3 de noviembre 2022    /   IDEAS
por
Ilustración  Alona Savchuk (Shutterstock)

Adictos a Internet Anónimos: un decálogo para desintoxicarse de la Red y de la tecnología

Un programa similar al de Alcohólicos Anónimos ya funciona en más de 80 países y en él participan miles de personas.

3 de noviembre 2022    /   IDEAS     por        Ilustración  Alona Savchuk (Shutterstock)
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Está claro que internet ha modificado nuestras vidas para siempre. Resulta una herramienta inabarcable y enriquecedora que, si desapareciera ahora mismo, nos obligaría a replantearnos nuestra vida entera. Es extraño recordar cómo era la vida antes de internet. A través de la red nos informamos, nos entretenemos, conocemos a otras personas y mantenemos el contacto con nuestros seres queridos; nos relacionamos con la Administración, con empresas… La enumeración podría ser interminable.

Pero también es cierto que muchas personas tienen una relación complicada con internet y, especialmente, con su móvil, la principal puerta de entrada para la mayoría. Esta se ha agudizado en los últimos años, durante los que han surgido decenas (o cientos) de aplicaciones que pugnan por captar nuestra atención, en muchos casos, por desgracia, para mostrarnos anuncios.

En esta categoría ocupan un lugar privilegiado las redes sociales que nacieron como una forma de conectar con nuestros amigos, pero que para mucha gente se han ido convirtiendo en «internet», ya que hacen casi todas las cosas que hemos citado anteriormente a través de ellas. Las redes sociales quizá no son intrínsecamente malas, pero lo cierto es que están diseñadas para acaparar nuestro tiempo y eso ha hecho que para algunos usuarios se haya convertido en un problema. Pasan un número de horas excesivo dentro de ellas y esto, aparte de la pérdida de tiempo que implica, ha comenzado a tener consecuencias en su salud mental. Y las empresas que las gestionan lo saben perfectamente.

Hace más o menos un año, el diario Wall Street Journal sacó a la luz unos documentos internos de Meta, la antigua Facebook, en los que se revelaba que Instagram (que también le pertenece) «empeora los problemas mentales sobre la propia imagen en una de cada tres adolescentes». En otra parte de la documentación podíamos leer que «entre las adolescentes con pensamientos suicidas, el 13% de las usuarias británicas y el 6% de las estadounidenses apuntaron a que el origen de su deseo suicida era Instagram».

No es difícil intuir eso a nuestro alrededor. Todos tenemos a alguien que, sin ser influencer ni nada de eso, ha tenido que desinstalar de vez en cuando alguna de estas aplicaciones para «descansar un poco». Investigando sobre el tema en la red, no es difícil dar con la organización Internet and Technology Addicts Anonymous (Adictos a Internet y a la Tecnología Anónimos o ITAA, por sus siglas en inglés), una entidad sin ánimo de lucro fundada hace unos pocos años que está inspirada en Alcohólicos Anónimos y a la que ya han acudido miles de personas de todo el mundo.

«Nuestros miembros no provienen de un sector concreto de la sociedad. Al igual que otras adicciones, la adicción a internet y la tecnología no discrimina por la edad, el nivel educativo, la raza, el origen étnico o el nivel socioeconómico»

Las adicciones son un tema muy complejo y el concepto de la adicción a internet todavía es demasiado nuevo como para teorizar sobre él, por esto decidimos hablar con Tomás (nombre con el que quiere aparecer en este reportaje para no desvelar su identidad), miembro de ITAA y portavoz de la organización, para que contestara algunas preguntas al respecto.

Adictos a Internet Anónimos 

«Adictos a Internet y a la Tecnología Anónimos es una asociación basada en los doce pasos promovidos por Alcohólicos Anónimos», explica Tomás. «La ITAA se fundó en junio de 2017 después de que los tres miembros originales se conocieran en otra organización. Los tres reconocieron que tenían un problema grave con el uso compulsivo de internet y la tecnología y decidieron unir fuerzas para ayudarse mutuamente. Como vivían en diferentes países, las primeras reuniones se realizaron por teléfono».

Al principio, claro está, ni siquiera tenían una página web, con lo que los primeros miembros llegaron a través del boca a oreja. Una vez que tuvieron presencia en internet, contactaron con más personas que sufrían problemas similares a los suyos. «Durante el primer año, se celebraban dos reuniones telefónicas por semana con solo un puñado de miembros participantes, además de una reunión presencial en Bellevue, Washington», recuerda Tomás. «Durante 2019, la cantidad de reuniones aumentó a siete por semana, incluida una reunión presencial en Ámsterdam, Holanda y la primera convención internacional que se llevó a cabo en Berlín en noviembre de aquel año».

La expansión fue rápida. Pronto se creó un grupo presencial en Berlín y otros en Nueva York y Moscú. El ritmo de crecimiento ha seguido a buen ritmo desde entonces y hoy en día ya hay más de 60 reuniones semanales en línea y una docena presenciales por todo el mundo. «Nuestros miembros provienen de más de 80 países y tenemos reuniones en inglés, español, alemán, ruso, francés, portugués, árabe, hebreo y coreano», afirma el portavoz, que deja claro que la organización es totalmente no profesional y autosuficiente, y que el único requisito para ser miembro de la ITAA es el deseo de dejar de usar internet y la tecnología de forma compulsiva.

«Compartimos nuestra experiencia, fortaleza y esperanza entre nosotros a través de reuniones de grupo y relaciones personales, y trabajamos con un programa de recuperación basado en los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos», explica Tomás. «No tenemos opiniones sobre temas externos y no condenamos ni aprobamos ninguna tecnología en particular. No estamos afiliados a ninguna agenda política, movimiento religioso ni intereses externos de ningún tipo. Nuestro único propósito es abstenernos del uso compulsivo de internet y la tecnología y ayudar a otros a liberarse de esta adicción». La ITAA está constituida como organización sin ánimo de lucro en el estado estadounidense de Colorado.

Adictos a Internet Anónimos 

Respecto al tipo de personas que se acercan a sus reuniones, el portavoz afirma que «cualquiera que crea que puede tener un problema con el uso compulsivo de internet y la tecnología es bienvenido a unirse a nuestras reuniones. Nuestros miembros no provienen de un sector concreto de la sociedad. Al igual que otras adicciones, la adicción a internet y la tecnología no discrimina por la edad, el nivel educativo, la raza, el origen étnico o el nivel socioeconómico».

¿ESTARÉ ENGANCHADO?

Es posible que al leer lo anterior te haya surgido la pregunta: ¿Cómo sé si realmente soy adicto a internet o a alguna tecnología? «Es posible desarrollar una adicción a diversos elementos como las redes sociales, el streaming de audio o video, la pornografía, las aplicaciones de citas, los juegos, la investigación online, las compras por internet o las noticias. Cualquier actividad digital puede volverse compulsiva y problemática», afirma, pero no toda actividad puede considerarse una adicción. Tomás plantea unas preguntas que nos deberíamos hacer para determinar si tenemos o no una adicción. Son las siguientes:

  1. ¿Alguna vez me conecto a internet para verificar algo rápidamente y luego descubro que he pasado horas conectado?
  1. ¿Establezco límites a mi uso de internet o alguna tecnología y luego los rompo, usando más tiempo del previsto?
  1. ¿Alguna vez he desinstalado alguna aplicación o bloqueado una actividad en línea en particular y luego he vuelto a usarla?
  1. ¿Me doy atracones de internet o de alguna tecnología que duran todo el día o hasta altas horas de la noche?
  1. ¿Usar la tecnología es lo último que hago antes de acostarme o lo primero que hago cuando me despierto?
  1. ¿Se ha interrumpido mi descanso nocturno debido al uso de las pantallas?
  1. ¿El uso de internet o de la tecnología me lleva a descuidar mi higiene personal?
  1. ¿El uso de mis dispositivos digitales ha afectado a mi concentración o a mi memoria?
  1. ¿Mi uso de internet o de la tecnología contribuye a que evite o abandone mis relaciones personales?
  1. ¿Comparo a menudo mi vida con la vida de las personas a las que sigo en redes?
  2. ¿Mi comportamiento en internet o con la tecnología ha puesto en peligro mis estudios, mi situación económica o mi carrera?
  1. ¿Alguna vez he desarrollado o empeorado una dolencia o lesión física debido al uso de internet o algún aparato tecnológico?
  1. ¿Oculto o miento sobre mi tiempo conectado o sobre el tipo de contenido digital que consumo?
  1. ¿Siento culpa o vergüenza por mi uso de internet o de alguna tecnología?
  1. ¿Me siento emocionalmente ausente, distraído o ansioso cuando no estoy en línea?
  1. ¿Tengo sentimientos intensos (altibajos, ira o miedo) antes, durante o después de mi uso de internet o de alguna tecnología?
  1. ¿Utilizo internet y la tecnología para adormecer mis sentimientos?

Según Tomás, si alguien responde a cinco o más de estas preguntas de forma positiva, es posible que tenga un problema con la tecnología o con internet. Nadie debería sufrir debido a su uso de internet y la tecnología.

Que nadie piense tampoco en la ITAA como una promesa de recuperación total. «No existe una cura total para la adicción», afirma Tomás, «pero millones de personas han conseguido librarse de sus comportamientos adictivos autodestructivos a través de programas de recuperación de ayuda mutua basados en el modelo iniciado por Alcohólicos Anónimos. La ITAA es gratuita y está abierta a todos los que deseen unirse. Damos la bienvenida a cualquiera que crea que puede tener un problema para que asista a una de nuestras reuniones».

Estos encuentros suelen durar una hora y en ellos hay un director que al inicio lee algún texto relacionado con la recuperación de la adicción. Luego, durante la reunión, cualquiera de los miembros puede hablar y compartir su experiencia o contar cómo está. «Nadie está obligado a decir nada», apunta el portavoz, «está bien si solo se va a escuchar. Si se desea participar, puede presentarse y explicar qué le trajo a ITAA o formular cualquier pregunta.

No ofrecemos consejos ni comentarios en respuesta a las acciones de los demás, simplemente escuchamos sin juzgar. Al final de la reunión, se termina con algunas declaraciones de clausura. Luego, los miembros generalmente se quedan para hacer y responder preguntas, hablar informalmente e intercambiar información de contacto».

Según un informe de la Universidad de Hong Kong publicado en 2016, un 6% de la población mundial podría estar enganchada a internet, lo que supondría más de 400 millones de personas. Sorprendentemente, todavía se habla poco de ella. Quizá ha llegado ya el momento de cambiar esto.

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Está claro que internet ha modificado nuestras vidas para siempre. Resulta una herramienta inabarcable y enriquecedora que, si desapareciera ahora mismo, nos obligaría a replantearnos nuestra vida entera. Es extraño recordar cómo era la vida antes de internet. A través de la red nos informamos, nos entretenemos, conocemos a otras personas y mantenemos el contacto con nuestros seres queridos; nos relacionamos con la Administración, con empresas… La enumeración podría ser interminable.

Pero también es cierto que muchas personas tienen una relación complicada con internet y, especialmente, con su móvil, la principal puerta de entrada para la mayoría. Esta se ha agudizado en los últimos años, durante los que han surgido decenas (o cientos) de aplicaciones que pugnan por captar nuestra atención, en muchos casos, por desgracia, para mostrarnos anuncios.

En esta categoría ocupan un lugar privilegiado las redes sociales que nacieron como una forma de conectar con nuestros amigos, pero que para mucha gente se han ido convirtiendo en «internet», ya que hacen casi todas las cosas que hemos citado anteriormente a través de ellas. Las redes sociales quizá no son intrínsecamente malas, pero lo cierto es que están diseñadas para acaparar nuestro tiempo y eso ha hecho que para algunos usuarios se haya convertido en un problema. Pasan un número de horas excesivo dentro de ellas y esto, aparte de la pérdida de tiempo que implica, ha comenzado a tener consecuencias en su salud mental. Y las empresas que las gestionan lo saben perfectamente.

Hace más o menos un año, el diario Wall Street Journal sacó a la luz unos documentos internos de Meta, la antigua Facebook, en los que se revelaba que Instagram (que también le pertenece) «empeora los problemas mentales sobre la propia imagen en una de cada tres adolescentes». En otra parte de la documentación podíamos leer que «entre las adolescentes con pensamientos suicidas, el 13% de las usuarias británicas y el 6% de las estadounidenses apuntaron a que el origen de su deseo suicida era Instagram».

No es difícil intuir eso a nuestro alrededor. Todos tenemos a alguien que, sin ser influencer ni nada de eso, ha tenido que desinstalar de vez en cuando alguna de estas aplicaciones para «descansar un poco». Investigando sobre el tema en la red, no es difícil dar con la organización Internet and Technology Addicts Anonymous (Adictos a Internet y a la Tecnología Anónimos o ITAA, por sus siglas en inglés), una entidad sin ánimo de lucro fundada hace unos pocos años que está inspirada en Alcohólicos Anónimos y a la que ya han acudido miles de personas de todo el mundo.

«Nuestros miembros no provienen de un sector concreto de la sociedad. Al igual que otras adicciones, la adicción a internet y la tecnología no discrimina por la edad, el nivel educativo, la raza, el origen étnico o el nivel socioeconómico»

Las adicciones son un tema muy complejo y el concepto de la adicción a internet todavía es demasiado nuevo como para teorizar sobre él, por esto decidimos hablar con Tomás (nombre con el que quiere aparecer en este reportaje para no desvelar su identidad), miembro de ITAA y portavoz de la organización, para que contestara algunas preguntas al respecto.

Adictos a Internet Anónimos 

«Adictos a Internet y a la Tecnología Anónimos es una asociación basada en los doce pasos promovidos por Alcohólicos Anónimos», explica Tomás. «La ITAA se fundó en junio de 2017 después de que los tres miembros originales se conocieran en otra organización. Los tres reconocieron que tenían un problema grave con el uso compulsivo de internet y la tecnología y decidieron unir fuerzas para ayudarse mutuamente. Como vivían en diferentes países, las primeras reuniones se realizaron por teléfono».

Al principio, claro está, ni siquiera tenían una página web, con lo que los primeros miembros llegaron a través del boca a oreja. Una vez que tuvieron presencia en internet, contactaron con más personas que sufrían problemas similares a los suyos. «Durante el primer año, se celebraban dos reuniones telefónicas por semana con solo un puñado de miembros participantes, además de una reunión presencial en Bellevue, Washington», recuerda Tomás. «Durante 2019, la cantidad de reuniones aumentó a siete por semana, incluida una reunión presencial en Ámsterdam, Holanda y la primera convención internacional que se llevó a cabo en Berlín en noviembre de aquel año».

La expansión fue rápida. Pronto se creó un grupo presencial en Berlín y otros en Nueva York y Moscú. El ritmo de crecimiento ha seguido a buen ritmo desde entonces y hoy en día ya hay más de 60 reuniones semanales en línea y una docena presenciales por todo el mundo. «Nuestros miembros provienen de más de 80 países y tenemos reuniones en inglés, español, alemán, ruso, francés, portugués, árabe, hebreo y coreano», afirma el portavoz, que deja claro que la organización es totalmente no profesional y autosuficiente, y que el único requisito para ser miembro de la ITAA es el deseo de dejar de usar internet y la tecnología de forma compulsiva.

«Compartimos nuestra experiencia, fortaleza y esperanza entre nosotros a través de reuniones de grupo y relaciones personales, y trabajamos con un programa de recuperación basado en los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos», explica Tomás. «No tenemos opiniones sobre temas externos y no condenamos ni aprobamos ninguna tecnología en particular. No estamos afiliados a ninguna agenda política, movimiento religioso ni intereses externos de ningún tipo. Nuestro único propósito es abstenernos del uso compulsivo de internet y la tecnología y ayudar a otros a liberarse de esta adicción». La ITAA está constituida como organización sin ánimo de lucro en el estado estadounidense de Colorado.

Adictos a Internet Anónimos 

Respecto al tipo de personas que se acercan a sus reuniones, el portavoz afirma que «cualquiera que crea que puede tener un problema con el uso compulsivo de internet y la tecnología es bienvenido a unirse a nuestras reuniones. Nuestros miembros no provienen de un sector concreto de la sociedad. Al igual que otras adicciones, la adicción a internet y la tecnología no discrimina por la edad, el nivel educativo, la raza, el origen étnico o el nivel socioeconómico».

¿ESTARÉ ENGANCHADO?

Es posible que al leer lo anterior te haya surgido la pregunta: ¿Cómo sé si realmente soy adicto a internet o a alguna tecnología? «Es posible desarrollar una adicción a diversos elementos como las redes sociales, el streaming de audio o video, la pornografía, las aplicaciones de citas, los juegos, la investigación online, las compras por internet o las noticias. Cualquier actividad digital puede volverse compulsiva y problemática», afirma, pero no toda actividad puede considerarse una adicción. Tomás plantea unas preguntas que nos deberíamos hacer para determinar si tenemos o no una adicción. Son las siguientes:

  1. ¿Alguna vez me conecto a internet para verificar algo rápidamente y luego descubro que he pasado horas conectado?
  1. ¿Establezco límites a mi uso de internet o alguna tecnología y luego los rompo, usando más tiempo del previsto?
  1. ¿Alguna vez he desinstalado alguna aplicación o bloqueado una actividad en línea en particular y luego he vuelto a usarla?
  1. ¿Me doy atracones de internet o de alguna tecnología que duran todo el día o hasta altas horas de la noche?
  1. ¿Usar la tecnología es lo último que hago antes de acostarme o lo primero que hago cuando me despierto?
  1. ¿Se ha interrumpido mi descanso nocturno debido al uso de las pantallas?
  1. ¿El uso de internet o de la tecnología me lleva a descuidar mi higiene personal?
  1. ¿El uso de mis dispositivos digitales ha afectado a mi concentración o a mi memoria?
  1. ¿Mi uso de internet o de la tecnología contribuye a que evite o abandone mis relaciones personales?
  1. ¿Comparo a menudo mi vida con la vida de las personas a las que sigo en redes?
  2. ¿Mi comportamiento en internet o con la tecnología ha puesto en peligro mis estudios, mi situación económica o mi carrera?
  1. ¿Alguna vez he desarrollado o empeorado una dolencia o lesión física debido al uso de internet o algún aparato tecnológico?
  1. ¿Oculto o miento sobre mi tiempo conectado o sobre el tipo de contenido digital que consumo?
  1. ¿Siento culpa o vergüenza por mi uso de internet o de alguna tecnología?
  1. ¿Me siento emocionalmente ausente, distraído o ansioso cuando no estoy en línea?
  1. ¿Tengo sentimientos intensos (altibajos, ira o miedo) antes, durante o después de mi uso de internet o de alguna tecnología?
  1. ¿Utilizo internet y la tecnología para adormecer mis sentimientos?

Según Tomás, si alguien responde a cinco o más de estas preguntas de forma positiva, es posible que tenga un problema con la tecnología o con internet. Nadie debería sufrir debido a su uso de internet y la tecnología.

Que nadie piense tampoco en la ITAA como una promesa de recuperación total. «No existe una cura total para la adicción», afirma Tomás, «pero millones de personas han conseguido librarse de sus comportamientos adictivos autodestructivos a través de programas de recuperación de ayuda mutua basados en el modelo iniciado por Alcohólicos Anónimos. La ITAA es gratuita y está abierta a todos los que deseen unirse. Damos la bienvenida a cualquiera que crea que puede tener un problema para que asista a una de nuestras reuniones».

Estos encuentros suelen durar una hora y en ellos hay un director que al inicio lee algún texto relacionado con la recuperación de la adicción. Luego, durante la reunión, cualquiera de los miembros puede hablar y compartir su experiencia o contar cómo está. «Nadie está obligado a decir nada», apunta el portavoz, «está bien si solo se va a escuchar. Si se desea participar, puede presentarse y explicar qué le trajo a ITAA o formular cualquier pregunta.

No ofrecemos consejos ni comentarios en respuesta a las acciones de los demás, simplemente escuchamos sin juzgar. Al final de la reunión, se termina con algunas declaraciones de clausura. Luego, los miembros generalmente se quedan para hacer y responder preguntas, hablar informalmente e intercambiar información de contacto».

Según un informe de la Universidad de Hong Kong publicado en 2016, un 6% de la población mundial podría estar enganchada a internet, lo que supondría más de 400 millones de personas. Sorprendentemente, todavía se habla poco de ella. Quizá ha llegado ya el momento de cambiar esto.

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