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6 de septiembre 2017    /   BUSINESS
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Aerotrópolis: la ciudad del futuro es eficiente, hiperconectada e inhumana

6 de septiembre 2017    /   BUSINESS     por          
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Todo empezó con un encargo del Financial Times Magazine al fotógrafo italiano Giulio Di Sturco. Era un retrato de John Kasarda, un profesor de la Universidad de Carolina del Norte, experto en tráfico aéreo y reconocido consultor, que en 2012 acuñó el concepto de aerotrópolis entendido como modelo de una ciudad inteligente que se desarrolla alrededor de un aeropuerto.

«Cuando llegué a la entrevista, nunca había oído hablar de Kasarda. Era el típico curro que te encasquetan de una hora para otra. No tuve tiempo de investigar nada sobre él», reconoce Di Sturco, de 38 años. A pesar de este detalle, este encuentro acabaría marcando la vida del fotógrafo a lo largo de los tres años siguientes, una conversación que todavía no han concluido.

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En la concepción del futuro de Kasarda, coautor junto al periodista Greg Lindsay del libro Aerotropolis: The way we’ll live next, los aeropuertos son hoy la linfa vital para la grandes economías urbanas, de la misma forma que lo fueron en su momento los puertos marítimos y el ferrocarril. El aeropuerto es el elemento central en el nuevo concepto de ciudad tecnológica, proyectada hacia el exterior y, por lo tanto, hambrienta de conectividad.

«Desde el primer momento me interesó mucho el concepto de aerotrópolis y la idea de la ciudad del futuro. Tras conocer a Kasarda y sus teorías, decidí investigar cómo vamos a vivir de aquí a 20 o 30 años», relata Di Sturco. «Es un reto porque hay muchas cosas que no todavía han acontecido. Es difícil prever cómo serán estas urbes del futuro, pero puedo plasmar visualmente el concepto y provocar una reflexión», añade.

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Las imágenes que produce este fotógrafo italiano muestran lugares desangelados y transmiten desolación y soledad. Las personas retratadas están replegadas en sí mismas, encerradas en su propia burbuja, rehenes de este nuevo concepto urbanístico y sin muchas posibilidades de escapar. Las aerotrópolis están pensadas para hombres de negocios, que necesitan rapidez y conectividad. «Son ciudades verticales que no están hechas para el ser humano. En realidad son muy alienantes. Todo está programado. En Nuevo Songdo hay barrios para los artistas e incluso para los panaderos», explica Di Sturco cuyo trabajo está expuesto estos días en el festival Getxophoto.

Se refiere a la que Kasarda considera la primera aerotrópolis. Nuevo Songdo está en Corea del Sur y es una ciudad inteligente en la que el Estado ejerce un control férreo sobre sus habitantes. «La aerotrópolis implica una vigilancia extrema sobre la vida de los ciudadanos. En esta metrópolis absolutamente todo está conectado a través de internet. Hay un centro de control lleno de cámaras y de pantallas desde el que se monitoriza todo lo que acontece en el espacio urbano», cuenta el fotógrafo.

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Con la ayuda de Kasarda y Lindsay, que participan en la idealización de su original ensayo fotográfico, Di Sturco ha escogido 10 ciudades ubicadas en Asia, Oriente Medio, EEUU y Europa. «De momento, he conseguido fotografiar cinco: Nuevo Songdo, Singapur, Hong Kong, Bangkok y Ámsterdam. Las aerotrópolis asiáticas me atraen especialmente porque son ciudades que han aparecido de la nada», afirma. Sus próximos destinos son Dubái, Hyderabad, Dallas, Memphis y Brasilia. «La capital de Brasil puede ser considerada una aerotrópolis pionera. Kasarda se basó mucho en ella para desarrollar su teoría», recuerda.

En la actualidad existen dos tipos aerotrópolis: las que son proyectadas desde el comienzo como núcleos urbanos que se vertebran alrededor de un aeropuerto, considerado el corazón pulsante de la economía; y las que han surgido alrededor de aeropuertos ya existentes que, según la vieja concepción urbanística, eran ubicados lejos del centro urbano.

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En Asia las nuevas ciudades están siendo construidas con este nueva idea. «En China están haciendo 55 aerotrópolis. Son ciudades inteligentes en las que el acceso al aeropuerto desde cualquier punto no puede tardar más de 45 minutos. Los asiáticos se adaptan bien a ellas. Aman ver a sus hijos en la escuela a través de una pantalla o saber exactamente a qué hora llega el metro. Yo, como italiano del sur, lo que buscaba en Songdo era un bar para tomar un café», apunta Di Sturco.

En Europa, donde no hay espacio físico ni cultural para fundar ciudades desde cero, se han desarrollado las llamadas Airport Cities. Son ciudades o barrios que surgen alrededor de los aeropuertos, como Zuidas en Ámsterdam. «Es un nuevo barrio en el que ya hay universidades, centros de arte y varias infraestructuras. Cerca del aeropuerto está el mercado de flores más grande del mundo. Es un hangar al que llegan bulbos y flores de varios continentes y, tras una negociación con brokers internacionales, son reenviados a diferentes destinos planetarios. Zuidas hoy es el centro mundial de las flores. Eso ha conllevado el surgimiento de negocios e infraestructuras paralelas, desde centros de investigación hasta invernaderos. Zuidas es muy moderna, pero no es una verdadera aerotrópolis», explica el fotógrafo.

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La proverbial incapacidad de planificación es uno de los factores que impiden la consolidación de la idea de aerotrópolis en el sur de Europa. «En Atenas comenzaron a construir una, pero el proyecto quedó paralizado con la crisis. En Italia lo veo complicado, porque somos incapaces de planificar las cosas con 20 años de antelación. Todo se hace en el último momento. Además, una aerotrópolis necesita determinadas infraestructuras, como parques tecnológicos con start-ups, líneas de internet muy rápidas, una baja presión fiscal y un transporte público eficiente. No creo que mi país, a diferencia de Holanda o Alemania, sea capaz de hacer una aerotrópolis», vaticina.

La aerotrópolis neutralizan el concepto de no lugar de los viejos aeropuertos, idealizado por el antropólogo francés Marc Augé y plasmado en imágenes por varios fotógrafos contemporáneos. «Para mí las nuevas aerotrópolis son exactamente lo contrario: se están convirtiendo en el lugar principal de la ciudad. Es el sitio donde todo acontece: viajes, negocios, comercio», asegura Di Sturco. «La misma idea de aeropuerto está cambiando. El de Singapur es completamente diferente del de Milán. En la concepción de la aerotrópolis, el aeropuerto ya es una parte integrante de la ciudad, es el centro de la ciudad», agrega.

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Rascacielos anodinos, calles vacías y pantallas por todos los lados: ¿es esta la perspectiva que no espera? ¿El futuro de la humanidad es realmente el que Kasarda y Di Sturco vislumbran? «No hay mucha alternativa. Los países que no adopten la filosofía de la aerotrópolis se quedarán atrás y su economía no será competitiva. Es como pasaba antiguamente con las ciudades sin estación de tren: no se desarrollaban», sentencia el fotógrafo. «Las personas que están al margen de la aerotrópolis sobrevivirán, pero se quedarán en el pasado y lejos de un futuro que ya está aquí, nos guste o no», añade.

El ensayo de Di Sturco pretende anticipar de alguna forma este futuro, que se presenta como inevitable. «Yo mismo estoy intentando entender si estas ciudades serán vivibles. De momento, veo mucha alienación y cada vez menos contacto entre las personas. Es todo muy impersonal, aunque mi percepción puede cambiar si encuentro otro tipo de aerotrópolis», afirma el fotógrafo con un resquicio de optimismo.

La obra de Giulio Di Sturco estará expuesta en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 1 de octubre.

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Todo empezó con un encargo del Financial Times Magazine al fotógrafo italiano Giulio Di Sturco. Era un retrato de John Kasarda, un profesor de la Universidad de Carolina del Norte, experto en tráfico aéreo y reconocido consultor, que en 2012 acuñó el concepto de aerotrópolis entendido como modelo de una ciudad inteligente que se desarrolla alrededor de un aeropuerto.

«Cuando llegué a la entrevista, nunca había oído hablar de Kasarda. Era el típico curro que te encasquetan de una hora para otra. No tuve tiempo de investigar nada sobre él», reconoce Di Sturco, de 38 años. A pesar de este detalle, este encuentro acabaría marcando la vida del fotógrafo a lo largo de los tres años siguientes, una conversación que todavía no han concluido.

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En la concepción del futuro de Kasarda, coautor junto al periodista Greg Lindsay del libro Aerotropolis: The way we’ll live next, los aeropuertos son hoy la linfa vital para la grandes economías urbanas, de la misma forma que lo fueron en su momento los puertos marítimos y el ferrocarril. El aeropuerto es el elemento central en el nuevo concepto de ciudad tecnológica, proyectada hacia el exterior y, por lo tanto, hambrienta de conectividad.

«Desde el primer momento me interesó mucho el concepto de aerotrópolis y la idea de la ciudad del futuro. Tras conocer a Kasarda y sus teorías, decidí investigar cómo vamos a vivir de aquí a 20 o 30 años», relata Di Sturco. «Es un reto porque hay muchas cosas que no todavía han acontecido. Es difícil prever cómo serán estas urbes del futuro, pero puedo plasmar visualmente el concepto y provocar una reflexión», añade.

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Las imágenes que produce este fotógrafo italiano muestran lugares desangelados y transmiten desolación y soledad. Las personas retratadas están replegadas en sí mismas, encerradas en su propia burbuja, rehenes de este nuevo concepto urbanístico y sin muchas posibilidades de escapar. Las aerotrópolis están pensadas para hombres de negocios, que necesitan rapidez y conectividad. «Son ciudades verticales que no están hechas para el ser humano. En realidad son muy alienantes. Todo está programado. En Nuevo Songdo hay barrios para los artistas e incluso para los panaderos», explica Di Sturco cuyo trabajo está expuesto estos días en el festival Getxophoto.

Se refiere a la que Kasarda considera la primera aerotrópolis. Nuevo Songdo está en Corea del Sur y es una ciudad inteligente en la que el Estado ejerce un control férreo sobre sus habitantes. «La aerotrópolis implica una vigilancia extrema sobre la vida de los ciudadanos. En esta metrópolis absolutamente todo está conectado a través de internet. Hay un centro de control lleno de cámaras y de pantallas desde el que se monitoriza todo lo que acontece en el espacio urbano», cuenta el fotógrafo.

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Con la ayuda de Kasarda y Lindsay, que participan en la idealización de su original ensayo fotográfico, Di Sturco ha escogido 10 ciudades ubicadas en Asia, Oriente Medio, EEUU y Europa. «De momento, he conseguido fotografiar cinco: Nuevo Songdo, Singapur, Hong Kong, Bangkok y Ámsterdam. Las aerotrópolis asiáticas me atraen especialmente porque son ciudades que han aparecido de la nada», afirma. Sus próximos destinos son Dubái, Hyderabad, Dallas, Memphis y Brasilia. «La capital de Brasil puede ser considerada una aerotrópolis pionera. Kasarda se basó mucho en ella para desarrollar su teoría», recuerda.

En la actualidad existen dos tipos aerotrópolis: las que son proyectadas desde el comienzo como núcleos urbanos que se vertebran alrededor de un aeropuerto, considerado el corazón pulsante de la economía; y las que han surgido alrededor de aeropuertos ya existentes que, según la vieja concepción urbanística, eran ubicados lejos del centro urbano.

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En Asia las nuevas ciudades están siendo construidas con este nueva idea. «En China están haciendo 55 aerotrópolis. Son ciudades inteligentes en las que el acceso al aeropuerto desde cualquier punto no puede tardar más de 45 minutos. Los asiáticos se adaptan bien a ellas. Aman ver a sus hijos en la escuela a través de una pantalla o saber exactamente a qué hora llega el metro. Yo, como italiano del sur, lo que buscaba en Songdo era un bar para tomar un café», apunta Di Sturco.

En Europa, donde no hay espacio físico ni cultural para fundar ciudades desde cero, se han desarrollado las llamadas Airport Cities. Son ciudades o barrios que surgen alrededor de los aeropuertos, como Zuidas en Ámsterdam. «Es un nuevo barrio en el que ya hay universidades, centros de arte y varias infraestructuras. Cerca del aeropuerto está el mercado de flores más grande del mundo. Es un hangar al que llegan bulbos y flores de varios continentes y, tras una negociación con brokers internacionales, son reenviados a diferentes destinos planetarios. Zuidas hoy es el centro mundial de las flores. Eso ha conllevado el surgimiento de negocios e infraestructuras paralelas, desde centros de investigación hasta invernaderos. Zuidas es muy moderna, pero no es una verdadera aerotrópolis», explica el fotógrafo.

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La proverbial incapacidad de planificación es uno de los factores que impiden la consolidación de la idea de aerotrópolis en el sur de Europa. «En Atenas comenzaron a construir una, pero el proyecto quedó paralizado con la crisis. En Italia lo veo complicado, porque somos incapaces de planificar las cosas con 20 años de antelación. Todo se hace en el último momento. Además, una aerotrópolis necesita determinadas infraestructuras, como parques tecnológicos con start-ups, líneas de internet muy rápidas, una baja presión fiscal y un transporte público eficiente. No creo que mi país, a diferencia de Holanda o Alemania, sea capaz de hacer una aerotrópolis», vaticina.

La aerotrópolis neutralizan el concepto de no lugar de los viejos aeropuertos, idealizado por el antropólogo francés Marc Augé y plasmado en imágenes por varios fotógrafos contemporáneos. «Para mí las nuevas aerotrópolis son exactamente lo contrario: se están convirtiendo en el lugar principal de la ciudad. Es el sitio donde todo acontece: viajes, negocios, comercio», asegura Di Sturco. «La misma idea de aeropuerto está cambiando. El de Singapur es completamente diferente del de Milán. En la concepción de la aerotrópolis, el aeropuerto ya es una parte integrante de la ciudad, es el centro de la ciudad», agrega.

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Rascacielos anodinos, calles vacías y pantallas por todos los lados: ¿es esta la perspectiva que no espera? ¿El futuro de la humanidad es realmente el que Kasarda y Di Sturco vislumbran? «No hay mucha alternativa. Los países que no adopten la filosofía de la aerotrópolis se quedarán atrás y su economía no será competitiva. Es como pasaba antiguamente con las ciudades sin estación de tren: no se desarrollaban», sentencia el fotógrafo. «Las personas que están al margen de la aerotrópolis sobrevivirán, pero se quedarán en el pasado y lejos de un futuro que ya está aquí, nos guste o no», añade.

El ensayo de Di Sturco pretende anticipar de alguna forma este futuro, que se presenta como inevitable. «Yo mismo estoy intentando entender si estas ciudades serán vivibles. De momento, veo mucha alienación y cada vez menos contacto entre las personas. Es todo muy impersonal, aunque mi percepción puede cambiar si encuentro otro tipo de aerotrópolis», afirma el fotógrafo con un resquicio de optimismo.

La obra de Giulio Di Sturco estará expuesta en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 1 de octubre.

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Opiniones 3
  • Her (2013) – Spike Jonze, cuenta algo de esto… relaciones psicopáticas y narcisistas, hiperconexión y deshumanización…
    No se si la tecnología llegará o no a lo que describe esa peli, pero la tendencia a ese modo de vincularse cada vez es más acentuada; yo mismo aún no he charlado con nadie sobre ella pero hago un comentario en la red para quién-sabe-quién…
    Quizá sea un signo de la economía neoliberal, de un lado del mundo gente muriendo de hambre, peste y guerra; del otro gente sin vinculos humanos claros, solitarios y sin sentido.
    Quien la haya visto quiera compartir opinión dejo mi correo, puede escribirme…
    arielgarcia.sl@gmail.com

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