la edad. Este no la forzó, pero se aprovechó de una situación en la que había perdido al padre y que buscaba alguien que le prestara atención y cariño. Había una desigualdad de edad y de jerarquía. Y ahora a ella, con 40 años, le costaba verbalizarlo. Es muy fuerte.

Lo que está claro es que no hay una única forma de vivir el sexo.

Cada sexualidad es única porque cada persona es única. Es inclasificable. Es la conclusión a la que llegué cuando terminé el libro. Y mientras sea consensuado, quiénes somos los demás para decir que no es válido. Cada uno a lo suyo y los demás deberíamos empezar a callarnos.

Después de escuchar tantas experiencias, ¿qué recomendación darías a las mujeres que follan?

Que dejen de lado todo el peso que nos han inculcado. Que nos soltemos y estemos bien. Que nos permitamos sentir. Ese sería el consejo que les daría.

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Las películas, las novelas, incluso lo que llega a nuestros oídos sobre la vida sexual de mujeres de 40 años, tiene que ver poco con la realidad. Pareciera que el sexo en su existencia hubiera quedado relegado a un pasado juvenil y que ahora se dedicaran a su carrera profesional o a la familia.

Por ello, cuando la periodista Adaia Teruel se puso a explorar prácticas para su vida sexual con su pareja, se chocó de bruces con la realidad. Todo eso que parecía cierto sobre el sexo a los 40, no lo era tanto. Más bien al contrario.

A esa edad, las mujeres se conocen mejor que nunca y viven el deseo de una manera plena. Por ello, para desmontar ese falso mito y, de refilón, demostrar que no hay una única forma de vivir el sexo, la periodista preguntó a una treintena de mujeres de esa edad —casadas, con hijos, sin hijos, separadas— sobre sus preferencias sexuales y sus fantasías, pero también sobre sus miedos y traumas. Unos testimonios en primera persona que ahora ha recogido en el libro Mujeres que follan

¿Qué fue lo te encontraste cuando preguntaste a tantas mujeres sobre el sexo a los cuarenta?

Lo primero que me encontré es que parece que las mujeres de 40 no tuvieran sexo, que están centradas en su carrera o la maternidad, y no es así. Al menos, fue la primera cosa que me llamó la atención. Aunque no se hable, hay mucho sexo a esta edad.

Todos los expertos dicen que el punto álgido de la sexualidad es ahí: porque cuando somos más jóvenes no tenemos tanto conocimiento sobre nuestro cuerpo y después nos centramos más en la carrera o en los hijos. Y llegadas a este momento, quien más quien menos ya tiene su vida más o menos hecha, pasa de los prejuicios y tiene más información. Por lo que se permite vivir experiencias que a los 20 no.

mujeres que follan

En esta plenitud, son muchas las que afirman tener el mejor sexo de su vida…

Las mujeres de mi generación que tuvieron suerte y en su familia se habló de ello son las que menos. Las demás se enfrentan a ello con una total desinformación. Cuando no sabes lo que tienes que esperar, todo te parece normal. Tanto si no llegas al orgasmo como si no te hacen sexo oral. La desinformación hace que te encuentres en situaciones que no son placenteras o son frustrantes o te crean traumas. En cambio, a los 40, tú ya sabes si te gusta más la penetración o no, que te hagan sexo
oral o te toquen, si eres multiorgásmica… Conoces tu cuerpo perfectamente.

También hay mucha separada. Me encontré con muchas mujeres que habían estado y que tuvieron relaciones sexuales consentidas pero no deseadas. Lo hacían por cumplir. No me corro, pero lo hago para que mi marido se calle. No hablamos de violaciones, que evidentemente son palabras mayores, pero ¿cuánta mujer que está en una relación convencional tiene sexo que no desea? Hacen falta datos.

Respecto a esto, escribes una frase dilapidaría en el libro: «El sexo es placer y el resto es norma»

Desde pequeñas nos han dicho cómo tienen que ser las relaciones. Cómo tiene que ser el encuentro y la pareja. Todo lo que queda fuera de lo monógamo y heterosexual, parece una perversión. Pero si hablas con la gente, te das cuenta de que hay muchas personas que tienen sexualidades distintas.

Lo que pasa es que, como no son visibles, parece que no existen o que están mal. Hay fetichismo de pies, BDSM, intercambio de parejas… Todo esto, si lo sumamos, quizá es mayoritario por encima de la gente que tiene una relación heterosexual, convencional y monógama. Se trata de visibilizar estas realidades.

También de aquellas que no tienen sexo…

También está bien esto. Parece que ahora todos tenemos que ser poliamorosos, hacer intercambios, atarnos a una pared…. Y la persona que no tiene deseo se siente un bicho raro. Cada una tiene que vivirlo a su manera y está bien si le funciona a ella y a su pareja.

Me da la sensación de que si follas mucho como mujer, se te pone la etiqueta de ninfómana, guarra, pervertida, pero si lo haces poco, eres una estrecha. ¿Cuál es la medida? ¿Qué es follar mucho o follar bien? Cada una vive la sexualidad en función de muchas cosas: de sus vivencias, de su
carácter, de sus intereses… Lo que a ti te funciona igual no le funciona al otro. Siempre que sea con respeto y consensuado, está bien. La gente habla mucho de follar y luego la realidad es otra.

Es curioso, ¿no? Que socialmente compremos un discurso totalmente diferente a la realidad…

La sexualidad se adapta a todas las etapas de la vida. De hecho, una chica lo comenta en el libro. Dice que el sexo no se acaba, que si siempre lo has basado en la penetración, cuando eso no se levante no vas a poder. Pero si eres una persona con imaginación y te has ido adaptando a los cambios de la vida, seguirás teniendo sexo. El placer no termina.

También rompes con la idea de que es el hombre el sexualmente activo. Y con que hay mujeres «que son el hombre de la relación».

A mí me ha pasado. Yo siempre he sido muy sexual, por lo que, cuando era más joven, si no me definía como un hombre, era una puta. Ahora digo que soy una mujer con deseo. A nosotras nos enseñaron que el hombre siempre tenía ganas y a las mujeres les dolía la cabeza. Por eso, es muy chungo cuando como mujer te encuentras con un hombre que no responde a ese
prototipo: te sientes culpable.

Las mujeres tendemos a culpabilizarnos a nosotras mismas: por qué no le gusto, ya no seré guapa o sexi…. Mis amigas diciéndome que sus novios les echarían tres al día, y yo detrás del mío. Eso baja mucho la autoestima. Hay una de las entrevistadas que cuenta que se va a la cama cachonda y que el marido está en el salón viendo el fútbol y luego se pregunta por qué
no se lo comunicó, por qué no puso sus necesidades encima de la mesa. Y es porque durante mucho tiempo nos dijeron que no las teníamos.

mujeres que follan

Esto que comentas muestra muy bien el machismo que sufrían y que sufren algunas todavía.

El machismo lo hemos sufrido todas y todos. El otro día, saliendo de una presentación, se me acercó un chico y me dijo que debería escribir Hombres que follan. Me habló de la cárcel del opresor, de cómo a los hombres se los ha encorsetado sobre cómo tienen que ser en la cama, de que siempre tienen que ser activos machos. Tienen que ajustarse a un papel ficticio al que
no todos pueden.

También que muchas han comprendido que abusaron de ellas y que son capaces de hablarlo ahora. Cuando me puse a escribir el libro, me sorprendió que quien más quien menos me contó un episodio así. Desde la que la encerraron en el baño de una discoteca a la fuerza, a la que el
abuelo que se la sentaba encima para toquetearla o a la que habían violado.

Una de ellas, ante la pregunta de cómo había perdido la virginidad, empezó a balbucear si había sido un abuso o no. Ella misma tenía un lío mental ya que había perdido la virginidad a los 14 años con un familiar que le doblaba la edad. Este no la forzó, pero se aprovechó de una situación en la que había perdido al padre y que buscaba alguien que le prestara atención y cariño. Había una desigualdad de edad y de jerarquía. Y ahora a ella, con 40 años, le costaba verbalizarlo. Es muy fuerte.

Lo que está claro es que no hay una única forma de vivir el sexo.

Cada sexualidad es única porque cada persona es única. Es inclasificable. Es la conclusión a la que llegué cuando terminé el libro. Y mientras sea consensuado, quiénes somos los demás para decir que no es válido. Cada uno a lo suyo y los demás deberíamos empezar a callarnos.

Después de escuchar tantas experiencias, ¿qué recomendación darías a las mujeres que follan?

Que dejen de lado todo el peso que nos han inculcado. Que nos soltemos y estemos bien. Que nos permitamos sentir. Ese sería el consejo que les daría.

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Opiniones 1
  • Me han entrado ganas de leer el libro. Solo un apunte: hasta donde yo sé, es “frase lapidaria”, no “dilapidaría”. (Perdón, deformación profesional).

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